En Latinoamérica los fríos tardíos del invierno no permiten que la primavera florezca a pleno

Presentamos una nueva entrega del dossier “Alternativas populares en debate” donde luchadores sociales e intelectuales críticos comparten su mirada, el análisis y su pronóstico para el ciclo de luchas necesario para una transformación profunda de la sociedad. Compartimos aquí las opiniones de Andrés Cañas*

1) ¿Ve una posibilidad de eventual “vuelta” de gobiernos progresistas en Latinoamérica? ¿Qué implicancias o viabilidad tienen estos “modelos” hoy? ¿Se agotó el denominado ciclo progresista?

Ante todo se debe caracterizar la situación del sistema donde reproducimos nuestras vidas: el capital. Como sostiene Carlos Marx: “…el hecho de que el capital se plantea cada uno de los límites como una barrera, y entonces la traspase idealmente, no se desprende en modo alguno que la supere realmente, y puesto que cada una de esas barreras contradice su carácter, su producción entra en contradicciones que son superadas constantemente, pero sólo en la medida en que son planteadas constantemente. Más aún, la universalidad hacia la que se ve arrastrado irresistiblemente se topa con barreras en su propia naturaleza que, en cierta etapa de su desarrollo, harán que les reconozca como la mayor barrera frente a esta tendencia y, en consecuencia, conducirá a su propia suspensión.” En la actualidad el capital se halla frente a esas barreras originadas en su “propia naturaleza”, las tres dimensiones fundamentales de su ciclo de reproducción: producción/consumo/circulación-realización han comenzado a ocluirse, dando cauce a una crisis estructural, una crisis que en su expansión afecta a la totalidad del sistema.

El capital hizo de la crisis su forma natural de existencia, saliendo fortalecido de cada una de ellas; sin embargo, en el presente debe enfrentar una crisis que afecta la totalidad del sistema y por ende el desplazamiento de las contradicciones no es factible como sucede con las crisis parciales. Cuatro aspectos destacan en la crisis estructural:

Es universal, afecta a todas las esferas del sistema.
Global, no reducida a un conjunto de países.
Permanente, y no cíclica como las anteriores.
Reptante, pasando de frontera en frontera.

Otros aspectos de la crisis se reflejan en el hecho de que la reproducción ampliada del capital encuentra su obstáculo en las necesidades humanas, en la devastación sistemática de la naturaleza, en los recursos destinados a la acumulación irracional de un magnífico poder destructivo mientras se mantiene en el hambre a miles de millones de seres humanos. Podemos mencionar a otros importantes asuntos humanos envueltos por la crisis sistémica; sin embargo, a efectos de este trabajo estimamos que es suficiente con lo mencionado. Una crisis que involucra a la sociedad civil, al estado y todas sus instituciones y deriva en una crisis de dominación.

El fracaso de la propuesta neoliberal instrumentada en América Latina en el tramo final del siglo pasado derivó en la instalación de gobiernos opuestos al neoliberalismo en Argentina, Uruguay, Brasil, Ecuador y de otros que anhelaban ir más alá del capital en Venezuela y Bolivia. La crisis generada por los seguidores de Von Hayek despertó en gobernantes de la zona la ilusión de transitar por la línea delmenor esfuerzo en el intento transformador reviviendo un keynesianismo desarrollista, con el cual pudieron capear temporalmente las consecuencias de una crisis de envergadura. Se rescató el rol del Estado para la reestabilización del sistema, no se ensanchó la brecha que la crisis abría para una restructuración social. Se abocaron los gobernantes a dar respuestas a las manifestaciones inmediatas de la crisis económica –desempleo, quiebra de industrias, salarios, jubilaciones. Quedó de lado lo que se necesita hacer y se dio cauce a lo que se podía hacer. El potencial revolucionario que abrió la crisis se disipó en el transcurso de la lucha contra tareas económicas definidas con estrechez, en consecuencia la gestión derivó en la revitalización del capital. Los remedios neokeynesianos tan sólo pueden brindar paliativos revitalizando temporalmente al capital, un orden que no puede ni se propone suministrar a los pueblos los bienes necesarios para su reproducción y que le servían de justificación. Las reformas redistributivas pregonadas por el keynesianismo no alcanzaron resultados felices, quienes más acumularon en el transcurso de ese período fueron los monopolios que profundizaron su proceso de concentración. En relación con los países la situación revestía un carácter similar, en la actualidad la desigualdad entre los países más ricos y los más pobres está en algo así como setenta y cinco a uno. En el Siglo XX el incremento de la desigualdad creció de manera asombrosa, este siglo incluyó ochenta años de propuesta keynesiana de una acción remedial de envergadura.

