Apuntes sobre el actual proceso de la revolución bolivariana y el chavismo popular

Lo que está en juego no es la gestión presidencial, sino la agudización de la lucha de clases en toda la sociedad venezolana, incluido el interior del propio chavismo

Me parece necesario caracterizar que el chavismo no fue nunca un movimiento político homogéneo sino un bloque social y político donde concurrieron distintos intereses que se oponían a las políticas de la burguesía local aliada al imperio yanqui y a las prácticas políticas de la cuarta república. El hecho de que el chavismo se haya construido como una fuerte identidad de los de abajo, de los excluidos, de los asalariados, de los estamentos inferiores de las fuerzas armadas (de origen popular y mal pagados), de los cuentapropistas que venden servicios o trabajan como buhoneros en las calles, de los campesinos pobres y de los desocupados y que su sujeto más dinámico hayan sido mujeres urbanas, jefas de hogar, no significa que no hayan concurrido otros sectores sociales más acomodados, o que muchos funcionarios de origen humilde o popular administrando el Estado empezaran a convertirse en burgueses (los boli-burgueses).

Esta heterogeneidad es característica de todos los procesos revolucionarios donde siempre confrontan proyectos de clase y no clases puras. Como bien planteaba Gramsci, el concepto de hegemonía precisamente consiste en que una clase arrastra a sectores de otras clases y consigue imponerse y desplazar del poder al bloque social que era dominante.

En el caso del chavismo, donde las clases populares potencialmente favorables al socialismo arrancaron de niveles muy bajos de organización y conciencia, esta debilidad fue compensada por el fuerte liderazgo de Chávez, que a lo largo de toda su trayectoria manifestó su confianza en el pueblo y sus posibilidades creadoras.

Los sucesos del mes de abril de 2002 cuando el Presidente fue desalojado del poder por un golpe militar y fue rescatado por la movilización popular, expresaron avances importantes en la conciencia popular y confirmaron la orientación de que la vida del proyecto bolivariano dependía del pueblo chavista. El propio Chávez advirtió que su excesiva confianza en las fuerzas armadas había sido un error y empezó a preocuparse por fortalecer la pata civil de la unidad cívico-militar posicionando en el alto gobierno a una mayor cantidad de militantes populares que provenían de pequeñas organizaciones de izquierda vinculadas a la lucha sindical, universitaria o guerrillera..

Superadas las fuertes confrontaciones con el imperio, la burguesía y la derecha política, que se prolongaron hasta 2004 con el paro petrolero y patronal, el gobierno pudo avanzar realizando fuertes purgas entre quienes adversaban el proceso revolucionario en el seno de las fuerzas armadas y en la empresa estatal PDVSA, y aislar a fuerzas sindicales pro-patronales

Cabalgando sobre el debilitamiento del proyecto contrarrevolucionario y con la necesidad de afrontar las vacilaciones políticas en el seno de su propio gobierno, Chávez manifestó, en 2005, la vocación socialista de la revolución bolivariana, pero esta definición no despejaba definitivamente un camino de avance. Como bien escribe Meszaros, a quien citaba con frecuencia Chávez en sus últimos años, el capitalismo tiene una enorme capacidad de metabolización.

Lo más saliente en ese proceso de metabolización en la revolución bolivariana, fue que empezó a producirse una desarticulación del contingente de vanguardia que acompaño desde los primeros momentos a Chávez. Caracterizo como contingente de vanguardia al integrado por sus más fieles camaradas de armas y los pocos civiles que fueron parte de la rebelión militar de 1992, o que lo acompañaron en los tiempos en que estuvo detenido y empezó a fraguarse el proyecto revolucionario. Esos dirigentes ocuparon gobernaciones y otros altos cargos en el gobierno administrando recursos y relaciones que, sin un control popular efectivo (por los bajos niveles de organización), en la mayoría de los casos empezaron a desmadrarse a favor de intereses burgueses, en el plano estadal, o del área de influencia de la función pública asumida.

