A un siglo de la Revolución bolchevique: hace falta que un nuevo fantasma recorra el mundo

El sur produce teoría de base epistémica, y no es sólo el proveedor de la experimentación nativa

 En el mundo que nos toca ya no basta con resolver la tensión capital – trabajo, sino que la crisis civilizatoria en curso impone hacernos cargo perentoriamente de la tensión capital – naturaleza, que hoy compromete la vida en el único planeta – hogar con que contamos. Acaso la reciente desaparición física de Fidel Castro Ruz – líder de un proceso que representó el punto máximo de las utopías emancipatorias en la región – subraye como pocos acontecimientos la ausencia de una teoría capaz de transformar este presente en otro más noble: Así como décadas atrás era común ser testigo del intercambio entre el Comandante de la Revolución Cubana y las más variadas delegaciones de países integrantes del entonces llamado Tercer Mundo, hoy los movimientos sociales se dan cita en el Vaticano para nutrirse con el único discurso humanista vigente de carácter global.

En consecuencia, resulta imperioso volcarnos nuevamente a abrevar en la praxis de los pueblos que otrora constituyeran el mundo no alineado, y al despuntar el siglo en curso gestaran los movimientos que se dieron cita en espacios como el Foro Social de Porto Alegre. Nuestro desafío consiste en categorizar y sistematizar saberes surgidos de sus luchas.

Una de las corrientes contemporáneas del pensamiento crítico surgidas desde el mundo periférico- a posteriori del llamado giro decolonial encarnado, entre otros, por el filósofo mendocino Enrique Dussel – es la denominada Epistemologías del Sur (este último término entendido como metáfora geocultural de todo enclave oprimido y expoliado por el capitalismo), que pone en cuestión el concepto hegemónico de desarrollo – promotor del mito del progreso ilimitado de las fuerzas productivas -,  y cuyo mentor principal es el académico y militante social portugués Boaventura de Sousa Santos, gran conocedor de Nuestra América.

Entre los matices que dicha corriente suma a las actuales perspectivas contrahegemónicas se puede computar una respetuosa crítica al marxismo clásico por su autopercepción como ideología universal de la clase obrera dentro del marco de la modernidad occidental. A su vez, se le  cuestiona fraternalmente al pensamiento decolonial su preocupación prioritaria por lo cultural y no por lo económico. Sousa sostiene que aquel es un concepto más bien académico, sin fuerza emocional (“sin dientes”, prefiere señalar) Y reivindica la negación del pensamiento deconstructor de Foucault y Derrida para superarlo desde la positividad de la lucha. Sostiene además que hay que analizar las continuidades y rupturas del modelo colonial en Europa y su correlato posterior en el Nuevo Continente, ya que el colonialismo contemporáneo reconoce una división abismal entre el enclave metropolitano propio del Siglo XIX y las formas de sociabilidad colonial del Siglo XXI. Por último, describe tres categorías inescindibles a enfrentar desde el mundo periférico: Capitalismo, colonialismo,y patriarcado (las cuales suponen una degradación ontológica de carácter social, racial, y sexual)

Para el pensamiento de referencia, la Sociología de las ausencias remite necesariamente al universo de los y las excluidos y excluidas de todo derecho, los y las desaparecidos/as sociales. A partir de este presupuesto surge la necesidad de recurrir a la sociología de las emergencias, a los efectos de contribuir a la restitución de esa condición de humanos y humanas que les fuera arrebatada y, en consecuencia, a la coexistencia de experiencias disímiles en una ecología de saberesque encuentre el equilibrio entre pensamiento científico y popular.

Al respecto cabe recordar que el filósofo americanista Gunter Rodolfo Kusch (gran defensor, si los hubo, de un pensamiento situado: http://www.elortiba.org/kusch.html) consideraba al mito como el saber de los pueblos no escriturarios, a los que también ha despojado del carácter civilizatorio la ciencia social positivista, que establece una frontera entre prehistoria e historia a partir de la aparición del texto escrito, invisibilizando así cuantiosos conocimientos precedentes codificados de manera diversa.

Nuestro tiempo pide a gritos no prescindir de ninguna experiencia que contribuya a diversificar el monocultivo del pensamiento.

 

El cuerpo de la mujer como primera colonia humana,  previa a la conquista española

 

 Sayak Valencia, doctora en Filosofía, Teoría y Crítica Feminista por la Universidad Complutense de Madrid,entiende por capitalismo gore la forma particular en que los territorios fronterizos y vulnerabilizados operan bajo el capitalismo tardío. El término es recuperado del cine estadounidense, en donde gore se refiere a la violencia explícita, gráfica y visceral que caracteriza ciertos subgéneros de horror, para definir al: “derramamiento de sangre explícito e injustificado, al altísimo porcentaje de vísceras y desmembramientos frecuentemente mezclados con la precarización económica, el crimen organizado, la construcción binaria del género y los usos predatorios de los cuerpos”.

