X

Buscar en Contrahegemonía web

X

Mantengámonos en contacto

info@contrahegemoniaweb.com.ar

Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

40 años de la Revolución en Irán

13 Feb,2019

por | Fernando Coll

El 11 de febrero de 1979  el pueblo iraní encabezados por las fuerzas del Ayatola Jomeini, junto con sectores de izquierda, islamistas e independentistas, derrocó la monarquía y protagonizó una verdadera revolución política. Fue un momento crucial para Irán y todo Oriente Medio, que transformaría las condiciones geopolíticas y estratégicas de la región, produciría profundos cambios sociales, económicos en Irán como así también culturales en el conjunto del mundo musulmán.

Los años 50´s y 60´s significaron un importante periodo para Irán, durante el cual bajo el gobierno del Sha Mohamed Reza Pahlevi se estableció una serie de políticas de reforma y relaciones con Occidente que, además de influir en la economía, política y sociedad del país, afectó las tradicionales bases culturales y creó un lazo de dependencia hacia los Estados Unidos. Esto originó inconformidades en la población que, sumadas a un líder carismático como Jomeini, generaron el derrocamiento del régimen del Sha en 1979, y la posterior instauración de un nuevo sistema de gobierno basado en los valores islámicos.

Las causas más sobresalientes de la Revolución Islámica recaen básicamente en dos aspectos; primero, en el fracaso de las políticas modernizantes instauradas por el Sha Mohammed Reza Pahlevi, conocidas como “La revolución Blanca”; y, segundo, en la política exterior que se mantuvo hacia Estados Unidos durante el mandato del Sha, bajo la cual las relaciones entre estos dos Estados crecieron de manera acelerada llegando a afectar de manera directa el orden interno de Irán.

La Revolución Blanca, también llamada  “La Revolución del Sha”, fue un programa de reforma que el Sha estableció en 1963, este incluía un conjunto de reformas económicas y sociales. Sin embargo, al sustituir el modelo feudal por el modelo capitalista, se presentó un masivo éxodo de campesinos hacia las urbes, un aumento de la industria sustitutiva en detrimento de otros, el aumento la distribución desigual de la riqueza, dando origen a una clase emergente enriquecida, mientras que aumentaban los niveles de desigualdad y pobreza en el país.

Por otro lado, al instaurar políticas como el derecho al voto de la mujer y la alfabetización, se intensificó el proceso de modernización y secularización de la educación. Ello, dio como resultado que se provocaran cambios en la tradición cultural y religiosa, suscitando un modelo educativo laico distante de las tradiciones propias del Islam.  De la misma forma, las políticas reformistas afectaron directamente a los dirigentes religiosos, quienes contaban con gran autoridad moral e influencia en la sociedad, ya que, por una parte, anulaban su derecho al manejo y distribución de la tierra y, por otra, fragmentaban su monopolio en la educación.

Te puede interesar

¿El fin del sueño socialdemócrata en Suecia?

 Alrededor de la sociedad se fue creando una ambiente de protesta en el que se demandaba el establecimiento de un régimen acorde a las creencias islámicas, opuesto al régimen del Sha, a sus planes modernizadores y a la misma alianza occidentalizadora con los Estados Unidos.

 La política exterior que manejó el Sha hacia Estados Unidos, se desarrolló en términos de cooperación y alineamiento. Esta dio paso al establecimiento de relaciones comerciales profundas y una serie de convenios que produjeron el desencadenamiento de una situación de dependencia hacia el país norteamericano, además de la occidentalización y transformación de la cultura tradicional iraní, originando de esta manera un resentimiento popular hacia Estados Unidos y hacia el mismo régimen del Sha. Irán comenzó a recibir un ¨trato especial¨ por parte del país norteamericano, proporcionándole suministros militares y asesorías en programas civiles y gubernamentales; así la autoridad del Sha aumentaba a la par de su orientación pro occidental.