A pesar de estos desvíos, hasta el fallecimiento de Chávez el barco de la revolución bolivariana mantuvo su orientación hacia el socialismo con un andar zigzagueante, con avances y concesiones. En la afirmación de esa orientación hay tres elementos favorables que vale la pena considerar: el liderazgo de Chávez, la oportuna movilización popular cuando el proceso estuvo en peligro y el precio del barril del petróleo por encima de los 100 dólares.

Resulta muy importante prestar atención a las tres grandes decisiones que tomó Chávez antes de morir. Redactó el Plan de la Patria, donde fijo un rumbo estratégico; hizo su memorable intervención en el Consejo de Ministros donde vinculó el porvenir del socialismo al desarrollo del poder comunal (el Golpe de Timón) y eligió como sucesor a Nicolás Maduro.

Que la decisión de apoyar a Maduro como su sucesor la haya hecho públicamente (desconociendo lo acordado en el alto mando del chavismo de mantenerlo en privado) revela que Chávez era consciente de que imponer el nuevo liderazgo no sería fácil. Y eso no era pura cuestión de egos, era cuestión de intereses y de proyectos que ya convivían en el gobierno bolivariano.

Maduro era un hombre que provenía de la clase trabajadora y del sindicalismo combativo tradicional, con mayores virtudes de negociador (que le permitió desempeñarse muy bien como diplomático) que como agitador y organizador de masas. Había conocido a Chávez en la cárcel y en adelante lo había acompañado siempre desde muy cerca, dando pruebas de lealtad y convicción revolucionaria. Era uno de los pocos viejos camaradas a los que no se los asociaba a negociados. Era, sin dudas, “el mejor de sus hijos”

El respaldo de Chávez dio un espaldarazo a Maduro pero no suprimió las disputas, ni los intereses contrapuestos.

Las disputas con el ministro Ramírez, por ejemplo, no fueron exclusivamente de celos políticos, ya que Ramírez era responsable, como mínimo, de no poder controlar los nichos de corrupción en PDVSA, y por vía familiar directa estaba vinculado con los intereses burgueses farmacéuticos (estuvo involucrado directamente con el desplazamiento de Eduardo Saman de INDEPABIS [Instituto para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios]). Tampoco esas peleas fueron limpias. El desplazamiento de Ramírez provoco que un grupo de intelectuales amparados por el exjefe de PDVSA, que se presentan como Grano de Maíz, ultra-verticalistas en el pasado, iniciaran una feroz campaña acusando a Maduro de socialdemócrata. Lo sucedido con Ramírez no será una excepción. Habrá otras disputas embarradas (1).

Las disputas se agudizaron con la baja de los precios del petróleo, que provocó que la pugna por los escasos ingresos se hiciera feroz.

Más allá de las disputas embarradas, en la pugna pueden identificarse claramente intereses de clase y tres sectores y proyectos.

Por un lado la burguesía local que desde siempre se sintió dueña de la renta y que desde la oposición trata de voltear a Maduro y desalojar al chavismo del poder para volver a apoderarse de la renta.

Por otro lado sectores del chavismo que “le siguieron la corriente al Comandante”, pero nunca creyeron en el socialismo y que quieren seguir en el gobierno para seguir haciendo sus negocios burgueses, con la dificultades que les imponen el legado teórico de Chávez y el nivel de conciencia y organización popular. (2)

Finalmente hay un sector que sigue reivindicando el camino al socialismo que es parte del alto gobierno y se masifica en el pueblo, Su núcleo duro es el activismo de base chavista, que cotidianamente defiende la revolución desde sus territorios y lugares de trabajo, desde las comunas, las UBCH [Unidades de Batalla Bolívar – Chávez] que son estructuras de base del PSUV, los consejos socialistas de trabajadores, desde las empresas recuperadas, desde los movimientos sociales, campesinos, juveniles y culturales.

Entre quienes no han renunciado al socialismo debe precisarse que, quienes han demostrado más capacidad de articularse y disciplinarse políticamente, son quienes valoran a la organización popular de base como una correa de trasmisión de las decisiones de gobierno. Por ejemplo, en el plano territorial, el Frente Francisco Miranda. Que en el corto plazo las organizaciones verticales sean más eficaces, no debe llevarnos a desconocer que esa misma verticalidad contribuye a la desconexión entre pueblo y gobierno y a la baja de la capacidad crítica, dos elementos que a mediano plazo conspiran contra la salud del proceso revolucionario.

