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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Argumentos y legalización del aborto. Incómodas contra el liberalismo.

24 Aug,2018

por Nair Nicanoff

Advertencia: Este texto no se propone dar respuestas, llegar a conclusiones. Propone una vía de crítica, por cierto molesta. Léase sin esperar que indique el camino a seguir, cuestión por cierto imposible para lo individual en cuestiones colectivas.

El escrito no quiso ver la luz antes de los resultados. Desconozco si fue timidez, esperanza o descreimiento. Sin embargo, en esta fecha de balances siento que es la oportunidad de estas posiciones, decididamente impopulares y un poco escépticas.

Creo relevante antes de empezar en lo que me compete, declarar de antemano ciertas limitaciones de las que necesariamente padecerá mi desarrollo. Tengo una posición tomada y sedimentada al respecto de este denominado "debate". Posición que no está en ciernes de modificarse. No estoy abierta a la discusión al respecto, mis puntos de vista no son una apertura a lo incierto. Son gruesos cimientos con paredes, vigas y su enorme edificio ya está asentado sobre la tierra. En un terreno donde no se cree en los huracanes. El riesgo de decir esto es mucho, dado que habitamos en un contexto de fluidez del pensamiento, de plasticidad muy grande. Al menos en tanto riesgo de desestimación.

Por otro lado, más preocupante para mí (desde la óptica de lo que quiero poner en cuestión) nunca tuve un gran momento de "conversión" en el debate. Me crié en un contexto familiar y socio cultural en el que mi opinión era medianamente compartida, aceptada y validada. Por eso quizás el interés en la potencia y eficacia de los argumentos del caso.

Dicho todo esto resulta obvio que esto pretende ser nada más y nada menos que unos apuntes para gente que está de acuerdo entre sí. Cedo los ánimos imperialistas de mi escrito, nadie va a convencerse de nada leyendo esto.

Una de las primeras razones esgrimidas a favor del aborto, disponible en cualquier red social o texto político consta de la frase: Mi cuerpo es mío. A esto es fácil ver la coda, luego yo decido (si abortar o no). Este argumento es utilizado en más contextos que el del aborto, pero limitémonos este uso particular.

El primer problema que veo en esta línea argumentativa es profundamente anti intuitiva contrastado con la empiria. En ella, vemos; y desde el feminismo especialmente, que los cuerpos son abusados por otros; por el Estado, por sus fuerzas represivas, etc.

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Supongamos que se me pueda objetar que es una expresión de deseo hecha acción, que es el empoderamiento en la repetición de un performativo; el deseo ardiente de poder disponer de esos cuerpos es el que lleva a esa formulación en presente del indicativo. Concedo.

Sin embargo, si nos detenemos en el argumento de modo inmanente, si le damos la espalda a la empiria, hay, al menos, dos cuestiones en las que me interesa detenerme.

Mi cuerpo es mío plantea lo que ya es un hit filosófico, una muletilla posmoderna. En esa oración hay dos cosas: mi cuerpo y yo. Dejando de lado el mote "alma", de todos modos se sostiene el desagrado ya convertido en lugar común por el dualismo cartesiano. Mi cuerpo cosa extensa, es algo sobre lo que yo, cosa pensante, me expido. Para que esto ocurra tiene que necesariamente haber dos cosas. Yo, en tanto pensamiento y una cosa extensa, material, es decir; mi cuerpo.

Ni muy simpático ni muy progre, el argumento fortalece una división entre cuerpo y espíritu de lo más compatible con un cristianismo vulgar. Fácilmente oigo: Dios nos dio nuestros cuerpos para ser utilizados de la manera que consideramos más provechosa en pos del libre albedrío.

Si las reminiscencias cristianas no son lo suficientemente aterradoras, también está el problema de que esta división no explica en lo más mínimo mi modo de estar en el mundo ni mi percepción (y esto no lo digo simplemente yo, sino que ha sido extensamente desarrollado por Merleau Ponty) en la que soy un cuerpo que habita, existe, discurre y no tengo en ningún momento una conciencia de ser algo más o por fuera de ese cuerpo.

Si así y todo tenemos el temple de decir, está bien, separo cuerpo y mente, me la banco, tenemos un segundo ítem.

Si la parte de "mi cuerpo" no nos problematizó resta la parte de "es mío". Yo, entiendo que mente, alma, espíritu o enlace de mis representaciones; tengo una relación de propiedad con el cuerpo. No sólo mi cuerpo es foráneo sino que es de mi propiedad privada. Bien, esto ya me parece problemático sin más. Fundar un reclamo social o de derecho sobre las bases de la propiedad excluyente es un problema desde mi óptica "crítica", de izquierda o como quieran denominarla. Porque además de dar por fundamento, suposición y base de mis derechos la relación individual de propiedad da sobre el feto una propiedad muy a la lockiana. ¿Qué quiero decir con esto de lockeano?: Mi cuerpo me pertenece, luego la apropiación ocurre en ese pase mágico que hago con lo que es mío, que me permite sacar más cosas de la comunidad humana. A partir de esta relación primera, básica y fundadora de propiedad sobre mi cuerpo es de donde puedo comenzar a apropiarme otras cosas y fundar la propiedad privada propiamente dicha.

