Presentación Dossier “Alternativas populares en debate”

Los explotados y las explotadas del mundo somos testigos de una crisis global de los que hasta hace poco eran sectores garantes de la dominación y la reproducción del capital. Desde la Bolivia Plurinacional Álvaro García Linera sentencia que “la globalización ha muerto”, no como régimen de circulación de las mercancías sino como el proyecto ideológico y cultural victorioso tras la caída del muro de Berlín y el fin del socialismo soviético. El mundo tal como lo conocimos está empezando a cambiar. Surgen nuevas potencias para disputar la hegemonía a los Estados Unidos, como China y Rusia. Sumado a la victoria de Donald Trump y su retórica de un “capitalismo nacionalista” o el resquebrajamiento del Brexit en Europa, son muestras de una nueva geopolítica que se está comenzado a delinear.

En Nuestra América somos testigos de la recomposición de fuerzas de los sectores más conservadores de nuestras sociedades, desde el triunfo del “impeachment” contra Dilma Rousseff en Brasil y la asunción de Michel Temer (ex aliado del PT), hasta la victoria de Mauricio Macri de la Alianza Cambiemos en Argentina,  nubarrones de desesperanza parecen nuevamente volver a pintar los colores del horizonte.

Pese a que nuestro pueblo ha librado y libra luchas inmensas, el gobierno, la economía y la dirección de la sociedad se encuentran en manos de los más descarnados enemigos del pueblo. Como un virus infectan con sus valores “meritocráticos”, individualistas, racistas y patriarcales al conjunto social para profundizar la primacía del capital y la sumisión nacional a los intereses yanquis y a organismos internacionales como el FMI, el BM o el G20.

Por estos días reaparece nuevamente con fuerza la idea de “crisis” que automáticamente se asocia al futuro político y económico de nuestro país. La crisis pareciera ser un invento tan argentino como el tango, el dulce de leche y el gol de Maradona a los ingleses. Sin embargo, hablamos de cuestiones muy diferentes:

Para los políticos, economistas  y periodistas de los de arriba, la crisis se trata de una cuestión de tasas de interés, de tipos de cambio, de emisión monetaria, de bonos y de un sinfín de cuestiones técnicas que hacen a oportunidades de negocios. Apelan a los medios para imponer esta visión como “sentido común” y lo lubrican con negociaciones y acuerdos que garanticen “previsibilidad” política y solidez institucional para tranquilidad de los capitales.

Para el pueblo, en cambio, la crisis se hace tangible en los precios imparables, los tarifazos, los despidos, la precarización laboral y de la vida, los ataques a los que debieran ser derechos populares —como la educación, la salud o el acceso a la energía— y el extractivismo que destruye vidas y territorios. Se materializa en la represión, el gatillo fácil, la criminalización de la protesta y en la profundización del carácter reaccionario y antipopular de las instituciones del régimen “democrático” representativo, como el Congreso, la Justicia, las fuerzas de (in)seguridad, el monárquico poder Ejecutivo, una separación de poderes que sólo separa al pueblo del ejercicio democrático de decidir sobre lo común, o la vetusta y reaccionaria Constitución.

Para las izquierdas una oportunidad para pensar el marco de alianzas, las luchas y la proyección política más allá de los vaivenes electoralistas que reducen la democracia y la participación popular a la mera participación en las elecciones. Es pensar un proyecto de país más allá de la distribución de las ganancias y la ampliación del Estado de Derecho, es subvertir todo el orden social desde una perspectiva anticapitalista, feminista y popular.

El pueblo lucha ¿pero cuándo triunfa?

Con la lucha el pueblo ha logrado hacer retroceder una y mil veces al gobierno y a las clases dominantes, pero no detener la ofensiva. Porque con las luchas, siendo imprescindibles, no alcanza. El debate sobre las alternativas populares se hace urgente.

Un debate capaz de evitar la lluvia de propuestas que desconocen u ocultan que los capitales profundizan su mundialización e integración, así como la barbarie e inhumanidad del sistema del capital, y alientan esperanzas en un supuesto “capital productivo” y en un capitalismo con rostro humano que conducen a nuevas derrotas y no aminoran el mal sino que terminan en la barbarie, como vemos en la Argentina y en el pueblo hermano de Brasil.

La derrota o fracaso de las alternativas populares del siglo XX, la fragmentación del pueblo trabajador, que sin embargo destaca cada vez más sectores que se autorganizan y salen a la lucha, junto con la debilidad en la emergencia de renovadas propuestas estratégicas que revitalicen la lucha contra el capitalismo patriarcal, entre otras razones, vienen empujando a sectores populares y de las izquierdas a no ver más perspectiva que aferrarse a una democracia liberal en crisis, justo cuando las propias clases dominantes van dejando de lado todo lo que de ellas no les es útil en su guerra contra el pueblo.

Desde Contrahegemonía convocamos a luchadores sociales y a intelectuales críticos para que compartan su mirada, el análisis y su pronóstico para el ciclo de luchas necesario para una transformación profunda de la sociedad. Las compañeras y compañeros que aceptaron nuestra invitación pertenecen a las distintas corrientes y tendencias del campo popular argentino que día a día se organizan desde abajo, contra el ajuste del gobierno de Cambiemos y los gobernadores del peronismo. Este es nuestro grito de batalla. Por eso abrimos nuestras páginas para el aporte y la colaboración acerca de las alternativas populares en disputa.

El debate, entonces, sobre la salida a la crisis y las alternativas populares se hace, como dijimos, urgente. Un debate en el que las diferencias sean debatidas a fondo y fraternalmente y no constituyan obstáculos sino que enriquezcan la praxis y organización popular.

Imagen: http://florpinta.blogspot.com/

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