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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

5 observaciones para contextualizar y leer al guasón

10 Nov,2019

por Jorge Falcone

“Lo peor de tener una enfermedad mental  es que la gente espera que actúes como si no la tuvieras”.

Arthur Fleck, antes de convertirse en Guasón, en el filme de Todd Phillips

Especial para Contrahegemonía.

 

La contracara oscura de los súper héroes de cómics tiene un precedente ineludible en la saga Watchmen (Vigilantes), creada para DC Cómics entre 1986 y 1987 por el talentoso guionista inglés Alan Moore (https://www.youtube.com/watch?v=VWWG5By6o3I&t=3s),  también autor  del cómic book V de Venganza, adaptado al cine por Zack Snyder en 2009, la máscara de cuyo personaje principal - alusiva al proto anarquista británico Guy Fawkes, muerto en 1606 tras el fallido intento de volar la Cámara de los Lores - se convertiría desde entonces en un ícono de las luchas antisistémicas. Moore utilizó la historia como un medio para reflejar las ansiedades contemporáneas y criticar el concepto de superhéroe. Watchmen presenta una historia alternativa donde los superhéroes surgen en los años 1940 y 1960, ayudando a los Estados Unidos a establecer la hegemonía mundial a través de la Operación Cóndor y la Guerra de Vietnam. El país se está desplazando hacia una guerra nuclear con la Unión Soviética, los vigilantes disfrazados han sido declarados ilegales y la mayoría de los superhéroes anteriores se encuentra en retiro o trabaja para el gobierno. Esta obra, oportunamente galardonada con el prestigioso Premio Hugo, marcó el definitivo “canto del cisne” de los superhéroes tradicionales (que hoy la competencia, léase Marvel, se empeña en resucitar) El eslabón siguiente de esta cadena revisionista sería el aporte del guionista, dibujante y realizador norteamericano Frank Miller - autor de los cómics 300 y Sin City, luego  adaptados al cine - que desarrolló la saga Dark Knight (El Caballero de la Noche, también adaptada al cine, primero por Tim Burton y luego por Christopher Nolan), revisitando desde el desencanto de los 80 y 90s al Hombre Murciélago creado en 1938 por Bob Kane. Este nuevo Bat Man dista del maniqueísmo primigenio del personaje y comparte en gran medida la sicosis de sus archi enemigos, cuya respectiva genealogía se ha puesto de moda. En dicha tendencia se inscribe el polémico filme protagonizado por Joaquín Phoenix y recientemente distinguido con el máximo reconocimiento en el Festival de Venecia.

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Desde su estreno, el filme en cuestión ha levantado polvareda a favor y en contra. Sus adherentes, condicionados por la empatía que despierta el tratamiento del personaje (un descastado social cuya vindicativa reacción se cocina a fuego lento) no han dudado en caracterizarlo como el nuevo ícono del anarquismo millenial (en los recientes comicios de Argentina se presentó un elector ataviado como el personaje, generando controversia en su mesa de votación porque no faltó quien, ante el orden imperante, lo interpretara como un voto cantado; mientras que en las redes ha circulado la imagen de otro sujeto semejante enarbolando una bandera mapuche en medio de la revuelta chilena) En tanto, sus detractores lo consideran un pésimo ejemplo y un peligro público, volviendo sobre los pasos de un debate acerca de la capacidad de los mass media para incidir en las conductas públicas, que parecía saldado por el excelente documental Bowling for Columbine, de Michael Moore. En este sentido, tal vez el caso más extremo sea el de Jeffrey A. Tucker, director editorial del Instituto Americano de Investigación Económica, quien en un polémico artículo de su autoría (https://es.panampost.com/editor/2019/10/07/joker-un-analisis-sobre-la-ideologia-del-destruccionismo/) vincula la propuesta del film con la filosofía “destruccionista”, que atribuye al Movimiento Antifas, nuevo emergente social del gran país del norte, abocado a confrontar mediante la acción directa con los grupos pro oficialistas. En todo caso, se torna indiscutible que esa Gotham City tan parecida al New York actual  alude claramente a la Era Trump.

 

Abunda gente indispuesta a otorgarle a este tipo de films un status de seriedad que amerite debatirlos, pero lo cierto es que no es la primera vez  que algún producto de la cultura de masas logra reflejar su realidad contemporánea con mayor fidelidad que otros cuyo cometido ineludible sería dar cuenta de la misma (¿Alguien duda acerca de que el Penal de San Onofre de la serie El Marginal es una sórdida metáfora de la Argentina actual?) En todo caso, la discusión planteada al respecto parte de la antigua tensión entre garantismo y punitivismo: Mientras los partidarios del primer término antes de dictar sentencia abogan por considerar las causas últimas que fomentan el delito, los adherentes a su contrario exigen que esa ley que “hace la vista gorda” ante el ladrón de guante blanco caiga con todo su peso sobre el “ladrón de gallinas”.

 

Peligro de spoiler: Es cierto que Arthur Fleck, ese sujeto marginado sobre cuyo desquicio se irá cincelando el futuro payaso que desvelará al justiciero encapotado, en un imprevisto rapto de lucidez interpela en cámara con argumentos que cualquier espectador con un mínimo sentido humanista compartiría al popular showrunner interpretado por Robert De Niro (si, el mismo actor de Taxi Driver y El Rey de la Comedia, filmes en los cuales el de Todd Phillips abreva, y cuyo director - Martin Scorsese - viene denostando las adaptaciones cinematográficas de cómics) Pero el personaje explicita un par de veces en el film que es apolítico y que no pretende representar a nadie. La clave de lo que inquieta a ese poder paranoico que en el país de origen de esta producción coloca custodia policial en las salas y prohíbe manifestaciones cosplay del público (asistir al espectáculo maquillados como Guasón), en todo caso es que en este momento de la historia en que el fantasma que oportunamente recorrió Europa brilla por su ausencia, la caja de resonancia mediática de la Aldea Global proporcione ejemplos capaces de recordar a lxs condenados de la tierra que este capitalismo gore (http://www.ub.edu/cdona/lletradedona/capitalismo-gore) está exterminando la vida en el planeta.

 

Peligro de spoiler II: En la escena previa al epílogo del film, Arthur Fleck, ya devenido Guasón, es rescatado del patrullero que lo transporta a la cárcel por emergentes de una turba insurrecta que despliega su furia por las calles de Gotham. Depositado semi inconsciente sobre el capó de dicho vehículo, será alentado a “levantarse” y cumplirá trabajosamente con ese reclamo multitudinario. A continuación, advirtiendo en su vesania que ahora cuenta con una numerosísima audiencia que nunca tuvieron sus fallidos intentos de stand uper, ensanchará grotescamente la sonrisa que lo caracteriza con la sangre que mana de su boca y comenzará a contonearse como si dicha circunstancia consistiera en su definitiva consagración en el Madison Square Garden. Conclusión: Lxs rebeldes que lo rodean lo han adoptado como símbolo de su propia furia largamente acumulada contra la exclusión social… pero él está en otra. Tranquilos pues, señores capitalistas, Guasón está loco como una cabra. Pero vuestra verdadera derrota será el máximo acto de cordura que la humanidad pueda ejercer.-

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