El peronismo, una discusión pendiente

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Después de la masacre política y la masacre industrial ya no hubo más peronismo obrero como sujeto social que mantenía una dinámica y decisiones políticas autónomas del Partido Justicialista y la burocracia sindical. Siguió y seguirá habiendo trabajadores que siguen votando y se identifican con el peronismo pero su relación con las estructuras del movimiento cambiaron definitivamente después de la dictadura. Se transformó en una relación de subordinación, clientelar. Sin un sujeto social donde sustentarse no hubo más izquierda peronista.

“Sobre Argentina no me atrevo mucho a opinar, es difícil hablar de otro país. Parecía que tuvo un gran adelanto con el peronismo, pero después todo cambió. Lo que fue adelanto fue retroceso”
Raúl Sendic

 

Recogí esta definición de Raúl Sendic, el legendario fundador de Tupamaros, en 1988, poco antes su fallecimiento, cuando tuve el privilegio de conversar con el en dos oportunidades  en  Montevideo. El Bebe se enteró de que estábamos unos argentinos vinculados a los movimientos populares y quiso conocernos. Portaba además yo un santo y seña que abría las puertas de la antigua casona de la calle Ejido donde vivió sus últimos años, que era mi anterior pertenencia a las Fuerzas Armadas Peronistas. Desde fines de los 60 los de la FAP y Tupamaros éramos primos hermanos.

Los tupas eran por aquellos años un poco mas que  eso, porque a nosotros nos habían matado a los viejos. No lo teníamos a Raimundo Villaflor para preguntarle que hacíamos, ni al Gordo Enrique Ardeti, ni a Pocho Palazzesi, para compartir unos mates y una conversa. Habíamos quedado los pibes nomás. Más que primos, eran los tíos.

Fue difícil sacarle una palabra al Bebe. No sólo porque hablaba con dificultad, secuelas del tiro en la boca el día de su última captura. El Bebe era de pocas palabras y extremadamente prudente para emitir juicios.

Recuerdo que aquel día aquella respuesta me pareció un poco confusa. Pero la atesoré por muchos años, porque valoraba quien me la había dicho.

 

La infructuosa recuperación de la izquierda peronista.

 

Para quien por aquellos años destinaba sus mejores afanes militantes a la recuperación de la izquierda peronista, era muy difícil comprender el comentario de Sendic.

Después del 83 nuestra primera apuesta fue la reconstrucción de un espacio que denominamos Peronismo de los Trabajadores y con esas banderas fuimos a recibir a Raimundo Ongaro que regresaba del exilio, con la esperanza de que se pusiera a la cabeza de esa iniciativa. El líder sindical grafico regresaba muy cansado y con poco animo para otra cosa que no fuera enclaustrarse en su Sindicato. Y allí siguió por muchos años.

En 1985 habíamos participado desde el Peronismo de las Bases en un frente de izquierda, el FREPU.

En 1987 intentamos convocar al Peronismo de la Liberación, para oponernos al PJ donde los ortodoxos liderados por Luder y Herminio Iglesias, confrontaban con una tibia renovación liderada por  Antonio Cafiero,  Eduardo Duhalde, José Luis Manzano,  Carlos Grosso y Juan Manuel De la Sota.

Recuerdo un importante Encuentro que realizamos en 1987 en la sede de ATE, Capital, previo a las elecciones de ese año. Allí decidimos fundar una publicación que se llamaría Retruco (que significaba contragolpe, o algo así) que nos serviría como medio de enlace y lugar de difusión de las ideas de esta corriente peronista que pretendía reagruparse por fuera del desprestigiado PJ. Pero ocurrió que Cafiero ganó la gobernación de la Provincia de Buenos Aires e incorporó algunas figuras progresistas en su gabinete: Floreal Ferrara como Ministro de Salud y Luis Brunati como Ministro de Gobierno. En pocas semanas nuestro prometedor espacio político se evaporó. El peronismo de liberación había demostrado poca vocación para dar la lucha a la intemperie y casi todos regresaban al PJ y al Estado a dar la batalla “desde adentro”.

