El Salteñazo, el Cordobazo, y la Revolución Mundial

Por Alejandra Soler y Carlos Abrahan. Hace 49 años, días antes de que se iniciara el conocido “Cordobazo” de mayo de 1969, hecho que terminaría con el gobierno del Gral. Onganía, se desarrollaba en Salta una de las semanas menos conocidas y más intensas de su historia de luchas. Ni en el caso de Salta ni en el de Córdoba se trató de hechos inéditos en su historia. Sin entrar a relatar la larga historia de lucha de la clase obrera salteña (jalonada por las huelgas de 1949, 1959, o 1965), detengámonos en los primeros meses del 1969, cuando diferentes gremios salteños denunciaban la política salarial del gobierno, como la Asociación de Empleados y Obreros de la Ad- ministración Pública, que realizó la “Marcha de Hambre”, una de las primeras manifestaciones contra el gobierno de Onganía. Meses después, se manifestaban los trabajadores metalúrgicos en rechazo a la aplicación de las “quitas zonales” (significaba salarios inferiores en las industrias metalúrgicas del interior).

Y en abril, todos se sumaban a las movilizaciones en repudio por la represión y asesinato de los estudiantes – obreros Juan José Cabral, Adolfo Bello y Norberto Blanco, participantes de las manifestaciones en Rosario y Corrientes. Ese caldo de represión y hambre hizo estallar a la ciudad de Salta el 21 de mayo. El enfrentamiento, iniciado por una “huelga estudiantil”, abarcó todo el centro de la ciudad, convertido en esos días, según la prensa de la época, en un “campo de batalla”.

A primera hora del 21 de mayo, luego de clausurar con poxipol las entradas del Colegio Nacional para hacer efectiva la adhesión a la huelga, los estudiantes iniciaron una marcha por Av. Belgrano. Mientras, la Escuela Normal era tomada por sus estudiantes y otros salían por las ventanas para participar de las movilizaciones. Cientos de manifestantes provenientes del Nacional, la Plaza 9 de Julio y la Normal, marchaban para encontrarse, previa provisión de proyectiles en forma de naranjas de los árboles de la Plaza Güemes. Ya unida, la columna recorrió todo el centro, escuela por escuela, reagrupando estudiantes y sorteando a la infantería, los camiones de asalto, hidrantes, los lanzagases y las armas largas. Al mediodía, lograron llegar a la Casa de Gobierno, donde reclamaron por la renuncia del gobernador Rovaletti.

Desde las tres de la tarde, los manifestantes volvieron a concentrarse en distintas esquinas céntricas, pero esta vez se vieron envueltos en una verdadera batalla que enfrentaron con tal organización que lograron en- cerrar a grupos policiales listos para reprimir pero sin más salida que huir en autos particulares o corriendo. Las barricadas se multiplicaban acá y allá, las bombas lacrimógenas se acabaron y las esquinas de la plaza central eran controladas por los manifestantes: el centro quedó en sus manos.

Más tarde, una misa en la Iglesia San Francisco por los estudiantes correntinos y rosarinos asesinados, marcó una breve tregua. Pero a su término, ya al anochecer, una marcha de antorchas de mil quinientos manifestantes avanzaba de nuevo por la ciudad. Entre la policía rearmada, el humo, los autos y bancos de la plaza volcados como barricadas, el gas, el fuego de las antorchas y varios manifestantes heridos, la ciudad apareció como un campo de batalla. Casi al finalizar la jornada, dos grupos de manifestantes decidieron encolumnarse hacia el Club 20 de Febrero, símbolo del poder en Salta, donde se encontraba reunido el gobernador.

Por poco fue tomado, y el pánico de los asistentes a la recepción sólo se aplacó con la irrupción de la policía federal. Luego de tres días de tensión, los enfrentamientos y el domingo 25 de mayo finalizaba con un acto obrero-estudiantil bajo la consigna: “Universidad y gobierno para el pueblo”.
Cuatro días después estallaba el Cordobazo en repudio a la supresión del “sábado inglés”, a las quitas zonales y al asesinato de los estudiantes y obreros. Tanto los hechos de Salta como los de Córdoba representaron insurrecciones resultado de una acumulación de luchas, y de la solidaridad y organización de las clases explotadas. Marcaron la apertura de un ciclo histórico donde comienza a experimentarse su acción independiente respecto del peronismo, partido que ha funcionado históricamente como institucionalizador de los conflictos, como movimiento nacionalista burgués que es.

Este ciclo comenzó a cerrarse en 1973, cuando Perón volvió al poder, e inició el descabeza- miento y represión de las organizaciones de izquierda, de esa generación de luchadores que había surgido en 1969 conscientes de que el problema era Quién debía gobernar, conscientes del problema del poder. Planteo que no fue exclusivo de los que protagonizaron estas insurrecciones, sino que correspondió a una situación internacional. Ese mismo año tenía lugar el “verano caliente” italiano, un año antes había estallado el “Mayo Francés”, y en EE.UU. las manifestaciones en contra de la guerra de Vietnam tomaban forma vio- lenta.

En México, el ejército asesinaba en la plaza Tlatelolco a miles de estudiantes y docentes que protestaban contra el recorte de la autonomía universitaria. En Praga, la “primavera”, y en Bolivia, la guerrilla del Che. Para el reconocido historiador inglés Eric Hobsbawm, fue el período histórico, junto a la “primavera de los pueblos” de 1848, durante el que más cerca estuvimos de la Revolución Mundial.
Y Salta no estuvo ausente.

Fuente: Revista El Pájaro Cultural nº 117, Salta, Argentina.

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