Balance de las PASO 2017

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El resultado de las elecciones legislativas del 13 de agosto pasado deja varios elementos para el análisis político. En primer lugar es evidente que la elección tuvo un fuerte sesgo ‘nacional’ y que terminó estando fuertemente polarizada entre el oficialismo y la oposición (con el kirchnerismo como fuerza hegemónica de la misma). Quizás como ninguna otra vez, la perspectiva electoral de 2019 estuvo presente en 2017, y la polarización implicó: por un lado un aval a un gobierno en función de fortalecerlo de cara a los próximos dos años, o un castigo al mismo con miras de colocar al frente de la escena política a la principal figura opositora, Cristina Fernández de Kirchner.

En segundo lugar queda claro que, a pesar del triunfalismo del gobierno nacional no es cierto que el macrismo haya ganado en todo el país ni arrasado en las urnas. Prácticamente se dio un empate entre las diversas opciones del panperonismo, y el macrismo aliado a la UCR. Existieron sí algunos resultados ciertamente sorprendentes: la mayoría de las sorpresas las dieron triunfos macristas en provincias donde resultaba impensado: San Luis, Santa Cruz y La Pampa, por ejemplo. El panperonismo también tuvo un sorpasso de su lado: Santa Fe. También hubo algunas sorpresas por parte del FIT, como las buenas elecciones en Jujuy y en Neuquén.

La provincia de Buenos Aires, luego de la escandalosa manipulación de los resultados para aminorar el efecto mediático de la –ajustada- derrota del gobierno, es una muestra de lo que ocurrió a nivel nacional: la polarización fue tan grande, que quienes apostaron a las ‘terceras vías’ o a las ‘anchas avenidas del medio’, vieron diluido su caudal de votos. En provincia de Buenos Aires, Sergio Massa y Florencio Randazzo expresan esta tendencia y en Capital Federal lo hace Martín Lousteau.

Este es el panorama general que dejan las elecciones, y nada asegura que vaya a modificarse sustancialmente de aquí a octubre: más bien la polarización que hoy se observa en el debate público sobre la desaparición forzada de Santiago Maldonado, muestra que el esquema binario entre gobierno y oposición puede aumentar.

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El desempeño de la izquierda

Nuevamente queda confirmado que la principal referencia electoral de izquierda en nuestro país, por presencia nacional, por repercusión mediática y por resultados en los comicios, es el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT). Esta alianza electoral, que hizo una buena elección en las legislativas de 2013, había tenido una baja en su performance en 2015. Este año recuperó los votos perdidos en 2015, y sacó casi la misma cantidad de votos que en las PASO de 2013.

En segundo lugar existen una serie de nuevos partidos políticos, provenientes de las organizaciones sociales de la izquierda independiente y popular, que han incurrido en el terreno electoral con distintos resultados.. El caso más interesante y de más larga data es el del Frente Ciudad Futura en Santa Fe, que tras una muy buena elección en Rosario en 2015, revalidó su presencia electoral en estos comicios y logró pasar el piso electoral que exigen las PASO a nivel provincial. Del mismo modo lo hizo el Frente Popular y Social también de esa provincia.

En otros puntos del país también hubo expresiones novedosas de organizaciones de este mismo perfil, como el FROPP de La Rioja, o Vamos en la provincia de Buenos Aires, aunque ésta última se presentó en formato de boleta corta y llamó a votar a Cristina Fernández de Kirchner para Senadora, lo cual puede significar una limitación al momento de proyectarse como una verdadera alternativa independiente en términos electorales con el campo popular de las izquierdas. Finalmente, en la Ciudad de Buenos Aires, participó en una interna con Lozano el Movimiento Popular La Dignidad/IP y los compañeros y compañeras de Poder Popular decidieron sumar candidatxs a las listas del FIT, mientras que desde PeM conformamos un Frente electoral con el Partido Social y un sector de Proyecto Sur.

En la Capital Federal, el dato más significativo es sin dudas la enorme hegemonía política que viene expresando el oficialismo, esta vez logrando más del 50 % de los votos. En lo que refiere a la izquierda, se trató de un distrito donde primó la fragmentación con la participación de siete listas distintas identificadas con la izquierda en sus diversas variantes. Previendo dicho escenario, varios meses antes desde Pueblo en Marcha nos planteamos una serie de reuniones planteando, con humildad y apertura,  la necesidad de  conformar un gran frente electoral de todo el campo popular, que incluyera desde la izquierda trotskista hasta el centro izquierda progresista que no pretendía diluirse en el Partido Justicialista.

