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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

El postneoliberalismo parido por el propio neoliberalismo

05 Aug,2019

por | Andrés Cañas

 

Daniel Bernabé es un joven de 39 años, licenciado en Trabajo Social, escritor, periodista. Nació y vivió en Fuenlabrada, una comunidad de alrededor de 200 mil habitantes, en su mayoría trabajadores, una de esas localidades calificadas como “ciudades dormitorios”. Daniel Bernabé ha escrito un libro “Las Trampas de la Diversidad  Como el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora” que ha sido editado en nueve oportunidades y generado todo tipo de polémicas. Bernabé, quizás por su extracción social , algo tan desmerecido por una progresía que pretende llevar lo concerniente a la lucha de clases a un desván donde guarda lo que considera sus antigüedades, decíamos Daniel Bernabé retoma problemáticas que permanecen incólumes en las preocupaciones de quienes desean transformaciones profundas y por ende verdaderas y lo hace desde un marco teórico también muchas veces desdeñado y otras tantas recuperado, el pensamiento de Carlos Marx.

“Llegaron a España las guerras culturales, conflictos en torno a derechos civiles y representación de colectivos que sitúan lo problemático no en lo económico o lo laboral y mucho menos en lo estructural, sino en campos meramente sinbólicos. El matrimonio homosexual, la memoria histórica,el lenguaje de género o la educación para la ciudadanía empezaron a copar portadas de los medios y a crear polémica.¿Estamos  afirmando que los ejemplos mencionados carecen de importancia?  En absoluto. Es importante que un grupo social pueda tener los mismos derechos civiles que el resto o reconocer desde las instituciones nuestra historia y la dignidad de los republicanos olvidados. Lo que decimos es que estos conflictos culturales tienen un valor simbólico en tanto permiten a un gobierno que hace políticas de derecha en lo económico validar frente a sus votantes su carácter progresista al embarcarse en estas cuestiones”, afirma Bernabé.

Pascual Serrano, director de Rebelión, pregunta y se pregunta: “¿ Dónde quedó, entonces, el conflicto capital-trabajo ? Sin embargo, debemos dar una respuesta urgente a estas preguntas, si no queremos que la fuerza de lo colectivo se acabe diluyendo en el irremediable individualismo de lo identitario.”

La historia reciente muestra construcciones fallidas por haber soslayado lo que Pablo Iglesias – Podemos, España- considera obsoleto: la contradicción principal, capital-trabajo . Cuando el siglo pasado entraba en sus últimos tramos se produjeron hechos que fueron analizados por István Meszáros: “En las últimas décadas han emergido movimientos de protesta… con orientación de valores nada socialistas, las variantes de ambientalismo. Esos movimientos trataron de ganar pie en el campo de la política en varios paises capitalistas a través de la agencia de los partidos verdes de orientación reformista. Atraían alas personas preocupadas por la destrucción ambiental en curso, dejando sin embargo indefinidas las causas socioeconómicas subyacentes, y sus connotaciones de clase. Esto lo hacían precisamente para ampliar su propio atractivo electoral con la esperanza de intervenir exitosamente en el proceso de reformas a fin de revertir las peligrosas tendencias identificadas. El hecho de que en un período relativamente corto todos esos partidos terminaron siendo marginados, a pesar de sus espectaculares éxitos iniciales en casi todas partes, recalca que las causas que se ponen de manifiesto en la destrucción ambiental son mucho más profundas de lo que suponían los líderes de estos movimientos…” El ejemplo citado deja traslucir que el capital es irreformable y sólo da cauce a los aspectos que pueden ser similados e integrados al sistema en el marco de su autoexpansión. Mientras lo nuevo tarda en aparecer/nacer el capital aprovecha el intervalo y se nutre de los errores de sus oponentes, reales y ficticios, para mutar prolongando su vigencia. Hasta bebe en sus propias falencias, disimuladas con ropajes varios para continuar su camino expoliando y destruyendo.

