Bicentenario: sin las mujeres la historia va por la mitad. Las mujeres participando y cambiando la historia

El patriarcado oculta estas mujeres,  pero nosotras  las nombramos, las rescatamos, contamos sus historias, nos divertimos imaginando como habrá sido sus vidas, sus luchas, sus amores, sus deseos.  Y lo más fuerte, es que sabemos que estamos acompañadas; con  tantas mujeres en nuestra América y el mundo,  con un internacionalismo feminista, tantas organizaciones populares, encuentros nacionales con participaciones masivas donde que llevamos sus nombres y sus vidas, como banderas de un pasado, que lo hacemos presente y futuro.

 

En estos tiempos, junio del 2016, hicimos talleres de formación/ capacitación con mujeres activistas de barrios de La Plata y Berisso. La idea era reflexionar, formarnos, sobre  las luchas de mujeres, sobre qué es el patriarcado, el machismo y las luchas feministas.

 

En cada uno de los encuentros rescatábamos mujeres luchadoras de las luchas independentistas como Micaela Bastidas, Manuela Sáenz, Bartolina Sisa; e incorporamos a la hondureña Berta Cáceres; recientemente asesinada por luchar  por sus territorios,  los ríos;  en defensa de los derechos de los pueblos originarios, de los derechos a decidir de las mujeres; y también rescatamos a Diana Sacayan, travesti, luchadora por derechos como el cupo laboral trans…

 

Desde la coordinación de los talleres llevamos estos nombres; pero tuvimos sorpresas agradables: desde el grupo de mujeres, muchas de ellas migrantes bolivianas, paraguayas y peruanas, se mencionaban mujeres luchadoras que aparecían como referentas y que las habían conmovido. Y ahora estaban aquí sus nombres y sus historias en nuestro espacio colectivo,  para aprender entre todas. Así surgió el nombre de María Parado, heroína peruana, indígena y quechua-hablando, a quien se la califica de “precursora” de la independencia.

 

En la actividad de cierre de los mencionados talleres, y debido a la cercanía de la fecha del bicentenario de nuestros países del Abya Yala, nos preguntábamos si el nombre de estas mujeres aparecerían en los actos alusivos, en los medios de comunicación, en las recuperaciones histórica.

La veo a Caty mover la cabeza negativamente, nos reímos porque todas estábamos pensando lo mismo…  El patriarcado oculta estas mujeres,  pero nosotras  las nombramos, las rescatamos, contamos sus historias, nos divertimos imaginando como habrá sido sus vidas, sus luchas, sus amores, sus deseos.  Y lo más fuerte, es que sabemos que estamos acompañadas; con  tantas mujeres en nuestra América y el mundo,  con un internacionalismo feminista, tantas organizaciones populares, encuentros nacionales con participaciones masivas donde que llevamos sus nombres y sus vidas, como banderas de un pasado, que lo hacemos presente y futuro.

 

Y así comenzamos a rastrear….

 

Al rastrear el lugar de la mujer en el relato de las luchas independentistas,  el olvido  es lo primero que aparece, no sólo por los nombres omitidos  sino por el modo en que  las mujeres hacen  su aparición: la esposa de…, la abnegada, la loca.  Este  es lo construido desde diversos lugares desde hace dos siglos, desde hace más de cinco siglos.

La memoria está sujeta al conjunto de ideales y de imágenes que las sociedades comparten con naturalidad, Así es que, para tantas generaciones, la mujer en la historia es una figurita  escolar: Mariquita Sánchez de Thompson  tocando  el Himno Nacional; Remeditos de Escalada, “esposa y amiga”, las hijas Merceditas y Manuelita, las damas mendocinas  bordando la bandera, la Difunta Correa, amamantando a su bebé; por mencionar sólo algunas.

La lucha de los  pueblos y de las mujeres  en particular han  movido estas figuritas cristalizadas; en literatura, en canciones, en las calles, en las investigaciones académicas, en el rescate de los pueblos aparecen con timidez el nombre de mujeres luchadoras, sólo algunas por ahora como si fueran algo excepcional. A veces por desconocimiento y otras veces por ocultamiento patriarcal se ha negado movimientos liberadoras que acompañaron y sostuvieron a estas mujeres que han burlado a la historia machista.

En este bicentenario mencionaremos algunos hechos históricos, como ejemplos de esos ocultamientos…

 

¿Por qué la Revolución no contempló los derechos de las mujeres? ¿Por qué continúa privándolas de recibir educación? Publicado  en “El Grito del Sud”, en 1812, reproduce quejas de una anónima “señorita”.