La convocatoria pública no tuvo una respuesta favorable. En algunos casos las respuestas fueron de una negativa tajante a formar un frente electoral con otros agrupamientos, lo cual se combinaba en general con una invitación a que Pueblo en Marcha apoye y/o integre la lista propia; lamentablemente no solo no se pudo unificar la intervención electoral de la izquierda, sino que terminó atomizada en siete listas diferentes.

Ese escenario nos llevó a conformar el único frente electoral en donde el debate entre las organizaciones permitía elaborar de conjunto una propuesta y campaña de cara a las PASO.   Una campaña donde nuestra voz sea escuchada, donde podamos debatir las consignas, la estética, el mensaje, los y las candidatas, y aprender a caminar en un terreno en el cual aún nos falta muchísimo por aprender. Lo hicimos conformando una lista propia junto con la herramienta electoral del Colectivo por la Igualdad, el Partido Social y un sector de Proyecto Sur, que dio lugar al Frente Sur en Marcha.

De las siete listas electorales de la izquierda, solamente dos listas pudieron superar el piso que exigen las PASO para presentarse en octubre: la de Autodeterminación y Libertad y la del FIT. Sur en Marcha no logró el objetivo alcanzado en cuanto al caudal electoral, aunque aportó una valiosa experiencia propia de intervención electoral en la cual tuvimos que aprender de primera mano una serie de exigencias y demandas que implica este tipo intervención electoral, que constituyen un saldo positivo para nuestra militancia.

Ponerse al hombro una campaña electoral desde cero, pensar sus consignas, plantear estrategias de comunicación para dar a conocer nuestros proyectos legislativos y poder evaluar el impacto de ellos en las largas jornadas en las calles, nos dotó de una experiencia intransferible, imposible de suplir con ningún manual electoral ni de marketing político. Durante el último mes de campaña sostuvimos prácticamente 1 actividad pública por día: difusión, propaganda, visibilización de nuestrxs candidatxs y de nuestrxs propuestas. Logística, debate político, comunicación con los vecinos y vecinas de cada barrio, que cada compañero y compañera militante se sume a contar lo que venimos haciendo y construyendo hace largos años y ponerlo en diálogo con otros y otras: ee acumulado político queda preservado como uno de los grandes saltos cualitativos que enfrentó nuestra militancia. En medio de la campaña electoral, el esfuerzo por defender la necesidad de tener un partido político propio, y de conseguir las afiliaciones para dicho objetivo, también nos puso en situaciones a las que generalmente no estamos acostumbrados, a veces sin poner en diálogo nuestros proyectos con un vasto sector de la población , más allá de los núcleos de activismo que son parte de nuestras herramientas de construcción de poder popular cotidiano.

Estamos convencidxs de que este recorrido aporta a  nuestro aprendizaje sobre la disputa electoral, y a mejorar nuestras futuras intervenciones en este terreno, las cuales esperamos también nos encuentren compartiendo herramientas comunes entre muchas otras organizaciones, ya que la unidad es indispensable para poder pensar una alternativa real y masiva que pueda disputar en un terreno adverso como lo es el electoral. Lamentablemente aquella primera invitación humilde a diluir nuestra herramienta en un frente verdaderamente grande y con vocación unitaria en el plano electoral no tuvo éxito, lo que redunda en una fragmentación que es funcional a los principales partidos del sistema. Esperamos que, en la crítica y autocrítica, logremos de manera colectiva avanzar en la unidad necesario en próximas instancias.

El balance de lo pasado, con proyección a futuro

Llevamos tiempo afirmando que el espacio de la izquierda independiente está atravesando un ciclo de crisis y de pérdida de la identidad. Tras un ciclo de protagonismo y masificación entre finales de la década del `90 y mediados de la década de 2000, una vez consolidado el kirchnerismo en su faceta ofensivamente nacional-popular, y de estructurada una oposición de centro derecha como la que expresa el macrismo, los caminos que encontró la izquierda independiente y popular de insertarse en semejante escenario polarizado fueron, o bien diluirse en la izquierda tradicional representada en el trotskismo, o bien funcionar como el ‘ala izquierda’ del kirchnerismo. Esta descripción no pretende establecer un juicio condenatorio de las organizaciones hermanas que han elegido esos horizontes; solamente nos sirve de escenario para reafirmar que, aunque la coyuntura de la polarización lo dificulte, creemos que estratégicamente y en el largo plazo, el proyecto que alguna vez expresó aquella izquierda independiente y popular sigue vigente: constituirse en una opción de izquierda, con construcción de poder popular real y cotidiano, que pueda acoplarse con las tradiciones populares y masivas de nuestro país y de nuestro continente, y no que sea renuente a ellas.

