En la televisión también somos nosotras

Por una semana la tele y nosotras hablamos casi el mismo idioma. El impacto fue tal que Jorge Rial prometió debatir la legalización del aborto al aire. Todo comenzó en la mesa de Mirtha Legrand. La Chiqui preguntó a sus invitados qué opinaban sobre las “polémicas” declaraciones de Cacho Castaña. Las primeras respuestas fueron: “quiso hacer un chiste”, “hablaba de otra cosa”, “lo sacaron de contexto”, “ahora por decir algo te tiran a la jaula de los leones”. Hasta ahí, nada nuevo.

La televisión es un medio donde se dice que la denuncia de Calu Rivero es exagerada, que ella está ensañada y al acosador lo sientan a explicar su versión mientras en el graph se lee “si sufrís violencia de género llama al 144”. Te invitan a denunciar, pero sí lo haces te aleccionan.

Si la televisión pone el foco sobre nosotras es porque no queda otra. Somos miles, hacemos ruido, estamos organizadas, salimos a la calle. Ya es imposible ignorar nuestra voz.  La televisión nos abraza, y en ese abrazo nos visibiliza, pero también intentará quitarnos relieve, volvernos predecibles, domesticarnos. Nuestro anticuerpo para eso es seguir juntas, antes y después de la pantalla.

Las 12, Futurock, Cosecha Roja, LatFem, Manifiesta, Presentes y tantos otros medios construimos nuestra agenda y nuestro trabajo cotidiano desde el amor. Somos voces de una revolución que no necesita vocerxs porque habla por sí misma. Gritamos tan fuerte que hicimos más que barullo y empezamos a traspasar papeles, pantallas y hasta el eter.

La televisión no es una caja boba: alguien alguna vez la definió como una inmensa máquina de generar olvido. La televisión ignora – “eso no garpa”, “eso no mide” dicen los jefes de producción- hasta que no hay más remedio. Lo que pasó ahora fue eso: cuando habla Cacho Castaña y Iudica o Mirtha Legrand festeja un comentario machista, del otro lado hay miles para responder. Del otro lado estamos nosotras.

En el almuerzo

La sorpresa llegó con Araceli González en la mesa de Mirtha Legrand: “Para mí, una frase opaca todo lo artístico de una persona. No porque sea Cacho Castaña hay que tenerle respeto”. A pesar de que la mayoría de los invitados y Mirtha intentaron llevar el foco de la discusión hacia mujeres agresivas que no se bancan una frase errada, algo se empezó a mover.

Arrancó la lógica de la tele. Jorge Rial cruzó en un móvil a Araceli González para hablar sobre la discusión en la mesa de Mirtha. La actriz dijo que le daba taquicardia pensar en la frase y que ella era visceral. Nos ilusionamos, la televisión daba otro mensaje. Pero duró poco.

“Escuché ahí que dijeron que soy feminista. Yo no soy feminista. Las respeto muchísimo, pero tengo un hijo varón hermoso, un marido precioso y respeto mucho a los hombres. No soy feminista”, dijo Araceli. Ni al conductor ni al panel les llamó la atención igualar el feminismo al odio del hombre.

 

En el estudio

-Flor, ¿me ayudas? ¿Qué es el feminismo?.

La pregunta de Rial a Florencia Freijo -politóloga y ecofeminita- abrió una puerta inesperada en el programa que hasta hace una semana era uno de los mayores exponentes de la frivolidad y el atraso de la tele.

– El feminismo es un movimiento que engloba la lucha de las mujeres contra una violencia estructural y económica. El 70 por ciento de las mujeres en el mundo son pobres, datos de la CEPAL.

– ¿Está en contra del hombre?

– No, es un movimiento que va hacia la igualdad.

– ¿Qué te pasó a vos con lo que dijo Araceli?

– Me parece que es irresponsable porque es una persona que está en los medios. No hay que salir a matarla, es una persona en deconstrucción. No se nace feminista, lamentablemente muchas veces se hace feminista a través del dolor.

 

 

Dieciseis minutos y once segundos después, Araceli Gonzalez llamó por teléfono al programa. A los tres minutos de aire contó que su mamá la crió sola, que ella fue manoseada de niña y que su ex marido la expulsó del ámbito laboral durante 7 años. Araceli vivió en televisión abierta lo que muchas tantas experimentan con sus amigas o en los Encuentros Nacionales de Mujeres que se organizan hace 32 años: escuchar la experiencia de otra mujer te identifica, te empodera, te enoja, te da fuerzas. Y entonces: “Estoy de acuerdo con lo que decías, Flor, si eso es ser feminista, soy feminista”.

