EEUU tiene un solo partido que se presenta una vez como Republicano y otra como Demócrata: entrevista con Aldo Casas

 

Es una democracia que funciona con la participación de una clara minoría de la población. Se vacía el debate de ideas y no hay posibilidades de competir si no se cuenta con medios económicos descomunales. Dicho esto, que vale tanto para ésta como para muchas otras elecciones anteriores, hay que reconocer que en esta elección aparecen una serie de elementos nuevos que ameritan una reflexión.

 

Mario Hernández: Con Aldo Casas de la Revista Herramienta que ha cumplido 20 años. Revista de crítica marxista. El festejo se realizó hace aproximadamente un mes en el espacio Paco Urondo y el cierre lo hizo Ricardo Antunes. El motivo de esta entrevista tiene que ver con las elecciones en Estados Unidos. Un tema complejo, vos escribiste un artículo que titulaste «Elegir entre el fuego y la sartén». Ya hay algunos posicionamientos que hacen ruido, sin ir más lejos, hace una semana atrás entrevisté a Guillermo Almeyra quien plantea que hay que votar a Hillary, que no hay que repetir el error cometido en Argentina cuando frente a la elección entre Macri y Scioli tomamos una posición abstencionista, en vista a la situación que se vive en nuestro país actualmente Guillermo afirma que con la mano en la nariz si pudiera volver atrás votaría por Scioli. Evidentemente durante los próximos meses, antes de la votación en EEUU, este tema generará polémica en las filas de la izquierda y me gustaría conocer tu visión sobre un tema que has estudiado en profundidad.

 

Aldo Casas: Creo que el proceso merece observaciones de distintos niveles. La primera, que no quiero dejar de hacer, porque es la que más sistemáticamente todos los medios de comunicación ignoran, es que el proceso electoral estadounidense es presentado como el evento máximo de la democracia mundial, «la gran democracia del norte que renueva su presidente cumpliendo religiosamente con los calendarios».
Detrás de esa presentación, detrás de la campaña que culminó hace muy poquitas semanas por parte de los dos partidos, que duró 14 meses y representó una inversión millonaria en propaganda, en medios de comunicación, transporte, un descomunal mecanismo de propaganda en el cual lo único que no existe son ideas o propuestas políticas para la gente, para que pueda decidir democráticamente a dónde va su país.
Es un gran debate en el que no se debate nada, porque básicamente tanto el Partido Demócrata como el Republicano, son dos inmensas máquinas electorales, con diferencias menores que básicamente tienen que ver con referencias históricas distintas y localizaciones geográficas de sus bases electorales relativamente diferentes, que se disputan el manejo del aparato estatal en sus distintos niveles. Pero son disputas que no tocan nunca las líneas maestras de las grandes orientaciones, ya sea de la política interna como la exterior. Con eso justifico que muchas veces en serio y otras en broma, han dicho que EEUU tiene una democracia en la cual hay un solo partido que se presenta una vez con el nombre de Republicano y otras con el de Demócrata.
Por último, pero no en importancia, es un mecanismo que cada vez tiene más dificultades para entusiasmar realmente al pueblo norteamericano. Lo que casi nunca se dice es que en el momento de la votación no concurre más del 40% de la población. Cuando concurren vota sólo el 40% de los que están en condiciones de votar, porque hay que tener en cuenta que es un porcentaje mucho menor de la población total de EEUU, porque hay muchos millones de personas que no están en condiciones por no ser documentados o no estar en condiciones sus papeles.
Es una democracia que funciona con la participación de una clara minoría de la población. Se vacía el debate de ideas y no hay posibilidades de competir si no se cuenta con medios económicos descomunales. Dicho esto, que vale tanto para ésta como para muchas otras elecciones anteriores, hay que reconocer que en esta elección aparecen una serie de elementos nuevos que ameritan una reflexión.
Lo nuevo es que por primera vez, este tan aceitado mecanismo de dos partidos que compiten paralelamente, donde van seleccionando sus candidatos hasta que culmina en las dos convenciones que se hacen siempre casi al mismo tiempo, donde normalmente no hay sorpresas; así comenzaron las dos campañas, pero en los dos casos hubo sorpresas que nadie esperaba.
La primera fue en el campo republicano, que sería el más conservador de la política estadounidense, se presentaron 4 o 5 candidatos de los cuales el que parecía la figura más folklórica era Trump, que resultó ser el candidato electo.
Trump es distinto porque es un hombre que no viene de la política, es un empresario que terminó dedicándose a la televisión, dirigiendo un reality que es lo que le dio la popularidad, es un magnate, pero no es parte de la casta política. Y eligió como eje de campaña exacerbar hasta el extremo las propuestas más derechistas del Partido Republicano, esencialmente colocando el eje en decir que EEUU sufre una crisis muy profunda, que tiene como responsables principales a la incapacidad de los distintos gobiernos de contener el flujo inmigratorio que introduce el crimen, la drogadicción y las violaciones. Es decir, expulsar inmediatamente a 11 millones de indocumentados, levantar un muro con México, hacer que el gobierno mexicano pague ese muro que recorra toda la frontera. Dice que la lucha contra el terrorismo es la lucha contra el terrorismo islámico, y no contra el terrorismo en general.
Entonces, contra los inmigrantes, contra el islamismo y además el otro elemento significativo es que plantea que tienen que volver a una política proteccionista. Su consigna es «EEUU primero», o «Volver a ser grandes». Eso implica la decisión de confrontar con China, con Alemania, con Japón, recuperar la fuerza industrial de EEUU y no desgastarse en conflictos, entonces acusa a los demócratas, y a Hillary Clinton en particular, que fue canciller del gobierno de Obama, de haber metido a EEUU en una serie de conflictos que en realidad no le importaban. De ser parte de una elite que está divorciada de los verdaderos valores del país, de ser parte de esos políticos que viven en Washington y desconocen la América profunda. Ese es el eje de campaña, con lo que consiguió eliminar sistemáticamente a cada uno de los otros candidatos, también de derecha, xenófobos, también reaccionarios, pero menos que él; los eliminó de tal manera que llegó al final solo, y la Convención de los republicanos solamente se limitó a constatar ese hecho. Y no es el candidato que prefiere el gran capital de EEUU, porque no le tiene confianza, porque lo consideran impredecible, entonces se desata una campaña feroz en su contra. Basta leer el New York Times que sostiene la campaña de Hillary Clinton explícitamente, donde lo acusan de loco, de xenófobo, de irresponsable, que los puede llevar a la guerra y en las últimas acusaciones lo ponen como si fuera casi un agente de Putin, porque paradójicamente Trump dice que el enemigo no es Rusia, que es China, que con Rusia tienen que llegar a un acuerdo.
Esta campaña logró un respaldo notable e hizo entrar en crisis al aparato republicano que se vio obligado, contra su voluntad, a designarlo candidato y que hoy mismo no sabe bien cómo manejar el problema, porque todos los días aparece una figura máxima de la conducción del Partido Republicano diciendo que no lo puede acompañar. Trump eligió polemizar con la familia de un Capitán del Ejército norteamericano de origen islámico. El Capitán murió en la guerra en Irak y los demócratas llevaron a la Convención a sus padres y hablaron; y Trump salió a cruzarlos violentamente diciéndoles que no son norteamericanos. Eso provocó una gran conmoción y salieron figuras muy importantes republicanas a decir que en eso no lo podían seguir. Y se baraja la posibilidad de que presenten de alguna u otra forma un tercer candidato.
Hay una campaña sistemática del New York Times que viene insistiendo con que hay posibilidades de que lo obliguen a retirarse de la candidatura, que se ha quedado sin dinero, etc. Ellos responden, porque efectivamente se estaban quedando sin plata, entonces Trump hizo un llamado a pequeños aportantes y consiguió una verdadera ola que le permitió equilibrar los fondos con los que tienen los demócratas.

