Cambio de metas: ¿avivada de Cambiemos o consecuencia de la movilización popular?

*Por Gonzalo Ávila y Pablo Díaz Almada

El jueves pasado, mientras cada cual desayunaba, aparecían en una rueda de prensa anunciando el reajuste de las metas de inflación el cuarteto conformado por Sturzenegger, Dujovne, Marcos Peña y Luis Caputo. Se anunciaba cambiar la meta de 10 % de inflación anual (más-menos 2%) a 15 % para el año que viene y posponer un año, para 2020, el logro de la meta final del 5 % anual. En un fin de año caliente, tanto en temperatura como en conflictividad social, el gobierno decide relajar uno de los objetivos centrales de su propuesta económica. Además, lo hace en horas posteriores a la aprobación de la ley de presupuesto 2018 que estimaba una inflación total anual del 10 %. ¿Viveza del gobierno o expresión de otros factores?

 “Recalculando, recalculando…”

 Los argumentos que se esgrimen para el reajuste de las metas de inflación tienen que ver con un momento actual diferente de una economía más estable, en relación a principios de 2016, que fue cuando se establecieron las metas, lo que da una mayor previsibilidad hacia el futuro.

Llama la atención que, dos días antes, en un comunicado de política monetaria del Banco Central (que puede consultarse en su página web) no sólo se reafirmaban las metas del 10 %, sino que además se expresaba que “la inflación núcleo mantiene su dinámica favorable en diciembre, más allá del efecto que tengan sobre la misma los aumentos de precios regulados”. Si el Banco Central viene expresando continuamente, por diferentes vías de comunicación, una autoevaluación favorable de su política, entonces ¿por qué cambiar las metas? Más aún cuando estos cambios afectan a dos elementos centrales, según quienes pregonan la política de metas de inflación: la credibilidad y la independencia. Por un lado, un cambio repentino en los objetivos hace parecer que las reglas previamente establecidas no son tan rígidas como para contener expectativas inflacionarias y darle alta credibilidad a la autoridad monetaria. En palabras del propio Sturzenegger dichas en una conferencia de prensa en mayo del 2017: “Cambiar una meta de inflación es no tener meta”. Por otro lado, que el anuncio sea efectuado por el Poder Ejecutivo va en desmedro de la tan pregonada independencia.

Cabe mencionar, además, que el Presupuesto 2018 aprobado el mismo miércoles estima una inflación del 10% junto con un dólar a $19,30 en promedio para el año (el cual ya para el viernes 29/12 tuvo un pico de $19,50 en varios bancos, para luego establecerse cerca de los $19).

 Ni ahí con “el esfuerzo es de todas”: ganadoras y perdedoras

 A merced de las últimas leyes aprobadas en el Congreso podemos destacar que, como expresa Mariano Féliz en su artículo La reforma que es ajuste y represión (publicado en ContrahegemoníaWeb):  “entre ambos cambios (reducción de impuesto a la ganancias de las empresas y caída de aportes patronales) los fondos destinados al ANSES se reducirán en un tercio aproximadamente, alimentando su desfinanciamiento. La contracara será una brutal transferencia de ingresos a las más grandes empresas, casi todas transnacionales”.

Además, y para dimensionar la estrategia de transferencia de ingresos, los cien mil millones que se ahorran con la reforma previsional en un año son tres veces lo comprometido con la Ley de Emergencia Social durante tres años (33 mil millones). A esto se suman, vía devaluación, las ganancias en los sectores exportadores y en los sectores manufactureros que son perjudicados con el atraso cambiario y la apertura importadora. Más la ganancia financiera que, debido a la falta de restricciones, puede alternar entre tasas y dólar; y las ganancias de los bancos que, al parecer, podrán mejorar más aún su rentabilidad prestándole al Estado.

Por último, se destaca el proceso inflacionario como estrategia del capital para fortalecer el proceso de acumulación a costa del esfuerzo del pueblo trabajador.

Como perdedores podemos mencionar, globalmente, a las personas que viven de su trabajo y quienes cobran jubilaciones. El panorama es peor aún si pensamos en los impactos desde una perspectiva de género, no sólo a través del tiempo de cuidado, sino también teniendo en cuenta, por definición, a quienes perciben la jubilación de amas de casa y la Asignación Universal por Hijo.

 El escenario social y político: derrotas del macrismo y ejercicio de calles

 Los últimos tiempos han sido tormentosos para el macrismo. Viene de varias derrotas, en lo que va del último trimestre. Negociaciones decepcionantes en la pantalla mundial con la cumbre ministerial de la OMC y con un tratado con la Unión Europea (que parecía cerrado) totalmente frustrado que nos vendían con moño y todo, ya que estamos en tiempo de fiestas.

