Desafiante marcha al norte

Unos 1.500 migrantes de Honduras, Guatemala y El Salvador emprendieron una larga marcha por todo México para exigir dignidad, asilo y el fin de la corrupción política en sus países de origen.

Pueblo Sin Fronteras ha organizado estos viajes por casi una década ya, con el objetivo de garantizar el paso seguro de los inmigrantes. El grupo coordina ayuda humanitaria y busca oportunidades para destacar la difícil situación de los inmigrantes, subrayando el rol que Estados Unidos desempeña en la creación de las diversas crisis que obligan a las personas a huir de sus países de origen.

La caravana capturó la atención de Donald Trump, quien previsiblemente tuiteó sonando la alarma sobre las hordas de migrantes que “amenazan” la frontera estadounidense y para demandar al gobierno mexicano impedir que el grupo avance hacia el norte.

Apenas una hora después de desear a los estadounidenses una feliz Pascua de Resurrección, Trump tuiteó: “Los agentes fronterizos no pueden hacer su trabajo adecuadamente en la frontera debido a las ridículas leyes liberales (demócratas) como Agarrar y Soltar. Se pone más peligroso. Las ‘caravanas’ se nos vienen. Los republicanos deben usar la Opción Nuclear para aprobar leyes estrictas AHORA. ¡NO MÁS ACUERDO DE DACA!” Unos días más tardes, Trump anunció el despliegue de la Guardia Nacional en la frontera sur.

Trump pudo haber sido alertado de la existencia de la caravana por su noticiero favorito, Fox & Friends, que dedicó un segmento el 1° de abril a una “caravana de inmigrantes ilegales dirigiéndose a EE. UU.” Esto fue sólo el comienzo de lo que fue en una larga semana de recalcitrante xenofobia liderada por Fox y otros medios derechistas.

“¡Terminan en las escuelas de Long Island, y algunos de ellos son del MS-13!” ladró el anfitrión Brian Kilmead, refiriéndose a los menores no acompañados que huyen de la violencia pandillera en Centro América. En una entrevista con un ex agente de Inmigración y Aduanas, la caravana fue presentada como un “plan organizado y un ataque deliberado a la soberanía de los Estados Unidos por parte de un grupo interesado”.

Este tipo de comentarios sensacionalistas no es nada nuevo y han continuado sirviendo un propósito común para Trump y otros comentaristas antiinmigrantes: agitar a una alienada y furiosa base electoral con afirmaciones infundadas.

Así, la narrativa propagada por estos medios ignora el hecho de que la gran mayoría de las personas en la caravana planea reasentarse en México, y los que lleguen a EE. UU., menos de 100, solicitarán asilo legal entregándose a las autoridades, según un organizador.

Como recientemente Danny Katch escribió para Socialist Worker:

El objetivo de las personalidades de Fox, como el de los fascistas históricos que ellos cada vez resemblan más, es convertir la cobardía en una virtud: hacer que no parezca patético sino sensato que hombres blancos y ricos teman a niños migrantes pobres, y que el país más poderoso del mundo despliegue sus tropas contra refugiados que buscan un caso legal para el asilo.

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Predeciblemente en su tuit, Trump utilizó el miedo hacia la caravana para desacreditar a los demócratas, pero la historia de las políticas antiinmigrantes es bipartidista. Como Socialist Worker reportó:

Fue la administración Obama quien forzó a México a cambiar su política fronteriza en 2014, como parte de la despiadada respuesta de los demócratas al número sin precedentes de niños solos que buscaron asilo de la violencia pandillera que asola Honduras, después del golpe de Estado respaldado por la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton.

En consecuencia, México es cada vez más el destino de los migrantes centroamericanos. El año pasado, aproximadamente 14,600 solicitaron asilo en México, 66 por ciento más que en 2016 y 11 veces más que hace cinco años.

Según su página de Facebook, la caravana está siendo vigilada por agentes de Trump y ha recibido amenazas violentas y gráficas de docenas de grupos racistas radicados en Estados Unidos.

Pero los migrantes mimos ya huyen amenazas diarias en sus países de origen, por lo que una declaración, Pueblo Sin Fronteras afirmó que:

No seremos intimidados por los esfuerzos de Trump por aislarnos o atemorizarnos. Del mismo modo que no seremos intimidados por la violencia y el acoso contra los organizadores políticos por parte de los gobiernos, armados y financiados por Estados Unidos, en Honduras y México.

