El subsuelo de la Patria bolivariana, retratado.

A propósito de Mañana será Historia. Diario Urgente de Venezuela, de Marco Teruggi.

Lo primero que podría considerarse es cuánto conocemos acerca del proceso de Venezuela. Tan presente en los medios masivos de comunicación, tan vilipendiado y sumariamente caracterizado su presente como el de un país sometido bajo un régimen cada día más autoritario: crisis económica, hiperinflación, migraciones masivas, violencia contra la oposición…

Todo ello, de una u otra manera, está presente en este nuevo libro de Marco Teruggi. Con la premura de un cronista, pero sin que la urgencia ni el vértigo cotidianos nublen aquello que perdura, puede apreciar la espuma de las olas, pero sabe que se trata de un efecto de corrientes más profundas, que vienen de lejos, de hace tiempo. La actualidad responde a elementos que no están presentes sino en sus efectos, en sus resonancias históricas.

Teruggi es sociólogo de formación académica, es cierto. Sin embargo, prima en su relato el trabajo de la palabra, el cuidado en la construcción de estampas que, una a una, configuren un verdadero mapa de las luchas de las clases populares venezolanas. El cuidado, también, porque su oficio es el de poeta. Uno que, al decir de Gabriel Aresti, reconoce que los materiales con los que trabaja le fueron generosamente ofrecidos:

Nire poesia oso merkea da / herriaren ahotik / hartu nuen debalde, / eta debalde ematen diot / herriaren belarriari.

Mi poesía es muy barata / gratis la recogí de la boca del pueblo / y gratis se la devuelvo al oído del pueblo.

Testimonios de las luchas presentes, memorias de aquellas libradas en el pasado. Un caleidoscopio que no presume de simetría alguna en los efectos que genera su composición. No podría ser de otra forma, cuando se presta una escucha respetuosa a las voces de quienes constituyen la base de uno de los procesos más revulsivos de nuestro continente de las últimas décadas: el Chavismo. A lo largo de las 92 entradas que simulan días en este Diario, Teruggi va componiendo un estado de situación del clima político, económico y social de Venezuela de los últimos dos años. En particular, las generadas por el asedio cada vez más sistemático y violento de la oposición de derechas, apoyadas por el poder imperial de Estados Unidos y de grupos reaccionarios de Colombia. Pero lo dicho: refiriendo a cómo vive y lucha, desde abajo, el Pueblo organizado.

En éste, que puede ser leído como continuación de su Lo que Chávez sembró (2015), el cronista no oculta su toma de posición (‘No soy objetivo. Nadie pretende serlo en Venezuela’) y nos lleva a conocer la geografía venezolana: campo y ciudad recorridos por asfalto de autopistas y senderos embarrados; caminos de montañas y costeños; diversidad de paisajes, de culturas y de identidades, ritmos y voces, aunadas en la pelea cotidiana por hacer realidad un proyecto que se quiere emancipatorio, popular, contradictorio.

En el cotidiano, sólo parece que la lucha es por acceder al pan, a elementos de higiene, a lo más básico para la subsistencia. Así de duro este presente. Y entonces, la pregunta que aqueja: ¿dónde quedó el debate por el socialismo? Más acuciante y sorprendente aún para quien se encuentra entre estos días narrados con escenas que parecen sacadas de un film postapocalíptico, es intentar comprender cómo es posible que el gobierno del continuador de Chávez, Maduro, siga en pie. Aquí reside el acierto más importante del autor, el valor más genuino del libro. No es posible encontrar elementos de juicio que funden una caracterización precisa de esta coyuntura y de la continuidad del Chavismo en el gobierno si no es considerando el pasado de este pueblo, los cambios significativos que la irrupción del movimiento liderado por Chávez implicó para las clases populares, de los avances en dignidad y en protagonismo… pero también, de los miedos que genera la prometida revancha de clase encarnada por la hoy fragmentada oposición de derechas.

A riesgo de parecer esquemático y/o superficial, resulta estimulante el ejercicio de reconocer la presencia, insistente, de algunos términos a lo largo del libro, que no casualmente dan la clave del proceso que el autor pretende caracterizar. La derecha se muestra omnipresente, como ningún otro término (217 veces), sólo superada, claro, por Chávez y el Chavismo (unas 240 veces). Allí está la dicotomía, violenta, que hacen que el autor martille incesantemente y no sin fundamentos: es una guerra (89 veces) declarada a la Revolución (160 y más…), en la que las comunas (164 menciones), son las protagonistas de la resistencia del Pueblo. No es un oráculo, claro, pero no manifiesta duda alguna en su deseo: “perder no es una opción” y entre el par ganar/perder o victoria/derrotas, el primero se impone indubitablemente en intensidad. Una constelación de palabras que orientan la interpretación….

El poeta no dilapida un solo verso en la romantización del proceso. Muestra errores, contradicciones, bajezas, límites y verdaderas claudicaciones de quienes formalmente son parte del campo del Chavismo. Y también relata las violencias atroces, los crímenes cotidianos, inhumanos, que las fuerzas opositoras desatan contra quienes se identifican con el movimiento. Quienes más la padecen son, claro, las clases populares, la militancia de base, el cuerpo y la sangre, el corazón del socialismo comunal.

Dos años vertiginosos. Densos. Violentos. Esperanzadores. La urgencia que reclama desde el título -cual antaño lo hiciera un trovador cubano con la Revolución en Nicaragua- es el llamado a que conozcamos de primera mano qué batallas se están dando en Venezuela, cuál es la dinámica del conflicto, cuál es su trascendencia. No sólo para reconocer insumos para nuestros propios activismos en estas latitudes, sino también y muy fundamentalmente, para que asumamos que las luchas del pueblo venezolano, su derrotero y sus resultados, no deben sernos ajenas. Recuperar aquella máxima guevarista y sentir en lo más hondo cualquier injusticia…

¿Críticas a Maduro y a su gobierno? ¿Límites del proceso? ¿Contradicciones y claudicaciones? Claro que sí. Lo dicho: el libro no escatima en críticas ni esconde lo que al poeta no le gusta y el sociólogo bien puede explicar, todo en un mismo movimiento. El peligro es claro: la obsecuencia y el conformismo; la bancarrota moral e ideológica. Marco Teruggi nos lleva a recorrer Venezuela de su mano, a escuchar a su pueblo, a reconocernos en sus luchas y reivindicaciones, a asumir al enemigo en común. A mirarnos y a reconocernos en este retrato descarnado. A no ser indiferentes.

 

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