El arbolito de navidad en Ford Motor Argentina (diciembre de 1976)

El árbol de navidad tiene, sin duda, fuertes connotaciones de paz, felicidad y una cierta expresión de deseos familiares que apuntan a esos valores que se entremezclan de alguna manera con valores de cierta religiosidad occidental. Sin embargo, esas connotaciones varían según el mensaje que se quiera transmitir. Quienes hemos trabajado en fábrica, pero también en otras actividades, observamos esta diferenciación. Las significaciones de esos artefactos son diferentes para la empresa y para los trabajadores y, mientras unos impulsan una cierta “paz social” en que todos trabajen armoniosamente, los otros expresan el deseo de una mayor redistribución de los recursos y mejores condiciones de trabajo, todo entremezclado con un cierto halo religioso.

En la investigación que realicé para mi tesis de licenciatura sobre el caso Ford Motor Argentina[1], se destacan algunos relatos vívidos de la experiencia de resistencia de los trabajadores de la fábrica durante los ocho años que duró la dictadura, con un ejército de ocupación en la planta. Y si bien los referentes más visibles de las organizaciones que actuaban en Ford, sobre todo durante las jornadas del “Rodrigazo”, habían sido despedidos luego de aquellos sucesos, hacia fines de 1976, todavía quedaba el remanente de resistencia que llevó a la patronal de Ford a actuar en colusión con los militares para intentar un disciplinamiento definitivo sobre sus trabajadores. Así, se instaló en la propia planta un centro de detención que en estos días es denunciado por los delegados  sobrevivientes que habían sido secuestrados la mitad en sus domicilios y la mitad en la empresa, delante de sus propios compañeros, entre marzo y abril de 1976.[2]

He aquí el taller y el cuartel. El cuartel y el taller. Los sindicatos intervenidos. Los partidos políticos prohibidos o “congelados”. Probablemente la combinación perfecta. Las relaciones de poder desplegadas en su máximo esplendor, casi en estado de pureza. El capataz y el gendarme. El gendarme y el capataz. El cuartel dentro de la fábrica, y la fábrica como prisión. Aquí el capataz, impartiendo las órdenes. Y allí el gendarme, haciéndolas cumplir.

Y en los intersticios de esas relaciones, se gestaban sigilosos movimientos entre los trabajadores. Aquí tenemos un breve contexto del tema en cuestión.

De acuerdo a los datos aportados por los entrevistados, es posible reconstruir parte de la trama oculta del conflicto durante los primeros meses después del golpe. Así se pasó, casi abruptamente, de los deliciosos años 1960 y principios de los de 1970, al tiempo del “Pan y Sopa”[3], que al principio no tuvo mayor éxito, pero sirvió para un comienzo de la resistencia. Pequeñas acciones que Miguel Ángel Delfini[4] todavía reivindica con grandilocuencia:

“…, y ahí empezamos, desde abajo, bien tapados a armar la resistencia, porque el sindicato no lo contábamos dentro de la fábrica. Estamos hablando del ‘76/’77. Se empezó a armar la resistencia adentro, y por ejemplo, hacíamos boicot al comedor…Después se extendió. Se hicieron uno o dos, y ya estábamos. Éramos un grupo organizado adentro. Éramos 20…Y entonces, armamos todo, y fuimos “calentando la pava”, y el sindicato se empezó a arrimar, porque estaba afuera. Nosotros nos empezamos a arrimar al sindicato. …Y ahí éramos un grupo que trabajábamos muy tapados, y armábamos la resistencia. Metíamos los volantes en el zapato, adentro de… ponele, ahí, (señala un tacho) había tuercas. Metíamos ahí (los volantes) y entonces, la gente leía. Y cuando hay represión, corre mucho el voz en voz…”

El arbolito de navidad

Y mientras corría “el voz en voz”,  los trabajadores de Matricería utilizaban “mecanismos inéditos” (Falcón, 1996) para manifestar su descontento con la nueva situación:

Para la Navidad de 1976, como todos los años, los obreros calificados de Matricería preparan el tradicional arbolito. Pero todos se sorprenden con una figura macabra. En vez del verde arbolito acostumbrado, con luces y colores, aparece un armazón de alambre con huesos de pollo pelados colgando, produciendo un fuerte impacto. Mientras los obreros se muestran concentrados en la tarea diaria, y en tanto Ricardo[5] camina por el sector con su caja de herramientas, sonriendo probablemente, la jerarquía de la fábrica y los militares observan también probablemente enfurecidos, el artefacto realizado por los trabajadores.

“En diciembre (de 1976), hicieron un arbolito de navidad. Ese diciembre, fue muy particular, porque se lo hizo de alambre, y le colgaron huesos de pollo. Huesos pelados. Y era una cosa… ¡patética! Eso les costó una reprimenda. Estéticamente es muy fuerte, y a los milicos, les pegó duro. Esa imagen, ¡esa cosa estética! Eran huesos pelados de pollo, colgados en alambres. Eso les costó que los milicos que ya estaban instalados en la canchita de fútbol, se llevaran a todos los de Matricería a punta de fusil a los vestuarios. Les hicieron abrir a cada uno el cofre a ver si tenían volantes subversivos, si eran… ¡conspiradores! ¡Ja! (se ríe Ricardo). Pero eso quedó. Ya no hubo después arbolito de navidad.”