El que gano finalmente esa batalla fue Carlos Menem, y otra vez volvió a fortalecerse la disidencia.

Estuvimos en el Encuentro de Villa María y festejamos la retirada de los 8 diputados que se apartaron del bloque justicialista.

En aquella década (1983-1993)   habíamos llegado a confeccionar un mapa nacional de la disidencia peronista, por izquierda. Estaban alli las distintas agrupaciones y dirigentes que se habían apartado o eran criticas del Partido Justicialista que nos había conducido a una derrota electoral en 1983 y después regresó al gobierno con Menem para ejecutar un proyecto neoliberal.,.

Sabíamos por ejemplo que en Neuquén el diputado Oscar Massey se había apartado del PJ después de ganar la interna y había conformado su propio partido Justicia Democracia y Participación, que en Córdoba  había compañeros de procedencia cristiana que resistían , que en Tucumán otro grupo de compañeros trabajaban intensamente promoviendo organizaciones sociales campesinas, que en Misiones se iniciaba un reagrupamiento a partir del Movimiento Agrario Misionero ( MAM) y algunos docentes y trabajadores de ATE, que en Rosario, había un grupo de metalúrgicos que empezaban a reorganizarse, que en Chaco había compa que habían sido presos politicos que volvían a la actividad politica cuestionando la ortodoxia de Bittel, que en Mendoza había un  grupo de estatales. En Santa Cruz tambien teníamos nuestro contacto. Era Orlando Stirleman, “el alemán”, preso de Taco Ralo. Vivía en Río Gallegos una  pequeña ciudad donde Néstor Kirchner fue elegido intendente en 1987. Nunca  mencionó  a Néstor y Cristina como militantes críticos o apartado de la ortodoxia justicialista y después del menemismo.

Cuando un puñado de diputados conocido como grupo de los 8 se sumaron a la disidencia peronista, el mapa político se amplió. Germán Abdala conocía bien el activismo de ATE en todo el país. Luis Brunati aportaba importantes contactos de la zona Oeste del conurbano, y empezó a tejer la red de los contactos cristianos. Por Santa Cruz se acercó el diputado Rafael Flores.

La mayoría de los dirigentes peronistas que fueron parte de la construcción del Frente Grande, manifestaron rápidamente una vocación más estatal que nacional. No imaginaban la posibilidad de hacer política por fuera del Estado y para llegar a él (o mas precisamente regresar) no dudaron de aliarse con el neoliberal Bordón para armar el FREPASO y después con los radicales para constituir la Alianza.

Cuando huimos del Frente Grande, en tiempos de la Constituyente (1993), me quedó resonando el comentario de un compañero. “Le erramos con lo del Peronismo de los Trabajadores, después de la dictadura nos quedamos sin sujeto”. Ese compañero resolvió la cuestión de su militancia adhiriendo al único peronismo existente después de la dictadura.  Se quedó militando en ese peronismo que alguna vez caracterizábamos como “el de los burócratas y los patrones”, el que se sentía cómodo dentro del sistema capitalista y nunca iba a traspasar sus límites.

¿Pero hubo otro peronismo?

 

El peronismo de izquierda, de los trabajadores.

 

No es fácil identificar a un peronismo de izquierda durante los dos primeros gobiernos peronistas (1946-1955). Lo que allí existió fueron hechos, tensiones, disputas, símbolos, pero la reflexión sobre la naturaleza de las contradicciones en el movimiento peronista es posterior al golpe gorila.

Entre los hechos del primer gobierno merece mencionarse en primer lugar el 17 de octubre de 1945 una rebelión popular organizada desde abajo y que se adelantó a la decisión del paro sindical programado para el día 18. De Berisso, Ensenada y Avellaneda salieron los trabajadores decididos a defender los avances y las conquistas laborales conseguidos durante la gestión de Perón en la Secretaria de Trabajo, apedrearon lugares simbólicos de la oligarquía y ocuparon la Plaza de Mayo obligando a retroceder a los militares que se habían encarcelado a Perón.

