Celeste Mac Dougall, activista feminista: “Luchamos contra una institución que tiene dos mil años de dominio sobre nuestros cuerpos”

Celeste Mac Dougall, de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito: “Luchamos contra una institución que tiene dos mil años de dominio sobre nuestros cuerpos”

La respuesta política tras el rechazo a la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) no tardó en llegar. El Gobierno nacional, a cargo de Mauricio Macri, celebró el “debate” en el Congreso Nacional y dio el aval para incluir la figura de la despenalización del aborto en la reforma del Código Penal que se presentará este mes. Por otra parte, surgió la propuesta de realizar una consulta popular para que las mujeres y personas gestantes, finalmente, pudieran acceder a este derecho. A propósito de ello, NODAL entrevistó a la activista feminista Celeste Mac Dougall, integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, para conocer la postura de la articulación que lleva adelante la iniciativa desde 2005.

La Campaña es una construcción federal, compuesta por más de 500 organizaciones, con 13 años de trabajo en el territorio. Este año fue la séptima vez que presentó el proyecto de ley para la IVE en el Congreso, pero el Senado nacional la rechazó el pasado 9 de agosto por 38 votos contra 31 y dos abstenciones. Ante el resultado, la Campaña emitió una declaración donde resaltan tres puntos: el debate no ha concluido, puesto que “no hay ganadores” cuando las mujeres y personas gestantes siguen abortando en la clandestinidad. “Será responsabilidad del Poder Ejecutivo y de lxs 40 senadorxs” cada muerta y cada presa por abortar y, por último, el llamado a no votar en las elecciones de 2019 a candidatxs que se hayan abstenido o votado en contra de este derecho; así como a incluir la propuesta en plataformas electorales “por ser la demanda de mayor consenso dentro del movimiento de mujeres, lesbianas, travestis, trans y feminista”.

¿Cuál es su posición respecto de la nueva propuesta del Gobierno para que se despenalice el aborto a partir de la reforma en el Código Penal que ingresará al Congreso en los próximos días?

La despenalización era lo primero que quería este gobierno, lo había planteado a fines del 2017 junto con la reforma del Código Penal, y era la propuesta que tenían al principio de este debate. De hecho, el proyecto de aborto (del diputado oficialista Marcelo) Weschler (PRO-Cambiemos) era meramente una reforma de este Código. Ellos plantean ese escenario pensando que la apertura democrática del debate les servía. Para mí, lo que no evaluaron es que se iba a generar este tipo de movilización y de presión social tan grande. Así como tampoco nos lo imaginábamos nosotras. En mis sueños más optimistas tampoco me imaginaba que íbamos a conquistar la ley con este tipo de movilización. Sabía que iba a ser fuerte, pero nunca así. Nosotras no pudimos casi dormir, ellos no duermen, su laburo es ser políticos; nosotras somos activistas feministas que tenemos otros trabajos. Al día siguiente de una movilización de masas, ellos salieron con una respuesta política por parte del Estado. Una respuesta muy hábil, pero lo que hay que desarmar en términos comunicacionales es que en realidad no es una despenalización. Lo que está diciendo el Gobierno es que el juez tiene la potestad de decidir si penaliza o no a la mujer, eso no es despenalización, por lo tanto, con el sistema judicial que tenemos es lo mismo de siempre.

También hay otra propuesta que gira en torno a la posibilidad de hacer una consulta popular, dado que según explicó el diputado del PRO Daniel Lipovetzky, cuando no hay acuerdo entre ambas cámaras del Congreso es posible acceder a esta opción. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Esa propuesta la hacen desde Lipovetzky hasta agrupaciones de izquierda. Y, nosotras, como Campaña lo que planteamos es que los derechos no se plebiscitan. Por ejemplo: el matrimonio igualitario. Podríamos decir que en la sociedad que tenemos en la actualidad tanto los matrimonios gays como lesbianos no son la mayoría. Si la sociedad estuviera despatriarcalizada, tal vez, no sería la minoría, porque en realidad la heterosexualidad es una norma, es un mandato, no es una generalidad. Por tanto, si tenés que legislar por las mayorías, el matrimonio igualitario nunca hubiera existido. Entonces, no podés legislar respecto de mayorías, tenes que legislar respecto de las problemáticas que tenés como Estado. Y, a la vez, nosotras sí demostramos en la calle que somos mayoría: 40 senadores decidieron frente a una movilización de, no sólo de dos millones de personas en la Ciudad de Buenos Aires, sino de otras millones que se movilizaron en todas las provincias. Entonces, los derechos no se plebiscitan. Justamente, lo que tiene el sistema de derechos es que garantizas acceso para las minorías y para las necesidades que tienen los pueblos. A nadie se le ocurriría plebiscitar si los negros o las negras tienen derecho; o si las mujeres tienen derecho a votar o no; o si hay derecho al divorcio. Nostras ya demostramos que tenemos una mayoría, ya demostramos que es una necesidad y ya expusimos nuestros argumentos.

¿Cuál es tu lectura respecto a la repercusión que tuvo el movimiento en América Latina y el Caribe?

Para mi es una ventana de apertura de lucha, lo que nosotras hicimos acá –suena medio pedante decirlo- es como un faro respecto de la lucha para todos lados –dice casi sorprendida-. Y nosotras tenemos esa responsabilidad de seguir luchando para que sea ley acá y en todos lados. Lo decía (el senador por Proyecto Sur) Pino Solanas: la Argentina es pionera en un montón de luchas respecto de los derechos: de juzgar a los genocidas, que no lo hizo ni siquiera España; la ley de matrimonio igualitario, que fue tomada en distintos países; o la ley de identidad de género. Por eso, tenemos una responsabilidad como movimiento feminista y de mujeres para seguir luchando por ese derecho…porque nos está mirando el mundo.

Sin embargo, en el Senado se vio una presencia mucho más importante de la Iglesia y de los sectores conservadores, ¿no tienen miedo de la radicalización de esa postura que pareciera que también tiene el apoyo de muchos de los gobiernos de la región?

Creo que nosotras ganamos una batalla el 13J (N de R: 13 de junio, día en el que la Cámara de Diputados aprobó la media sanción del proyecto IVE) y la Iglesia, no el Senado, la Iglesia Católica Apostólica Romana se rearmó y dijo “esto no puede pasar”. Fue la presión de la Iglesia Católica la que frenó este proyecto. Se ve por ejemplo en una nota que salió en el diario La Nación donde la Iglesia dice “nosotros no presionamos a ningún senador”, por tanto, están diciendo que sí presionaron. Si no, no tenés que aclarar….Pero estamos movimiento feminista 1 – Bergoglio 1. Vamos a ver cómo se resuelve este mundial. Estamos luchando contra una institución que tiene dos mil años de dominio en la historia de la humanidad, dominio de los cuerpos, de los deseos, de la vida, de todas nosotras. Entonces tenés un enemigo fuerte enfrente, con muchos recursos y muchos años; que por supuesto tiene el apoyo de los gobiernos, pero nosotras tenemos el apoyo de todas. Y, fundamentalmente, hay algo que para mí es muy fuerte: tenemos el apoyo del placer y del deseo, de lo que una quiere ser, de lo que una quiere disfrutar…De fondo estamos luchando contra la Iglesia Católica Apostólica Romana, contra la regimentación de los cuerpos y contra la regimentación del placer. A nosotras lo que nos están regimentando es el placer.

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