Un proyecto de izquierda que reconozca los límites históricos que se han presentado a los proyectos políticos progresistas que se han propuesto domesticar al capitalismo, pero también a aquellos proyectos de izquierda que instrumentalizan las luchas en función de la verdad revelada que supuestamente expresa su programa político, emanado de los viejos manuales de la izquierda. Un proyecto de poder popular que no abone a la tesis del ‘cuanto peor mejor’, sino a la de la acumulación a partir de las mejoras concretas de las formas de vida de las mayorías sociales, sin que esto sea visto como una confusión reformista hacia el verdadero camino revolucionario.

Tomando en cuenta estas coordenadas, es evidente que actualmente este proyecto de una izquierda independiente, popular, latinoamericana no logra hacer pie en el terreno político ni en el estrictamente electoral. Esto motiva una andanada de cuestionamientos a quienes intentamos ensayar intentos genuinos, independientes, y que buscan hoy construir una voz en el plano electoral que no se encuentra. La intervención en el plano electoral despierta y debe seguir despertando debates acerca de sus límites y sus potencialidades: pero en este caso no conviene exagerar: nuestra militancia cotidiana nos enseña que ningún terreno dentro del sistema capitalista es un terreno amigo.

Hacia adelante

Ante los magros resultados electorales de esta izquierda independiente, puede reactualizarse una visión que durante mucho tiempo se instaló en la militancia, de que todo lo que implica la disputa del poder del Estado es reproductor de las lógicas del capitalismo, mientras que aquellas prácticas con base social y territorial son vistas en forma idealizada e ingenua como portadoras intrínsecas de cambio social y de poder popular. Lamentablemente el debate binario entre construcción de poder popular o intervención electoral data ya de larga data y plantea una separación ficticia entre sociedad y Estado, que signaron el algunos debates e intervenciones de nuestra izquierda.

En los hechos, las lógicas capitalistas tensionan todos los ámbitos de construcción, ya que no somos islas que construimos poder popular o socialismo desde abajo apartadas del mundo sino que somos militantes de carne y hueso, atravesados por el sistema, que militamos en organizaciones que muchas veces reproducen los valores del capital y nos proponemos cambiar de raíz esa realidad en el contexto geopolítico, social y económica que nos toca.

Tal vez por la condición embrionaria de nuestras construcciones , y/o por una generación de dirigentes y cuadros políticos que abrazaron con demasiado entusiasmo y falta de preparación a las corrientes posmodernas que eran auge en los países centrales, nuestra militancia se forjó ignorando centrales aportes que marcan la tradición de nuestra izquierda. Estos aportes indican que la construcción de poder en países de América Latina implica y obliga a una lucha integral por el poder, el cual circula como una relación tanto en espacio cristalizados en la institucionalidad estatal, como en otro tipo de instituciones (como sindicatos), y en espacios sociales como barriadas populares, lugares de trabajo, de estudio, comunidades rurales, etc.

Nuestra vocación de construir poder popular, horizonte estratégico y camino a la vez es el reaseguro y parte constitutiva de nuestro proyecto por la emancipación del capitalismo, que se amalgama y no se contradice con la intervención y la disputa de poder en todos los ámbitos: construir escuelas públicas y populares no se contradice con dar la disputa en el ámbito educativo, en los sindicatos docentes, en los centros de estudiantes o en las escuelas de gestión estatal; construir medios populares y comunitarios no se contradice con construir en el gremio de los y las trabajadoras de prensa y buscar las grietas para difundir nuestras luchas y propuestas en los medios hegemónicos; construir poder popular y una nueva institucionalidad no se contradice con la intervención electoral.

Claro que nuestra construcción está tensionada siempre entre la intervención en la actual sociedad y la prefiguración de las relaciones sociales igualitarias que anhelamos y nos presenta un camino sinuoso entre lo existente y lo que soñamos construir. Esta tensión atraviesa a todas nuestras áreas de intervención. Sería ingenuo, esquemático y superficial pensar que la contradicción entre cuánto ‘reproducimos las lógicas del sistema’ y cuánto las ‘transformamos’, tiene lugar exclusivamente en la disputa electoral. El análisis minucioso de estas contradicciones en general no aparece en la prosa autocelebratoria de nuestros análisis, donde cuesta más identificar en qué medida reproducimos la lógica del sistema con nuestras intervenciones territoriales y puede llevar a idealizar nuestras prácticas y a ahondar más la división binaria y ficticia entre los social (como territorio puro de construcción de nuevas relaciones sociales) y lo Estatal (como espacio adverso para la construcción del cambio social).

