Boliche Cromagnon: las responsabilidades del horror

Con la salida en libertad condicional de Patricio Fontanet, el último Callejero que seguía en prisión, el debate sobre la tragedia del boliche  Cromagnon volvió a reavivarse. ¿Quiénes fueron los responsables de aquel desastre? ¿Quiénes asumen, o no, la responsabilidad? Aquí, los dos puntos de vista sobre los que sigue girando la discusión.

 

FONTANET, EL NADADOR

Eduardo Fabregat

 

Patricio Fontanet salió en libertad condicional. Casi inmediatamente su banda, Don Osvaldo, anunció seis shows en la provincia de Córdoba en junio y la intención de llevar a cabo presentaciones por todo el país. Seguramente varios familiares de las víctimas del incendio en República Cromañón tendrán cosas para decir al respecto, pero en esencia nada impide que, ya que goza de la libertad, el cantante vuelva a trabajar en lo suyo.

La cuestión es que, en una continuación de la conducta habitual desde la negra noche del 30 de diciembre de 2004, el vocalista vuelve a negar su responsabilidad y hacer de cuenta que todo lo sucedido no tuvo nada que ver con él y su forma de llevar adelante el negocio Callejeros. El párrafo difundido en el primer tweet sobre esos conciertos lo demuestra: “Debimos crecer en un mar de oscuras adversidades que traga realidades. Nadamos con valentía contra corrientes perversas que intentaron e intentan sin descanso adoctrinar razones. Seguiremos adelante con la convicción de liberar a la verdad de los tentáculos siniestros del poder”.

¿Vale la pena asombrarse, sorprenderse, por este notable intento de victimización? Que Fontanet insista en ponerse en el lugar de mártir acosado por el poder, de pobre rockero engañado en su buena fe al que una oscura conspiración mandó a la cárcel, sería risible sino fuera por la carga de cinismo y necedad que implica. Si no fuera por los muertos. Si no fuera por los que aún hoy no pueden apagar la luz para dormir. Si no fuera por los padres, madres, hermanos y hermanas, abuelos y abuelas que extrañan a los que no volvieron de Once.

La verdad es que Fontanet determinó que ingresaran bengalas y candelas en el equipamiento de Callejeros para eludir esos molestos controles que impedían la fiesta del fuego de artificio. La verdad es que en Excursionistas hubo inspectores que descubrieron el bolso de artefactos pirotécnicos en el backstage e impusieron una multa a la banda. La verdad es que por eso volvieron a República Cromañón, local “clase C” donde los inspectores estaban “untados” para mirar hacia otro lado. La verdad es que Fontanet aprobó que se sobrevendiera Cromañón para hacer más dinero. La verdad es que la producción y los controles de ingreso estaban a cargo de la banda, para que pasara lo que ellos querían que pasara. La verdad es que sus gacetillas se enorgullecían de la “fiesta de bengalas” que terminó matando a casi doscientas personas. La verdad es que en la tarde del 30 de diciembre, en la prueba de sonido, los integrantes del grupo vieron que la puerta de emergencia estaba cerrada con una cadena y no hicieron nada al respecto porque había que evitar colados. La verdad es que, durante el juicio, intentaron evadir toda responsabilidad, mintieron descaradamente sobre esas acciones e intentaron descargar todo el peso en Omar Chabán y el manager Diego Argañaraz. La verdad es que todo eso no es una opinión de quien esto escribe, sino hechos comprobados fehacientemente en la causa que condenó a músicos y manager, y a Chabán, y a Villarreal, y a  inspectores y policías.

Fontanet no solo es penalmente responsable de las muertes de Cromañón, tal como determinó la Justicia. También es un mentiroso profesional y un manipulador que, puesto en libertad, pretende presentarse como un perseguido que nada valientemente contra corrientes perversas y quiere liberar a la verdad de los tentáculos del poder. Los shows de Don Osvaldo seguramente convocarán a salas llenas, y seguirá habiendo quien crea un párrafo tan disparatado como hipócrita. Pero al cabo hay que admitir que es cierto. Fontanet nada. La nada misma.