En ese contexto surgió un fuerte resentimiento en la población iraní, en tanto que la política estadounidense hacia Irán hizo hincapié en una relación especial con el Sha y su élite política, que en gran medida hizo caso omiso a las necesidades y demandas de las masas populares iraníes. El carácter pro occidental del régimen del Sha despertó la animadversión de los iraníes hacia Estados Unidos y su cultura, puesto que se sentían afectados tanto en el plano político, económico como en lo social-cultural. De igual manera, este sentimiento popular se dirigió contra la monarquía iraní que había consentido dicha situación.

A principios de la década de los setenta, el descontento social se había propagado por todos los sectores sociales y políticos de Irán. El número de facciones políticas y nacionalistas que habían surgido años atrás, entre ellas organizaciones de oposición tanto religiosas como laicas, se hacían sentir mediante movimientos de protesta, reclamando un cambio drástico en el direccionamiento del país.

Además de la inconformidad y el recelo hacia la monarquía del Sha, en la que se sumió la población, distintos factores influyeron para que la oleada de protestas se fortaleciera y culminase con la caída del régimen, a comienzos de 1979. Entre estos se observa que con la llegada de Jimmy Carter a la presidencia de Estados Unidos, en 1976, el trato de este país hacia Irán no cambió, pese a la debilidad del régimen iraní con respecto a las políticas de derechos humanos. Ello constituyó un incentivo para los revolucionarios, pues la doble moral norteamericana  potencio  su radicalismo. Por otra parte, la violencia adoptada por el Sha como mecanismo de defensa contribuyó a su total deslegitimación, debido a las masacres cometidas.

Asimismo, el Sha también trató de mantener el control por medio de la unificación de los partidos políticos, centralizando aún más la función política y negando la participación del pueblo en los asuntos públicos. Manifestación tras manifestación, fue creciendo el número de víctimas a manos del aparato represivo. El movimiento insurreccional  responde con la total desobediencia civil, haciendo desprestigiar  todo lo referente a Occidente y a la dinastía del Sha, alentando  hechos como sacar el dinero de los estadounidenses, no pagar impuestos, no entrar al ejército, no asistir a clases, salir a protestar, recordar a las víctimas de la represión como mártires revolucionarios, entre otros.

La crisis económica y política de 1976-78, que sacó a la luz el malestar de las masas, incluía factores diferentes y contradictorios. Junto con el movimiento de masas de protesta contra la dictadura capitalista del Shaw, también había importantes divisiones dentro de la burguesía, tanto dentro de los sectores pro-Sha como entre los sectores anti-Sha. Existía un movimiento por la reforma del estado del Sha desde dentro de la burguesía modernista, que estaba a favor de la limitación de los poderes absolutos de la familia real y en cierta forma también a favor de cierto grado de racionalización del estado capitalista.

También había oposición al Sha dentro de los sectores más tradicionales de la burguesía, los grandes comerciantes de los bazares y los capitalistas medios y pequeños de los sectores tradicionales de la industria. La Revolución Blanca y el tipo de crecimiento capitalista posterior también enriquecieron a estas capas. Sin embargo, estaban más o menos alejados de los principales canales de la acumulación de capital apoyada por el estado y por lo tanto fuera de la clase dominante.

La crisis estructural del capitalismo iraní a mediados de los años setenta supuso la profundización de los ataques del estado del Sha contra estas capas que tenían el control de un sector del mercado interno. El estado necesitaba debilitar a este sector para permitir que los monopolios solucionaran su crisis de sobreproducción. Los bienes de consumo orientados y la industrialización tecnológicamente dependiente suponía una fuerte tendencia al control burocrático del mercado interno a través del estado.