La disputa electoral despierta y va a seguir despertando debates. Haber asumido esta nueva trinchera de disputa no significa una definición cerrada e inmutable en el tiempo. Cuánto de las lógicas del capital se reproducen o se ponen en cuestión al intervenir en la arena electoral, es una respuesta que solamente el análisis concreto de la práctica de nuestro pueblo nos puede indicar. Por ejemplo, el proceso de formación y politización para cientos de militantes confrontando ideas y propuestas en la campaña callejera sólo se puede medir en la experiencia concreta. En el caso del sistema electoral en nuestro país consagra como candidatos a individuos, lo cual implica consolidar candidaturas y compañerxs que se posicion en ante la sociedad como referencias individuales a las cuales ponderar al momento de los comicios. En nuestro caso se trata de hacerlo como referencia de un proyecto colectivo, construyendo una serie de reaseguros internos para que dicha referencia no se transforme en un capital individual sino que abone a amplificar y expresar una construcción y mirada hoy ausente. Ahora bien, esta tensión ha atravesado a todos los grandes procesos transformadores en nuestra América, y no vamos a ser ajenos a ella. Es aprendiendo de las prácticas históricas concretas que consideramos virtuosas que recogemos las enseñanzas de los aciertos y los errores de experiencias pasadas, sea en el plano electoral como en cualquier otro.

Afortunadamente estamos convencidos que los pisos de síntesis políticas más importantes que traza nuestro caminar, están marcados por la experiencia concreta de las organizaciones populares, y no por las opiniones individuales, sean estas de dirigentes, de analistas, intelectuales o cualquier persona, y que ese piso solamente puede tender a avanzar y acumular experiencia y síntesis históricas, y no a hacer tabula rasa con nuestros procesos políticos. Así como las transformaciones se llevan a cabo desde experiencias colectivas, y no desde aventuras (prácticas, teóricas ni ideológicas) individuales, la riqueza de nuestra palabra es que proviene del balance de una experiencia real y concreta, llevada a cabo por las y los militantes populares que conforman nuestras herramientas.

Cuando hacia el año 2013 asumimos la disputa electoral, fueron muchas las organizaciones de la izquierda independiente que apuntaron sus advertencias hacia nosotrxs: la más común era que la apuesta electoral iba a significar el abandono del resto de nuestras actividades en otros planos (territoriales, de género, sindicales, estudiantiles, etc.). Afortunadamente, el caminar demostró dos cuestiones: la primera es que nuestro movimiento no solamente no se debilitó en su construcción de base cotidiana , sino que viene acrecentando su acumulación territorial cuantitativa y cualitativamente. El importante peso que tuvo y que tiene para nosotrxs el calendario electoral fue combinado con innumerables acciones de construcción popular cotidianas, como nuestras cooperativas de trabajo, bachilleratos populares, espacios de géneros y disidencias sexuales, movilizaciones populares, apertura de nuevos espacios político culturales, toma de edificios públicos, incorporación de nuevas provincias a nuestra herramienta, y un largo etcétera.

La segunda es que hoy, al 2017, prácticamente todas las organizaciones de la izquierda independiente y popular, están ensayando diversos modos de intervención electoral y/o reconocen ésta como una tarea más en la disputa de un proyecto de emancipación social y por el socialismo en nuestro continente. Nos alegra entonces re encontrarnos con esas organizaciones ahora con esta nueva síntesis, y esperamos que las futuras batallas electorales puedan darse también en conjunto, al igual que durante estos años hemos encarado luchas y caminos comunes.

El valor de nuestra palabra radica en su base colectiva, y en que es representación de una construcción real y genuina de poder popular. Cuando caminamos, nos equivocamos, cuando caminos aprendemos de nuestros pasos. La crítica y la autocrítica, muchas veces ausente en gran parte de la izquierda, deben guiarnos para realmente transformar nuestra realidad desde el hoy.

A los/as analistas políticos e intelectuales individuales, cuyo aporte puede ser muy valioso para las construcciones colectivas, lxs invitamos como siempre a debatir sus ideas con nosotrxs en ámbitos colectivos, en el momento que lo consideren. Creemos que esa es la única forma en que esas ideas puedan nutrir y nutrirse de las experiencias concretas y así darle batalla al capitalismo en el plano de la construcción de poder.

 

Federico Orchani

Pueblo en Marcha

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