Quienes han estudiado la génesis del peronismo coinciden en que el carácter clasista del 17 de octubre cambió  las conductas del conjunto de las clases propietarias que vieron en los cabecitas negras insurreccionados algo parecido a la revolución rusa. Tambien cambió  coyunturalmente el proyecto original de Perón que era mucho más conciliador con los empresarios. Cuando en las elecciones del 46 Perón hizo referencia a que se apoyaba en dos patas; el ejército y los trabajadores, estaba reflejando los componentes fundamentales de su alianza. Sus políticas de seducción con los empresarios, incluido el conocido discurso  en la Bolsa de Comercio en 1944, habían fracasado.

Como señalan algunos autores, cuando nació el peronismo fueron las fuerzas armadas quienes representaron los intereses de la burguesía en los primeros años de gobierno. Con el empoderamiento y la confianza en las propias fuerza que aportó la jornada exitosa del 17 de octubre, se desarrollaron en esos primeros años numerosos conflictos obreros, con saldo favorable para los trabajadores.

La resistencia a la figura de Eva Perón, y a su candidatura a vicepresidente,  por parte del  Ejercito, no se reducía a cuestiones formales o de genero, sino al papel que desempeñaba Evita en la conflictividad social existente inclinando la balanza del gobierno a favor de los sindicatos..

La muerte de Eva Perón tuvo un enorme simbolismo porque personalmente se inmoló en su tarea, pero además porque su muerte coincide con un agotamiento del proyecto inicial, y el comienzo de un giro político que incluye una mayor incidencia de los empresarios que habían empezado a plegarse al movimiento, y una reducción de la combatividad de los trabajadores que empiezaron a ser manipulados por dirigentes sindicales que modificaron gradualmente su papel de dirigentes. Pasaron de defender  sus intereses de clase, presionando en el en el frente de hecho que gobernaba, a convertirse en oficialistas.

El Congreso de la Productividad  (1952) donde los lideres sindicales negocian mantener sus salarios por aumentos de productividad, es una señal de los nuevos tiempos.

Las contradicciones de clase se agudizaron pero el golpe del 55 impidieron que estallaran. La resistencia peronista, salvo un par de intentos como el que encabezó el General Valle, fue protagonizada casi exclusivamente por trabajadores. En ese momento historico comienzan a diferenciarse con mas claridad los dos `peronismos, no solo por los hechos, sino por la reflexión y conciencia. Un peronismo luchaba y padecía represiones brutales como el Conintes. El otro peronismo se borraba o hacía buena letra con los nuevos gobernantes.  La designacion  por parte de Peron como delegado personal a un combativo dirigente, John William Cooke, expresó la voluntad del caudillo en el exilio de mantener  un contacto con ese peronismo que enfrentaba a la dictadura con autonomia de las dirigencia partidarias o sindicales

Para describir el proceso de reflexión y  conciencia del peronismo de los trabajadores siempre recomiendo el libro “Quien Mató a Rosendo” de Rodolfo Walsh. Es la obra de un gran escritor y un lucido intelectual, pero que además cuenta con un punto de observación (de participación) inmejorable. Esta en la cocina de la lucha de clases de la época, compartiendo con el Grupo Blajakis que era el cerebro oculto de la CGT de Los Argentinos, en la  combativa zona sur del conurbano (la misma que protagonizó el 17 de octubre). Personajes de ese relato como  Blajakis, un comunista disidente y Aníbal Villaflor, un dirigente obrero anarquista que es el padre del delegado  metalúrgico peronista  Raimundo Villaflor. aportan la fragua donde se gestó la idea de que había un peronismo obrero muy diferente al de los burócratas y los patrones.