Mientras que las fracciones reformistas se oponían vehementemente a cualquier cambio radical que pudiera hacer perder el poder a la clase dominante en su conjunto, los intereses de esta fracción sólo podían ser satisfechos con la destitución del régimen del Sha. A través de los canales tradicionales de la economía de bazar, podrían conseguir el apoyo de la pequeña burguesía urbana y la enorme masa de pobres urbanos vinculados a ella. Esta fracción además tenía muchos vínculos con la poderosa jerarquía chiíta. Desde la Revolución Blanca la burguesía tradicional y el clero chiíta se habían acercado aún más.

El deseo de cambio no se hizo esperar e Irán se sumergió en una ola revolucionaria hasta producir su objetivo final;  la caída del régimen, la abdicación del Sha, su salida del país y el consecuente establecimiento de la República Islámica de Irán, en febrero de 1979. El régimen del Sha fue derrocado, quedando como primer ministro encargado Shapour Baktiar, una figura nacionalista. En los años siguientes, Bakhtiar fue encarcelado varias veces. Incluso se convirtió en líder del Frente Nacional de política moderada, quien en última instancia trató de salvar el régimen monárquico. Sin embargo, con el regreso de Jomeini de su exilio, se consagro un doble poder que finalmente, el 11 de febrero consumó la caída definitiva de la monarquía, transfiriendo el poder a la coalición jomeiniana, y estableciéndose un Gobierno Provisional Revolucionario.

La insurrección llegó como expresión de numerosas formas de autoorganización de las masas, como ser los shoras (consejos) de trabajadores, campesinos y soldados, comités de barrio, etc., Muchos sectores de la población que durante un largo período habían permanecido inactivos empezaron a participar en la lucha; incluido el movimiento de la mujer en defensa de la igualdad de derechos, el movimiento de las nacionalidades oprimidas por la autodeterminación, las luchas de los desempleados por empleo y seguridad social, el movimiento estudiantil por la independencia del sistema educativo, etc..

La revolución, fue también  una rebelión contra las injusticias de la “Revolución Blanca” del Sha y la crisis económica que afectó al país a finales de los años setenta. Se produjo una absorción por parte de los trabajadores de una gran parte del sector privado y la industria propiedad del estado, los inicios de una imposición de control obrero de la producción y la distribución. Los campesinos ocuparon la mayoría de las grandes propiedades, se crearon comités de aldea independientes para la distribución de la tierra, se formaron cooperativas de campesinos.  Ninguna de estas conquistas se pudo consolidar.

La insurrección de febrero trajo consigo muchos derechos democráticos, las masas iraníes disfrutaban de los derechos básicos de la libertad de expresión y organización, el derecho a participar en actividades políticos, a manifestación y huelga, derecho a elegir a los funcionarios, etc., Todas estas conquistas también fueron suprimidas por el régimen contrarrevolucionario  de Jomeini

Jomeini fue de vital importancia tanto para la revolución como para la instauración del régimen islámico; gracias a su liderazgo y carisma logró que la mayoría de la sociedad iraní lo reconociese como el líder de la revolución, y a partir de la instauración del nuevo régimen, fue quien tomó las riendas del poder. Desde el exilio, desarrolló sus ideas políticas enviando de manera ilegal grabaciones y panfletos con sus discursos inspiradores, en los cuales condenaba el control de los Estados Unidos sobre Irán y defendía la idea de un gobierno islámico.

Jomeini hizo énfasis en demostrar el carácter político y social del Islam revitalizando el  aspecto religioso y ritual del movimiento,  promoviendo una doctrina integral en donde la división de la religión y la política no tiene sentido. Así, proclamó la construcción de un Estado basado en la tradición islámica chií y rechazó toda influencia occidental. Su retórica fue ampliamente aceptada porque hacía uso del lenguaje popular del chiismo y su discurso se dirigía contra el Sha, los Estados Unidos e Israel, que eran los protagonistas de los temas donde más se centraban los reclamos de la población iraní. Por ende, se convirtió en la figura religiosa más importante, apoyada masivamente, que en forma abierta había criticado la Revolución Blanca del Sha y se había declarado enemigo de los Estados Unidos, así como del sionismo israelí.

