CARTA ABIERTA DE LAS EDUCADORAS POPULARES FEMINISTAS A LOS CURAS VILLEROS Y A LOS MILITANTES DE ORGANIZACIONES POPULARES QUE SE OPONEN A LA DESPENALIZACIÓN Y LA LEGALIZACIÓN DEL ABORTO

El debate por el derecho de las mujeres a decidir sobre nuestros cuerpos ya está instalado en la sociedad.
No es un derecho que atañe sólo a las mujeres que pueden abortar porque tienen acceso a recursos económicos, afectivos, informativos. Es un derecho para todas las mujeres y personas con cuerpos gestantes.
Como educadoras populares feministas, algunas partícipes de movimientos y organizaciones territoriales, piqueteras, de barrios y villas, de migrantes, y otras que interactuamos comprometidamente con esos movimientos, sabemos que el aborto es una práctica habitual de las mujeres empobrecidas por las políticas neoliberales, capitalistas, héteropatriarcales, misóginas, racistas y coloniales. Sabemos que estas prácticas se realizan por lo general en la clandestinidad, porque están penalizadas legalmente y socialmente. En estos dos niveles, la prédica religiosa ha sido uno de los factores culturales que ha creado obstáculos y miedos para impedir que las mujeres podamos decidir sobre nuestros cuerpos. Es así que por el “temor a la condena” religiosa y social, las mujeres terminamos muriendo desangradas, cuando no tenemos recursos para realizar la interrupción voluntaria del embarazo en clínicas privadas o con asistencia médica si es necesario.
No vamos a detenernos en la gran cantidad de argumentos en favor de la legalización del aborto, que fueron dados y publicados en estas jornadas de debates dentro y fuera del Congreso. Sí queremos responder puntualmente a las expresiones de oposición que realizaron algunos curas villeros, y algunos dirigentes de movimientos sociales con quienes compartimos muchas jornadas de lucha, por la vida de lxs pibxs, contra la criminalización de la pobreza, contra el hambre, por el derecho al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación. Escribimos a compañeros de muchas luchas, a quienes respetamos por su entrega en diferentes causas, y a quienes exigimos que cuando se trata de derechos de las mujeres, no hablen en nuestro nombre. Les exigimos, compañeros, porque ustedes, que han hecho la opción por “los” pobres, no se deciden sin embargo a realizar la opción por “las” pobres, y lo que es más grave, toman nuestra palabra para negar nuestros derechos.
Hermanos, compañeros, basta de condenarnos a muertes seguras invocando la voluntad de Dios y afirmando que las mujeres pobres “no estamos a favor del aborto”. Sabemos que las interpretaciones religiosas y los textos bíblicos fueron realizados históricamente por varones, y ustedes también son varones que no alcanzan a escuchar nuestra palabra, porque creen que desmiente el dogma de las iglesias, sean católicas o evangélicas, u otras. Es cierto que muchas de las mujeres en nuestros barrios, territorios, comunidades, villas, están efectivamente en contra del aborto, producto de la fe en lo que ustedes han sembrado como “palabra de Dios”. Sabemos que desde el púlpito muchas veces se siembra miedo y se generan estigmas.
A quienes como curas, pastores, o como delegados papales en los movimientos sociales insisten en descalificar nuestras exigencias, les decimos que la revolución feminista, popular, crece desde abajo, desde las comunidades en las que nos cruzamos todos los días. Esperamos que nos escuchen. Son mujeres las muertas en abortos clandestinos. Si insisten en no escuchar este modo de gritar ni una menos, terminarán perdiendo fuerza sus oraciones y la fe de las mujeres en ellas.
Queremos caminar a la par. No iremos atrás, ni al costado, ni con la cabeza agachada, a luchar por nuestros derechos y nuestros deseos.
Educadoras populares feministas

Please follow and like us:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.