Productos de la resistencia son tambien los programas de Huerta Grande, La Falda y la CGTA. En todos ellos queda expresado que ya no se trata de recuperar las banderas históricas del peronismo sino profundizarla, y que hayan sido dirigentes obreros en lucha quienes firmaran esos programas no es un detalle. Mirando hacia atrás no es casualidad que reivindicaran muy especialmente al 17 de octubre y a Eva Perón.

También en Quien mató a Rosendo aparece John William Cooke, que ademas de ser delegado de Perón en tiempos de la Resistencia fue el hombre de confianza del Che Guevara en la Argentina. Cooke ha sido considerado el padre ideológico de la izquierda peronista y el final de su relación con Perón, augura un final inevitable. Los caminos se bifurcan.

La existencia de dos proyectos que marchaban al antagonismo se expresaron con mucha claridad años después cuando a principios de los 70 grandes movilizaciones encabezados por banderas con consignas de La  Patria Socialista, confrontaban con componentes de la burocracia sindical y los grupos de derecha que reivindicaban la Patria Peronista. Esa colisión  termino trágicamente. Ese final había sido  anticipado diez años antes por el tiroteo de La Real donde fue asesinado Blajaquis.

El papel de Perón  apoyando al peronismo patronal sorprendió, y en forma muy especial, a los peronistas recién venidos.  La Plaza de Mayo del 1 de mayo de 1974 fue testigo de esa defraudación. ¡Que pasa, que pasa general, que esta lleno de gorilas, el gobierno popular!!!

Ese no fue el final del peronismo de izquierda, que dio su última y magnifica batalla en el pico de luchas obreras de los años 74-75, en tiempos de las interfabriles. No fue el único protagonista, pero tuvo un papel destacado en esa  conflictividad obrera que hizo temblar al capitalismo y que Ricardo Balbín calificara como subversión industrial. Muerto Peron se produjo un vacío de conducción del peronismo patronal y burocrático. Su segunda esposa Maria Estela Martinez, “Isabelita”,  incrementó el accionar represivo de la Alianza Anticomunista Argentina. El poder que no pudimos  tomar, lo ocuparon los milicos.

 

El peronismo que no fue….

 

La dictadura no solo nos dejo el saldo luctuoso de miles de asesinados, 30 000 desaparecidos, decenas de miles detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional que perdieron sus trabajos y muchas veces sus familias, y otros tantos exilados.

La dictadura trajo tambien la desindustrialización y un proceso de achicamiento de la clase obrera. Pero ese achicamiento fue además con selección incluida.

Selección por antecedentes. Quienes habíamos sido detenidos o secuestrados no pudimos volver a entrar en una empresa grande. En las fábricas medianas o pequeñas que redujeron personal primero echaron a los delegados, después a los activistas y finalmente a los que mantenían una actitud digna como trabajadores..

La colmena del peronismo de los trabajadores eran las grandes y medianas fábricas textiles, metalúrgicas, plásticas, alimenticias y mecánicas que hizo desaparecer la dictadura. Los sobrevivientes en las empresas del Estado (petroleros, ferroviarios, telefónicos, electricistas) fueron barridos por Menem.

El peronismo de los trabajadores,  como otras tradiciones de izquierda se alimentaba de ese mundo obrero, donde como ocurre con la historia que relata Walsh, todas las tradiciones de izquierda se cruzaban y se aportaban.. Como bien dice Juan Carlos Cena refiriéndose a los tiempos previos al Cordobazo.” Éramos los obreros contra los otros, la oligarquía clerical cordobesa. Y entre nosotros, los orígenes politicos eran poco importantes.”.

Después de la masacre política y la masacre industrial ya no hubo más peronismo obrero como sujeto social que mantenía una dinámica y decisiones políticas autónomas del Partido Justicialista y la burocracia sindical. Siguió y seguirá habiendo trabajadores que siguen votando y se identifican con el peronismo pero su relación con las estructuras del movimiento cambiaron definitivamente después de la dictadura. Se transformo en una relación de subordinación, clientelar.  Sin  un sujeto social donde sustentarse no hubo más izquierda peronista.  Tardé más de diez años en  darme cuenta.

