X

Buscar en Contrahegemonía web

X

Mantengámonos en contacto

info@contrahegemoniaweb.com.ar

Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Cuando el “mercado” le dice a la “política” lo que tiene que hacer

26 Apr,2019

por | Martín Birman Kerszenblat

Les actores Durante los últimos meses venimos escuchando diariamente hablar del “humor de los mercados”. Se trata, como todo fetiche, de una abstracción con consecuencias por demás concretas y tangibles en nuestro día a día. En esta perspectiva aparece el “mercado” como una bestia salvaje a la que hay que contentar constantemente para evitar que se le salte la tuerca y nos destruya vía inflación, dólar y riesgo país. Ahora bien ¿qué es el mercado? No hace falta ser demasiado ateo para ver la mano del hombre detrás de este dios del (neo)liberalismo. Hablar del mercado es hablar de empresarios y empresas que concentran las mayores porciones de riquezas del mundo. Actores que en muchos casos concentran patrimonios más grandes que países enteros y que, aún cuando en muchos casos poseen holdings de los que forman parte empresas productoras, siempre están fuertemente asociados al capital financiero -especulativo. En esta perspectiva, contentar a los mercados es contentar a los especuladores. Agentes que ante la mínima posibilidad de ver reducidas sus ganancias, o de acrecentarlas más en otro lado, no dudan en moverse abruptamente, provocando enormes corridas, y destruyendo economías enteras a su paso. Es frente a este monstruo que pareciera presentarse, siempre incapaz, siempre atada de pies y manos la política. Otra abstracción concreta, que cada vez más se presenta como una especie de piloto automático del país. Aunque más tangible en ciertes actores -aquelles que elegimos cada ciertos periodos de tiempo-, la política se presenta como un camino zigzagueante -a veces más cercano y otras más lejano a bienestar popular- pero siempre obligado a conducir hacia garantizar intereses del mercado. Es que “la política”, en su acepción, cotidiana atañe a los sectores más restringidos de la representación institucional -casa rosadas, juzgados y congresos, pero también centrales sindicales y de empresarios, asociaciones profesionales, ONGs, organismos multilaterales,  etc. Estamos hablando de una verdadera burocracia que se apropia de los principales resortes de poder, cuya instrumentación aún con posturas verdaderamente encontradas, siempre responde y satisface los intereses del sistema capitalista que, con sus matices, son intereses de mercado.   Cuando la “política” hace lo que el “mercado” le dice Que la política garantice los intereses del sistema y por ende los del mercado, no significa necesariamente que haga todo lo que este le pide. Claro ejemplo de esto fue la renegociación de la deuda después del default durante el kirchnerismo -si bien se logró un quita importante, se aceptó pagar una gran cantidad de deuda ilegítima asegurando enormes ganancias a grandes intereses financieros. Algo similar podemos ver con ciertas políticas de redistributivas, que primero permitieron sostener el consenso ante un sistema completamente desacreditado y que luego fueron la contracara de un neoextractivismo que arrasó con nuestro ambiente y nuestros bienes comunes. Frente a esto, podemos observar en el Gobierno de Cambiemos, un proceso en que “la política” obedece fielmente al mercado. Quita de retenciones, liberación del tipo de cambio, disminución de jubilación y salarios, tarifazo, endeudamiento, pago a los buitres, quita de subsidios, desregulación del mercado financiero, han sido algunas de las principales medidas tomadas por Macri y aplaudidas, o al menos no enfrentadas con firmeza, por la oposición a fin de contentar a los mercados y permitir una lluvia de inversiones ante la terrible restricción externa -falta de dólares para garantizar el circuito productivo- que se venía viviendo. Y los dólares finalmente llegaron. Miles de millones se introdujeron en el país por medio de la deuda o a través del carri trade -capital especulativo que compra pesos para aprovechar las altas tasas que dan los bonos del Estado, que luego serán cambiadas nuevamente a dólares para su fuga. Lo que atrajo a estos sectores fueron las altas tasas pero sobre todo la desregulación. A Argentina se entra fácil, pero sobre todo, de la Argentina se sale fácil. Eso es