Y si el panorama internacional no fue tan bueno, el nacional tampoco. Movilizaciones de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular, nucleados alrededor de la CTEP, CCC y Barrios de Pie; protestas en contra de la reforma previsional (marchas y cacerolazos) en las que las fuerzas represivas atacaron a periodistas, realizaron una cacería posterior a la desconcentración, se realizó un llamado al paro general por parte de la CGT en caso de que se aprobara, en primera instancia, y el día de la votación posteriormente.

A estos rechazos se le suman la crisis de balanza comercial del gobierno que llega a un déficit comercial acumulado a noviembre de 2017, de -7657 millones de dólares. Esto es producto del aumento de las importaciones, que pasaron de 4723 millones de dólares en noviembre del año pasado a 6151 millones en noviembre de 2017 (alrededor de un 30% más); y por la caída de las exportaciones, que pasaron de 4848 millones en noviembre del año pasado a 4610 en el mes pasado (casi un 5% menos).

Estas múltiples expresiones de rechazo hacia las políticas y el plan de gobierno tuvieron además una respuesta en común: fuertes operativos policiales. Vallas a 10 cuadras a la redonda del Congreso, represiones abiertas, y el informe de CORREPI donde se evidencia esta faceta en un número muy concreto: hay 725 muertos, en 721 días de gobierno. Más de un muerto por día.

Nos adentramos a un 2018 con recrudecimiento de la política represiva y un ajuste que se mantiene, sin adquirir la característica de “shock” por las grandes resistencias.

 Hipótesis del cambio de metas: tirar la piedra y no esconder la mano

 En primer lugar, destacamos el carácter propio del gobierno que beneficia siempre a los mismos sectores patronales y financieros. Mientras que perjudica  a quienes viven de su trabajo.

También el rasgo distintivo de “buen alumno” del FMI, organismo que en su artículo IV sobre la revisión de la economía argentina enuncia que “lo que se necesita es una recalibración del mix de políticas: una reducción más rápida del déficit fiscal, menores impuestos y una política monetaria menos restrictiva; no un endurecimiento general de las políticas”. Es claro que el gobierno nacional sigue estas recomendaciones.

 Hacia el año que viene, la necesidad de crecimiento para mostrar en un 2019 electoral se vuelve un eje central del gobierno. Sin olvidar, claro está, que la entrada de fondos por deuda externa tiene sus límites en la rentabilidad que espere el capital y en las “buenas reglas” institucionales que aseguren la misma.

Pero no todo es negro. Consideramos que el reajuste anunciado el jueves pasado es, en gran parte, producto del límite que se le impuso al avance del capital. No es avivada, entendemos que es más bien una expresión de la falta de capacidad para avanzar. Si no puedo avanzar por donde esperaba usando la bandera del cumplimiento de metas (que a esta altura ya se veía que eran una máscara), pues no me queda otra que sincerarme con lo que podrá ser inflación para los años siguientes. El ajuste del déficit, con las consecuencias que recaen sobre los sectores populares, no está siendo fácil de lograr. El déficit primario, tal y como lo muestra el gobierno, viene cayendo a lo largo de los años. Pero esto no se evidencia si se toma en cuenta el financiero. Éste, por medio de la suma de los intereses de deuda y el capital propiamente dicho, se presenta a un valor de entre 5 y 6% del PIB. Como decimos, el ajuste directo vía recortes en el gasto, está quitándole legitimidad al gobierno, producto de los masivos rechazos. La dificultad que tiene el gobierno para reducir el déficit financiero se debe al aumento masivo de la deuda necesaria para cubrirlo. Por lo tanto, el avance se da por la vía de la redirección del ajuste por medio de la reforma impositiva y previsional (reducciones abismales de los ingresos que dispone el Estado por aporte de la patronal) y por la propia inflación como estrategia del capital para apropiarse de mayor excedente producido por el pueblo trabajador. El reajuste de metas, entonces, es producto de las dificultades que tienen para avanzar en sus políticas (pero avance al fin) y de las resistencias que construimos. 

 La respuesta se da en las calles: por un 2018 en lucha

 Así las cosas: diciembre llegó caliente, y el 2018 casi que está para el mate. Estas nuevas metas se pueden volver una herramienta más para legitimar un aumento por encima de las paritarias a la hora de volver a negociar, pero esto se ve difícil después de que se divulgaran los valores que acordaron el Sindicato de Empleados Públicos de Córdoba (11% con cláusula gatillo por inflación); lo que le ofrecieron a los bancarios (9%, que fue rechazado); y que se anunciara el posible tratamiento de la reforma laboral en febrero próximo. Si antes nos decían que veníamos con inflación a la baja y que nos “tocaba” como trabajadoras afrontar el costo, pues ahora será mayor esta carga. Queda en la fuerza que logremos imponer en las calles, por medio de los sindicatos y los movimientos sociales, que esa careta que sacamos se traduzca en mejoras de las condiciones de vida de las clases populares.

 *Integrantes del Colectivo de Pensamiento Crítico en Economía (CoPenCE)

FUENTE: La luna con gatillo (https://www.lalunacongatillo.com)

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