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El neoliberalismo como manto ideológico del capital monopolista transnacional ha dejado una estela de males socioeconómicos en los cuerpos de los habitantes delos países donde cobró aplicación. Trajo a la cotidianeidad la crisis estructural del sistema; sin embargo, cambia en algo su ropaje y continúa su perversa existencia.

El neoliberalismo no solo sobrevive como sistema de poder, sino que se refuerza. Hay que comprender esta singular radicalización, lo que implica discernir el carácter tanto plástico como plural del neoliberalismo. Pero hace falta ir más lejos todavía y percatarse del sentido de las transformaciones actuales del neoliberalismo, es decir, la especificidad de lo que aquí llamamos el nuevo neoliberalismo. Recordemos de entrada qué significa el concepto de neoliberalismo, que pierde gran parte de su pertinencia cuando se emplea de forma confusa, como sucede a menudo. No se trata tan solo de políticas económicas monetaristas o austeritarias, de la mercantilización de las relaciones sociales o de la dictadura de los mercados financieros. Se trata más fundamentalmente de una racionalidad política que se ha vuelto mundial y que consiste en imponer por parte de los gobiernos, en la economía, en la sociedad y en el propio Estado, la lógica del capital hasta convertirla en la forma de las subjetividades y la norma de las existencias”, afirman Pierre Dardot y Christian Laval .

Lo que caracteriza este modo de gobierno es que se alimenta y se radicaliza por medio de sus propias crisis. El neoliberalismo se nutre de las crisis económicas y sociales que genera. Este gobierno sólo es posible mediante la crisis, claro está, porque el neoliberalismo se ha vuelto sistémico. Pero lo que es más reciente y sin duda merece nuestra atención es que ahora se nutre de las reacciones negativas que provoca en el plano político, que se refuerza con la misma hostilidad política que suscita.  Denosta a la política y aúpa candidatos que caminaron por los márgenes, aparecen críticos del “sistema” que son asesores de monopolios, flamantes nacionalistas económicos, imagen que esconde a un multimillonario afectado por la globalización; discursivamente apelan a un futuro venturoso que nunca llega, el ajuste económico soportado por los sectores más desfavorecidos es denominado como “echar las bases para un crecimiento sostenido.”

Estamos asistiendo a una de sus metamorfosis, y no es la menos peligrosa. El neoliberalismo ya no necesita su imagen liberal o democrática, como en los buenos tiempos de lo que hay que llamar con razón el neoliberalismo clásico. La descomposición social generada por la pobreza y una cultura individualista deriva en inseguridad que enfada a vastos sectores de las clases medias, lo cual brinda la excusa para la implementación de políticas represivas dirigidas en la realidad en contra de los movimientos sociales y opositores.

Actualmente el neoliberalismo se conjuga con el cierre de fronteras, la construcción de muros, el culto a la nación y la soberanía del Estado, la ofensiva declarada contra los derechos humanos, acusados de poner en peligro la seguridad, todo ello en el plano de la declaraciones y la publicidad. En la cotidianidad lo que se observa y sufre es la ausencia del Estado dictando políticas y medidas que favorezcan a los más débiles, gobiernos dedicados a trazar grietas sociales atomizando a los ciudadanos de a pie, sepultando el Estado de derecho, las fronteras se abren generosas para la penetración de los productos elaborados por las multinacionales; el único obstáculo que constriñe su paso es la competencia monopólica.

