El 8A el Senado votó más abandono, crueldad y desprecio para con quienes abortan

En las calles votamos aborto legal, seguro y gratuito

Esta declaración surge como una necesidad a pocas horas del evento político más inmenso que hayamos vivido hasta ahora en Argentina en relación a la lucha por el derecho al aborto; a pocas horas de esa fiesta colectiva diversa, verde, violeta, multicolor que se vino amasando con tanta creatividad durante semanas y semanas; a pocas horas de la posibilidad de lograr el aborto legal que ya contaba con la media sanción en la Cámara de Diputadxs conquistada el 13 y 14J.  

Está atravesada por la inmediatez de las horas, por la urgencia de poner palabras a estas emociones y sensaciones encontradas con las que andamos este 9A. Queremos hacerles lugar a esos afectos que hoy se nos pegan en la piel, que atraviesan nuestras cuerpas en un ir y venir. Es que van en una especie de movimiento pendular desde el enojo, pasando por la angustia, el dolor y la indignación, a las lágrimas emocionadas por sabernos seguras de la potencia de este feminismo que viene provocando revoluciones capilares y cotidianas para nuestras vidas.  La potencia de saber que nunca más estaremos solas lo vivenciamos en la contrapartida amorosa que nos llegara durante y después del 8A desde todo el mundo y también desde esas mujeres a las que estos años acompañamos en sus abortos.

El 8A el Senado de la nación con su votación alcanzada en la madrugada del 9A:

Decidió más abandono, crueldad y desprecio para con quienes abortan en Argentina. Emitieron un voto que mantendrá intactos los femicidios de estado selectivos; un voto de muerte para las mujeres y otras personas con capacidad de gestar más empobrecidas, marginalizadas y vulnerabilizadas del país. Decidió seguir condenándolas por atreverse a desear abortar.  

Mostró su rostro más reaccionario, rancio, conservador, eclesiástico y misógino; las intervenciones con las que sostuvieron los votos en favor de la clandestinidad de la práctica, y su consecuente negociado, dieron cuenta de un espacio legislativo incapaz de hacerse eco de los problemas vitales de quienes abortan, están ahí propiciando sus mezquindades personales por encima del bien común. No faltó el que se atrevió a mostrar sus pactos con la cultura masculinista de la violación. Así como las que se dejaron presionar por operatorias de los sectores anti-derechos ligados a las iglesias, que a cuatro días de la sesión decidieron cambiar su voto favorable a la legalización para pasarse a las filas del voto clandestinizante.  

Quienes votaron a favor tampoco fueron capaces de conformar un bloque a la altura de las circunstancias que el momento histórico les exigía luego del 13 y 14J. No hubo un hacer capaz de generar alianzas que privilegiaran los intereses colectivos generando estrategias de transversalización más comprometidas con la media sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, como ocurrió en la Cámara de Diputadxs. 

Sufrimos un revés. Triunfó la política contra nuestras libertades a manos de formas mercenarias de hacer política. Enfrentamos un poder financiero, religioso, blanco, violento y pedófilo que lleva siglos de existencia. Y lo hicimos y hacemos en tiempos de ajuste, despidos, endeudamiento y criminalización de la protesta social de la mano del gobierno de Mauricio Macri. No dejamos de ser parte de la resistencia activa contra este modelo extractivista empresarial.

Al aborto legal, seguro y gratuito lo votamos nuevamente en las calles. Fuimos dos millones bajo la lluvia persistente que no dio tregua y que se nos coló por doquier casi de manera injusta. Le hicimos el aguante con agites de todo tipo, con intervenciones, en carpas y escenarios. Nos miramos y nos sostuvimos acuerpadas con esa obstinación esperanzada que nos mantuvo hasta el último minuto en las calles, aunque los resultados ya se habían anticipado en la larga jornada. Nos refugiamos en abrazos amigos y celebramos acompasadas cada una de las acciones multitudinarias desplegadas en todo el país y en otras latitudes.

El feminismo intergeneracional y plural lo hizo posible. Crecimos y creceremos. Ya nada es ni será igual. Acá no hay vuelta atrás. Tenemos un programa de acción apasionado y visionario: a la clandestinidad no volvemos más; es la respuesta irreverente y arriesgada a este Senado del terror. Esta marea verde y violeta vino para quedarse. Y no para quedarse quieta justamente. Los abortos existieron antes del 8A, el mismo 8A y existirán después del 8A. No hay festejo del celeste nazional que apague esa decisión. 

En voz cada vez más alta seguiremos insistiendo con realzar la experiencia senti-pensante que implica acompañar decisiones y elecciones de vida. Y sobre todo seguiremos aportando las experiencias singulares de quienes abortan. Porque sabemos que ellas también empujan a la producción de esa sensibilidad despenalizadora y legalizadora que estos meses copó la vida política y cotidiana del país.

A seguir portando orgullosas los pañuelos verdes. Esos de las afectividades. Esos de las complicidades. Esos que insisten en armar alianzas para #QueSeaLey.

La vida elegida, el activismo elegido, ése que nos salva las existencias es el que nos mueve. La marea avanza. A veces sufre reveses y se repliega para mirar, pensar e inspirarse en los surcos que dibuja su hacer intempestivo sobre las orillas movedizas. De algo estamos seguras, la marea es marea transfronteriza. Se extiende por toda América Latina y el Caribe. 

¡Esto no terminó! #SeráLey.

Socorristas en Red (feministas que abortamos), en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito

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