El peronismo ya no fue un movimiento donde confrontaban proyectos antagónicos. Los militares habían ganado la batalla y el cuestionamiento al sistema capitalista estaba fuera de agenda. Se podía incluir al Che en la galería de héroes, pero ninguna mención al Socialismo. “Lo primero que tenemos que discutir es si estamos afuera o adentro del sistema”,  me dijo un compañero de nuestra infructuosa aventura antes de iniciar un recorrido que desembocaría en el menemismo.

Es evidente que en la Argentina de hoy hay un sector, con límites difusos  que se reivindica como izquierda peronista. Limites difusos porque oscilan entre quienes se acercaron al peronismo para apoyar lo bueno que hacía el kirchnerismo, hasta quienes reivindican la jefatura de Cristina, o terminar acompañando en sus formulas a Scioli y Aníbal Fernández.

No constituyen un sujeto social  sino es un componente militante, muchos de ellos funcionarios, con orígenes diversos. Algunos vienen del FREPASO, otros de movimientos sociales,  tambien unos pocos militantes que provienen de  la infructuosa tarea de reconstruir la izquierda peronista. El dato de color es que  muchos de esos militantes provenían de un antiperonismo visceral, pero se peronizaron acercándose al Estado,  No vale la pena nombrar a personas u organizaciones, somos viejos conocidos.

El problema de este nuevo intento de reconstruir la izquierda peronista no son sus intenciones, sino no advertir que construir identidades no es un acto de pura voluntad, no puede hacerse al margen de  la lucha de clases.

 

Del hecho maldito del país burgués al mejor gestor del capitalismo argentino.

 

El peronismo no solo se encuadró en el sistema capitalista, sin que se convirtió en el gestor más confiable de sus intereses.

Cuando el gobierno de Alfonsín  intentó iniciar su ola privatizadora y no tuvo fuerzas para hacerlo,  el peronista José Octavio Bordón  desde el gobierno de Mendoza inició el festival de ventas de patrimonios estatales (Bodegas Giol).

En el auge de la ola neoliberal en el mundo las privatizaciones fueron ejecutadas por el Partido Justicialista y Menem en el gobierno.

Cuando creció la resistencia a las políticas de ajuste permanente en America Latina y la rebelión de 2001 amenazo con tomar los senderos de Bolivia y Venezuela, fue el Partido Justicialista el eficaz piloto de tormentas que obligando a hacer concesiones importantes a las clases dominantes (juicio a los genocidas, estatización de las AFJP, asignaciones familiares) consiguió reencauzar la política argentina recuperando la institucionalidad cuestionada y represtigiando a la clase política. Cuando los ánimos insurreccionales aparecen apagados y la crisis mundial impone nuevos ajustes, el peronismo ofrece un candidato acorde a los nuevos tiempos y las tareas emergentes: Daniel Scioli.

Visto en perspectiva la constante del peronismo post-dictadura no ha sido sostener determinados lineamientos politicos. Quienes afirman que el peronismo siempre garantizó inclusión social y politicas internacionales de independencia frente a Estados Unidos, olvidan los 10 años de gobierno Menem, donde participaron buena parte de los actuales funcionarios (incluido los Kirchner). La constante en el peronismo post dictadura ha sido la disposición a ser gobierno, de hacerse cargo de su responsabilidad como Partido de Estado.  A partir del regreso de la democracia constitucional, la vinculación del peronismo con el Estado pasa de ser ocasional a permanente. Durante el gobierno de Alfonsin el Justicialismo gobernó en numerosas provincias, y en tiempos  la Alianza (donde participaban muchos peronistas) cogobernó con el Justicialismo. Un eventual triunfo de Macri significará, como bien apunta Katz, gobernar tambien con peronistas, como ya lo esta haciendo en  la CABA.