Esto permite a ciertos sujetos transformar sus situaciones de vulnerabilidad o precariedad y empoderarse, aunque desde formas distópicas de autoafirmación perversa, al dedicarse a prácticas de violencia que resultan rentables bajo la lógica del capital, llamadas prácticas gore. Valencia denomina a este proceso de afirmación mediante prácticas gore necroempoderamiento, relacionándolo con la noción de Achille Mbembe – brillante teórico del pensamiento decolonial, oriundo de Camerún – de necropoder, o la soberanía de decidir sobre la muerte de los demás y el poder que de ella emana.

El sujeto endriago es como Valencia llama al ejecutor de las prácticas gore del nuevo capitalismo, quien conjuga cuatro lógicas entrelazadas: la de la carencia por su posición económicamente marginal, la del exceso por los deseos hiperconsumistas del mercado, la de la frustración por la imposibilidad de satisfacción total de estos deseos y la de la heroificación por la trivialización y justificación de la violencia en las representaciones mediáticas. Puestos en marcha por estas cuatro lógicas, los sujetos endriagos hacen de la violencia una herramienta de producción que les permite acumular el capital suficiente para tener presencia en el mercado internacional. De ahí que Valencia califique al capitalismo gore como una lucha intercontinental de poscolonialimso extremo. El sujeto endriago nace pues de una adaptación al entorno mediante prácticas distópicas, que explotan las formas más agresivas de masculinidad e hiperindividualismo para apoderarse del triple monopolio que generalmente corresponde al Estado: la explotación de recursos, la venta de seguridad y la apropiación de los cuerpos como trabajadores o consumidores.

Según la educadora Ester Kandel (UBA), hoy como ayer las reivindicaciones democráticas se realizan en un sentido incompleto pues ellas se dan dentro del marco del sistema de reproducción capitalista.

Reconocemos que una vasta experiencia de luchas del movimiento de mujeres y su intensificación en estos últimos años, para enfrentar problemas como la violencia doméstica, la trata de personas, los derechos sexuales y reproductivos, el aborto, el acoso sexual y aquellas que se dan por la igualdad de oportunidades en el ámbito laboral, hacen visible que muchos de aquellos fenómenos han sido considerados naturales. Aunque distintos organismos gubernamentales tomaron algunas iniciativas para abordar la gama de problemas enunciados, sin embargo existen muchos inconvenientes, dificultades y padecimientos.

Dos ejemplos:

1- abortos espontáneos y malas formaciones fetales

2- los planes sociales para las mujeres pobres

En el primer caso nos basamos en un estudio reciente, efectuado en la Provincia de Córdoba, realizado por el Dr. Ávila, relacionando el aumento de cáncer y abortos con el modelo de Monsanto:

En Monte Maíz la cantidad de casos de cáncer triplicaba la media nacional y los abortos espontáneos eran tres veces más frecuentes que lo habitual. Lino Barañao, Ministro de Ciencia y Tecnología defendiendo a Monsanto y a los agrotóxicos, declaró: “El glifosato es cómo agua con sal (…)Con los antibióticos también hay mal uso y muertes, y nadie se queja”.

 Vale la pena advertir entonces que si la colonialidades constitutiva de la modernidad, puesto que la retórica salvacionista de lamodernidad presupone ya la lógica opresiva y condenatoria de la colonialidad, esa lógica opresiva – tal como lo señala el semiólogo argentino  Walter Mignolo – produce una energía dedescontento, de desconfianza, de desprendimiento entre quienes reaccionanante la violencia imperial.

Sumando un nuevo aporte a la batería de recursos del pensamiento decolonial, Kimberlé Crenshaw, académica estadounidense especializada en el campo de la teoría crítica de la raza, ha acuñado el términointerseccionalidad como  concepto analítico tendiente a incluir a todas y todos aquellos que de alguna manera han quedado relegados del terreno social, cultural, político, económico y académico.