Promovió una ideología revolucionaria con tendencias sociales y religiosas que atrajo una amplia red de fieles discípulos de todo el mundo islámico, quienes desde el interior de Irán favorecieron el proselitismo político a su favor y difundieron clandestinamente sus discursos, prohibidos por el régimen del Sha, hasta lograr congregar a todos los sectores de la sociedad, incluyendo organizaciones de oposición laicas como el Partido Comunista, el Frente Nacional (social demócrata) y otras organizaciones de izquierda.

Recordemos que el 1 de abril de 1979 se celebró un referéndum para decidir el tipo de régimen que el pueblo deseaba. Y con el 98% de votos positivos se proclamó la República Islámica de Irán,  sentando un precedente para la redacción de una nueva constitución regida por las leyes islámicas, la cual fue estudiada y aprobada por una asamblea de clérigos, ratificada por Jomeini y avalada por voto directo el 3 de diciembre de ese mismo año. La constitución estableció un tipo de gobierno político con tintes teocráticos.

El nuevo sistema político cobijo por un lado al movimiento popular contra la monarquía dictatorial; y por el otro respondió  a las preferencias ideológicas de la elite revolucionaria clerical, es decir un sistema islámico basado en la soberanía religiosa. Así, se introdujo la ley islámica como un código de conducta para la población en general, que incluyó temas de política, economía y aspectos de la vida diaria. La cultura religiosa y el patrimonio cultural constituirían entonces los pilares que moldearían a Irán en los siguientes años.

Una vez que triunfó la revolución bajo una heterogénea alianza de grupos políticos centrados en torno al Ayatola Jomeini contra el despotismo de la monarquía, se dio la proliferación de distintas facciones políticas que chocaban en su visión acerca de la nueva dirección de la República Islámica y reclamaban su participación en la revolución.

Es de suma importancia el rol ejercido por los comités religiosos revolucionarios, la Guardia Revolucionaria o Pasdarán los líderes religiosos y el Partido Revolucionario Islámico (PRI), en la instauración del gobierno islámico, la ratificación de la constitución y, por ende, el proceso de consolidación del régimen clerical. Había presencia de partidos radicales islámicos con tendencias moderadas, partidos laicos nacionalistas, hasta partidos nacionalistas radicales como las guerrillas opositoras, de tendencias marxistas, estalinistas y trotskistas. Sin embargo, todos ellos fueron derrocados por la fuerza clerical.

Debido a la debilidad de la oposición política burguesa, que no podía funcionar bajo el Sha, el clero, con su red nacional de mulás y mezquitas, proporcionó un instrumento fuerte, necesario para “organizar” y canalizar el movimiento de masas espontáneo. También proporcionó la vaga ideología populista necesaria para suavizar las demandas radicales de las masas y unirlas alrededor de un programa velado. Dado el predominio de la pequeña burguesía urbana y los emigrantes campesinos en las primeras etapas del movimiento de masas, la llamada del clero en favor de la “justicia islámica”, la “economía islámica”, el “ejército islámico” y el “estado islámico” pudo conseguir rápidamente una base de masas.

La única forma de desviar la insurrección era “encabezarla”. Los altos mandos del ejército y la burocracia estaban dispuestos a entregar su lealtad a Jomeini y su Consejo Revolucionario Islámico, esto es lo único que podría salvarles de la insurrección de masas. Resulta obvio que aquello que aparecía como “la dirección de la revolución iraní”, desde el principio, jugó el papel de instrumento de la contrarrevolución política, impuesta por arriba para acabar, dada la correlación de fuerzas, con las conquistas de las masas y reconstruir el aparato del estado.

Jomeini no estaba dispuesto a jugar un papel subordinado. Él representaba a una fracción del clero que estaba empeñado en establecer un papel más directo para la jerarquía chiíta. Este sector, en cooperación con el entonces jefe de la policía secreta, intentó tomar el poder en los años sesenta pero fracasó. Lo que siguió después del período revolucionario sólo se puede comprender si se tienen en cuenta las intenciones que tenía el clero al llegar al poder.