A pesar de las heterogeneidades y contradicciones la Patria Grande experimentó mutaciones, alternando cambios positivos con otros de sentido inverso. Claudio Katz sostiene al respecto: “La consolidación de la región como exportadora de productos básicos impactó sobre el perfil de las clases dominantes, reforzando la conversión de la vieja burguesía nacional en burguesía local. El primer molde correspondía a los industriales que fabricaban para el mercado interno, con protección aduanera y subsidios que privilegiaban la expansión de la demanda. El segundo perfil es propio de un sector que ya no restringe su actividad a la manufactura, ni pregona desarrollos autocentrados. Promueve más la exportación que el mercado interno y prefiere la reducción de costos a la ampliación del consumo.” La metamorfosis parió una élite de millonarios cuyas fortunas venían del pasado pero se incrementaron con las exportaciones. Este grupo constituye el 1%, 2% de la población activa y detenta un gran poder e influencia sobre las decisiones gubernamentales. Son propietarios de compañías poderosas, aunque en los márgenes del capitalismo global siguen cumpliendo un papel secundario, elaboran planes de acumulación regional. Estos grupos han estrechado sus relaciones con capitales foráneos, sin renunciar a la cobertura que les brinda su estado nacional.

Las transformaciones de la estructura social latinoamericana han alterado también la configuración de las clases dominadas. Como un eje de este cambio se localiza en el agro se verifica una pérdida de cohesión del viejo campesinado, afectado por el creciente éxodo hacia los centros urbanos. Por esta razón las tensiones en el agro presentan otro cariz”, manifiesta Claudio Katz. Las empresas capitalistas despojaron a los campesinos de sus tierras y contrataron un mínimo de trabajadores asalariados. El éxodo rural dio densidad demográfica a las villas miserias urbanas. Argentina es un caso notable de distribución desigual de la tierra, el 1% de las estancias más grandes concentra el 36 % de la tierra, el 80 % de las propiedades más pequeñas alcanza solamente el 13% del territorio. Como se ha sostenido “concentración y desalojo son dos caras de la misma moneda”.

En la ciudad la narcoeconomía brindó una salida laboral “a los parias de la tierra”, el panorama se completó con la tasa de criminalidad más alta del mundo, se vivieron escenas obscenas de consumo por parte de los sectores enriquecidos mientras la pobreza no distinguía entre trabajadores formales e informales. Como contracara los sectores medios ampliaron su consumo mediante las tarjetas de crédito. La asistencia social atemperó los rigores de la pobreza. “A pesar de los pesares” se logró reducir la extrema pobreza, el desempleo y las desigualdades. Claudio Katz aclara la situación: “La leve disminución de la desigualdad no modifica el lugar que ocupa la región al tope de los indicadores globales de inequidad. El coeficiente Gini que mide esta polarización supera en la zona (51,6) a la media mundial (39,5), duplica los promedios de las economías avanzadas e incluye a los cuatro países que encabezan el barómetro mundial: Colombia, Bolivia, Honduras y Brasil. El ingreso del 20 % más rico de la población latinoamericana supera en casi 20 veces al 20% más pobre.

Es cierto que hubo imagen de cambio en los procesos sudamericanos del comienzo del Siglo XXI, que inspiraron el cambio político en la región y estimularon procesos en otras latitudes, casos del Norte de África, España, Grecia, e incluso Francia y Estados Unidos, sin embargo no pudieron consolidar un cambio estructural de orden económico”, opina Julio Gambina.