Pensar el Sur Global por fuera de la biblioteca colonial

 Uno de los territorios más encubiertos y mitificados del mundo periférico es el llamado “Continente Negro”. En efecto, la invención colonial de África atraviesa todas las manifestaciones de la cultura.Sin ir más lejos, un relato del norteamericano Edgar Rice Burroughs – adaptado al cómic, al cine y la TV – que aún ejerce gran influencia sobre varias generaciones desde su gestación durante la primera mitad del Siglo XX, pretendía que John Clayton III, Lord Greystoke, era el único hijo de una pareja de aristócratas escoceses abandonados en la selva africana a finales del siglo XIX tras el motín del barco en el que viajaban.Después de la muerte de sus padres, John es adoptado por una manada de simios parecidos a los gorilas, los “mangani”, estos le llaman “Tarzán”, que en maganí significa “piel blanca”.Tarzán adquiere grandes habilidades físicas, puede saltar desde los árboles, columpiarse por las lianas, y es capaz de enfrentarse a cualquier animal salvaje para defender a su familia; acorde con su noble cuna, también hereda un gran nivel de habilidad mental. Lógicamente, al cabo de un tiempo se constituye en defensor individual de las tribus con que alterna, incapaces de valerse por si mismas sin el concurso intelectual del blanco occidental.

De más está decir que, como contraparte de aquella mitología colonial, muchos han sido los aportes emanados desde las luchas independentistas libradas en el continente africano durante la segunda mitad del Siglo XX. A propósito de ello, patriotas como Amílcar Cabral, referente de Guinea Bissau y Cabo Verde, han sabido reconocer tempranamente la interrelación entre colonialismo, capitalismo y racismo: “Nosotros no luchamos simplemente para levantar una bandera en nuestros países o tener un himno nacional, luchamos para que los insultos ya no gobiernen nuestros países, de modo que nuestros pueblos no sean explotados por los imperialistas, no solo los de piel blanca, no queremos ningún tipo de explotación, ni siquiera por parte de negros.

Como sostiene la académica portuguesa María Paula Menese (CLACSO), nuestra rica y compleja realidad no se amolda a universalismo alguno, ni siquiera al de cierto pensamiento crítico como el que pudo acompañar la fallida gesta cubana en el Congo.

También aporta claridad la palabra del siquiatra antillano Frantz Fanon, autor del célebre ensayo “Los condenados de la tierra”, cuando reconoce la árdua tarea pendiente de bregar por una Justicia Epistémica aún tras la retirada del ocupante colonial: “El colonialismo y el imperialismo no saldaron sus cuentas con nosotros cuando retiraron de nuestros territorios sus banderas y sus fuerzas policíacas. Durante siglos, los capitalistas se han comportado en el mundo subdesarrollado como verdaderos criminales de guerra. Las deportaciones, las matanzas, el trabajo forzado, la esclavitud han sido los principales medios utilizados por el capitalismo para aumentar sus reservas en oro y en diamantes, sus riquezas y para establecer su poder”.

Pero para que esta riquísima producción teóricano se circunscriba exclusivamente al terreno de las ideas, preferimos pensar que la descolonización mental debe ser simultánea a la democratización del mundo, ya que el genocidio epistémico termina legitimando el genocidio social: Los colonialistas belgas que inventaron la desaparición forzada de personas durante la batalla de Argelia ya habían hecho desaparecer de la Historia a los “hocico negro” locales mucho antes de desaparecer sus cuerpos.

Procurando correlatar los presupuestos anteriores con nuestra latitud de pertenencia, diremos que la modernidad positivista occidental ha canonizado la ecuación témporo espacial futuro/pasado y centro/periferia para sustentar en favor del Norte Global la falsa disyuntiva civilización/barbarie a la que apelaron los padres fundadores que cimentaron nuestras repúblicas a imagen y semejanza de las europeas, sobre la sangre del indio, del criollo y del negro.

Obviamente, la concepción del tiempo con la que se rigen los pueblos originarios de la América Profunda nada tiene que ver con el pragmatismo capitalista expresado a través de nociones como “tiempo es dinero”, del mismo modo en que la relación urbano/rural arrastra tensiones bicentenarias sin resolverse.

Si algo ha quedado claro en el actual contexto de nuestro continente es que ya no existe posibilidad alguna de emancipación que no sea regional.

En conclusión, concebirnos como totalidad geocultural diversa sigue pendiente desde la zozobra del Congreso Anfictiónico de Panamá convocado en 1826 por el Libertador Simón Bolívar.

Los escasos avances producidos al respecto durante la denominada “década progresista” hoy se ven nuevamente amenazados por la contraofensiva conservadora en curso, en un momento de la historia en que la rapacidad feroz del capitalismo global no reconoce ni la soberanía de los estados nacionales ni las más elementales formalidades democráticas.

Un horizonte inmediato capaz de conjurar semejantes embates acaso pase por refundar – ya no dependiendo tanto de superestructuras institucionales – acuerdos regionales de base tendientes a generar algo semejante a una Federación de Comunas Nuestramericanas, condición sine qua non para poder volver a pensar/actuar en común contra el flagelo colonialista, capitalista y patriarcal que nos desafía a diario.-

 

 

(Cortesía del portal Grandes Alamedas)

 

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