Al principio, el clero no tenía los instrumentos necesarios para ejercer este poder. La fracción de Jomeini ni siquiera tenía la hegemonía dentro de la jerarquía chiíta. Muchos jefes clericales se oponían a la participación del clero en la política. No podían basarse en las instituciones del estado que ya existían porque no eran adecuadas para el dominio del clero.  Con el apoyo directo de Jomeini esta fracción primero organizó un partido político: el Partido Republicano Islámico. Se  levantó luego de la revolución sobre los demás y sustituyó al partido único del Sha. A través de la red de mulás pro-Jomeini, creó una organización de comités de barrio, supuestamente para ayudar al gobierno a mantener la ley y el orden y frenar la contrarrevolución monárquica

Se crearon los Tribunales Revolucionarios Islámicos para castigar a los secuaces del Sha. Estos tribunales rápidamente ejecutaron a los elementos más odiados del antiguo régimen, pero sólo para salvar su autoridad ante las masas. Las recién creadas “instituciones revolucionarias” servían convenientemente al gobierno  y constantemente juraban su lealtad ante él. Más tarde se convertirían en los instrumentos del clero para echar a los políticos burgueses  del poder y dominar el aparato del estado.

A pesar de Jomeini, los trabajadores organizados en los consejos, echaron a los capitalistas y a sus directores, incluidos aquellos nombrados por el gobierno de Imán. Los campesinos ocuparon la tierra, a pesar de que el Consejo Revolucionario les pedía que esperaran. Las minorías nacionales comenzaron a organizarse, a pesar de la represión abierta del nuevo régimen. Las mujeres se manifestaban por la igualdad de derechos en oposición directa al propio Jomeini. Los estudiantes se hicieron cargo de la administración de los centros educativos, a pesar de los llamamientos de los líderes a que regresaran a sus estudios. Los sectores del pueblo  no entregaron las armas, a pesar del llamamiento del propio Jomeini. Los soldados resistieron los intentos del nuevo régimen de disolver sus consejos y ellos mismos comenzaron a purgar del ejército de antiguos oficiales.

Sólo unas semanas después, la insurrección se realizaron manifestaciones de masas en oposición al gobierno nombrado por Jomeini. La primera manifestación de izquierdas en Teherán para celebrar el 1º de Mayo arrastró a 300.000 personas. La izquierda tenía un apoyo popular importante. Una importante parte del pueblo no tenía ilusiones en Jomeini.

La debilidad del movimiento revolucionario estaba en el hecho de que fue inmediatamente dividido por la imposición de la dirección de Jomeini. Después de todo existía, junto a la insurrección popular revolucionaria, una contrarrevolución islámica encabezada por Jomeini. Ésta última estaba muy bien organizada y contaba con el apoyo del aparato del estado, se movilizó no sólo contra las fuerzas del antiguo régimen, sino también en contra de la revolución. Especialmente en las primeras etapas decisivas, cuando el límite entre las dos no estaba claro, las fuerzas revolucionarias no prestaron la resistencia necesaria contra algo que para muchos no se distinguía de ellos mismos.

Recordemos que Jomeini aplicó sus propias consignas en las manifestaciones de masas contra el Sha, nombró su Gobierno Provisional Revolucionario,  impuso que el régimen comenzara a atacar los derechos de la mujer bajo la bandera de “abajo con las prostitutas occidentalizadas”,  suprimió la libertad de prensa, ninguno de los otros movimientos políticos participantes en el proceso incluyendo la izquierda resistió.  También el régimen comenzó a atacar a la clase obrera bajo la bandera de los consejos islámicos.

