Dossier: A 100 años de la Reforma Universitaria. Una revuelta contra el pensamiento único

Se cumplen 100 años de la Reforma Universitaria de 1918, la primera gran victoria del movimiento estudiantil organizado contra el elitismo, el oscurantismo de la academia y la comunidad científica argentina que permitió alumbrar un camino de transformación en toda nuestra América. En tiempos en que en la Argentina se empieza a recrudecer la ofensiva neoliberal  contra la ciencia y la educación, en momentos en que valores de la reforma como la autonomía y el autogobierno se ven amenazados por proyectos de mercado como el de la UniCABA (Universidad CABA), sentimos la necesidad de volver a repensar nuestra historia, sus luchas y conquistas democráticas. Es por eso que desde Contrahegemonía los invitamos a todos y todas a compartir artículos exclusivos sobre aquella gesta, así como a recuperar otros textos que nos ayuden a pensar con ideas-fuerza el presente y porvenir de la educación en nuestro país y su rol en la transformación social. En este centenario queremos conmemorar las luchas y anhelos de transformación que empujaron a las calles a una generación de jóvenes y que se esparció por las venas abiertas de toda nuestra América.

Por aquel entonces el mundo estaba convulsionado. Argentina presenciaba un impase en la sucesión de gobiernos conservadores permitiendo la llegaba a la presidencia de Hipólito Yrigoyen de la Unión Cívica Radical, primer presidente argentino elegido por medio del voto secreto y obligatorio y patriarcalmente masculino establecido por la Ley Sáenz Peña de 1912.En el horizonte sonaban los últimos estruendos de la Primera Guerra Mundial; las noticias de la revolución mexicana (1910) y la revolución rusa (1917) y la creciente agitación anarquista en el movimiento obrero eran un sopapo a las conciencias adormecidas que deambulaban por los claustros adoctrinándose para garantizar la reproducción de un orden social injusto.

Ya desde comienzos del siglo XX los estudiantes habían comenzado a construir sus propias organizaciones sindicales constituyendo los primeros centros de estudiantes de la Universidad de Buenos Aires (UBA) como Medicina (1900), Ingeniería (1903) y  Derecho (1905). La Federación Universitaria Argentina (FUA) recién se crearía en el mismo año de la Reforma Universitaria, en abril de 1918, nucleando a las distintas federaciones y organizaciones estudiantiles de base de las diferentes universidades.

En ese momento sólo existían tres universidades nacionales en nuestro país que concentraban un total de alrededor de 8000 alumnos; eran la de Buenos Aires (UBA) creada en 1821, la de La Plata (UNLP) fundada en 1905, y la más antigua, la de Córdoba (UNC) fundada en 1613 por jesuitas en tiempos de la colonia española. Aquella vieja casa de estudios de elite que aún contaba con una fuerte influencia clerical sería testigo de las jornadas donde los jóvenes tomarían el cielo por asalto.

Para el día 15 de junio estalló la rebelión estudiantil. En Córdoba los estudiantes se enfrentan al rector y al decano cuestionando su legitimidad, el anacronismo de los reglamentos y reclaman la modernización de los planes de estudio. Hasta ese momento, la titularidad de las cátedras se heredaban, los docentes se elegían a dedo y gran parte de la currícula estaba impregnada de tufillo religioso. Como respuesta se organizó el Comité Pro Reforma, los estudiantes tomaron la facultad y se lanzó una huelga en apoyo a los proyectos de reforma pero el Rector rompió toda posibilidad de dialogo con el estudiantado y ordenó a la policía reprimir. Ante la profundización de la conflictividad, y luego de recibir a los dirigentes estudiantiles, el presidente Yrigoyen decretó la intervención de la Universidad y designó al Dr. Nicolás Matienzo frente a la casa de estudios. Tras la asunción redactó e hizo aprobar un nuevo  estatuto que reemplazaría al de 1893, e incluiría a los docentes al gobierno universitario hasta ese momentoen manos de cuerpos vitalicios como vía a un camino hacia la democratización de la vida universitaria. Sin embargo, esta medida resultó insuficiente para un estudiantado que estaba reclamando reformas mucho más profundas, se estaba intentando modernizar totalmente las universidades e imprimir una nueva política de sentido.

El 21 de junio se lanzó el famoso “Manifiesto Liminar” redactado por Deodoro Roca y que expresaba las demandas y el programa de los reformistas.  Los hombres del sur se lanzaban contra el dogma  medieval de la oligarquía y reclamaban;

“Nuestro régimen universitario aún el más reciente es anacrónico. Está fundado sobre una especie de derecho divino; el derecho divino deI profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra éste régimen y entiende que en ello le va Ia vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, Ia soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes”.