En la actualidad Brasil es un espejo en el que se refleja con claridad el Estado postneoliberal. Una estructura estatal policial sostenida por el trípode: históricos militares golpistas, jueces- legisladores que interpretan el derecho en consonancia con determinados intereses de los sectores sociales dominantes, los monopolios nacionales y extranjeros y sus empleados, los economistas asentados en el ministerio de economía. Emir Sader resume la situación: “un modelo antipopular y antinacional como ese requiere un régimen político antidemocrático, que busca impedir una nueva derrota electoral de la derecha, como ha ocurrido cuatro veces del 2002 al 2014, en disputas democráticas. De ahí la ruptura de la democracia con el golpe que sacó a Dilma Rousseff del gobierno, sin ningún fundamento legal, y que contó con el silencio cómplice del Poder Judicial. Se ponía en práctica la guerra híbrida, una nueva estrategia de la derecha a escala internacional que incluye la persecución política y la judicialización de lo político, esto es, el Poder Judicial sustituyendo la soberanía popular por sus decisiones arbitrarias.”

Estimo pertinente la duda/pregunta en relación con la teoría de Ernesto Laclau (un cientista celebrado por intelectuales y políticos populistas latinoamericanos): si la misma contribuye o no a la diversidad y a la pérdida de identidad del sujeto emancipador. Así parece considerarlo el cientista griego Stathis Kouvelakis: “La publicación de Hegemonía y estrategia socialista´ desencadenó vivas polémicas que se referían tanto al carácter discursivo de su ontología social como al abandono de la política de clase en beneficio de los nuevos movimientos sociales. Algunos incluso vieron en ello la conclusión lógica de la refundación del marxismo emprendida en Francia por Althusser y que tuvo su prolongación en los trabajos sobre las clases sociales de Poulantzas. A partir de los años1990  Laclau reorientó su posición para superar lo que   percibió como un límite de su punto de vista anterior. En efecto, la crítica del fundamentalismo clasista apareció como una adhesión, típicamente posmoderna, a la fragmentación de las formas de subjetivación que deriva de la explosión de los particularismos que actúan en las lógicas sociales dominantes. Por ello, el acento se desplazó hacia las formas de construcción de un nuevo sujeto político, desconectado de cualquier presupuesto fundamentalista pero, al mismo tiempo, portador de un proyecto unificador, capaz de tomar el relevo al movimiento obrero. En sus grandes líneas, esta nueva articulación de lo universal y lo particular reposa sobre el despliegue de la lógica hegemónica en tanto que vía de acceso a lo global, definido como espacio vacío,  desprovisto de un contenido predeterminado, que lo particular intenta llenar sin lograrlo jamás . Este intento totalmente necesario pero imposible es justo lo que impide cualquier cierre de la perspectiva de universalización en un sentido fundamentalista, como la noción del proletariado en tanto que encarnación de la clase revolucionaria.”

Resulta interesadamente prematuro dejar de lado al trabajo, trabajadores manuales e intelectuales, como actor central del cambio; es la única alternativa estructural al capital viable. Proporciona un marco englobador donde pueden insertarse las “cuestiones únicas” que sin este arco protector pueden ser separadas y marginadas una por una, dado que no representan una alternativa coherente al capital. Junto al trabajo se alinean como no integrables al sistema la problemática de la mujer y el medio ambiente.

El subtítulo del libro de Daniel Bernabé reza así: “Como el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora”. Con la palabra “diversidad” Bernabé se refiere a todas esas políticas y reivindicaciones transversales que afectan a determinados grupos sociales definidos por criterios diferentes de la situación económica de sus componentes: matrimonio homosexual, lenguaje inclusivo, igualdad de retribuciones entre hombres y mujeres, derechos de los animales, memoria histórica, educación para la ciudadanía, defensa del medio ambiente y un largo etcétera. Nada negativo encuentra Bernabé en todas estas reivindicaciones, ni en los grupos que las defienden, siempre que no compitan y suplanten la lucha más global e integral entre clases sociales, es decir aquella que se produce frente a una oligarquía que quiere imponer sus intereses y su modelo económico, en detrimento de la mayoría social menos afortunada. “Del libro de Bernabé parece deducirse algo más, y es que esa minoría, a la que se denomina neoliberalismo, propicia esas reivindicaciones más particulares y la diversidad en los planteamientos que de ellas se derivan para romper la unidad de las clases bajas y desviar así la atención de las exigencias más generales y universales”, afirma Juan Francisco Martín Seco.