Jomeini paulatinamente había perdido una parte de su base popular pero le quedaba un instrumento de represión eficiente y bien organizada. Además, utilizó todas las fuerzas del estado a su disposición utilizando una retórica vaga anticapitalista y antiimperialista, para conservar consenso.  Después de haber sido derrotado en el Kurdistán y perder parte de su popularidad, la ocupación de la embajada estadounidense  fue una buena cobertura.

Las promesas de autodeterminación del pueblo kurdo, realizadas por los revolucionarios antes de la toma del poder serán incumplidas, Jomeini negó la posibilidad de autonomía para los kurdos y los acusó de separatistas. Luego de la insurrección  del Kurdistán iraní, el régimen desplego sus fuerzas represivas. Logrando que la insurrección fuera aplastada y los colonialistas, envalentonados, depredaron a los revolucionarios  kurdos.

Una inmensa red represiva se extendió sobre territorio kurdo, quedo prohibida la profesión de las religiones ancestrales kurdas, prohibida la educación en lengua materna, prohibidas las manifestaciones y el derecho a organización, prohibida la profesión abierta de la cultura kurda, impuesto el burka a la mujer, etc. El Estado iraní desplegó su régimen de terror por un lado, mientras por otro promovió políticas de asimilacionismo islámico.

En el periodo en el que corrieron los primeros años de la nueva República se desató una guerra para imponer el “Gobierno de Dios”. Entre finales de 1981 ymediadosde 1983, Irán quedósumidoen una guerra entre las guerrillas y el clero. La guerrilla trató de desestabilizar la facción clerical eliminando a sus líderes principales y movilizando gradualmente a algunos sectores de la sociedad, por lo que esta, en respuesta, se sumió en la represión brutal y en la decisión de conservar el poder. Finalmente, para 1983, las guerrillas fueron debilitadas por la fuerza de Jomeini y de los radicales. Una a una, desaparecieron las fuerzas seculares que compitieron contra el clero.

Las guardias revolucionarias cumplían con la función de diezmar opositores bajo la guerra entre guerrillas y el clero, Jomeini, en la esfera socio-cultural, concibió un proyecto de base islámica, denominado la “Revolución Cultural” cuyo objetivo era asegurar una larga vida al carácter islámico y revolucionario de Irán.  El aspecto de la regeneración del hombre era el punto neurálgico de la Revolución Cultural. Jomeini centró su objetivo en un cambio de valores que liberara a los musulmanes de la decadencia occidental. Afirmaba que los males sociales no se generan internamente sino que proceden del exterior, del dominio imperialista, pero sobre todo, del dominio ideológico y de la penetración de valores contrarios al islam que destruyen la identidad de las sociedades musulmanas en complicidad con un régimen monárquico traidor e infiel.

Una total purificación de las mentes, cambiando los hábitos de consumo, las costumbres, las modas, el arte y la educación era lo que más se requería. En ese sentido, el clero impulsó un rechazo general al modelo de sociedad de consumo secular y abogó, en cambio, por un modelo económico basado en la austeridad y con dependencia a la autarquía. Además de implementarse una política de autonomía del país frente al exterior, y de exportar la revolución como una herramienta para su consolidación y expansión, sirvió como estrategia del régimen para legitimarse frente al pueblo musulmán, al igual que para legitimar su política anti occidental y anti Estados Unidos. Brindó apoyo en todo el mundo a los musulmanes en lucha para liberarse de las potencias occidentales consideradas como los opresores y como los enemigos del Islam

La política exterior se definió en términos de autonomía, Jomeini denunció a Estados Unidos, a sus aliados y a la Unión Soviética como los opresores del mundo y enemigos del islam, intento crear nuevas coaliciones acordes con su ideología, , por lo cual ingresa al movimiento de los No Alineados. Para fortalecer la autonomía y el no alineamiento, se dio un cambio de la política económica bajo la cual se establecieron medidas proteccionistas que instaron a fortalecer e incrementar la producción doméstica y disminuir la dependencia externa del país.