 

En Cosecha Roja

Ninguna en la redacción tiene televisión en casa. Terminó la entrevista de Florencia y nos enteramos por las redes sociales de Ecofeminita. Abrimos el video en Twitter. La sensación fue de victoria: el ejercicio de escuchar a una feminista y reconocerse en sus palabras lo habíamos transitado muchas veces. Se llama sororidad. Verla en vivo nos pareció un hito histórico. Pero la televisión tiene historial de simplificar y expulsar eso que no vende. Algunos de los panelistas empezaban a ensayar otra estrategia contra lo que era sólido al aire. Buscaban pelea entre mujeres. Entonces dijeron: hay feministas “buenas” con las que se sienten cómodos y a las que pueden reclamarles “explicaciones tranquilas”. Hay otras que “los señalan, retan, no les dicen qué tienen que hacer” y, para ellos, “el enojo pierde”.

Ya lo habíamos visto con la discusión entre el #MeToo -yankee- y las francesas. El espacio de debate está vetado para las mujeres en los medios. Los análisis televisivos sobre política o economía son de varones. Si nosotras tenemos diferentes opiniones, buscan llevarnos al barro. Es un enfrentamiento: una cosa o la otra. O peor, una postura anula la otra y muestra que en verdad no pasaba nada. El feminismo no es uniforme, hay posturas diferentes. Durante el paro internacional de mujeres tomamos las calles de más de 44 países y 200 ciudades. En Argentina nos reunimos desde hace más de 30 años a discutir y repensar.

Malena Pichot anunció que iría al estudio de Intrusos al día siguiente. Esta vez llegamos a la redacción preparadas. Armamos mate, compramos galletitas y prendimos la televisión por primera vez.

En Futurock

“¿A qué hora va el programa de Rial?”, escribe una amiga. “Che ¿están hablando de feminismo en la tele? ¿qué canal es?”, pregunta otra en un grupo de whatsapp. “Me pasan a buscar ahora, no sé bien a qué hora saldré”, nos avisa Male el martes minutos antes de las 14.

En Futurock intentamos hacer la apertura habitual del programa, pero la expectativa y emoción eran absolutas. Nuestra selección iba a jugar un partido importantísimo. Sale Male al campo de juego, aplausos en el estudio. Clericó Futurock, el programa que en ese momento estaba al aire, fue el soporte de la transmisión de la final del campeonato. Ahora nosotras eramos Quique Wolff y el Pollo Vignolo. Estábamos viendo aquello que jamás creímos que íbamos a ver en la televisión abierta, lo mismo que charlamos todos los días en nuestra radio. Este es nuestro mundial.

“Las feministas no odiamos a los hombres, es absurdo ¿cómo vamos a odiar a la mitad de la humanidad?”, dice Malena y agrega: “El feminismo es la conciencia de que hay una injusta desigualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres”. “Ser machista no es me gustan el futbol y los autos, es creer que la mujer es un objeto propio y que entonces podes hacer lo que quieras con ella”. Aplausos en el estudio de Futurock. Damian Rojo le “explica” a Malena que sería más constructivo que baje el tono, que tome una actitud más docente. “Esto me suena a algo que se llama mansplaining que es cuando un hombre le explica a una mujer lo que tiene que hacer, vos me estás diciendo lo que tengo que hacer, Damian, y es raro”. Ovación al micrófono con auriculares puestos.

Malena habla con la naturalidad y claridad de quien viene hablando de esto todos los días hace años al aire o afuera. Me acuerdo de que fue ella quien me dijo una vez: lo que sentis es feminismo y, como en Matrix, tome la pastilla roja y no pude volver atrás. La diferencia es que esta vez lo dice en televisión, en esa televisión que dejamos de ver y de la que dejamos de esperar cualquier guiño de contemporaneidad. Ahora asistimos en vivo al cuestionamiento de su anacronía y es hermoso.