Desde los Andes, sostenido por la cosmovisión ancestral de la Indianidad, Rafael Bautista desarrolla su pensamiento sobre la constitución del sujeto , una construcción  retaceada a los trabajadores por la cultura individualista del neoliberalismo. “No hay sujeto sin autoconciencia de ser sujeto, la constitución del sujeto de su saberse como sujeto.  El sujeto es sujeto porque está sujeto a lo que lo constituye como sujeto. En nuestro caso la sujeción es comunitaria, el sujeto es sujeto porque está sujeto al nosotros, un nosotros expansivo. La mismidad podría resignificarse como una nostridad. Si el sujeto no es autoconsciente de lo que es, su subjetividad se halla devaluada; en consecuencia, no puede siquiera pretender la transformación de lo dado, en cuanto realidad constituida. ¿ Cómo accedemos al plano de sujeto ? Es en la estructura ética donde se encuentra en estado de exposición. Es en la estructura ética, el modo cómo-se-es-lo-que-es, el modo de existir donde se reúnen la identidad y el horizonte trascendental que estructura éticamente al sujeto.” Pascual Serrano dibuja un paisaje en Occidente diferente de la constitución Andina de un sujeto ligado a la comunidad. “Desde los años sesenta vivimos un repliegue ideológico en el que hemos ido abandonando la lucha colectiva para sumirnos en la individualidad…Ya no se busca un gran relato que una a personas diferentes en un objetivo común, sino exagerar nuestras especificidades para colmar la angustia de un presente sin identidad.” 

Volvemos a Daniel Bernabé. “Margaret Thatcher supo transformar algo percibido por la mayoría de la sociedad como negativo: la desigualdad económica, en una cuestión de diferencia, de diversidad. Ya no se trataba de que fuéramos desiguales porque un sistema de clases basado en una forma económica, la capitalista, beneficiara a los propietarios de los medios de producción sobre los trabajadores, sino que ahora teníamos el derecho a ser diferentes, rebeldes, contra un socialismo que buscaba la uniformidad.”

El pensamiento de Friedrich  Hayek se desarrolló en relación con las elaboraciones de la escuela de Mont Pélerin (1947) en la que estuvo acompañado por Mises, Friedman, Popper. Los convocados en Mont Pélerin produjeron un manifiesto en el que sintetizan las ideas fuerzas de su encuentro.

Uno de los primeros temas abordados es la crisis mundial. “La situación es muy grave, pues a lo largo de gran parte de la superficie terrestre las condiciones esenciales de la dignidad humana y la libertad ya han desaparecido. En otros lugares se encuentran bajo constante amenaza por el progreso de las actuales tendencias políticas. Incluso la más preciosa posesión del hombre occidental, la libertad de pensamiento y expresión, se ve amenazada por la extensión del poder arbitrario.” Friedrich y sus acompañantes veían las causas de la crisis en la negación de normas morales absolutas, la pérdida de vigencia de la creencia en la propiedad privada y el mercado en su relación con la libertad .

La superación de la crisis consistiría en combatir con argumentos las ideologías contrarias a sus concepciones. “La crisis ha sido impulsada por una disminución de la creencia en la propiedad privada y el mercado competitivo; ya que sin el poder difuso y la iniciativa asociada con estas instituciones es difícil imaginar una sociedad en la que la libertad se puede conservar de manera efectiva.”