 

M.H.: Alguna vez en una entrevista con G. Almeyra barajé la posibilidad de un crimen político, que en EEUU han sucedido varios, respecto de esta figura. Pero también Hillary tuvo dificultades para llegar.

 

A.C.: Esa es la otra cara del asunto. Es evidente que Trump consiguió un eje que logró despertar los más bajos instintos de una parte de la población estadounidense, asustada por la magnitud de la crisis, el trasfondo de esto es que en los últimos 10 años en Norteamérica se cerraron 50.000 empresas y se perdieron 5 millones de empleos. Gran parte de los que respaldan a Trump son esos obreros blancos que perdieron su trabajo y a los cuales ni las conducciones sindicales, ni los políticos del Partido Demócrata, a los que solían votar, dieron respuesta; entonces masivamente ese sector de la clase obrera blanca se ha volcado contra toda la tradición política anterior, a respaldar a Trump. Y su base más sólida está allí. Eso hizo entrar en crisis al partido Republicano.
Por otro lado, en el Partido Demócrata sucedió algo simétricamente opuesto. Hillary aparece como una candidata de la derecha del Partido Demócrata. En las elecciones anteriores había sido vencida por Obama, con una plataforma más liberal, como se dice en EEUU para referirse a los que están un poquito más hacia la izquierda, los «liberals». Pero en este caso la maquinaria del Partido Demócrata la postula nuevamente y Obama acompaña esa postulación. Con un discurso de derecha porque estaba hecho para competir por la derecha con los republicanos, eso provocó una tensión en el partido, porque Hillary, además de ya haber sido derrotada por el sector progresista tenía, después de su paso por el gobierno, el hándicap negativo de que fue una Canciller guerrerista al extremo, comprometida con lo que se llama el complejo industrial militar de los EEUU Entonces, es una candidata muy de derecha.
Apareció un senador muy de segunda línea, que es Bernie Sanders y le presenta una batalla que llegó hasta el final. También se creía que Sanders iba a ser eliminado en las primeras semanas de campaña y consiguió 13 millones de votantes, se mantuvo hasta el final, incluso comenzada la Convención hubo todo un tironeo hasta lograr arrancarle un respaldo explícito y finalmente, como era de esperarse, terminó haciéndolo para parar a Trump.