Estos son los fundamentos del liberalismo. Dispongo del feto porque dispongo de mi cuerpo-cosa y porque mi relación con el mundo es de apropiación.

Si la idea de un feminismo más liberal que crítico no nos asusta, al menos debería preocuparnos por qué reclamar por nuestros derechos si todo queda librado al arbitrio de nuestra apropiación individual.

Yo diría: si no sé que es "mi cuerpo" más que yo misma y a veces ni siquiera, mucho menos "es mío".

Por supuesto, dado que la única relación disponible con el cuerpo implica la propiedad privada poco margen queda para pensar algún tipo de relación no de este estilo con otros cuerpos. Difícilmente me parece posible lograr modos de estar con el afuera no "propietaristas" si no lo puedo siquiera pensar conmigo misma. Levantar eso como bandera del feminismo me deja con la conclusión de que realmente estamos transitando hacia una reivindicación más liberal (acceso a derechos y conservación del ámbito privado de libertad) más que motorizando una crítica potente a los modos de ordenamiento de los cuerpos.

Obviamente gran parte del balance al respecto de la legalización del aborto se divide entre: perdimos o ganamos. Ganar siendo tener un balance positivo al respecto de experiencia de lucha, capacidad de debate y movilización. Creo que la clave de la cuestión radica en si pensamos que lo imperante del movimiento es la propuesta de nuevos resquicios donde crear otra sociabilidad. Y en esto no desconozco que la masividad trae consigo una ampliación que implica que se discutan, aparezcan y convivan matrices más progresivas con otras más reaccionarias. Debo decir que gran parte de los modos de argumentar en torno al aborto, de modos de plantear la movilización me dejan con, al menos, un sabor amargo. No digo con esto que sea todo, que no sea interesante que mas de un millón de personas vayan a la plaza, etc. Digo que el componente contestatario por el mero placer de serlo, que el componente individualista también estuvo presente. Y debemos, como movimiento, hacernos cargo y problematizar estos aspectos.

Tomemos la discusión al respecto de la obligatoriedad de la donación de órganos. En las redes proliferó la idea de "Si estás a favor de las dos vidas, deberías estar a favor de la donación". Muchas veces se apeló a la idea de que los celestes son inconsistentes al respecto de sus posiciones. Sin embargo, si la defensa de la legalización del aborto se basa en la potestad individual de dominar al cuerpo-cosa, lo mas coherente sería decir: después de muerta mi cuerpo también es mío y me reservo el derecho de decidir sobre sus restos. La división cuerpo-alma con sus reminiscencias cristianas que está presente en este tipo de argumentación permite cosas así de extremas. Mi voluntad que se retira de este mundo todavía puede decidir sobre los restos de la carcasa que habité.

Si de un pedido de consistencia se trata, hagamos cual la regla de oro indica. No hagas lo que no quieres que te hagan (ni pidas lo que tus argumentos no dan).

Otro argumento que ha pisado fuerte en nuestra elaboración es el “mueren x cantidad de mujeres por abortos clandestinos”, siguen muriendo mujeres por abortos clandestinos. No se trata de cuestionar el aspecto empírico de esta afirmación, ni su capacidad de sensibilizarnos, movilizarnos, llamarnos a actuar. Pero sí debemos repensar su eficacia argumentativa. Ese tipo de argumentos se conocen como argumentos de hecho. Es decir, cuestiones vinculadas a la observación de los hechos y a lo que ocurre en el mundo fehacientemente. Los motivos de este tipo no son buenas bases para fundar cuestiones de derecho. Básicamente porque si decidimos solapar el ámbito del es con el de debe ser, nos encontramos con que debemos aceptar todo tipo de prácticas injustas e intuitivamente contrarias al ámbito del derecho. Del mismo modo, si pretendemos ser un movimiento contestatario, resulta inverosímil que fundemos nuestra ampliación de derechos en el status quo. El gesto crítico nace básicamente de un rechazo a lo dado, para proponer algo distinto. De nuevo, nos vemos en el pantano profundo de las razones liberales.

Yo no creo que hayamos ganado, estamos dando batalla y nos hirieron. Tomemos la oportunidad como colectivo de repensar, de dar espacio a la reflexión. La acción reposa, dejemos que el pensamiento la alcance en este impasse y salgamos al ruedo renovados, habiéndonos cuestionado hasta la médula. Si acción y pensamiento son parte de una misma práctica, dejemos entonces que esta espera legislativa sea sólo eso y no un adormecer de nuestras elaboraciones como colectivo.

Post scriptum: la metáfora de la cabeza que gobierna a sus partes no es nueva. Ni en el pensamiento político imbricado en lo biológico. Me pregunto si parte de nuestra derrota, de nuestra herida, no radica en haber pensado cuerpos escindidos. De haber pensado que Capital Federal contiene al mundo en germen, que el cerebro manda a las extremidades. Me pregunto si no nos tomamos la separación demasiado a pecho. ¿Cómo resolver sin la idea de vanguardia, de iluminación, de evolucionismo, palabras y conceptos que se sintieron fuerte en el debate?

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