Retomando un tema que preocupa a Daniel Bernabé: la igualdad. Comentamos las ideas de Hayek al respecto.  Distingue tres aspectos. 1- La desigualdad natural de los hombres 2- La existencia de legítimas desigualdades económicas 3- Las desigualdades funcionales, aquellas que contribuyen a la reproducción del mercado y la propiedad privada. Hayek argumenta que en una sociedad de mercado competitivo las desigualdades sociales y económicas son consecuencias esperables y deseables. “La libertad no tiene nada que ver con cualquier clase de igualdad, sino que produce desigualdades en muchos aspectos. Se trata de un resultado necesario que forma parte de la justificación de la libertad individual”, asevera Hayek, quien estima que de esa manera se estimula la competencia. A la vez todo anhelo de igualdad es comparado con la envidia. Divide a los seres humanos en minoría y mayoría. Quienes se inscriben en el sector de la mayoría son personas incivilizadas, guiadas por atavismos, no comprenden las reglas y leyes del mercado y por ende no se adaptan correctamente a las exigencias de la sociedad. La minoría es la contracara, posee todas las capacidades de las que carece la mayoría.  

La única expresión de la igualdad que valida Hayek es la que debe ser considerada por el Estado y la empresa. “La igualdad en los preceptos legales generales y de las normas de conducta social es la única clase de igualdad que conduce a la libertad y que cabe implantar sin destruir la propia libertad. Ha constituido el gran objetivo de la lucha por la libertad conseguir la implantación de la igualdad de todos los seres humanos ante la ley.”

Si nos introducimos en las páginas escritas por otro pensador: István Meszáros, encontramos la distinción entre igualdad formal e igualdad sustantiva. En el sistema del capital sólo se reconoce la igualdad formal en consonancia con la desigualdad sustantiva cuyos orígenes se remontan al tiempo de la acumulación originaria. La igualdad formal se manifiesta como un requerimiento formal a menudo distorsionado –en especial la igualdad ante la ley – por quienes tienen el suficiente poder para convertir las reglas de la igualdad formal en un burla grosera. El carácter adversarial/antagonístico del capital únicamente puede dar cabida a la igualdad formal de modo de mantener en vigencia las determinaciones estructurales del sistema. Una igualdad formal cada vez más ilusoria debido a la tendencia autoritaria que en esta época de crisis estructural del capital se acentúa día a día . “La realización de la igualdad sustantiva constituye una condición absoluta para la creación de un orden alternativo históricamente sustentable. Si no es adaptado a conciencia como el objetivo necesario de la transformación – un objetivo que proporcione simultáneamente la brújula para el viaje y la medida tangible del éxito en el camino de llegar a la meta escogida- todo cuanto se diga acerca de la construcción del socialismo está condenado a seguir siendo un sueño político inalcanzable”, afirma Meszáros. La igualdad sustantiva es la base insoslayable para la creación de una sociedad verdaderamente equitativa derrocando las jerarquías estructurales que justifican la reproducción ampliada del capital, estableciendo un orden de control metabólico social que sea racional y humanamente gratificante, un orden en el cual el productor participe en todas y cada una de las decisiones tomadas en la sociedad.

Sumergido en una crisis estructural el capital apela de continuo – en términos históricos más breves- a su metamorfosis: un proceso de cambio de la forma, a partir de un mismo fundamento, una misma sustancia, una misma esencia, en términos marxistas. Con cada metamorfosis el capital espera resurgir victorioso e invulnerable como el Ave Fénix, en realidad cada etapa exhibe el agravamiento de la crisis del modelo de reproducción metabólico social; en particular la mayor tirantez generada entre la oligarquía financiera y sus aliados con la misma humanidad.

“El aspecto autoritario y vertical de su modo de gobierno encaja perfectamente en el marco de un nuevo neoliberalismo más violento y agresivo, a imagen y semejanza de la guerra librada contra los enemigos de la seguridad nacional. Por decirlo de otra manera, ya no hay freno al ejercicio del poder neoliberal por medio de la ley, en la misma medida que la ley se ha convertido en el instrumento privilegiado de la lucha del neoliberalismo contra la democracia. El Estado de derecho no está siendo abolido desde fuera, sino destruido desde dentro para hacer de él un arma de guerra contra la población y al servicio de los dominantes”, consideran los franceses Pierre Dardot y Christian Laval .

