El trumpismo y la inestabilidad internacional

Si algo distingue la política internacional de Donald Trump es su previsible imprevisibilidad. Las recientes medidas económicas arancelarias van acompañadas por otras ligadas al militarismo. Las segundas se explican por las primeras.

Todo pareciera indicar que estamos en los inicios de una nueva fase del mandato de Donald Trump. En esta fase se muestra decidido a hacer realidad sus, hasta ahora incumplidas, promesas de campaña: recomponer el tejido industrial desbastado por la relocalización de empresas y las nuevas tecnologías, reparar la infraestructura pública, abandonada por años, repatriar empresas e incrementar la tasa de inversión.

De estas políticas, plasmadas en la “Agenda de Política Comercial” (doc. 19 US.C 2213), se deducen las prioridades en el plano internacional. Un intercambio más equilibrado para reducir el déficit comercial, del orden del 4% del PBI, y fortalecer el poderío militar estadounidense, como mecanismo de presión para las negociaciones comerciales. Todo se resume en su lema de campaña “América Primero”.

Este es el contexto de las últimas medidas tomadas por la administración Trump: suba de aranceles (proteccionismo) y recambio de funcionarios (reforzamiento del militarismo), a los que deben agregarse las disputas diplomáticas con Rusia que ahora se extendieron a buena parte de Europa y que  aumentan las tensiones políticas.

Jugadas en simultáneo

En las últimas semanas Trump realizó tres jugadas que encendieron las alarmas por la posible escalada de disputas comerciales y bélicas. Por decreto gravó las importaciones  chinas de 1300 productos por un valor de 50.000 millones de dólares al año  y exigió a ese país que reduzca en 100 mil millones anuales su superávit comercial bilateral. Dio marcha atrás con la suba de aranceles al acero y al aluminio anunciada días atrás y que afectaban seriamente a Canadá y a Europa, principales proveedores, pero simbólicamente las mantuvo para China, que no es un gran exportador de estos productos. Por su parte la República Popular respondió con una lista de 128 productos pasibles de suba de aranceles por apenas 3.000 millones de dólares al año, al mismo tiempo que reafirmó su intención de liderar la globalización. Pero dos días después subió la apuesta y puso aranceles a los automóviles y a la soja (principales productos que le exporta EEUU) por un valor también de 50.000 millones.

Por último los cambios de funcionarios de su gabinete. Un halcón, John Bolton, por un moderado, H.R. McMaster, como Asesor en Política de Seguridad Nacional y un ultraconservador y miembro del Tea Party, Mike Pompeo como Canciller, por Rex Tillerson,  lo que consolida un perfil más militarista a su gabinete.

Disputas estratégicas

Se sabe, en el largo plazo China y EEUU son rivales estratégicos, pero toda la evidencia disponible nos muestra que en el corto y mediano plazo comparten ciertas necesidades y objetivos comunes – lo que no implica que no haya competencia y disputas por el poder- que se habrían sellado hace un año atrás en la reunión que los presidentes Donald Trump y Xi Jin Ping mantuvieran en la residencia privada del primero en Florida. Allí habrían discutido desde aspectos geopolíticos hasta económicos: el déficit comercial  estadounidense, la relación dólar/renminbi, la situación del régimen norcoreano y las tensiones en el Mar de la China del Sur. Se habría llegado a ciertos acuerdos.

Nada indica por ahora que estemos a las puertas de una guerra comercial abierta como lo presumen  distintos analistas e incluso la OMC que advirtió sobre “el peligro para la economía global”. Hay quiénes con más criterio al mencionar que el déficit de EEUU con China es de 375 mil millones de dólares, sobre un intercambio de 505 mil millones concluyen que  “Viendo el gran déficit que tiene Estados Unidos no parecieran ser números descabellados, China seguiría con superávit y Trump sumaría unos “porotos” al disminuir el rojo en la balanza comercial”. Agreguemos que las subas arancelarias norteamericanas entrarían en vigencia dentro de 60 días –supeditadas a la aprobación de la Oficina del Representante del Comercio Exterior (USTR)- mientras que las chinas no tienen fecha de aplicación y que el 40 por ciento de ese déficit proviene de la importación de productos manufacturados en China por multinacionales estadounidenses. El secretario del Tesoro de EEUU fue muy claro al afirmar que “…las medidas contra China estaban sujetas a negociación” y el secretario de Comercio completó “…son el preludio a una serie de negociaciones. ¿Solo fuegos de artificio o hay algo más? Por ahora China ha reservado sus cartas más fuertes, por ejemplo poner trabas a la importación de aeronaves producidas en EEUU o hacer valer que es el mayor tenedor de bonos estadounidenses.

Guerra de posiciones

Más bien parecen movimientos para mejorar condiciones de competencia y posicionarse para la disputa estratégica, así la suspensión de las medidas por el acero y el aluminio para Europa y otros países, entre ellos Argentina, serían jugadas para garantizar alianzas en esa disputa, cuando Francia y Alemania se ven tironeadas por China, con quién comparten el liderazgo de la globalización y el libre comercio. En tanto que el reforzamiento del militarismo es previo a que en mayo EEUU se retire del acuerdo nuclear con Irán. Los dos nuevos funcionarios apoyan ese retiro cuyos efectos sí pueden ser impredecibles, entre ellos fortalecer al ala más nacionalista y debilitar al actual presidente Hasan Rohani, uno de los artífices del acuerdo con el comité de seguridad.

 

Disputa estratégica

Cuando el orden construido a la salida de la II Guerra Mundial comienza a resquebrajarse y la globalización pareciera tocar ciertos límites la hegemonía estadounidense está siendo disputada por China que lidera los adelantos en robótica y avanza rápidamente en la inteligencia artificial. De seguir el curso actual, según los ejecutivos de Google, en 2030 China dominará la industria. No en vano la amenaza arancelaria de Trump se refiere a las importaciones high tech –tecnología de punta para las industrias aeroespacial y robótica- de China -solo 0.5 por ciento del total de sus importaciones- al mismo tiempo que denuncia ante la OMC, una institución a la que ha boicoteado sistemáticamente, el robo de tecnologías creadas por empresas de EEUU.

 

La disputa estratégica es entonces por el liderazgo y control de la llamada 4ta revolución industrial -robótica, internet de las cosas, inteligencia artificial- sobre todo ésta última, para la que la República Popular está haciendo grandes inversiones mientras que la administración Trump ha reducido las partidas presupuestarias para ciencia y tecnología. Claro que en este juego de presiones comerciales que escalan y bravuconadas guerreristas un error de cálculo puede transformar la inestable estabilidad actual en un caos.

 

*integrante del colectivo EDI –Economistas de Izquierda-

 

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