Para Jomeini, la revolución no tenía sentido si se limitaba solo a Irán. La exportación de la misma era vital no solo para la consolidación del régimen, sino por que Irán tenía la obligación de llevar el mensaje de “redención” al resto del mundo; se utilizaron canales para la exportación de la revolución tales como los organismos multilaterales, la propaganda, el apoyo a grupos de signo islámico y las peregrinaciones a La Meca; una de sus principales objetivos era la defensa del Islam. La República Islámica procedió, por medio de su política estatal, crear y promover fundaciones islámicas especiales o grupos militares encubiertos para generar cambios radicales en otros países. Dicha exportación pretendía ser panislámica, por lo que Jomeini enfatizó el mensaje anti-imperialista, anti occidental, anti estadounidense y anti israelí, buscando un marco en el que sunníes y chiitas pudiesen reconocerse como participantes de una misma lucha y objetos de un mismo agravio, reconociendo a la revolución como islámica y no solo iraní.

Además de los enfrentamientos directos que Irán tuvo con Irak y el Líbano, las relaciones de Irán con Oriente Próximo, desde el año de 1979, giraron en torno a su oposición a la ocupación de Israel sobre territorios palestinos y su rechazo a los intentos de acordar con éste por parte de algunos estados árabes. Jomeini consideraba a Israel un elemento que estaba a favor de los proyectos imperialistas de Estados Unidos.

La Revolución islámica dio lugar a grandes cambios al interior de Irán. Permitió a Jomeini ocupar la figura del líder supremo, y a los clérigos afianzarse en el poder, se estableció la ley islámica como código de conducta para gobernar el país, tanto en los aspectos políticos como económicos y sociales. En pocas palabras, la cultura religiosa y el patrimonio cultural comenzaron a constituir los pilares más importantes de Irán. Uno de los objetivos fijados por el nuevo régimen fue terminar con la subordinación, el alineamiento y la dependencia hacia Estados Unidos que se creó bajo el régimen del Sha. Jomeini buscó afirmar la autodeterminación de la República Islámica frente al mundo. Responsabilizó a Estados Unidos de explotar los recursos energéticos y económicos iraníes, y exigió aceptación de la legitimidad de la Revolución.

Un hecho que definió las relaciones entre Irán y Estados Unidos fue el asalto a la Embajada estadounidense en Teherán y la toma de rehenes por parte de estudiantes, seguidores de Jomeini, el 4 de noviembre de 1979, como respuesta a la decisión del presidente Jimmy Carter de permitir la entrada del Sha a los Estados Unidos para un tratamiento médico. El  Ayatolá Jomeini dio su apoyo a los estudiantes, porqué él y los clérigos radicales identificaron a la embajada como una amenaza para el régimen, temiendo un nuevo golpe de Estado orquestado por los norteamericanos, y porque ejemplificaba su independencia de la influencia Occidental y por ello fue interpretado como una segunda Revolución; así, reavivó el sentimiento anti-estadounidense y con ello el deseo de un modelo político que resaltase los valores islámicos, permitiéndole a la facción política clerical silenciar las críticas al régimen islámico, y con ello legitimar su poder.

De ese modo el ayatolá prolongó la toma de los rehenes, demandando disculpas de Estados Unidos por las intervenciones históricas en Irán; exigió el cese de interferencia en los asuntos domésticos iraníes, el regreso del Sha y sus posesiones. Luego de varios intentos de negociación, inclusive una frustrada operación militar de rescate, se dio la liberación de los rehenes. Estados Unidos trató de lograr la liberación de los rehenes con la presión de sanciones económicas y diplomáticas.

