Bailar al ritmo del patriarcado: ¿sexismo y misoginia en la cultura musical argentina?

La escena musical argentina alberga una gran variedad de canciones cuyas letras desvalorizan y menosprecian a las mujeres. ¿Es la música en verdad ineficaz más allá de su función de entretener o, por el contrario, opera como una pedagogía que impacta en las subjetividades de los oyentes

El arte es un termómetro social”, repetía una y otra vez una profesora en mis últimos años de la escuela secundaria. Con esta frase, ella buscaba hacer hincapié en la importancia que las expresiones artísticas revisten para conocer a las sociedades en una coyuntura histórica determinada. Sin lugar a dudas, dentro de los lenguajes artísticos, la música es un espacio de circulación y cristalización de sentidos que embiste especial relevancia.

La música forma parte de una cotidianeidad de la que no podemos escapar. Suena en la radio, en la tele, en el auto, en comercios, en la calle y en nuestro celular. Como ocurre con todo aquello que constituye nuestro telón de fondo diario, muchas veces no es problematizada. La inercia de la vida cotidiana nos obliga a seguir adelante con nuestras ocupaciones y obligaciones, y dificulta muchas veces la pausa que es condición necesaria para la adopción de una mirada crítica sobre los fenómenos culturales que en apariencia se nos presentan como neutrales.

Si, apelando a la ciencia ficción para forzar el extrañamiento de nuestra vida cotidiana, jugamos a posicionarnos en el lugar de un marciano que llega a este pequeño planeta llamado Tierra y nos encuentra en un bar, en un casamiento o en un cumpleaños de quince, con música de fondo, ¿qué pensamos qué le dirían esas canciones sobre nuestra sociedad? ¿Qué le expresarían de las relaciones entre los géneros?

Una que sepamos todos

Si repasamos los temas musicales que en menor o mayor medida sabemos todos, de aquellos que conocen padres, hijos y nietos, de los infaltables en los carnavales cariocas de las fiestas, notaremos en sus letras un marcado sesgo androcéntrico. En otras palabras, estas canciones han sido escritas desde un lugar específico de enunciación en el discurso: el de un varón dominante, el de una masculinidad hegemónica. No en vano en la mayoría de los casos los intérpretes son varones. Nuestra cultura musical está plagada de canciones sexistas, que denigran y menosprecian a las mujeres, y misóginas, que incluyen manifestaciones explícitas de odio y violencia hacia ellas.

Muchos de estos productos musicales han tenido amplia aceptación y difusión en la escena musical local e incluso regional, y atraviesan todos los géneros musicales y generaciones de artistas. Cacho Castaña, Pimpinela, La Bersuit, Miranda y el Chaqueño Palavecino, por mencionar unos pocos, pero emblemáticos ejemplos, tienen al menos un tema que devalúa y menosprecia a las mujeres. A pesar del inconmensurable éxito de estos temas musicales, muchos sostienen que la música es inofensiva y que, por lo tanto, las letras de las canciones no tienen ningún efecto en los contextos en los que circulan. Pero ¿es esto realmente así?

Los clásicos de siempre

Si existe un dúo que en nuestro país ha cantado acerca de las relaciones amorosas entre varones y mujeres, este es sin duda el de los hermanos Galán. Pimpinela, como se los conoce en el mundo artístico, ha dedicado su discografía a narrar rupturas, peleas y (des)encuentros de pareja. “¿Con pelea o sin pelea?”, preguntan de manera sistemática Joaquín y Lucía Galán en sus shows. En apariencia, el público siempre opta por el primero de los términos, y así se suceden una serie de canciones que escenifican una especie de guerra de los sexos, plagadas de acusaciones, engaños y mentiras. En uno de sus temas más conocidos, Como en la Tele, Joaquín canta con un ritmo pegadizo:

No hay quien entienda a las mujeres,

Llevo años intentándolo.

Tendrían que ser como la tele,

Que trae manual de explicación.

Prenderlas a control remoto,

Hallándolas tocando un botón.

Si te fallan o hacen rayas,

Mandarlas a devolución.

 

Es innegable que el declarado ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en el año 2007, Cacho Castaña, es otro de los mayores referentes de cultura musical argentina. Todos hemos bailado en algún carnaval carioca Si te agarro con otro te mato, uno de sus principales hits. El estribillo que todos conocemos de memoria amplía con ritmo alegre: “si te agarro con otro te mato / te doy una paliza y después me escapo”. Así, en aquellos años, en los que todavía existía el eufemismo del crimen pasional y la violencia quedaba circunscripta a un asunto de índole privada, se reconocía a viva voz y con toda naturalidad la legitimidad de castigar a una mujer, si ella se salía del rol de ángel del hogar.

En esta misma línea, en el año 2003, la famosa banda de rock La Bersuit Vegarabat sostenía en su tema La argentinidad al palo que “Locatti, Barreda, Monzón y Cordera también matan por amor”. Gustavo Cordera, el cantante del grupo, que trece años más tarde en su etapa solista manifestó públicamente que “hay mujeres que necesitan ser violadas“, se incluía a sí mismo en el listado de hombres que supuestamente matan por amor.

