Elecciones: ¿Cuándo vamos a discutir lo importante?

En la alegoría de la caverna, los esclavos toman como reales las imágenes proyectadas en el fondo de la misma. Pero esas imágenes en realidad son las sombras que proyectan siluetas manipuladas por personas que pasan delante de la luz de una fogata.

Los esclavos no pueden darse vuelta y mirar si esas imágenes existen de verdad. Para ellos lo único realmente existente es lo que pasa delante de sus ojos. Toda la vida vieron el mundo a través de esas sombras y para ellos, ese es el mundo real.

Hay una lógica de la cual es difícil de escapar si aceptamos las premisas que nos impone el sistema.

 

Nuestra visión del mundo

Siempre los hombres y mujeres tuvieron distintas visiones del mundo. Siempre dependió de su existencia o de la cultura hegemónica de la clase que dirigía la sociedad en la que vivían.

El mundo moderno que nos toca vivir, el mundo donde todas las relaciones sociales están dominadas por la lógica capitalista, la lógica del mercado donde todo se puede vender y comprar, la lógica de la ganancia de los dueños de los medios para producir las mercancías que consumimos, es un mundo que heredamos y que muchos cuestionamos. Por las injusticias que trae aparejado, por la explotación, el hambre, la miseria y la barbarie a las que nos condena.

Las sombras que ocultan lo verdadero

La clase dominante, la casta de turno, necesita que aceptemos que esas sombras son reales, es más, necesita que las defendamos como verdaderas y por medio del consenso – y el voto – las validemos.

Muchas veces nos presentan dos o tres variantes, distintas formas o siluetas, nos plantean que sigamos mirando hacia el fondo de la caverna y que elijamos entre ellas. Siempre encadenados.

Nunca nos plantean que salgamos de la caverna para descubrir por nosotros mismos el mundo real. Conocerlo es el primer paso, cambiarlo de raíz el segundo. Construir herramientas colectivas para lograrlo, la gran tarea pendiente.

Salir de la caverna

Para algunos el 2001, fue una crisis económica, social, pero esencialmente política, de la que se logró salir. El propio régimen político, haciendo algunas concesiones, se reacomodó. Se cambió algo, para no perder todo.

Para otros, fue un fracaso. Según su mirada, no cumplió con todas las condiciones para considerarlo realmente insumiso ni antisistémico. No entraba en los viejos esquemas. No lo entendieron, no pudieron o no quisieron.

Somos varios los que sostenemos que allí ocurrió otra cosa, algo nuevo que fue y es difícil de descifrar para las miradas tradicionales, tanto hegemónicas como revolucionarias. Otra cosa que no sólo no terminó en nada, sino que aún no terminó.

En realidad hasta ahora el 2001 no hizo más que aparecer en cada crisis. Es el fantasma que aterroriza a los partidos tradicionales, expresiones de la clase dominante y de los grupos económicos, el verdadero poder.

El 2001 no es una fecha, es el símbolo de la ruptura de una lógica política, que es la lógica de la representación. Porque de un lado y del otro, se manipula la representación. Y ahí tenemos un problema a resolver.

El régimen político democrático está cuestionado en todo el mundo. Y en nuestro país, desde el 2001, como nunca los tres poderes de la república están cuestionados como parciales: siempre responden a los de arriba. Los partidos están vaciados de contenidos, de programas, de mística. La herida no se cerró, porque la decadencia del sistema, del régimen continuó.

Estamos los que nos resistimos a aceptar que existe una idea única de democracia, final e inmutable. La democracia es una construcción histórica, es decir la construyeron hombres y mujeres. Por lo tanto se puede cambiar, modificar, perfeccionar.

Pero además, no hay forma democrática en el verdadero sentido de la palabra, si esta oculta la explotación del sistema capitalista y las injusticias que éste acarrea.

Sólo habrá transiciones democráticas, espacios conquistados con luchas, con sangre y en constante conflicto.

¿El mal menor?

Hay quienes quieren que no salgamos nunca de la oscuridad de la caverna. Pretenden que sigamos mirando las imágenes que nos mantienen alienados.

En eso no se diferencian, tanto el PJ (en todas sus variantes, tanto el kirchnerismo como el Massismo) o Cambiemos, quieren que seamos espectadores pasivos, mientras ellos llevan adelante sus políticas como clase dominante.

En los últimos años se ha reforzado una presión para que elijamos entre variantes del mismo sistema. Nos piden que elijamos el mal menor o al menos malo.

El problema es que mientras optamos por las variantes de los patrones, siempre les estamos dando una sobrevida y nunca tenemos tiempo de construir una que defienda de verdad nuestros intereses como clase. Y no podemos empezar siempre de cero.

La búsqueda

En el mito de la caverna, uno de los esclavos logra escapar e inicia la búsqueda de la verdad. Es un camino tortuoso lleno de obstáculos. Pero cuando logra salir, descubre el mundo real, como funciona y lo que le ocultaron interesadamente durante toda su vida.

Somos lo que estamos en la búsqueda de otras lógicas desde abajo y a la izquierda.

Mientras luchamos y construimos otras formas de representación, otras formas de participación colectiva, no nos abstenemos de participar en la democracia realmente existente.

No como un fin en sí mismo sino como un aporte más para dar esas batallas en las ideas tan necesarias.

Siempre nuestra opción será apoyar a la izquierda clasista y combativa, la que mejor exprese en su momento nuestra forma de pensar y sentir.

Porque nuestro horizonte es anticapitalista, antiimperialista y anti patriarcal, mientras luchamos por una sociedad socialista o como los trabajadores y el pueblo la nombren cuando empiecen a construirla. Soñamos con una sociedad sin explotación, donde todos los que producen la riqueza puedan disfrutarla en igualdad sin destruir el planeta que nos alberga.

Mientras buscamos y construimos la izquierda que necesitan los trabajadores y las clases populares, tenemos claro que el voto cambia el gobierno en el mismo Estado, pero no cambia el Estado. Ni a la clase que tiene la hegemonía en ese Estado. Para nosotros esto es lo realmente importante.

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