Así mientras el futuro de la caravana y de los millones de personas que buscan asilo en el mundo parece incierto, una cosa si está clara: La gente continuará marchando, resistiendo y luchando por ser libre.

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Por medio de este esfuerzo colectivo masivo, los migrantes exigen fronteras abiertas y el derecho al asilo; el fin a las deportaciones y a la separación de familias; y la continuación de programas como el Estatus de Protección Temporal, que han salvado la vida de miles de personas que huyen de la violencia en América Central.

Rodrigo Abeja, un organizador con sede en México, dijo que el número de personas en esta caravana, más de tres veces el número que participó el año pasado, ilustra las desesperadas circunstancias que tantos enfrentan en la región.

Los problemas logísticos asociados con tal masiva y larga marcha ralentizaron considerablemente la caravana, lo que llevó a Trump a jactarse de que la caravana había sido detenida por el gobierno mexicano accediendo a sus demandas.

Pero el 14 de abril, después de varios días de protestas y acciones en la Ciudad de México, alrededor de 600 reanudaron el viaje hacia el norte. Muchos más decidieron quedarse y solicitar asilo en México.

La caminata de 2,000 millas a los Estados Unidos comenzó el 25 de marzo en Tapachula, Chiapas, México, cerca de la frontera entre Guatemala y México.

Ya sea a pie, en autobús o sobre trenes, la caravana de refugiados “Migrantes en la lucha” unió a gente que buscaba mejorar sus posibilidades de llegar de forma segura a su destino. Según algunos estimados, unos 10,000 migrantes son asesinados o desaparecidos cada año mientras viajan a través de México.

Según los organizadores, cerca del 80 por ciento de los migrantes en la última caravana provienen de Honduras, un país en el que dos tercios de la población vive en la pobreza y que contiende por la tasa de asesinatos más alta del mundo.

Este flujo humano es probablemente originado por la reciente inestabilidad política del país, consecuencia de la política exterior estadounidense, incluido su apoyo al golpe de Estado en 2009 y el fortalecimiento del represivo régimen de Juan Orlando Hernández.

Como la periodista Dana Frank describe en un artículo de opinión del New York Times: “El golpe fue lo que abrió las puertas a un gran aumento en el narcotráfico y la violencia, y desencadenó una ola continua de represión patrocinada por el Estado”.

Desde el golpe, cientos de activistas sindicales y estudiantiles han sido asesinados, incluyendo la líder ambientalista y de los derechos indígenas Berta Cáceres.

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La primera parada de la caravana fue en el pueblo de Huixtla, Chiapas, donde muchos de los migrantes acamparon. “En la noche, no hace calor, sino que el frío te asalta”, dijo Carlos, un ex soldado de El Salvador, a Reuters.

Luego se dirigieron a la localidad de Mapastepec, donde una escuela local ofreció comida y techo. Con el paso de los años, el éxito de la caravana ha dependido de estos actos de solidaridad y generosidad encontrados en el camino. El 6 de abril, aproximadamente 800 de los migrantes llegaron a Puebla, donde planeaban asistir a talleres legales en preparación para solicitar asilo en México y Estados Unidos.

El viaje es especialmente difícil para los niños y para las madres que deben organizar el suministro de agua, alimentos y refugio para los miembros más vulnerables de la caravana.

“Lo hago todo por mi hija. Sé que llegaré”, dijo Blanca, en una entrevista con El Sol de Hidalgo. “No tengo miedo porque viajo con muchas personas. Si algo sucede, no dejarán que me pase nada”. Ella viaja con su hija de 2 años, su hermano y su madre para escapar la violencia consumiendo El Salvador.

La caravana está compuesta por niños, bebés, madres y padres, ancianos e incluso un contingente LGBTQ. Nikolle Contreras es una de las aproximadamente 25 personas LGBTQ que se han unido a la caravana. Este es su tercer intento de salir de Honduras, uno de los lugares más peligrosos para las personas transgénero.

Según los organizadores, la mayoría de la gente está dispuesta a soportar las dificultades y los riesgos de un viaje tan arduo para escapar de la persecución política, la violencia pandillera y otras amenazas extremas. “El viaje es difícil”, dijo el organizador Rodrigo Abeja. “Pero la gente dice que si se quedan dónde están, morirán. Entonces están aquí, porque están tratando de mantenerse con vida”.

Socialist Worker, 30-4-2018, http://socialistworker.org/

Traducido de Orlando Sepúlveda – Obrero Socialista

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