Un mes más tarde se realizó el Primer Congreso Nacional de Estudiantes de la Federación Universitaria de Córdoba (FUA) donde se debatió y se votó un programa para la reforma entre las que se destacaban; la participación estudiantil y de los graduados en el gobierno universitario; libertad académica (opción de cátedras y designación por concurso); extensión universitaria y ayuda social a los estudiantes, entre otras propuestas.

Un nuevo horizonte moderno y libre asomaba en los anhelos de transformación de las proclamas estudiantiles, el médico, pensador y referente de los reformistas Alejandro Korn presagió en su libro la “Reforma Universitaria” que;

“En la agitación momentánea tan solo vemos el punto de partida de un gran movimiento espiritual encaminado a transmutar la orientación ideológica de las nuevas generaciones. Hemos anunciado el advenimiento de una nueva cultura ética y estética, genuinamente argentina, ennoblecida por el anhelo de la justicia social y destinada a superar, sin desmedro para la ciencia, la época intelectualista y utilitaria. Complace ver a la juventud, aunque sea por distintos rumbos, buscar la luz de nuevos ideales”,

Tras el impulso de una multitudinaria movilización la Federación Universitaria de Córdoba ocupó la universidad y la puso bajo gestión de los estudiantes. Para lo que Yrigoyen ordenó al ejército intervenir la universidad y detener a los agitadores. El gobierno radical abrió así una faceta siniestra de la historia y un año después envió al mismo ejército a reprimir la lucha de los trabajadores metalúrgicos de los talleres Vasena en el barrio porteño de Pompeya en la recordada “Semana Trágica” y entre 1920-21 a los peones rurales de la “Patagonia Rebelde”.

Finalmente los estudiantes lograron incorporarse a la conducción de la universidad generando un gobierno tripartito, se empieza a regularizar el ingreso a las cátedras y se instalan con fuerza las ideas de autonomía y democracia; docencia, investigación científica y extensión universitaria que serían la base de la universidad pública, libre y gratuita. El grito de Córdoba fue el punto de partida para el surgimiento del movimiento estudiantil como sujeto activo en los procesos de cambio social. Iniciando una línea histórica que une los ideales de progreso de 1918 a otros hitos como la firma deldecreto 29.337de “Supresión de Aranceles Universitarios”del 22 de noviembre de 1949 durante el primer peronismo que puso fin al arancelamiento y permitió que los hijos de los obreros llegaran a la universidad aumentando la matrícula universitaria que pasó de 40.284 alumnos en 1945 a 138.871 en 1955, hasta alcanzar en el período ´60-´70 su punto más alto de conciencia y organización en la consigna “unidad obrero estudiantil” y las luchas contra la dictaduras militares y por la transformación socialista de la sociedad.

El grito de reforma atravesó las sierras cordobesas y se diseminó por toda América. Así como anunciaba el Manifiesto “La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su federación, saluda a los compañeros de América toda y les incita a colaborar en Ia obra de libertad que inicia”. Fue entonces en Cuba donde la reforma se pensó en clave socialista y su intérpreteno fue otro que Julio Antonio Mella quien supo imprimirle un perfil anti imperialista y revolucionario:

“Las universidades, como otras tantas instituciones del régimen presente, están hechas para sostener y ayudar el dominio de la clase que está en el poder. Creer que los intelectuales, o las instituciones de enseñanza no tienen vinculación con la división sociológica en clases de toda sociedad es una ingenuidad de los miopes políticos. Nunca una clase ha sostenido una institución, ni mucho menos instituciones de educación, si no es para su beneficio”.

La insurgencia en La Habana de la Federación de Estudiantes Universitarios (FUC) sintetizó que “si la reforma va a acometerse con seriedad y con espíritu revolucionario no puede ser acometida más que con un espíritu socialista, el único espíritu revolucionario del momento”.

La Reforma Universitaria fue una revuelta laica contra las elites y el pensamiento único. Aunque no fue una revuelta contra el orden capitalista, sino por mayores niveles de participación de los actores de la comunidad educativa, contra el oscurantismo y el predominio de la iglesia y el poder político de turno que se alzaba como amo y señor de los asuntos estudiantiles. Fue un grito laico contra la intromisión de la iglesia en los centros de estudios, por ciencia, progreso y modernidad.

Será de las nuevas generaciones la tarea de demoler la cultura patriarcal y colonizadora que todavía persiste en nuestras mentes y lograr que de una vez por todasla universidad se pinte de pueblo.

 

 

 

 

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