 

Las dificultades del chavismo popular

 

Sin duda existe un chavismo popular de enorme potencialidad que tiene otra mirada sobre lo que debe ser la relación entre el gobierno y las organizaciones populares de base. Ubicamos como parte de ese chavismo popular a la mayoría de las organizaciones comunales, al incipiente desarrollo de los Consejos de Trabajadores Socialistas, y a diversas organizaciones y movimientos populares de incidencia nacional, regional, estatal o local.

Resulta evidente que el chavismo popular está fragmentado por diversos motivos. Entre esos motivos, el menos grave es la evidencia que en el activismo de base más silvestre recién empieza a plantearse la conclusión de que no se trata solo de lealtad o deslealtad a Chávez, sino de proyectos e intereses de clase diferente.

Entre los motivos más preocupante hay que apuntar la comprobación que existen movimientos sociales que ni siquiera se plantean la cuestión de la fragmentación como un problema, que en los esfuerzos realizados han pesado mezquindades y sectarismos, y que algunas fuerzas políticas identifican los avances del chavismo popular exclusivamente con los logros y avances de su organización, aún a costa de pisarle la cabeza a un compañero de su propio espacio.

También hay carencias en el propio pueblo que conspiran contra su articulación y la posibilidad de expresar toda su potencialidad política.

Sobre esta última cuestión conviene recordar lo que se ha escrito hace muchos años advirtiendo que son las clases dominantes las que definen las pautas culturales y normas de conductas de una sociedad, que se extienden y encarnan aún en sus sectores más explotados y marginados. La burguesía venezolana que se desarrolló al amparo de la matriz rentista petrolera, ha impuesto desde hace más de 100 años valores consecuentes con su condición parasitaria. Frases muy difundidas durante la IV República como “a mí no me den, pónganme donde haiga”, sintetizan esos valores burgueses y se expresan en normas de conducta que caracterizamos como “las tres I”.
Informalidad, Irresponsabilidad e Ineficacia, que permean a toda la sociedad venezolana. La dificultad para cumplir acuerdos, horarios y compromisos, la distancia entre lo que se dice que se va a hacer y lo que efectivamente se concreta, y las enormes carencias para aterrizar proyectos y cumplir metas, particularmente en el terreno productivo, representan una traba objetiva que hace engorrosos la realización de cualquier responsabilidad o proyecto. Esto no significa que en el pueblo venezolano los problemas finalmente no se resuelvan, sino que se resuelven más lentamente y con un costo social mucho más alto.

A modo de ejemplo el hecho de que hombres jóvenes con frecuencia no se responsabilicen de sus hijos en lo económico y en su formación social y cultural, y que mujeres jóvenes, madres prematuras y con hijos de distintas relaciones extiendan su adolescencia y su evasión de compromisos, no significa que esos niños no sean contenidos desde lo social, lo cultural y lo económico. Son las “mamas viejas” (las abuelas), como centro y sostén de familias extendidas, quienes finalmente asumen todas las responsabilidades y compromisos y se hacen cargo del presente y el futuro de los niños. También con costos muy altos se resuelven problemas de disputas personales, familiares o vecinales. La idea de que una disputa va a resolverse finalmente cuando aparezca el primer muerto describe un funcionamiento bastante habitual de resolución de conflictos.

Frente a estos hechos de la realidad, la burguesía venezolana con mucho cinismo suele acusar al pueblo de sus propios defectos y responsabilidades. También la burocracia suele adherir, en voz baja, a ese discurso para justificar sus arbitrariedades y falta de confianza en el pueblo.

Desde algunos comentarios de cierta izquierda aérea se lamenta el hecho de que en 17 años de gobierno no se haya cambiado la matriz productiva y no se hayan modificado las pautas culturales del pueblo venezolano, desconociendo los esfuerzos y avances realizados en esa dirección y mostrando un lamentable desconocimiento de los tiempos en que se producen los cambios culturales, y de la enorme complejidad de enfrentar procesos de transición sometidos a continuas consultas electorales.