 

 

LINCHANDO A FONTANET: UNA RESPUESTA AL PERIODISTA FABREGAT

Yael Crivisqui

El pasado 8 de mayo, Página12 publicó una nota escrita por el periodista Eduardo Fabregat, en la cual carga las tintas contra Patricio Fontanet, ex líder de Callejeros y actual de Don Osvaldo, ante el estado público que tomó el hecho de que el cantante saliera en libertad condicional tras haber cumplido los dos tercios de su condena.

En su artículo, después de más de una década, Fabregat pretende contarnos sobre lo peligroso que era Cromañón, sobre los riesgos del uso de la pirotecnia en recitales, que para aquella época era una característica “festiva” habitual de la gran mayoría de las bandas de rocanrol, sobre cómo gerenciaba Omar Chaban y cómo funcionaban las autoridades gubernamentales.

Digo que pretende contarnos ahora, porque el periodismo filo progresista y rockero de aquellos tiempos conocía muy bien cómo funcionaba la movida del rock barrial. Conocía muy bien Cemento/Cromañón: muchos de ellos lo llamaban el “templo del rock”. Nos decían que ahí habían tocado grandes artistas consagrados. Todos, además, sabían de sobra quién era Chaban, la mayoría lo bancaba por ser quien “le daba espacio” a todas las bandas que iban surgiendo. Es decir, ya en aquel tiempo, quien escribió ahora ”Fontanet, el nadador” conocía que República de Cromañón era una bomba de tiempo, y que podía explotar en cualquier momento con cualquiera de todas las bandas que allí tocaban. Le pasó a Callejeros y con un público que, hasta ese entonces, no era consciente de sus desbordes.

Por su parte, en ningún momento Fabregat realiza una autocritica sobre su responsabilidad como comunicador; lejos de eso, levanta el dedo y acusa a Fontanet y a Callejeros de prácticamente haber orquestado la tragedia no natural más grande de nuestra historia, en la cual incluso murieron familiares y amigos de los integrantes de la banda. En dicha nota, además, el periodista utiliza argumentos que jamás pudieron ser probados por la Justicia y que incluso el fallo del Tribunal Oral 24 de 2009 refutó, absolviendo por ese motivo a los músicos. De hecho, la Corte Suprema terminó por confirmar dicha resolución.

Uno de los argumentos más falaces que usa Fabregat es el de la responsabilidad de los músicos por las tareas que debía hacer el Estado, por ejemplo, la habilitación del lugar. El trabajo de los músicos era ir a tocar aquella noche; las condiciones en las que se encontraba el lugar debían estar correctamente inspeccionadas por los distintos entes gubernamentales. Y así también lo entendió la Justicia, la misma que después decidió sin más revocar las absoluciones modificando la carátula. Por otro lado, dicho fallo dejó en claro que lo que causó la muerte de las 194 víctimas fue el humo tóxico que se generó por los materiales con los que estaba revestido el techo del local. Ese material permitió además la rápida propagación del fuego. A eso se sumó el funcionamiento de solo uno de los tres extractores de aire, la inexistencia de matafuegos y de salidas de emergencias, porque estaban cerradas con candados y trabas. Entonces, ni Fontanet ni los demás integrantes de Callejeros produjeron la muerte a su público y allegados.

Por nuestra parte, como generación y público, hemos hecho la autocrítica que correspondía. Reconocimos nuestras limitaciones y los desbordes de nuestras “fiestas” tomando consciencia, a tal punto que somos nosotros mismos los que pedimos parar los shows cuando alguien intenta volver a manchar nuestros recitales. Todavía estamos a la espera de que el periodismo y algún que otro artista que pregona la hipocresía señalando a sus colegas, se llame también a la reflexión y deje los linchamientos mediáticos funcionales a la picadora de carne que son los medios de comunicación. En tanto, celebramos que Patricio haya recuperado la libertad, que vuelva a trabajar y que se reencuentre con su familia. Hoy, nuestra generación, también es un poco más libre.

 

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