El rol de las escuelas técnicas en los modelos productivos hegemónicos: una mirada con perspectiva de género.

Como docente de una escuela técnica, me parece importante primero hacer una breve referencia al sentido que tienen este tipo de orientaciones dentro de las escuelas. Las escuelas técnicas cumplen un rol fundamental dentro del desarrollo del mercado laboral. Es común en las técnicas que se aspire a la formación de trabajadores/as que sean absorbidos/as por las fábricas o empresas de la zona donde se suscribe la escuela.

Es aquí donde la Ley Educación Sexual Integral (ESI) da pie para poder mirar a las escuelas técnicas con los lentes de la perspectiva de género. Dar lugar a revisarla y recrear nuevos lugares donde podamos preguntarnos por qué desde la currícula de la escuela no problematiza el rol del capital en la reproducción del trabajo, y pensar el modo en que el capitalismo ha necesitado del patriarcado y al revés. Es una oportunidad para reflexionar el lugar de la mujer en la reproducción del trabajo capitalista y qué papel juegan las escuelas técnicas en estos ordenes sociales.

Sin entrar en generalidades ya que existen muchas escuelas con estas orientaciones que se animan a cambiar sus mandatos institucionales, solo me remitiré a la escuela técnica de la cual formo parte.

Una de las problemáticas que visualizo, en primer lugar, compete con la falta de una mirada crítica hacia el modelo productivo que se fomenta desde las orientaciones de las escuelas técnicas, industriales o agropecuarias. En el contexto actual, nos debemos un debate en torno a los programas que ofrecen estos espacios, cuyas propuestas educativas pueden ser resignificadas no sólo desde el género sino también en relación a la clase social.

No es sólo la formación de los y las jóvenes en la fuerza de trabajo que demanda el mercado, sino que se debería fomentar un pensamiento propio y crítico, para que también puedan transformar su realidad en la búsqueda y construcción de trabajo digno y genuino.

En este sentido, la construcción de conocimiento crítico debería estar atravesada principalmente por una perspectiva de género. La tecnificación del trabajo que se promociona desde la escuela, es proporcional a una demanda laboral que absorbe a más varones que mujeres y otras identidades sexo génericas. Podemos encontrar como existe desde la escuela la división sexual del futuro trabajo, sin recaer en demasiada problematización al respecto, estando naturalizado en las y los educadores la concepción de que las escuelas técnicas e industriales son para los varones.

Conversando con las y los estudiantes de 5 y 6 año, aparece como problemática el embarazo adolescente. El año pasado una joven de 5 año ocultó su embarazo durante siete meses y al comienzo del actual ciclo lectivo nos enteramos que había sido mamá y comenzó a ir a las clases con su hija. Si bien las autoridades de la escuela permitieron la concurrencia de la estudiante con su hija, le aclararon que si sucedía algo con la bebé -lastimarse, enfermarse, etc.,- la escuela no se iba a responsabilizar.

Después de un mes y medio la estudiante optó por cambiarse de escuela, aludiendo que si bien esta nueva institución no es técnica, como le hubiese gustado, se sentía más contenida y había una guardería donde podía dejar a su beba.

Sus compañeros y compañeras de curso reconocieron que la decisión tuvo que ver con la falta de una contención mayor desde la comunidad educativa. Como es sabido, la carga horaria de las escuelas técnicas es mayor que el resto. No tener en cuenta situaciones como la descripta, está habilitando mayores condiciones de accesibilidad al varón para poder continuar sus estudios en una escuela técnica.

De esta manera observamos cómo, por un lado, no se ha abordado la situación en la escuela desde una concepción integral sobre la sexualidad y las relaciones de géneros. La falta de una perspectiva de género transversal y específica en una escuela técnica, refuerza aún más los roles sociales de la masculinidad y feminidad, que conllevan a prácticas naturalizadas en las formas de intervención de las autoridades de la escuela.

A su vez, la ausencia de guarderías que contemplen el acceso igualitario de las jóvenes a la escuela, también da cuenta sobre la inexistencia en términos de igualdad de derechos.