Elementos a considerar para analizar el debilitamiento de la hegemonía de la orientación socialista.

El debilitamiento de la hegemonía de la orientación socialista en el gobierno bolivariano es producto de cambios en la relación de fuerzas en el seno del proceso bolivariano que se producen después del fallecimiento de Chávez, y que se agudizaron después de la derrota electoral del 6 de diciembre de 2015 y con la baja de los precios del petróleo.

En esos cambios negativos debe valorarse:

– La política de agresión permanente del Imperio, que siguiendo la estrategia ejecutada en Nicaragua en la década del 80, combina la imposición al gobierno de invertir grandes recursos y energía para neutralizar las acciones desestabilizadoras, y la ejecución de acciones que promueven la desmoralización popular (colas, desabastecimiento, asesinatos selectivos, asociaciones con bandas delictivas para promover el delito, etc), con una estrategia electoral.

– Existe un sector militar que ha venido comprometiéndose desde hace tiempo (aun con Chávez vivo) con múltiples negocios burgueses. Ese sector llego a dominar la vicepresidencia de economía y está representado en el alto gobierno por el actual ministro de Alimentación.

– La casi totalidad de los gobernadores chavistas no están ganados para la causa del socialismo y articulan con sectores burgueses regionales.

– PDVSA tiene vinculaciones con grupos económicos privados que participan de las empresas mixtas de exploración y producción, lo que facilita la relación permanente de empresarios con la conducción de la empresa estatal, y alienta la creación de nichos de corrupción y negociados.

– Desde el punto de vista de la producción, todavía el peso de las comunas y las empresas recuperadas es muy reducido. La burguesía controla la producción y las redes de distribución. Esa posición dominante le permite chantajear al gobierno que ha mantenido una política oscilante entre la negociación y el enfrentamiento frontal. En tiempos del barril de petróleo a más de 100 dólares, el gobierno apeló a la discutible política de resistir esos chantajes apelando a las importaciones, pero al haberse reducidos los ingresos al 30% esta salida ha quedado clausurada y la revolución debe enfrentar el desafío de vivir de lo que se produce en el territorio nacional.

– Hay un sector de empresas estratégicas, cuyo ejemplo más ilustrativo es Sidor, que están empantanados por la combinación del dominio de mafias sindicales, intervenciones de militares vinculados a negociados y la acción del gobernador “chavista” de Bolívar.

– La idea de defender la continuidad de la orientación socialista, desde una política de considerar a las organizaciones populares como correa de trasmisión, enfrenta dificultades, porque existen en el pueblo una serie de reclamos y reproches que lo distancian de la posibilidad de inscribirse en el proceso recibiendo directivas.

– La desarticulación y fragmentación del chavismo popular es responsable de que lo mucho que está haciendo el pueblo para enfrentar a la guerra económica (con un notable contragolpe productivo donde se evidencia un sensible crecimiento de las áreas sembradas y una incipiente vinculación por abajo entre empresas recuperadas) no se exprese con toda su potencialidad política.

– Al margen de la disputa efectiva de correlaciones de fuerzas existe una “izquierda”, que no apostó por Chávez desde el principio y que ha tenido acercamientos puntuales a la revolución bolivariana, casi siempre ofreciéndose para brindar servicios de asesoría, y casi nunca para aportar al proceso de desarrollo de poder popular concreto que empuje hacia el socialismo. Esa “izquierda” hoy acompaña a dirigentes políticos desplazados del chavismo que acuerdan en tumbar a Maduro y en sus casos más extremos (Nicmer Evans de Marea Socialista), conspiran con la derecha para derrocar al gobierno. En su conjunto, esa “izquierda” no solo está divorciada del gobierno bolivariano, sino también del chavismo popular que, como corresponde, la considera como una presencia “virtual”, irrelevante, o aún peor, repudiable.

 

Maduro

 

Le ha tocado a Nicolás Maduro ser presidente en condiciones muy difíciles, donde a la pesada carga de reemplazar a Chávez, con mucho menos espaldas para contener a los demonios internos, se suma la circunstancia de tener que gobernar con ingresos que cubren el 30% del presupuesto, a un país sometido a una feroz guerra económica, diplomática, financiera, mediática y paramilitar.

