Angela Davis llega a Uruguay simbolo del feminismo y black power

La celebre activista Angela Davis llegó a Uruguay en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial y desde Contrahegemonia acompañamos su visita al Río de la Plata, compartiendo una entrevista  donde la referente de las Panteras Negras habló de su libro “Mujeres, raza y clase”. La Universidad de Buenos Aires ofrecerá una transmisión en directo de su charla desde Montevideo.

 

Mujer, de clase baja y raza oprimida: tres razones para la rebelión

Con voz dulce y acompasada, Angela Davis desgrana un discurso demoledor contra la explotación. Nació en la Colina Dinamita de Alabama (Estados Unidos), donde el Ku Kux Klan solía incendiar las casas de sus habitantes negros. Luchó por los derechos civiles de la población negra y en 1967 se unió a los Black Panthers, lo que le valió una acusación de asesinato, secuestro y conspiración. Durante los 16 meses pasados en la cárcel empezó a elaborar un análisis político que catalizó en el libro Mujeres, raza y clase, publicado en 1981 y editado ahora en castellano.

Tras constatar el choque de objetivos entre el movimiento de liberación negro y el feminismo en el contexto de la lucha por los derechos civiles en los ‘70 y ‘80, Davis decide unir el concepto de raza, género y clase para combatir las desigualdades sociales. Aborda sin tapujos cuestiones como el racismo en el movimiento feminista, la aportación de las mujeres negras al feminismo y el binomio excluyente ‘mujer o negro’ que presuponía a las negras más preocupadas por el racismo que por el sexismo y llevaba al alumnado de Estudios de la Mujer en la Universidad de San Francisco a negar que ser mujer y negro fueran experiencias similares de exclusión.

Según ella, su libro fue una formulación temprana de estos temas. “Yo ni sabía que era feminista: lo asociaba con un enfoque particular de la cuestión del género que no cuestiona ni la clase, ni la raza, ¡y yo era anticapitalista!”. Después descubrió que “no hay un feminismo, sino muchos. El feminismo eficaz tiene que luchar contra la homofobia, la explotación de clase, raza y género, el capitalismo y el imperialismo”. Presentó su libro el pasado 11 de mayo en Madrid recordando “a los afroamericanos que lucharon contra el fascismo durante la Guerra Civil Española, cuyas lecciones inspiran hoy a la población que resiste en Iraq”.

DIAGONAL: Estudiaste con Herbert Marcuse en la Universidad de California y tus raíces ideológicas y políticas son marxistas. ¿Qué piensas del hecho de que el marxismo no incluyera el trabajo doméstico en su análisis de las diferentes formas de producción?

ANGELA DAVIS: Bien, el marxismo y Marcuse en concreto contribuyeron enormemente al análisis de la sociedad 30 años atrás. Uno de los temas clave que trataron fue el de la reproducción de la fuerza de trabajo, que por supuesto comprende el trabajo doméstico. Otro punto que hay que tomar en consideración es la contribución de las mujeres como fuerza de trabajo. Si echas un vistazo a la historia de los Estados Unidos, las bases del proletariado industrial las establecieron precisamente las mujeres, las primeras trabajadoras de fábrica. Y no sólo las trabajadoras, sino las organizadoras del trabajo. Y todas las luchas que tuvieron lugar en las fábricas textiles del noroeste; en las huelgas que organizaron las mujeres; en la solidaridad con el trabajo esclavo, con la gente negra que trabajaba como esclavos… Me gusta pensar en ello como el momento que marcó el desarrollo del proletariado y el activismo trabajador en los EE UU,construido por las mujeres.

 

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D.: Has remarcado la relación entre capitalismo industrial y la división de la sociedad en espacio público para los hombres y privado para las mujeres, es decir, división sexual del trabajo. ¿Esta relación entre patriarcado y capitalismo coincide con las ideas de las feministas radicales de ‘60 y ‘70 en los EE UU?

