1968-50 Años de Rock en la Argentina.

El ´68 fue un torbellino que trastocó para siempre los cimientos del mundo del arte, la poesía y todas las manifestaciones culturales de la humanidad. Sonaban los vinilos de The Rolling Stone, Pink Floyd, The Doors, Jimi Hendrix, y Janis Joplin; eran tiempos de encuentro con las drogas, la psicodelia y el hippismo. Bob Dylan y Joan Baez eran las voces conscientes contra la guerra de Vietnam porque había que hacer el amor y no la guerra, mientras los 4 gigantes de Liverpool nos cantaban “dices que quieres una revolución vaya, tu sabes, Todos queremos cambiar el mundo”. En Argentina se respiraba la dictadura de Onganía, la juventud se sublevaba y el rock se convertía en un grito de rebelión que estallaba frente a las narices de un mundo injusto. Desde Contrahegemonía recordamos al ´68 como un año fundante del rock nacional.

Por Marcelo Fernández Bitar

La cadena se rompió

En mayo de 1968, mientras en Buenos Aires  cumple 14 años el monopolio de La Escala Musical en Francia estalla la hora de los estudiantes. Sin entrar en detalles,vale la pena conocer algunas frases que leían los porteños veinteañeros, entre absortos y maravillados. El líder estudiantil Danny Cohn Bendit (pelirrojo estudiante en la Sorbona) aconsejaba marcar contra la cana (“les flics”) con una sonrisa en los labios y una canción en el corazón. Se reflotaron frases de Shakespeare (“Hay método en nuestra locura”), Heráclito (“El combate es el padre de todas las cosas”), Rimbaud (“Hay que cambiar la vida”) y el slogan más movilizante: “Seamos realistas, exijamos lo imposible”.

Por supuesto que los medios argentinos reflejaban “otra” juventud, con canal 2 pasando series como “Los Dakotas”, “Surf side six”, “Sugarfoot” y “Pop news 68″; canal 7 mostrando a Antonio Carrizo con “Completísimo”; y la radio con “Modart en la noche” (de Ricardo Keinman) y “Thompson y Wiliams” (de Fito Salinas), donde uno podía esperar con paciencia los temas de los Beatles escondidos entre el “Patapata” de Miriam Makeba, o alguna cosa de Los Gatos.

En abril aparece la revista Pinap, con información sobre música nueva, pero también con una banal superficialidad que se reflejaba en notas donde describían el duelo entre la moda “King’s Road vs. Carnaby St”. Eso sí, había abundantes reportajes a los Beatles y los Rolling Stone, e información sobre Los Gatos, Los Abuelos de la Nada, Manal y Almendra. Describieron a Los Abuelos como “lo más bohemio que se puede encontrar en Buenos Aires”… “quienes mejor interpretan los recientes ritmos psicodélicos de Londres, adaptándolos al gusto de nuestro país”. Tampoco escatimaron adjetivos al elogiar a Litto Nebbia como “una especie de geniecito, algo así como un pequeño Lennon nacional”.

Este fue el año de las primeras grabaciones de muchos pioneros del rock argentino, la mayoría en discos simples. Mas allá, claro del segundo y tercer LP de los gatos, que debido a su éxito no paraban de grabar y tocar en vivo, con nuevos hits como “viento dile a la lluvia” y “seremos amigos”.Se grabaron simples de los abuelos de la nada como “Diana divaga” y “tema en flu sobre el planeta”.

Los Abuelos de la nada se formaron con Héctor Pomo Lorenzo, un baterista que hallaron en plaza Francia y que -dicen- se entusiasmó tanto el día que le compraron una batería que se acostó con ella. A su vez, Pomo llevó a los demás: el bajista Alberto Lara y su hermano Micky (guitarra rítmica), además de un organista llamado Eduardo que enseguida rebautizaron “Mayoneso”, en honor a quien fue el tecladista más pintoresco de La Cueva: Fanacoa. Prácticamente ninguno tenía equipos ni había integrado anteriormente otra banda. Empezaron a ensayar en la casa de Pipo y el manager era la mismísima Mabel Lernoud. Javier Martínez les presentó a un estudiante de pelo muy corto que se copaba con los blues y que tenía una impresionante colección de discos: Claudio Gabis, quien no quiso unirse a Los Abuelos, pero aceptó grabar con ellos (luego entró Pappo Napolitano como violero estable).

El otro simple de esta tanda del 68 fue el de tanguito, que se grabó el 18 de enero en los estudios de RCA, con arreglos orquestales de Horacio Malvicino, y que se editó el 4 de abril. En el lado A tenia “la princesa dorada”, del lado B presentaba el tema “el hombre restante”, una canción contra la guerra nuclear.

                   Los abuelos de la nada

Va a salir un lugar

En 1968 empezó a hacerse más notorio que había puntos en común entre la mano intelectual y los músicos. Espiritualmente, el nexo era la profunda búsqueda y experimentación de ambos grupos. Físicamente, los lugares de encuentro seguían siendo los bares y las casas de amigos comunes. Institucionalmente, el punto de contacto era en Instituto Di Tella.

El Di Tella se convirtió en un centro cultural de la talla de los de Nueva York o Paris, en una década que no paraba de contagiar creatividad y audacia.