En esas circunstancias, puede explicarse buena parte de sus movimientos contradictorios que combinan concesiones, con intentos de avance y una retórica que manteniendo su perfil combativo y reivindicación del socialismo, contribuye a sostener el imaginario de “lo que puede ser el chavismo”.

Con respecto a su gestión, entre quienes hoy están activos desde las comunas, desde las empresas recuperadas, desde distintos frentes de batallas la percepción es que lo que aquí esta en juego no es la gestión presidencial, sino la agudización de la lucha de clases en toda la sociedad venezolana, incluido el interior del propio chavismo. Están claros además que el imperio, la derecha venezolana y sectores burgueses enquistados en el movimiento están conspirando para voltear a Maduro. Quienes en tren de juzgar errores empiezan por una autocrítica, no se niegan a hacer críticas puntuales al presidente, pero parten de sentirse inmersos en un proceso de 17 años con sus altos y bajos, que en este momento está pasando un momento muy difícil, donde se pone a prueba toda la construcción del chavismo y se pagan el conjunto de los errores cometidos con Chávez y con Maduro.

Desde esa mirada, no hay ninguna línea de avance revolucionario con construcción social efectiva que se exprese en el “antimadurismo”. El “antimadurismo”, por ahora, solo es expresión de sectores atrasados, de asesores o dirigentes frustrados, o de quienes con un discurso de izquierda conspiran con la derecha.

 

El escenario en que se desarrollan las disputas de diferentes proyectos en el seno de la revolución bolivariana.

 

Debe contemplarse que los debates y tensiones en el seno de la revolución bolivariana no se desarrollan en un tubo de vacío, sino en un escenario de guerra económica, financiera, mediática, diplomática y paramilitar, donde mantener la unidad política del chavismo es condición de victoria.

Ese escenario tuvo su punto más críticos para la continuidad del proceso chavista en los meses de mayo y junio, donde se conjugaron las mayores presiones económicas sobre la población con los efectos de una feroz sequía con consecuencias funestas en la producción agropecuaria y la provisión de energía eléctrica. A partir de ese momento se empezaron a ver los efectos del contragolpe productivo protagonizado por el pueblo, se sorteó el desafío político del 1 de setiembre, donde la oposición fue derrotada en las calles y se ha avanzado en el plano internacional con la realización de la Cumbre de Margarita y la asunción por parte del gobierno venezolano de la presidencia del Movimiento de No Alineados.

Estos cambios políticos favorables se traducen en el cambio de estrategia de la oposición de derecha y el imperio que no vio cumplir su apuesta de una gran explosión social que, caracterizada como “crisis humanitaria”, diera pie a una intervención externa. Hoy apuntan a desarrollar focos de conflictos localizados (paros de transporte, guarimbas, etc), conseguir algún sector militar que se sume a sus planes golpistas, o imponer por pura presión internacional un plebiscito revocatorio cuyos tiempos legales han expirado para realizarse este año, y de realizarse el año próximo no afectarían la continuidad del gobierno bolivariano (si juntan los votos para sacar a Maduro, queda el vicepresidente hasta el fin del mandato).

En este escenario crítico deben contemplarse saldos contradictorios. Por un lado es evidente que el gobierno saldrá fortalecido, lo que en el aspecto positivo valora el liderazgo de Maduro y de algunos funcionarios muy valiosos como el Ministro de Industrias, Juan Arias y el Ministro de Transporte, Ricardo Molina, pero también el de sectores burocráticos o de ministros showceros (con mucha capacidad de manejarse en los medios, pero que no apuestan a la construcción del poder popular). Debe contemplarse también que en el peor momento el presidente pudo resistir las presiones para desandar la política de expropiaciones, y fue desplazado el Ministro Pérez Abad, que era una punta de lanza de sectores burgueses.

Por otro lado es indiscutible que la crisis ha favorecido cambios culturales muy profundos y positivos para el pueblo y el chavismo popular, y que esto fue posible porque en el propio proceso existían respuestas y propuestas que pudieron masificarse.