La revolución tuvo significativos efectos efectos económicos, dio lugar a la limitación de una quinta parte de la capacidad de producción de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), lo que llevó inmediatamente a la tensión en el mercado de crudo;  los precios mundiales del petróleo subieron aproximadamente 50%. El país persa comenzó a cosechar beneficios de la industria petrolera, y los norteamericanos se vieron obligados a pagar un precio elevado por el crudo

El objetivo de la democratización del estado iraní dio marcha atrás tras la consolidación de  la contrarrevolución encabezada por Jomeini y la instauración de  un régimen que incluso en su expresión legal demagógica  todo el poder reside en un hombre que está completamente al margen de todas las formas de control secular. En la “República” Islámica de Jomeini ningún organismo representativo puedo tomar decisiones que contradigan sus deseos. En lugar de una dictadura monárquica en Irán se instauro una dictadura clerical que pretendía tener un poder “divino”, absolutista e ilimitado.  No fue otra cosa que una forma de gobierno donde una secta clerical se considero por encima del control “terrenal” de las masas, proclamándose  como el gobernante supremo del destino de la sociedad.

El enorme tamaño y poder de la burocracia estatal del régimen se queda con la mayor parte de esta riqueza social. Se crearon muchas instituciones simplemente para legitimar el saqueo “oficial” por la “base social” de la dictadura. La integración de los instrumentos de dominio clerical en el reconstruido aparato del estado  ha llevado a un enorme aparato Estatal.  La mayor parte del capital iraní fue expropiado después de la revolución. La supresión del movimiento de masas y el restablecimiento del aparato burocrático estatal creo rápidamente las condiciones necesarias para el regreso de un orden capitalista, una nueva capa de capitalistas sustituyó al séquito del Sha. Esta capa, con el apoyo del clero con quienes tienen vínculos políticos, sociales y familiares y través de los canales del Estado, consolido rápidamente un creciente poder económico.

Los instrumentos de represión de Jomeini se alimentaban de las fuerzas sociales que eran las más corruptas y privilegiadas de la población. Se reclutó a los soldados de Jomeini entre amplias capas de los pobres urbanos, los desempleados,  los emigrantes campesinos, lúmpenes  y la pequeña burguesía depauperada. Gracias a la Revolución Blanca del Sha, muchos campesinos tuvieron que trasladarse a los centros urbanos en búsqueda de empleo, mientras que la limitada industrialización sólo pudo absorber a una pequeña proporción de ellos.

La pequeña burguesía iraní representaba una capa social muy importante y constituyeron  una enorme reserva para los instrumentos de represión;  estaban muy atomizadas con el gobierno del Sha y no tenía una perspectiva social independiente. Para muchos individuos dentro de estas capas, convertirse en un miembro de una banda violenta en apoyo al régimen de Jomeini o integrar la burocracia estatal representaba un progreso social enorme. Ser reclutado por los distintos instrumentos de represión significaba ser capaz de ir y golpear a los “satánicos” y “paganos privilegiados”. Estos sectores fueron el apoyo activo y fanático que conformaban la base demagógica de Jomeini.

El régimen islámico no fue sólo un régimen nacionalista burgués que llegó al poder como resultado de la lucha de liberación nacional, aunque es una fuerza antiimperialista inconsistente; se trato de una verdadera contrarrevolución contra una revolución democrática. El establecimiento de este régimen representó el principio, y la victoria decisiva, de la contrarrevolución. Ésta estuvo liderada por la fracción de Jomeini que fue concentrando todo el poder en sus manos.

La revolución iraní estuvo marcada, por el hecho de la intervención directa de los sectores populares en la determinación  el destino del orden social. La revolución iraní siempre fue un excelente ejemplo de cómo un movimiento de masas en su desarrollo puede derrocar a un régimen político. Por otro lado  resultados del proceso  contrarrevolucionario fueron la pérdida de todas las conquistas de las masas explotadas y oprimidas, el restablecimiento de una dictadura violenta similar al  gobierno del Sha, el resurgimiento de un “orden” capitalista brutal,  la reintegración de la economía iraní dentro del sistema imperialista mundial y la instauración de un régimen político,  social y cultural clerical.

Comentarios

Todavía no hay comentarios. ¡Iniciá el debate!

Todos los datos son obligatorios, tu dirección de correo no será publicada