A.D.: Sí que hay una conexión. Las feministas radicales que emergieron en 1970 en EE UU sacaron a la luz cuestiones muy importantes. Una de las más cruciales fue que “lo personal es político”; este eslogan desafiaba la división entre espacio público y privado desde la certeza de que es algo construido socialmente. Pero también tengo que disentir con algunas de las ideas asociadas al feminismo radical, como la tendencia de asumir que los hombres eran los principales responsables, y no asumir y no mirar necesariamente hacia las estructuras sociales del género. Son ambos géneros, mujeres y hombres, los que las reproducen. Argumentar que el problema está arraigado en los hombres como hombres es infravalorar el poder de las estructuras sociales y políticas, las instituciones y las ideologías. Eso siempre será lo más importante.

D.: Jo Freeman y otras feministas radicales hicieron una crítica importante a las élites informales en el movimiento feminista estadounidense y remarcaron como tú las diferencias de estatus entre mujeres blancas de clase media y mujeres trabajadoras, pobres y negras dentro del movimiento.

A.D.: Durante un período importante en el movimiento de liberación de la mujer, uno de los problemas principales era la tendencia a asumir que las mujeres blancas de clase media eran el modelo más típico de mujer y ello excluía a las de clase trabajadora, a las mujeres negras, a las nativas americanas y a las latinas. Pero por supuesto ha cambiado. Fue una crítica a un movimiento emergente a finales de los ‘60 y principios de los ‘70. Algunos de estos problemas continuaron durante mucho tiempo, pero las activistas feministas y las estudiantes conocen estas críticas e intentan afrontarlas, con más o menos éxito.

D.: En su día denunciaste que las blancas estadounidenses de clase media querían la liberación para ellas, pero no para las mujeres negras. En Europa se está dando un proceso importante de transferencia del trabajo doméstico de las mujeres autóctonas de clase media que estudian o trabajan a las inmigrantes que vienen sin papeles y trabajan cuidando de sus casas, padres, hijos… ¿Crees que ilustra los diferentes niveles y estatus de liberación de los que tú hablabas?

A.D.: Absolutamente. La significación de la clase media, sean conscientes o no de ello, es que ayuda a construir los diferentes tipos de liberación y de opresión. Este aspecto concreto al que te has referido tiene una larga historia y pienso que tendríamos que sacarlo fuera de la trayectoria del movimiento por los derechos de la mujer. Muchas de las líderes de este movimiento en los siglos XIX y XX pudieron realizar su labor porque a su vez tenían servicio doméstico y no necesariamente pensaban en sí mismas como si soportaran las mismas formas de opresión. Veían la explotación a la que les sometían, pero no la que ellas imponían a sus criadas.

D.: El informe “La cuestión femenina negra”, publicado en los ‘60 en EE UU, culpabilizaba a las mujeres negras de los problemas de miseria y pobreza de la comunidad negra y relacionaba su estructura matriarcal con el esclavismo, ¿crees que en la actualidad se aplican estrategias similares en el discurso sobre otros sectores excluidos, como las extranjeras que se prostituyen en Europa?

A.D.: Probablemente son parecidas. No diré que aplican exactamente el mismo análisis, pero creo que debemos ser conscientes de que estas estrategias culpan a las víctimas e imponen un castigo a aquellos que son de hecho el objetivo de la violencia, tanto hombres como mujeres, declarándoles ilegales. En EE UU el término utilizado para nombrar a los extranjeros es ‘ilegal aliens’. Una designación negativa de gente que sólo busca una vida mejor, empleos, cuidados sanitarios, un lugar donde sus familias puedan sobrevivir… Es otra forma activa de violencia.

D.: ¿Cómo opera hoy la estructura clase-sexo-raza? 