Entre estos cambios culturales mencionamos:

– Se ha revalorizado la necesidad de sembrar y producir los propios alimentos.

– Se ha masificado la idea de producir agro-ecológicamente.

– Se ha fortalecido la idea de comer sano.

– Se ha avanzado en la planificación económica familiar y en dirigir los ingresos a abastecerse de los productos indispensables.

-Se han repotenciado las células básicas de la organización comunal (los consejos comunales) y del PSUV ( las UBCH), a partir del trabajo de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (los CLAP).

– Se ha fortalecido la unidad cívico militar, porque se le atribuyeron a las fuerzas armadas mayores responsabilidades en un momento donde las familias de militares también fueron golpeados por la crisis y ha existido un mayor involucramiento de las fuerzas armadas en controlar el abastecimiento (Misión Abastecimiento Soberano) y el contrabando (menos margen para los militares involucrados en ese flagelo).

En este escenario que se mantiene crítico, pero con perspectivas más alentadoras, me parece importante hacer y disputar políticamente el balance de lo ocurrido en los momentos más difíciles del proceso bolivariano, seguir poniendo el cuerpo para enfrentar la guerra económica y ponerle cabeza e iniciativa a la necesidad impostergable de articular políticamente el chavismo popular.

Algunas consideraciones finales

Concluir que los problemas de un proceso revolucionario son producto de la maldad intrínseca del capitalismo y de la ofensiva imperial contra los procesos transformadores; de la defección de buena parte del contingente de vanguardia que desde el principio acompaño a Chávez; de la comprobación de que lo viejo que se muere, da pelea y resiste metabolizando todo lo que encuentra a su alrededor; de que la obligada administración del Estado burgués, mientras se genera una nueva institucionalidad, genera burocracia y corrupción, y de las limitaciones de las políticas de correas de trasmisión, es una conclusión insuficiente. Todo eso ya lo sabíamos. .

Me parece necesario centrar nuestra atención en los problemas que tiene el pueblo chavista, el sujeto trasformador, y el chavismo popular, su expresión políticamente más avanzada, para desplegar toda su potencialidad.

El pueblo no ha hecho poco en esta crisis política. Su resistencia ha sido extraordinaria, sin embargo avanzar hacia el socialismo supone algo más que resistir. Supone asumir mayor protagonismo en las decisiones políticas de gobierno. Que se avance en la construcción de la nueva institucionalidad y el protagonismo político que haga efectivo la última advertencia de Chávez de que no son los gobiernos los que hacen las revoluciones, de que la única garantía de avanzar hacia el socialismo es que sea el pueblo el que gobierne.

Frente a ese desafío lo más saliente es que la iniciativa del chavismo popular no está articulada, que ha tenido enormes dificultades para construir una agenda propia, y debe plantearse una batería de objetivos acordes con su proyecto estratégico, que en el trazo grueso delinea el Plan de la Patria.

Valles del Tuy. 20 de Setiembre de 2016.

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Notas

1) Se pueden mencionar otras disputas embarradas protagonizadas por la asociación de dirigentes desplazados del chavismo con intelectuales. Por ejemplo la del militar Rodríguez Torres, que fuera ministro de interior y seguridad, con el intelectual y ex-ministro Jorge Giordani. También la del empresario Pérez Abad, recientemente removido como Ministro de Industria y Comercio, con el ex comunista Víctor Álvarez.

Todos escriben y se les da mucho relevancia en Aporrea, un portal de origen de izquierda que progresivamente se ha ido convirtiendo en vocero de las peores miserias del chavismo.

2) Con respecto a lo del legado teórico de Chávez es muy ilustrativo lo que sucedió con lo discusión de la Ley de Semillas que es, sin duda, la mas avanzada del mundo. Un grupo de diputados chavistas, cooptados por los intereses de las empresas de agronegocios, introdujeron modificaciones al proyecto original presentado por las organizaciones campesinas y agroecológicas. Esas modificaciones fueron tiradas abajo, punto por punto, citando discursos y documentos de Chávez, y así se pudo conseguirse aprobar el proyecto original.

Texto completo en: http://www.lahaine.org/apuntes-sobre-el-actual-proceso

 

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