Si se analizan los votos que perdió Scioli después de las PASO , se advierte que emigraron a Macri,  direccionados por punteros peronistas convencidos de que el PRO era la mejor opción para seguir o retornar (porque estaban desplazados)  al Estado. Esos mismos punteros peronistas promueven que los votos de Massa, emigren a Macri.

La identidad  Peronismo- Estado, que es muy similar  a la que construyo el PRI  de México desde hace mas de 90 años, se refleja con mucha claridad en el hecho de que en la vida cotidiana de los argentinos siempre  es “un amigo peronista”, el que da una mano para acceder al Estado, para solucionar un tramite o conseguir un trabajo.. También en la comprobación que cuando  fuerzas políticas que privilegian su inserción institucional se arriman inexorablemente al peronismo (y son deglutidas por él movimiento). Hay una larga lista de nombres pero mencionemos al Partido Intransigente (que presentandose en forma independiente llego a sacar un millon de votos ), y lo mas cercanos Frente Grande, Partido Humanista, Nuevo Encuentro, etc.

El peronismo ha perdido su carácter disruptivo, para convertirse en un el mejor gestor y el intermediario amigo, con el que nadie quiere pelearse demasiado porque significa perder definitivamente el calorcito del Estado. Actúa como lo hacía la burocracia sindical que conocí en las fabricas, su papel era gestionar lo pequeño, lo posible dentro de las leyes de juego patronales. En esa burocracia existían también sectores más patronales y sectores más amigables.

Si pretendemos cambios, transformaciones, tendremos que buscar otros amigos, otras alianzas.

 

El peronismo de Scioli como una de las opciones al ballotage.

 

La presencia en el ballotage de la bestia peluda Macri, empresario mafioso, exponente cabal de la nueva derecha y punta de lanza de la política de Estados Unidos en la región suele oscurecer el significado de la postulación de Scioli. Al punto que se ha reivindicado la consigna Patria o Macri.

Mas allá de los discursos para la tribuna es importante como explicitan sus proyectos Scioli y Macri, cuando hablan con sus pares los empresarios.

Hay un consenso compartido con el conjunto de las clases dominantes: el ciclo K se agotó, hay que ajustar el gasto social, devaluar y eliminar subsidios. Pero las ofertas son distintas. Macri ofrece radicalidad y Scioli ofrece estabilidad, consenso. Macri dice vamos a fondo, Scioli ofrece vaselina.

Sin conocer todavía los resultados de las elecciones la Consultora JP Morgan bajo los índices del riesgo país. Todos los consultores de negocios, coinciden en que se inicia una nueva etapa.

Decidir el voto comparando las políticas del ciclo K con las políticas del macrismo es hacer trampa. No se está votando eso. Se esta votando un mismo proyecto de ajuste y de realineamiento internacional  con dos caras y tácticas diferentes.

Lo que esta en juego en la Argentina no es lo mismo que se juega en las elecciones de Bolivia o Venezuela donde si efectivamente confrontan dos proyectos.  Lo que sucede en la Argentina se parece a lo que sucede en Brasil entre el líder de la nueva derecha  Aécio Neves y la lidereza del neodesarrollismo en bancarrota Dilma Roussef.

La nueva derecha del PRO se enfervoriza diciendo que los gestores peronistas hacen todo a medias y gastan recursos excesivos en la contención social. Scioli responde que Alfonsín no termino el mandato y que De la Rua se tuvo que ir en un helicóptero.  Y que nadie es  mejor que el peronismo para navegar en aguas tumultuosas.

Es una pelea entre gerentes, con estilos y antecedentes diferentes. No se discute democracia o fascismo, o liberación y dependencia. Tampoco derechos humanos o represión. Si alguna duda quedaba, ya lo despejo Scioli con sus declaraciones  en el circo de Lanata, sobre el piquete cero.

Es una pelea que involucra tambien a miles de militantes que perderán sus empleos, y a movimientos sociales que en los últimos años depositaron más confianza en sus amigos peronistas en los Ministerios, que en sus propias luchas.

