El mundo es un pañuelo verde

La lucha por el aborto legal en la Argentina entra hoy, 1 de agosto, en su recta final. A un año de la desaparición forzada de Santiago Maldonado, el senado deberá elegir hoy qué proyecto tiene mayoría para ingresar al recinto y ser votado. Las feministas argentinas, en todo el territorio del país, presionan para que el proyecto a votar sea el de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, seguro y Gratuito. Las feministas del mundo se organizan para presionar internacionalmente por el aborto legal. La solidaridad es nuestra arma.

La lucha por el reconocimiento legal del aborto en Argentina alcanza, hoy, su punto más álgido en relación a la disposición de fuerzas en pugna para la conquista –o no- del derecho de las personas gestantes a decidir sobre sus cuerpos. En el contexto de un gobierno de marcada tendencia neoliberal que ha recrudecido la brecha social y una burocracia sindical integrada al gobierno de Macri, el movimiento feminista es el único movimiento de masas que puede conquistar una victoria significativa para la clase trabajadora no sólo de país, sino que puede resultar ejemplificadora para gran parte de América Latina. A simple análisis, diremos que la lucha por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito se enmarca en una lucha de largo aliento  que puede servir como guía para pensar cómo el movimiento de mujeres, el movimiento disidente y el movimiento feminista se ha entrelazado, a partir de la construcción de redes sociopolíticas, para imponer una agenda (de nuevo: social y política) de debate y disputa directa con el Estado y la Iglesia, lamentablemente cohesionados en nuestro país.

Tenemos más preguntas que certezas. El movimiento feminista en Argentina es heterogéneo y hay quienes dicen que “no tiene dirección”. Tenga o no, lo cierto es que este movimiento heterogéneo ha sabido incluir, dentro de sus demandas, las demandas del conjunto de la clase trabajadora. Basta re-leer los documentos de cada 3 de Junio – NUM, donde las demandas salariales, laborales, de derechos humanos han sido entrelazadas y contenidas desde una perspectiva de lucha feminista, no sin dificultades ni tensiones.

Las feministas hemos dado una dura batalla y hemos ganado posiciones… Luego de años de instalación de un debate que parecía ser siempre secundario, que operaba sobre la doble moral de muchos sectores, el debate sobre la interrupción de embarazos es un debate de índole social, porque la millonada de personas que acampamos en las inmediaciones del Congreso de la Nación Argentina así lo quiso y así lo logró. Mientras tanto, redoblaremos la presión para conquistar nuestro derecho al aborto libre. Nuestras hermanas por todo el mundo nos sostienen.

Las feministas del mundo por el aborto legal

Me llega un mensaje al whatsapp: una feminista madrileña me pregunta si puedo acercarles pañuelos porque quieren hacer un pañuelazo en el centro de Madrid, en la Acampada Feminista Sol, que lleva más de 40 días de acampe en pleno verano europeo. Revuelvo en mi mochila, me quedan sólo 10 pañuelos que pienso llevara Granada, al sur del Estado Español; se los ofrezco. “¡Pero es que necesitamos entre cincuenta o cien!”, me dice. Empiezo a concluir que estamos lejos pero no tanto.

En el Estado Español, así como en casi todos los rincones de Europa, el movimiento feminista es el que está marcando la agenda porque es el que ha podido construir una agenda propia de manera unitaria, de la única forma en la que es posible: tejiendo redes. La masiva huelga del pasado 8 de marzo ha trastocado, incluso, las formas de ocupación de la calle que rige en este país. Es que en el Estado Español, según el artículo 8 de la Ley Orgánica 9/1983 reguladora del Derecho de Reunión, “la celebración de reuniones en lugares de tránsito público y de manifestaciones deberán ser comunicadas por escrito a la Autoridad Gubernativa correspondiente por los organizadores o promotores de aquéllas, con una antelación de diez días naturales, como mínimo y treinta como máximo”. Pero en marzo pasado, miles y miles de mujeres irrumpieron en la calle sin pedir permiso, hartas de la violencia machista ejemplificada dolorosamente en la violación cometida por “La Manada” en los Sanfermines del 2016.

Es claro que no queda otra manera. Durante el 2018, sólo en los cuatro primeros meses del año se han denunciado trece violaciones grupales. No sólo por eso: por las mujeres marroquíes de Huelva, que migran para el suroeste del país a recoger fresas, que denuncian explotación sexual y esclavitud por parte de sus jefes; por las 600 mil migrantes trabajadoras domésticas, que también trabajan en condiciones de semi-esclavitud; por Juana Rivas, condenada a 5 años de prisión, por migrar de Italia a España escapando de la violencia de su expareja. Cuando digo que el activismo está pensándose en clave feminista, me refiero a esto: experiencias que trascienden muros y fronteras, que se retroalimentan, que se tejen colectivamente y que disputan el poder.

En lo que respecta al Estado Español, pareciera como si esta forma de organización de lo social que es la violación se enfrentara, ahora, a las voces que denuncian a través de un colectivo que sustenta, que contiene, que da fuerzas, que se enfrenta a los peligros como una manada que no viola sino que empodera. Por eso, casi como el proceso argentino llamado Ni Una Menos, las feministas del Estado Español se organizaron en Asambleas 8M, que son las que el 8 de agosto organizarán manifestaciones en solidaridad con la vigilia por el Aborto Legal frente al congreso de la Nación.

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Me pregunto, a menudo en este viaje al viejo continente, cómo será el 8A lejos de mis compañeras, de mis camaradas al otro lado del océano. La distancia geográfica nos aleja, pero hay algo más fuerte que nos une: la férrea convicción de que estamos juntas, de que nuestros sueños son colectivos y de que las redes que hemos tejido no se desarmarán jamás. Y estaremos haciendo el aguante con otras, con feministas de otros continentes que luchan por un mundo diferente, como nosotras.

El mundo es un pañuelo verde, a un lado y al otro del océano. Será ley.

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