 

Votar a Hillary es un mal menor que favorece al mal mayor: el imperialismo norteamericano

 

M.H.: Hay que ver si la base de Sanders la vota.

 

A.C.: Cuando Sanders la apoyó en la Convención, fue silbado. Habrá que ver, tomando la observación de Almeyra con la cual no coincido, pero merece todo mi respeto y conoce mucho de política norteamericana, si efectivamente el mecanismo este de votar a Hillary contra Trump va a funcionar.
Yo recordaría que este mecanismo, que algunos llaman el del mal menor, es el que sistemáticamente ha funcionado en la política estadounidense. Con lo cual respondería al argumento del mal menor, que es un mal menor que favorece al mal mayor, que para nosotros es el imperialismo estadounidense y los dos candidatos son firmes defensores de una política exterior imperialista y agresiva. En eso no hay ninguna posibilidad de cambio.

 

M.H.: Evidentemente esta candidatura de Bernie Sanders ha canalizado un sector de gente muy joven, que ha hecho un esfuerzo inclusive económico porque no ha tenido grandes patrocinantes. Vos mismo comentás que fue silbado dentro y fuera de la Convención. ¿Qué pasará con esta gente?

 

A.C.: Eso es lo más interesante para tener esta situación bajo análisis. Por primera vez la crisis en EEUU es tan profunda que ha logrado conmover a los dos grandes aparatos políticos del país. La crisis es muy grave, el descontento es muy profundo; lo que se canaliza con un rechazo a la derecha y aparece una corriente que intenta buscar la respuesta por izquierda. Que confirma que esas movilizaciones de hace unos años atrás, el famoso Occupy Wall Street que popularizó una consigna que es evidente que caló en la conciencia de la gente: «Somos el 99% jodidos por el 1%».
Los que están contra el 1% una parte lo canaliza en un sentido profundamente reaccionario Trump, la otra parte está buscando una alternativa de izquierda, porque los 13 millones de votos a Sanders son para un candidato que eligió presentarse como socialista en EEUU.

 

M.H.: Tendríamos que remontarnos a los años ´20, casi cien años atrás para encontrar algo similar.

 

A.C.: Exactamente. Desde ya que puede ser un socialismo lavado, una socialdemocracia, pero las cosas hay que contextualizarlas, representaba un desafío y así lo decía Sanders: «volver a un Estado de bienestar», al New Deal de Roosevelt pero con una crítica muy dura al establishment político, a la complicidad de las altas esferas de los dos grandes partidos.
Eso es lo que yo opino que atrajo la atención de una franja que se mete en la lucha política, pero no para votar a Hillary Clinton. Es probable que una buena parte la vote, otra parte se abstendrá, queda planteado para el futuro qué es lo que pasa con eso, porque la crisis va a seguir. Durante las últimas semanas los especialistas detectaron que se viene una muy fuerte recesión y que va a golpear muy fuerte en los EEUU, donde ya los índices de recuperación señalan que el crecimiento que ya era raquítico sigue retrocediendo.
Puede haber sorpresas. En plena Convención del Partido Demócrata, cuando Sanders va a anunciar y reclamar que el partido se una detrás de Hillary Clinton hubo un escándalo que hizo renunciar a la Presidenta del Partido Demócrata porque se filtraron nada menos que 20.000 emails en los que quedaba en evidencia, primero, que había habido una campaña sucia total por parte del aparato del partido para liquidarlo a Sanders antes de que llegara y, segundo, pero todavía más importante, Hillary Clinton le ofrecía por anticipado a los Ceos y los grandes aportantes de su campaña puestos en el gobierno, los que ellos quisieran. Lo que confirmaba esta íntima y casi pornográfica asociación entre el mundo de la política y el mundo de los negocios.
Y en el caso de Trump cada semana hay algún escándalo en el que, por ejemplo, alguno salta de vereda. Lo que aseguró el triunfo de Bush varias elecciones atrás fue el Estado de Florida, con un poco de trampa, con 500/600.000 votos ganaron las elecciones nacionales, aunque tenía menos votos que los demócratas. El Alcalde de Miami es un norteamericano de origen cubano que tradicionalmente ha pertenecido al Partido Republicano y posiblemente se presente nuevamente y dijo que no puede votar por Trump por la campaña que ha hecho contra los latinos, que todos los días le llegan emails diciendo «cubano volvete a tu país».

 

x Mario Hernández

 

Fuente: http://www.lahaine.org/eeuu-tiene-un-solo-partido

 

Please follow and like us:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.