Con Macri o con Scioli, se viene un cambio de etapa donde habrá que defender conquistas luchando y cada avance popular va a costar ganar la calle en un clima mucho más represivo. La nueva etapa esta consensuada por el conjunto de las clases dominantes  y los candidatos en pugna son parte de ese acuerdo. Suponer que podemos torcer esa voluntad con un voto al menos malo es, por lo menos, ingenuo.

Como ocurrió con la pelea “campo” vs. gobierno, no se trata de elegir el grosor de la cadena. Se trata de independizarse de disputas entre quienes discuten la mejor forma de embromarnos. Esa es nuestra responsabilidad frente a nuestro pueblo.

 

Una necesaria reivindicación

 

Quienes provenimos del peronismo de izquierda estamos obligados a hacernos cargo de  que siendo el peronismo durante 30 años un proyecto en diputa fuimos derrotados. La sentencia de Cooke “el peronismo será revolucionario o no será”,  no fue cumplida. El peronismo sobrevivió al despojo de sus componentes transformadores. Y ese peronismo sobreviviente  que se quedó con la identidad  hoy utiliza símbolos y referencias que son funcionales a enmascarar su papel de gerentes de distintos proyectos capitalistas.  Pero así como debemos denunciar lo que en palabras de Sendic es “retroceso”, debemos reivindicar lo que fue “un gran adelanto”.

Nuestras izquierdas siempre tuvo una relación traumática con el peronismo. Por irritación o pasión, dos caras de a misma moneda obvió incluir en el análisis de ese movimiento, que fue el fenómeno político mas importante del siglo XX en la Argentina, una perspectiva de análisis de clases. Siempre lo asumió como un todo, tanto para rechazarlo como  para adherir acríticamente.

Cuando se lo rechaza o se le reduce a una mera anécdota de manipulación de masas, se desconocen hechos reivindicables de la primera etapa del peronismo como el 17 de octubre y la resistencia peronista,  las puebladas del interior, el papel de las organizaciones armadas. Tambien a  figuras como Eva Perón y John William Cooke. Esos olvidos son parte de las lagunas históricas de nuestras izquierdas que también incluyen a las luchas  de la resistencia originaria y las batallas por la independencia y un país de iguales por la que derramaron la vida miles de patriotas.  Frente a las lagunas históricas de nuestra izquierda, la derecha argentina ha demostrado ser más memoriosa y tener más capacidad de asociación. Por eso denominaba Tupamaros a los líderes más radicales de la Revolución de Mayo,  acusó de anarquista a Artigas y tembló de miedo el 17 de octubre de 1945, por la memoria de las montoneras federales atando sus caballos en la puerta del Cabildo y por  miedo a una nueva Revolución Rusa.

El saldo de los diez primeros años de gobierno fue gestar una conciencia de derechos sindicales y políticos que alimentaron durante veinte años a una de las clases obreras mas combativas del mundo, que desestabilizó los sucesivos proyectos capitalistas encabezados por civiles o militares,  Sobre esa realidad se asentó Cooke para afirmar que el peronismo era “el hecho maldito del país burgués”. Tambien fueron fruto de esas experiencias y esas luchas  una profunda reflexión política sobre la cuestión del poder y la organización popular que hoy no ha perdido su vigencia.

Walsh dijo algo así como que solo la victoria final alumbrará todos los esfuerzos inconclusos, los sacrificios y las luchas que el pueblo invirtió en su liberación. Mientras esperamos ese momento las conclusiones políticas de ese pasado glorioso nos ayudan a tomar decisiones en el presente.

 

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Un comentario en “El peronismo, una discusión pendiente

  1. juan Morello peralta

    comparto en general su analisis tanto del peronismo como de las izquierdas. Sin embargo creo que deberia apuntar al final de su analisis a revisar y\o proponer una salidad a las crisis de todas las izquierdas. hay un nuevo escenario politico hoy, la derecha tiene su propio partido, ya no necesita de peronistas o radicales para implementar sus propyectos

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