Ni siquiera Friedrich Hayek aspiró a un control tan férreo y represivo por parte de los sectores socioeconómicos dominantes sobre el resto de la sociedad. “La finalidad de la ley no es suprimir o restringir la libertad, sino todo lo contrario: protegerla y ampliarla. Allí donde no hay ley no pueden los hombres librarse de la presión y de la violencia de los demás, que es en lo que consiste la libertad”, planteaba Hayek. El capital deja atrás la “tolerancia represiva” para adentrarse directamente  en la represión. El panorama que se anuncia no es el mejor para contener a las masas dentro de los cauces legales. Según el informe del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), “en el primer trimestre la deuda global aumentó  estableciendo un nuevo récord de $ 246 billones, casi el 320% del PIB mundial. Se observó una situación similar en vísperas de la crisis financiera mundial de 2008. En algún momento, la economía mundial ya no podrá digerir la enorme deuda incontrolada.” La preocupación se extiende por todo el mundo de las finanzas, sabiendo que la crisis , pronosticada por los economistas, será  muy dura y conducirá al empobrecimiento masivo, la inestabilidad geopolítica, los disturbios sociales y las guerras.

Un presente de pesares y un futuro de cuya existencia se duda; sin embargo a diario la prensa nacional e internacional informa que la opinión pública se desliza hacia la derecha del espectro político. El cambio se reduce a un pedido de prolijidad  a los administradores del sistema. Que obstaculiza un cambio verdadero, un cambio emancipador. ¿Quizás el hecho de que los pueblos reproduzcan sus vidas en el interior del capitalismo? ¿Quizás el no avizorar una alternativa sistémica? ¿Por la conformación de la subjetividad popular por la prédica pro-sistema de los medios de prensa? Medios que han alcanzado una penetración como nunca antes tuvieron . ¿Por el fracaso de la Unión Soviética y el escaso desarrollo económico de Cuba?

Daniel Bernabé escribió su libro motivado por la pérdida de identidad de los trabajadores, su preocupación nos hace recordar la derrota de los aztecas cuando los españoles les impusieron la “otredad”.

 “El sistema nos arroja por la borda de la historia”, es la  síntesis de Pascual Serrano.

La esperanza monta los labios de Meszáros. “En nuestras sociedades las determinaciones estructuralmente atrincheradas y salvaguardadas de la desigualdad material se ven reforzadas en gran medida por la cultura de la desigualdad dominante a través de la cual los individuos interiorizan su posición en la sociedad, resignándose más o menos de buen grado a su situación de subordinación ante quienes toman las decisiones sobre su actividad vital. Esta cultura fue constituida en paralelo con la formación de las nuevas estructuras de desigualdad del capital, sobre los basamentos inicuos heredados del pasado Se dio una interacción recíproca entre las estructuras reproductivas materiales y la dimensión cultural, que creó un círculo vicioso que confinó a la inmensa mayoría de los individuos dentro de su esfera de acción estrictamente restringida. Si hoy prevemos un cambio cualitativo para el futuro, como debemos, no podemos negar el papel vital de los procesos culturales. Porque no podrá haber ruptura del círculo vicioso si no logramos poner en marcha el mismo tipo de interacción- pero esta vez en una dirección emancipadora positiva-  que caracterizó el desarrollo social del pasado. No se puede prever un viraje instantáneo del presente modo de reproducción social,  a la larga absolutamente insostenible, a un modo de reproducción social que ya no esté cargado de las tendencias destructivas de las confrontaciones adversariales de nuestro tiempo. El éxito dependerá de la constitución de una cultura de la igualdad sustantiva, con la participación activa de todos, y del estar conscientes de nuestra propia responsabilidad implícita en el funcionamiento de ese modo de tomar decisiones.”

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