A diez años de la ESI, los desafíos siguen siendo fundamentales. La importancia sobre el problematizar, identificar, reflexionar y deconstruir los mandatos históricamente asignados a varones y mujeres, se hace indispensable.

Cabe destacar que se ha trabajado la temática de violencia de género, no sólo en las fechas como el 8 de marzo, o el 25 de noviembre, sino ante cualquier inquietud de los y las estudiantes frente a los acontecimientos de índole cotidiano. En este sentido, considero imprescindible comprender los diversos conflictos dados en la vida de la escuela, no como situaciones aisladas sino en el marco de un sistema patriarcal que se refuerza en un modelo capitalista donde la escuela tiene un rol reproductor elemental para que esto suceda. Así como el discurso político hegemónico nos construye y clasifica, visibilizar y dar cuenta de lo que esto significa dentro y fuera del aula, es una tarea, un desafío y una responsabilidad que debemos llevar adelante como docentes críticos. Tal como expresa Morgade (2011), poner en tensión el binarismo, mostrar que es urgente incorporar un pensamiento complejo, abierto al diálogo con otras disciplinas, que nos permita cuestionar los mismos cimientos modernos que son su fundamento, debe ser parte de esta tarea.

Para ejemplo sobra un botón

El 15 de junio del corriente año se firmó un Convenio Marco Colaboración entre el ministro de Educación y Deportes Esteban Bullrich y el ministro de Agroindustria de la Nación Ricardo Buryaile. En este convenio se acordó, entre otras cosas, un compromiso con más de 45 empresas y organizaciones como Aapresid, Aacrea, UATRE- para que sean fuente de capacitación para escuelas agrarias.

Sin ánimos de desarrollar este tema tan controvertido para las escuelas agro técnicas, ya que ameritaría otra nota, nos detenemos en las palabras de presentación del ministro de educación “Pensando en que debemos convertirnos en el supermercado del mundo, recorrimos todo un camino con el ministro Buryaile y hoy la agroindustria sabe que se puede apoyar en la educación, una enorme herramienta de progreso que potencia la capacidad de los argentinos”

Estos marcos de acuerdo nos dejan entender como es el mercado quien dicta las normas, y las escuelas ancladas en su territorio las ejecutan.

De esta manera las escuelas pierden su potestad de transformación de la realidad que los rodea. No es ni la comunidad y sus problemática sobre los que se trabaja, sino la proyección de poder desarrollar una reproducción social que se amolde a las exigencias del mercado, ya no local, sino mundial.

Las currículas estatales para las escuelas técnicas, de alguna manera, reproducen un mandato social en cuanto a la construcción de la masculinidad, ya que las industrias que son abordadas en este tipo de materias se insertan en un lugar preponderantemente masculino. En una cadena industrial o agro industrial donde el mercado absorbe como fuerza de trabajo al varón, nos encontramos con una currícula que no problematiza el rol del capital en la reproducción del trabajo. La escuela busca formar estudiantes para que los/las absorba la industria, sin problematizar conceptos como la generación del valor de esa mercancía y los derechos laborales, por ejemplo. Es así que veo que la problematización sobre los estereotipos de géneros, no son cuestionados en profundidad.

En cuanto al diálogo con la realidad de los/las estudiantes y sus conflictividades, sucede que quienes están en la escuela técnica ven como prioritario salir con un título técnico que les permita insertarse más rápidamente en el ámbito laboral, y muchas veces queda subsumido el conocimiento adquirido para ponerlo en práctica por fuera del mercado laboral formal. Así vemos como la mayoría de las expectativas de los y las estudiantes están orientadas principalmente por el mercado laboral relegando muchas veces sus verdaderas trayectorias de vida.

En la cotidianeidad como docente, muchas veces intervengo haciendo críticas a los aspectos señalados, pero aún falta un abordaje más profundo que debería poder trabajarse de conjunto con el resto de la comunidad educativa.

* Bernardo Ferraris. Docente de escuela técnica

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