 

Las invasiones inglesas fueron el antecedente de la lucha por la liberación. Tanto varones como mujeres, participaron de la lucha con idéntico valor. Las ollas de agua arrojadas por mujeres desde las terrazas son las más conocidas, en ese momento aparecen figuras como Manuela Pedraza, una humilde soldada tucumana.
Para escándalo e indignación de la sociedad de su tiempo, María Ana O’ Gorman, (abuela de la famosa Camila),  amante de Liniers, en la Reconquista de Buenos Aires de 1806 fue figura central y tuvo poder político.

La historia de Martina Céspedes y sus tres hijas es de 1807: con la promesa de darles aguardiente, estas mujeres hicieron entrar a su casa, de a uno, a doce soldados ingleses y los tomaron prisioneros. En premio, Liniers nombró a Martina sargento mayor.

El pueblo aprendió en esa emergencia, que con su sola decisión y su propio valor podría vencer en cualquier otra circunstancia. Fue como una toma de conciencia de las propias posibilidades. Y las mujeres luchadoras tuvieron un rol fundamental.

Qué hicieron las mujeres en Mayo de 1810, en todo el proceso que siguió en 1816 y en la guerra independentista?

 

¿Estuvieron en el  Cabildo Abierto del 22, cuando se depuso al virrey Cisneros? ¿Estuvieron  en el histórico día 25 y se apiñaron entre soldados patricios y vecinos que, reunidos frente al Cabildo, “querían saber de qué se trataba”?  ¿Fueron al congreso de Tucumán?  ¿Estuvieron en las calles? ¿Lucharon en las guerras independentistas?  ¿Solamente se ocupaban de los cuidados del hogar?  ¿Lo público les estaba vedado? ¿Pudieron romper estas barreras machistas de la época?  Hay algunos ejemplos, que han investigado historiadoras, que dan muestra de algunos hechos de rupturas con sus roles tradicionales…. Me pregunto, nos preguntamos, cuantos habrá ocultos en la historia no contada; cuantos cambios se habrán producido a partir de estos ejemplos.
Retrocedemos a 1801 en  Buenos Aires, la tranquila aldea colonial se estremece con un escándalo.  La joven  María,  que la historia conocería como Mariquita, se ha negado a casarse con un  español mucho mayor.  Si conviene partir de esta escena para hablar de las mujeres de Mayo en general, y de Mariquita en particular, es porque para una mujer abrazar una convicción revolucionaria suponía como tarea simultánea cuestionar las imposiciones morales de la sociedad.  La acción legal que Mariquita Sánchez y Martín Thompson emprendieron en 1804 para poder casarse tuvo una repercusión especial en la sociedad porteña: era parte de los efectos de las nuevas ideas en las mentes jóvenes. Por eso, cuando el gobierno de turno,  falló a favor de los enamorados –y ellos se convirtieron en marido y mujer luego de 4 años de lucha, muchos sintieron que el triunfo no era sólo personal. Nuevos tiempos se avecinaban.

A partir de allí, vida pública y vida privada serían para Mariquita  lo mismo, entre 1810 y 1868, cuando murió, cumplió un papel fundamental en historia argentina, en los femeninos roles de dueña de casa que recibe y como escritora de papeles íntimos. Sus cartas, diarios y demás escritos no sólo son hoy magníficos y lúcidos testimonios sino que funcionaron como imprescindibles redes de contacto e información en épocas signadas por exilios y muertes.

No sólo para Mariquita se confunden lo público y lo privado. Como ella, que se inicia acompañando activamente a su marido en las conspiraciones contra Cisneros, otras damas participan en la causa con igual pasión. La tradición guarda las palabras con que Casilda Igarzábal,  exhorta a Cornelio Saavedra, el 18 de mayo: “no hay que vacilar”, se dice que dijo cuando acudió a su casa a la cabeza de un grupo de señoras. El comandante del Cuerpo de Patricios, dudaba en ponerse al frente del movimiento contra Cisneros. Ella venía, junto con las demás, a presionarlo para que se decidiera e invitarlo a concurrir a su quinta,  en la que Juan José Castelli, Manuel Belgrano y otros rebeldes estaban conspirando. Saavedra aceptó ir. La estrategia para el Cabildo Abierto del 22 de mayo se planeó allí ese 18.
Cuando el flamante nuevo gobierno prepara, la expedición libertadora al Alto Perú, el registro de donantes que la sostienen está poblado de mujeres: Bernardina Chavarría, Mariquita Sánchez de Thompson y muchas señoras más.

Un periodista en El Grito del Sud, en 1812, reproduce quejas de una anónima “señorita”. ¿Por qué la Revolución no contempló los derechos de las mujeres? ¿Por qué continúa privándolas de recibir educación?