En el panel y Futurock 
Y al día siguiente asistimos al segundo round. “La historia de las mujeres no es la historia de Moria Casán- arranca Julia Mengolini y en el estudio de Futurock nos agarramos de las manos-  el feminismo es claramente ponerse en el lugar de la otra, no importa si a mi en lo personal me violaron, es empatía”. Desde la entrevista a Male algo ya se mueve en el corazoncito de Marcela Tauro, de Marina Calabró y de cada una de las señoras y de las pibas que están viendo Intrusos en sus casas. ¿Cómo no las va a movilizar? ¿Cómo el feminismo no va a ser el remanso para que alguna entienda que ese tipo con el que salía que le elegía la comida en un restaurante, que la trataba de boluda cuando quería opinar de politica o que le decía cómo manejar su carrera o su relación con su hermana, era una expresión más del machismo y no una falla propia?

“No hay extremismo, matan una mujer por día, nadie fue a quemarle la casa ni a Facundo Arana ni a Cacho ni a nadie, bánquense un tuit, bánquense el debate, bánquense el conflicto, la interpelación”, contesta Julia a la acusación por los modos violentos del “ala más abrasiva del feminismo”. “Yo elijo creerle a las mujeres, me puedo equivocar, pero es una decisión política”, dice Mengo. No vuela una mosca en el estudio de Intrusos, eso que se desacomodó en el corazón de Marcela Tauro no vuelve a su lugar original y, al mismo tiempo, a alguna se le cae una lagrima en el estudio de Futurock. “¿Qué te dice tu marido?”, Pregunta Adrián Pallares, quizás, creyendo que habia encontrado sobre el final de la entrevista el talón de Aquiles de Julia. “Mi marido me acompaña, es muy feminista, de hecho es el director de una radio muy feminista que es Futurock.fm”. Arremete Rojo: “¿Y qué porcentaje de mujeres conductoras hay en tu radio, Julia?”. “Mitad, mitad. Malena, Bimbo y yo somos conductoras de nuestros programas. También están El Cadete, Julian Kartun y Werner Pertot”.

Marina Calabró intenta explicar por qué “se resiste a hablar de feminismo” y el panel se ríe. Debora D´Amato la invita: “No te resistas, Marina”.  Julia completa: “Ya está, vení Marina, se puede ser feminista, sexy y mostrar las piernas”. “Y además de todo, da raiting”, cierra Rial. En el programa no queda mucho más por decir. Empiezan a acabarse los pequeños proyectos de argumentos en forma de piedritas lanzadas contra trenes en marcha.

 

En la calle y -ahora- en la televisión

“La televisión argentina le estaba dando la espalda a un fenómeno donde la Argentina es pionera”, dice la periodista Luciana Peker al aire. Desde el panel de Intrusos le preguntan:

-¿Se puede dar que ella haya sentido acoso y que él no la haya acosado?

– No, ahí es donde la televisión tiene que elegir dónde pararse. La TV es responsable de dar un mensaje a las nenas y adolescentes. Hoy es que si hay acoso no pasa nada.

Minutos después, Rial muestra la remera del cupo laboral trans. “Si vos partís de lugares diferentes, el feminismo tiene que hacerte piecito para que llegues”, dice Peker. Y él promete tratar el debate por Aborto Legal en los próximos programas. Al día siguiente aparece con el pañuelo de la campaña atado en la muñeca. vos partís de lugares diferentes, el feminismo te tiene que hacer piecito para que llegues”,

Hoy el video de la entrevista de Peker es tendencia en YouTube. “Hace veinte años que escribo notas todas las semanas. Me cerraron la puerta, echaron y precarizaron mil veces. Si puedo hablar no me voy a callar. Si puedo llegar lo agradezco y lo festejo por un feminismo popular y federal”, escribe  ella en Twitter al salir.

Cuando las calles se llenaban de mujeres gritando #NiUnaMenos, los medios despedían a mujeres con voces valiosas. La pantalla chica tiene trayectoria de simplificar y expulsar. Pero al feminismo ya podían escaparle: el viernes más de 1500 mujeres, lesbianas, travestis y trans se reunieron en la primera asamblea para organizar el segundo Paro Internacional de Mujeres.

Las cuatro mujeres no fueron a hablar de ellas mismas. En sus relatos estábamos todas, festejando del otro lado de la pantalla. Las cuatro tocaron una fibra íntima de la televisión: Intrusos. Flor, Male, Julia y Lu forman parte de un letrero rojo que le marca a la TV “usted está aquí”.

Somos nosotras. Vinimos para quedarnos.

Danila Saiegh es periodista en perfil y Para ti, y productora de Nacional Rock y Futurock

Naimid Cirelli es periodista en Cosecha Roja y SembraMedia, y productora de Radio La Tribu

FUENTE: COSECHA ROJA 14/2/2018

FOTO: GENTILEZA COSECHA ROJA

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