lo que quieren los mercados. A  eso llaman reglas claras, a la libre movilidad de los activos según sus propios intereses, a la desprotección absoluta de las propias economías nacionales para garantizar las ganancias del gran capital. Como decíamos el gobierno macrista respondió a los designios del mercado y los dólares llegaron. Sin embargo, nada de lo que entró se destinó a la producción. Más aún la abrupta caída del P.B.I. ha sido la consecuencia del paraíso financiero que generó en Argentina. Ante la falta de certezas sobre la inflación, ante la contracción del mercado interno y la caída del consumo, pensar en invertir en la producción es un absurdo. Más aún cuando el mercado está gobernado por formadores de precios, verdaderos hijes menores del gran capital especulativo que si sube el dólar o si baja, si hay o se quitan subsidios, si sube o baja el riesgo país, siempre ven una excusa válida para aumentar el costo de las mercancías. En esta perspectiva entonces, podemos decir que cuando “la política” hace lo que el mercado le pide, convierte a países como el nuestro en un casino de ensueño. Donde el dinero introducido, sin producir nada tiene un 100% de posibilidades de asegurar ganancias multimillonarias y donde la calidad de vida, el bienestar y los derechos del pueblo son el poso acumulado a repartirse entre les apostadores. Cuando al “mercado” se le escapa lo que la política tiene que hacer. Algunas de las consecuencias de las políticas anteriores se observan en los índices más resonantes de los últimos días. Un riesgo país que supera los 1000 puntos, un dólar que avanza de a saltos, superando ya los $47 y una inflación que cada vez se acerca más al 50% anual, son los datos salientes de nuestra economía. Se trata de un verdadero círculo vicioso en tanto no haya intervención estatal. A medida que aumenta el dólar aumentan los precios. Eso hace que más gente trate de asegurar lo poco que tiene en dólares. Pero hay más. En tanto aumenta el riesgo país aumenta la tasa de interés a la que Argentina puede endeudarse. Esto restringe la cantidad de dólares que llegan al país, haciendo aumentar el valor de la moneda yanqui, lo que a su vez hace aumentar los precios. Finalmente, la devaluación constante y la escasez de dólares disminuye la capacidad de pago de la deuda, haciendo que el riesgo país suba -cada punto de riesgo país es un 0,01% de interés anual extra que debe pagar nuestro país, sobre la tasa de interés de los bonos estadounidenses por lo que si hoy Argentina tomara deuda debería pagar entre un 12 y un 13% de interés anual. Ante una incompleta desregulación de la economía por parte del Estado, estas consecuencias son únicamente  producidas por el mercado. Un mercado que reacciona de este modo ante la incompleta incapacidad de pago de la deuda por parte de nuestro país. Es en este punto donde al mercado se le escapa una propuesta política. Es allí donde el gran capital especulativo reconoce la incapacidad de seguir por los mismos caminos, donde el no pago de la deuda aparece en primera plana como un requisito para cortar de cuajo una situación que de cualquier manera parece insostenible. Con todo, esto no significa que esta vaya a ser la única medida a llevar adelante. La experiencia de Grecia muestra que es posible seguir adelante con políticas neoliberales, rematando progresivamente al país. Nuestra propia experiencia nos marca que podemos atenuar la sangría renegociando la deuda, sin curar de ese modo una herida que tarde o temprano volverá a abrirse en toda su magnitud -con todo el panorama actual no pareciera viabilizar este camino. De este modo, queda claro una vez más que la salida es política. Esto no significa que sea de “la política”. La salida no está en la burocracia que controla el Estado. No hay salida en un sector que, a lo sumo puede garantizar periodos de mayor consumo. La única posibilidad de acabar con estas crisis recurrentes es la del pueblo movilizado, la de un movimiento que se lleve puesto al macrismo y a sus negociados y que exija el no pago de una deuda fraudulenta que ya ha sido fugada del país. De nosotrxs depende. Si el mercado dice que así no hay salida, va siendo hora de sacarnos al mercado de encima.

Comentarios

Todavía no hay comentarios. ¡Iniciá el debate!

Todos los datos son obligatorios, tu dirección de correo no será publicada