A.D.: Si me pides ejemplos concretos, los inmigrantes son los que sufren más violencia. En EE UU hay europeos sin papeles, de hecho hay estadísticas que demuestran que son más numerosos que los inmigrantes africanos sin papeles, pero los africanos están en el punto de mira. Pensemos en esta situación desde la perspectiva de género: en lo que concierne a las agencias gubernamentales que atienden a las mujeres que intentan escapar de la violencia doméstica, las mujeres inmigrantes tienen miedo de sacar partido de estos recursos porque temen la expulsión. Éste es un ejemplo perfecto de cómo opera la estructura de raza, género y clase.

D.: Apuestas por la articulación de alianzas entre los distintos sectores del feminismo. Actualmente existen iniciativas plurales como la Red Internacional por un Salario para el Trabajo sin Sueldo, compuestas por prostitutas, mujeres negras, mujeres madres y trabajadoras. ¿Estas redes serían el ejemplo del feminismo “útil” del que hablas?

A.D.: Aunque no las conozco, me parece importante que este tipo de alianzas y solidaridades se desarrollen. En un debate en la Universidad Complutense había una mujer que participa en el movimiento abolicionista, que reclama la erradicación de la prostitución. Le he preguntado si había trabajadoras sexuales activas implicadas y me ha contestado que no. Pienso que como feminista lo primero que tienes que hacer es implicar en esa lucha a quienes están afectadas por una opresión determinada, no sólo como participantes, sino como líderes.

D.: En su día denunciaste el doble rasero que aplicaban algunas feministas blancas en lo que respecta a derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, ya que reivindicaban el derecho al aborto, pero no denunciaban las esterilizaciones masivas de mujeres indígenas en Perú, por ejemplo. ¿Qué piensas de la Ley de la Mordaza Global reimpuesta por la Administración de Bush, que veta la ayuda a programas de cooperación al desarrollo que incluyan métodos de planificación familiar, anticonceptivos, prevención de enfermedades e información o recursos para abortar?

 

A.D.: Hoy en día tenemos que usar una estrategia similar: pensar en la conexión entre los derechos reproductivos y el control de población; defender el derecho de las mujeres a ejercer el poder de autodeterminación sobre sus cuerpos sin privarlas del derecho de reproducirse.

El ‘Black Power’ y la autodefensa

D.: Formaste parte del Partido de los Panteras Negras, un movimiento que sufrió la represión política y policial, la infiltración de la policía y la introducción masiva de drogas para destruirlo, ¿qué lecciones crees que pueden aprender los movimientos de base, anticapitalistas, de aquella experiencia?

A.D.: Supongo que una lección será que históricamente existen puntos de inflexión en los que emergen nuevas estrategias de lucha. Durante el movimiento por los derechos civiles en EE UU lo hizo por supuesto Martin Luther King; mirando más allá, obviamente Gandhi, con la noción del boicot, boicotear los procesos de voto; las marchas masivas de niños en el Sur; las de la lucha de derechos civiles durante las campañas por el derecho al registro para votar… Todas estas formas eran estrategias de nueva creación en su momento. Creo que los jóvenes deben ser capaces de ingeniar formas de construir nuevas vías de desarrollo para construir movimientos y organizaciones, no anclarse en el pasado y hacer su trabajo.

Tenemos que crear las condiciones para construir el futuro con creatividad e imaginación. Quizá el aspecto más importante sea la construcción de movimientos.

 

 

D.: Los Black Panthers hicieron un importante trabajo de autodefensa de las comunidades negras, de seguimiento y de control de los servicios sociales y la policía, de confrontación con el Estado, ¿hoy en día, la confrontación sigue siendo un medio útil?

A.D.: Sí, es importante, pero no buscar la confrontación por buscarla; tiene que estar integrada en un objetivo y una estrategia específicos. Por ejemplo, las marchas y manifestaciones masivas que tuvieron lugar el 15 de febrero de 2003. Aquella fue una confrontación masiva contra todos los Estados que habían decidido la guerra. Hubo miles de personas que no habían podido impedir la ocupación pero se manifestaron para demostrar la solidaridad entre todos los pueblos del mundo.

Fuente: Periódico Diagonal, España.

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