Desde el folclore, Oscar Esperanza Palavecino, más conocido como el Chaqueño Palavecino, no pierde oportunidad para cantar uno de sus temas más conocidos: Amor Salvaje. El inicio de la canción narra: “Te llevé sin preguntarte ni tu nombre / con mi brazo encadenado en tu cintura / asalté tu intimidad y tu ternura”. Esta imagen de la mujer como la presa pasiva de un predador masculino también dice presente en temas de Cacho Castaña, como Quieren matar al ladrón en cuyo estribillo de ritmo pegadizo el cantante que este en una entrevista televisiva declaró que “Si la violación es inevitable, relájate y goza” reitera:

Quieren matar al ladrón

Que se robó una mujer

Quieren saber dónde está, nunca lo van a saber

(…)

Yo sé que a mí me están buscando

Pues se quedaron con las ganas

Que en el momento de robarte

En el apuro fracasaron

 

Pop para divertirse

La lista de los clásicos que en sus letras desvalorizan a las mujeres es prácticamente interminable. Podemos pensar que este tipo de letras forma parte de un pasado en el que las relaciones entre varones y mujeres eran menos equitativas, en el que la sociedad era otra y recepcionaba este tipo de letras con mayor pasividad. Pero, entonces se torna necesario preguntarnos qué ocurre en canciones más recientes, aquellas que están sonando en la radio en este momento. ¿Cambió la manera de referirse a las mujeres? ¿Qué pasa en la escena musical en la actualidad?

La banda pop Miranda se encontraba en plena fama cuando en el año 2004 lanzó uno de sus temas más conocidos: El profe. Estos músicos, que apuntaban a un público juvenil e incluso escolarizado, repetían en este tema:

Yo quiero ser tu profe, mejor dicho profesor

El que te enseñe del amor

Lo que sabes y disimulas

Quisiera que me mientas cuando pregunte tu edad

Quiero volverme tan vulgar

Voy a engañarte, tonta

¡Solo para tocarte un poco!

Con un videoclip filmado en una escuela y en el que los integrantes de la banda vestían uniformes escolares, la banda pop sonaba de forma reiterada en la radio con esta canción, que más adelante afirmaba:

Percibo en qué momento te comienzas a mojar

Y entonces no puedo parar / Hasta sentir que te hago mía.

En el papel de ingenua

Tú te luces de verdad

Y yo comienzo a sospechar

Que eres mi alumna preferida

Y que caíste en mi trampa.

Cinco años más tarde, la misma banda lanzó el álbum El disco de tu corazón, donde incluye el tema Mentía, cuyo estribillo repite:

Mentía cuando te decía

Quédate tranquila corazón

Nos separaremos en términos buenos

Vuelvo con mi vida, soy buen perdedor.

La canción, que fue uno de los éxitos del disco, continúa diciendo:

No nos tenemos ni un poco de amor

Y sin embargo esto no se terminó.

Y ahora pasamos de mal a peor,

Y si te veo con él los mato a los dos.

Es un decir, no es literal,

pero quisiera hacerlo realidad.

 

¿La música como pedagogía?

Refiriéndose al modo en que los medios masivos de comunicación dan tratamiento a noticias sobre femicidios y violencia de género, la reconocida antropóloga argentino-brasileña Rita Segato acuñó el concepto de pedagogías de la crueldad. Según la cientista, el ojo del público no es per se cruel y rapiñador, sino que por el contrario es enseñado a serlo.

¿Podemos, entonces, siguiendo a Segato, pensar la música como parte de estas pedagogías? ¿Es la música ineficaz en sus efectos o tiene en realidad impacto en las subjetividades? ¿Estamos los oyentes siendo enseñados a no tener empatía con la víctima, cuando en los temas musicales la mujer es revictimizada con la banalidad? ¿Explica esto la pasividad con la que recepcionamos ciertos temas musicales como oyentes? En esta misma línea, ¿están acaso participando de estas pedagogías los hermanos Galán cuando en sus recitales preguntan “con pelea o sin pelea”, esperando que el público opte por el primero de los términos? Por otro lado, ¿el hecho de que siempre hayan existido temas que desvalorizan a las mujeres le quita importancia? ¿Vuelve este asunto menos grave o todo lo contrario?

En el 2017, la banda mexicana Café Tacuba anunció que no volvería a tocar Ingrata, una de las canciones más populares de sus 28 años de carrera. Este tema, que en 1995 fue premiado por el canal de música MTV como mejor video latinoamericano, afirmaba en su letra:

No te olvides que si quiero,

Pues sí puedo hacerte daño.

Sólo falta que yo quiera

Lastimarte y humillarte.

La canción narrando la ruptura de una pareja hasta que concluye en un femicidio:

Por eso ahora tendré que obsequiarte

Un par de balazo, pa’ que te duela

Y aunque estoy triste por ya no tenerte

Voy a estar contigo en tu funeral.

El año pasado, el cantante de la banda, Rubén Albarrán, manifestó que en el momento cuando escribieron Ingrata no estaban concientizados de la problemática de la violencia de género, pero que ello se había con los años y por eso elegían dejar de tocarla. En una entrevista que brindaron en 2016 a La Nación, Albarrán afirmó al respecto que “Mucha gente puede decir que es sólo una canción. Pero las canciones son la cultura, y esa cultura es la que hace que ciertas personas se sientan con el poder de agredir, de hacer daño, de lo que sea“.

Mientras que algunos oyentes tildaron la decisión de la banda mexicana de auto-censura o de exagerada e innecesaria, otros la consideraron una toma de posición adecuada frente a la pregunta acerca de si la música sólo tiene por función entretener, independientemente de los valores que transmiten en sus canciones, o si existe en cambio un compromiso y una responsabilidad social en los mensajes que comunican.

Entretanto comienzan a asomar algunas canciones con otra visión de las relaciones de género, y podemos comenzar a plantearnos: ¿Es inevitable que la música (re)produzca visiones denigrantes acerca de las mujeres o también puede constituir una potente herramienta de transformación social? ¿Es posible que el arte sea una vía a través de la cual disputar sentidos, de cara a construir nuevas realidades que se revelen como menos violentas y más equitativas para todos?

 

 

 

fuente:http://espartacorevista.com/nota.php?id=496%2FBailar_al_ritmo_del_patriarcado%3A_%C2%BFsexismo_y_misoginia_en_la_cultura_musical_argentina

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