Ellas participan así: anónimas, casi imperceptibles.

 

Como María Guadalupe Cuenca, la esposa de Moreno, discuten estrategias con sus maridos. O juntan dinero de sus herencias y dotes, organizan actividades sociales lucrativas, prestan sus casas para reuniones clandestinas, cosen, murmuran argumentos a uno u otro oído masculino. Sus obras tienen riesgo, pero no llevan firma. Son pequeños hechos que sostienen, invisibles, grandes hechos espectaculares.

Pero si en mayo de 1810 el movimiento atañe principalmente a los vecinos criollos acomodados y al Regimiento de Patricios, tanto en sus antecedentes, las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, como en sus consecuencias, las guerras de la Independencia, se movilizan mujeres de todas las clases sociales. Y los métodos varían.

Hubo guerreras y espías patriotas en los ejércitos del Norte. La soldada María Remedios del Valle, muy pobre y negra; la dama salteña Juana Moro de López, que sedujo a realistas como parte de su espionaje. Y entre todas, Juana Azurduy, que descolló por sus dotes militares.

Esta mujer  de sangre mestiza, guerreó contra los españoles al frente de su tropa: primero codo a codo con su marido y gran amor, Manuel Ascensio Padilla, después sola. El 25 de mayo de 1809 exactamente un año antes del levantamiento de Buenos Aires, la sublevación de Chuquisaca sacudió el Virreinato del Río de la Plata desde el Alto Perú; Juana y Manuel colaboraron con entusiasmo con los insurrectos. Aunque el movimiento fue derrotado, toda la zona ingresó en una “guerra de republiquetas”, que no cesaría hasta la definitiva independencia de la América hispana, en 1824.

Las tropas de Juana y Manuel prestaron servicios significativos. Belgrano vio pelear a Azurduy y le obsequió su espada. Cuenta que fue ella quien tomó el cerro de la Plata y se apoderó de la bandera realista

 

Durante el resto de los años, Juana continuó su resistencia en una guerra de guerrillas sangrienta, se puso al servicio del general Martín Miguel de Güemes y participó activamente en la defensa del Norte patriota.

 

Macacha Güemes trabajó al lado de su hermano Martín  para garantizar la emancipación de los pueblos de este continente. Su aporte a la causa patriótica ocupa un importante lugar en la historia de su tierra y su vida con el tiempo se convirtió en una leyenda para el sentir de su pueblo. Poco después de la Revolución de Mayo, convirtió su casa en taller para confeccionar ropa para los soldados organizado  por su hermano, supo sacar partido de su inteligencia y su posición para desempeñar tareas arriesgadas, especialmente cuando los realistas ocupaban la ciudad de Salta y Güemes los combatía por todos los medios. Luego del asesinato de su hermano, Macacha continuó participando en los sucesos políticos de la provincia.  Fue muy querida por el pueblo debido a la generosidad con que ayudaba a los necesitados.  Una canción la recuerda así: “Mamita del pobrerío,  palomita mensajera, que entre el gauchaje lucía, lo mismo que una bandera”.

Las historias de luchas  continúan, siguen su curso contradictorio, dialéctico. Hay una historia riquísima de la participación de las mujeres en la historia.  En estos tiempos históricos, estamos construyendo un camino de lucha,  con los movimientos de liberación en Latinoamérica.

 

La consigna “Sin las mujeres la historia va por la mitad” acuñada por los movimientos populares tiene cada día más vigencia. Desde los feminismos populares latinoamericanos rescatamos las continuidades históricas, y la visibilización de las  luchas  de militantes feministas, muchas veces escurridas por los desaguaderos de la memoria.

Desde los feminismos populares valoramos todas las riquezas históricas y actuales,  apostamos a la integralidad en las luchas diversas,    contra el ataque a nuestro planeta, contra el colonialismo, contra los modelos de producción rapiñeras como el extractivismo contaminante, el modelo monocultivo, el ataque al derecho al agua. Apostamos a la defensa de la  soberanía alimentaria, trabajo, economía populares , agua, naturaleza, tierra, agro biodiversidad;   que incluya a mujeres indígenas, campesinas, negras, rurales, urbanas, y que coloque la diversidad  como riqueza interna y de reconocimientos territoriales;  como posibilidad de un proyecto liberador.

 

Construyendo feminismos populares en América Latina

Luchamos por la izquierda y desde abajo

Que se cuiden los machistas

 

*Celina Rodríguez Molina- Espacio de género del frente Darío Santillán CN

 

 

Fuente:

Luis Vitale (1987) La mitad invisible de la historia. El protagonismo social de la mujer Latinoamericana. Ed. Planeta.

 

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