El ritual de Navidad con su simbología de vida y felicidad transmutada en sus atributos con el objeto de enviar un tenebroso significado que debería ser percibido por los sujetos elegidos como intérpretes. El arbolito de Navidad dotado de una nueva significación. Connota más de lo que denota. Así, los sujetos realizan diferentes interpretaciones del signo y, por eso, “los milicos se llevaron a todos a punta de fusil a los vestuarios”. El sector de Matricería de Ford era el más calificado, pero también el más golpeado en la cuestión salarial. A este sector, había pertenecido el “negro” Núñez (ya fallecido), dirigente de Ford durante las jornadas del “Rodrigazo”. Además, los militares habían secuestrado en marzo a Juan Carlos Amoroso, dirigente de la Comisión Interna, que había pertenecido también al sector. “Un tipo honesto”, según sus pares.

“Para mí el sistema es selectivo. Sabe dónde golpear. Como un boxeador. Un buen boxeador golpea en la cabeza o en el hígado. El sistema era muy selectivo. Golpeaba en la cabeza o en el hígado. Matricería, por el tipo de laburo que hacía, es gente que tiene una formación. Y la formación no siempre es estrictamente técnica. La formación tiene que ver con lo que vos te rodeás. Los matriceros eran tipos inteligentes, hasta diría… intelectuales. Entonces, ahí había que golpear. Si quebrás la cabeza, el cuerpo queda inerte”

Y si bien, como decía Ricardo, “el sistema es selectivo”, el repertorio de los trabajadores parecía encontrar caminos novedosos, sustentados además, por anteriores experiencias con regímenes autoritarios, como plantea Schneider: “…las protestas, pese a que muchas de ellas terminaban sin obtener los reclamos planteados, dejaban un notable e importante saldo organizativo tanto para los trabajadores que participaban en las mismas como para el resto de la clase que observaba la lucha. Además, las diversas conflagraciones se nutrían y se recreaban de la experiencia aprendida en otras dictaduras. En un contexto donde los principales sindicatos se hallaban intervenidos -o bien, sus principales dirigentes no enfrentaban al gobierno-, el desarrollo de las diferentes acciones terminaron agudizando la calidad en los niveles de enfrentamiento y de organización de los trabajadores. (Schneider, 2000: p. 9)

De esa manera, las acciones abiertas o solapadas que llevaron adelante los trabajadores de Ford, se inscribieron en un contexto de fuerte resistencia de los trabajadores, que autores como Falcón (1996) llamaron “molecular” u “oposición obrera a la dictadura” como señala Pozzi (2008), pero que, sin duda, lograron una acumulación de fuerzas y experiencias novedosas que se incrustaron en la experiencia de conjunto del movimiento obrero.

Y así, el arbolito de navidad fabricado de alambre y huesos colgando, proyectó una fuerte simbología en los días en que la empresa trataba de lograr una domesticación a largo plazo de los trabajadores, por vía de una política represiva y un ejército de ocupación en la planta. “Terrorismo de empresa”, como señaló Basualdo (2006).

Bibliografía consultada

Basualdo, V. (2006): “Complicidad patronal-militar en la última dictadura argentina: Los casos de Acindar, Astarsa, Dálmine Siderca, Ford, Ledesma y Mercedes Benz” en Revista Engranajes, Nº 5 (edición especial)

Falcón, R. (1996): “La resistencia obrera a la dictadura militar (Una reescritura de un texto contemporáneo a los acontecimientos) en “A veinte años del golpe con memoria democrática” Hugo Quiroga y César Tcach (Comp) Homo Sapiens Ediciones. Buenos Aires

Pozzi, Pablo (2008): “La oposición obrera a la dictadura (1976-1982). 1ª ed. Buenos Aires. Imago Mundi.

Schneider, A. (2000) “Ladran Sancho… Dictadura y clase obrera en la zona norte del Gran Buenos Aires. In: CAMARERO, Hernán. Buenos Aires: Editorial Imago Mundi, 2000.

Entrevistas realizadas a Ricardo, Juan José y Delfini entre 2005 y 2008)

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[1] “Rupturas y continuidades en las formas de acción y resistencia de los trabajadores. El

caso Ford Motor Argentina. 1970-1985” (Tesis de licenciatura en sociología, diciembre 14 de 2015)

[2] El 28 de diciembre de 2017 se realizará la segunda audiencia por el juicio a gerentes y jefe de seguridad de Ford que actuaron en aquellos secuestros. 24 delegados fueron secuestrados entre marzo y abril de 1976, la mitad, entre ellos Conti, Troiani, Propato, Portillo, entre otros, dentro de la propia planta.

[3] “Eh… lo que no te conté, que fueron antecedentes de esto, fue cuando hacíamos el “Pan y Sopa” Eh… resulta de que había una protesta, y entonces, viste… nos cuidábamos de hacer movimientos. Entonces, como protestábamos? Íbamos al comedor, y agarrábamos un plato de sopa y un pan. Y nos íbamos. Y la comida quedaba. Y vos imaginate, hacían churrasco, todo eso, y lo tiraban. Tiraban todo! No comía nadie. Ni fruta ni nada! Todo quedaba ahí! Pan y sopa, nada más! Tomábamos un plato de sopa y el pan. Y… ah! Y no comíamos adentro del comedor. Comíamos afuera. Nos sentábamos en el cordón, tomaban la sopa… y eso lo hicimos dos veces. La primera vez lo hicimos un par de días, después, la segunda vez que lo hicimos, fue perdiendo fuerza” (De las entrevistas a Juan José, activista en Ford antes y durante la dictadura)

[4] Dirigente de la ocupación de Ford por los trabajadores en junio-julio de 1985. Entrevista realizada en Escobar en 2008.

[5] Ricardo: activista del PCR, que trabajó en Mantenimiento en Ford entre 1974 y 1977, fecha en que lo despidieron. (entrevista realizada en su casa de William Morris en 2007) (Falleció hace dos años)

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