El contacto de música y arte visual llego de la mano de Minujin y una exhibición con firme base en el arte psicodélico, llamada Importación-Exportación: lo más nuevo en Buenos Aires, que se mostros del 17 al 28 de julio de 1968. Al entrar cada persona era cubierta por una enigmática luz negra que descubría dibujos fosforescentes en el piso, mientras en el aire se escuchaban temas de Jimi Hendrix, Cream, Greteful Dead, Jefferson Airplane y Country Joe and The Fish.

En la sala Payro los hermanos Fattoruso y los integrantes de Los Gatos presentaron un show que bautizaron Canciones para argentinos jóvenes. Los sábados a la mañana, Víctor “vitico” Bereciartúa daba clases de rock, con material que le traían unas amigas azafatas. Y a partir de fin de año sonó en vivo en el Di Tella la música de Manal y Almendra.

Toda la vida tiene música hoy

En La Plata ya está la denominada Cofradía de la Flor Solar, una comunidad que se centró en una gran casona cerca de la entrada de la ciudad. En las seis habitaciones convivía gente como Ricardo “Mono” Cohen (Rocambole), Kubero Díaz, Morci Requena, Manija, Pascua y Néstor Qandi. La casa es un lugar de encuentro para músicos y poetas, y de ahí surge la banda que en 1970 editará un LP por RCA.
También en La Plata forman un grupo los hermanos Beilinson (entre ellos Guillermo, actual director de cine; y Skay, guitarrista de Los Redonditos de Ricota). Hacían covers de grupos de rock y blues junto a gente como Isaac Isa Portugheis. Los hermanos Beilinson habían estado estudiando en París a principios de año y -por supuesto- se meten en el medio de todo “el mayo francés”. Los deportan a Londres, donde a las nuevas ideas le suman elementos para arrancar con todo en La Plata: guitarras y amplificadores de primera calidad, e infinidad de discos, entre otras yerbas. Después de un tiempo, terminarán uniéndose con gente de La Cofradía para todo tipo de experiencias vitales.

En otra zona, en Ciudad Jardín, Gustavo Santaolalla logra hacer contacto con Ricardo Kleinman y éste le dice que The Crows suenan bien, pero que deberían cantar en castellano. Inicialmente, a Gustavo esto le parece algo berreta, pero cuando escucha el “Tema de Pototo” por la radio, termina de convencerse. Hace otra prueba, esta vez ante el productor Fernando Falcón (socio de Kleinman), a quien le gustan los temas en inglés, pero también pide algo en castellano. Gustavo toma la guitarra y le canta “Canción para una mujer” y otras. Falcón les da el ansiado OK para grabar. Con arreglos de Alchourrón -bajo indicaciones de Gustavo- registran “Lo veo en tus ojos” y “Canción para una mujer”. Empiezan a sonar por la radio y salen los primeros shows, aunque bajo un nuevo nombre sugerido por Kleinman, Arco Iris.

Afuera de la ciudad

En Santa Fé, más precisamente en el pueblo Cañada Rosquin, Raúl Alberto “León” Gieco se acoplo al grupo local Los Moscos, integrado por chicos que se reunían a tocar los fines de semana. Hacían tema que copiaban de los discos que podían conseguir, como The Spencer Davis Group, que tenia el atractivo especial de contar con la voz de un quinceañero llamado Steve Winwood. Todos se conseguía por medio de algún conocido que iba une vez por mes a Buenos Aires, y otro que les acercaba la Pinap desde rosario. En cuanto al apodo del “rey de los animales”, surgió porque Gieco trabajaba en el bar de un club hasta las 11 de la noche y ahí se iba a ensayar hasta las 5 de la mañana. Como en poco tiempo tuvieron problemas con los vecinos por el ruido, el comisario los intimo amenazando con llevarse los equipos si seguían molestando. Entonces optaron por ensayar en el sótano que había bajo la habitación del guitarrista, y cuenta la leyenda que un día enchufo algo mal y dejo al pueblo entero sin luz. “un animal” fue lo menos que le dijeron.

                                                                                                              León Gieco

Nuevos trapos

Almendra graba algunos simples este año, luego que Luis y Emilio se cruzaran casualmente con Ricardo Kleinman y lo invitaran a escuchar al grupo. Ya en Pinap se anuncia que “el capo del grupo tiene alrededor de 60 temas compuestos, uno mejor que otro”. Sacan “Hoy todo es hielo en la ciudad” con “Gabinetes espaciales”, y después “El mundo entre las manos” con “Campos verdes”. Además, por supuesto, del difundido Tema de Pototo (para saber cómo es la soledad):

Almendra

“Para saber cómo es la soledad
tendrás que ver que a tu lado no está
quien nunca a ti te dejaba pensar
en donde estaba el bien,
en donde la maldad.
La soledad es un amigo que no está
es su palabra que no ves llegar igual.
Si es que sus sueños son luces en torno a ti
tú te das cuenta que él ya nunca ha de morir,
nunca ha de morir.
Al observar como muere la flor
tu verás que también muere la paz
es que esa paz revivirá en su voz
la flor te la dará para plantarla igual.
La soledad es un amigo que no está
es su palabra que no ves llegar igual.
Si es que sus sueños son luces en torno a ti
tú te das cuenta que él ya nunca ha de morir,
nunca ha de morir.”

 

Extractos tomados del libro “50 años del rock en la Argentina”, de Marcelo Fernández Bitar. Año 2015.

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