La globalización capitalista, aparte de lo perjudicial de cara a los pueblos, es una realidad como una necesidad en el desarrollo histórico del sistema. El carácter antagónico y cada vez más destructivo de la integración global del capital muestra la arista que pone en peligro la continuidad de la humanidad, además es la única globalización adecuada para los monopolios. Proyectos de integración de los pueblos permaneciendo en la órbita del capital global en tiempo de crisis estructural pueden ser idóneos como medida defensiva limitada. Una integración que no podrá tener éxito ya que el desafío ineludible es la transformación radical de las pesarosas determinaciones del sistema.

La primavera de la Patria Grande dio algunas bellas flores: se recuperó el Buen Vivir, una cosmovisión irreprochable desde el punto de vista ético; se procuró establecer el Estado de las comunas, quizás la propuesta más avanzada, justa, democrática, en la historia de la humanidad; se forjaron nuevas instituciones latinoamericanas: UNASUR, CELAC; tuvo otro nivel la hermandad de los pueblos de la región.

La derecha latinoamericana se desgañita vociferando que terminó la época del ciclo progresista, una vez más miente. La alternativa progresista/revolucionaria siempre tendrá un espacio en la cotidianeidad de los hombres y mujeres de América Latina mientras permanezcan irresueltos los problemas de los países de la región. István Meszáros postula algunas acciones para otorgarle mayor consistencia y vigencia a los intentos integradores: “Para coronar su objetivo original la política radical debe transferir sus aspiraciones – en forma de poderes de toma de decisión efectivos a todos los niveles y en todas las áreas, incluida la economía- al cuerpo social mismo, del cual emanarían subsiguientes exigencias materiales y políticas. Esta es la manera como la única política radical podría sostener su propia línea de estrategia, en vez de militar en contra de ella.” Poder popular o algo así como decía Hugo Chávez: “Para combatir a la pobreza hay que darle poder al pobre.”

2) ¿Qué caracterización hace del avance de gobiernos de derechas en los países de Nuestramérica? ¿Se puede hablar de una crisis de esos proyectos en la región y/o del macrismo en la Argentina?


“Es una guerra de clases y es mi clase la que está ganando”, sostiene Warren Buffett quien ocupa la tercera posición en la lista de hombres más ricos del mundo elaborada por la revista Forbes, por detrás de Bill Gates y del fundador de Amazon Jeff Bezos, con una fortuna estimada de 87,000 millones de dólares.

A finales de la década de los ’60 y comienzos de los ’70 en el capitalismo desarrollado se dio comienzo a un proceso que condujo a una fuerte reconversión y restructuración del patrón de acumulación, surgieron nuevas fusiones monopólicas, se incrementó la tasa de explotación de los trabajadores, se desregularon las actividades financieras, los estados nacionales perdieron facultades de control, cayeron las barreras arancelarias, el mundo configuró el marcado apetecido por las empresas transnacionales. “El nacimiento del capitalismo monopolista transnacional responde a las necesidades expansivas de los monopolios, incentivadas por el desarrollo sin precedentes de las fuerzas productivas, ocurrido durante la posguerra como resultado de la reconstrucción de Europa Occidental y la carrera armamentista”, afirma Roberto Regalado. “La transnacionalización impone una metamorfosis del Estado capitalista, en particular, del Estado imperialista norteamericano, una metamorfosis no solo funcional, sino también estructural. En virtud del carácter expansivo del capital, de la fatalidad que lo compele a un acrecentamiento permanente y de la sed de nuevos territorios”, completa Regalado.

La crisis resulta lamentablemente democrática, de ella no escapó la mayor economía mundial y los pobres de esa economía utilizaron para darle un golpe al establishment a un multimillonario que prometió generar empleo y que acumuló su fortuna con prácticas mafiosas. El proceso lo podemos rastrear en los últimos sesenta años, deterioro en la calidad de vida de amplios segmentos sociales. La crisis de las hipotecas inmobiliarias supuso la pérdida de un millón de viviendas para gente del pueblo, mientras el presidente Obama recurría al Estado para salvar a los bancos.

Un informe del Centro de Estudios Laborales de la Universidad de Berkeley consigna que un tercio de los trabajadores de la producción ganan tan poco que sus familias reciben algún tipo de asistencia pública: alimentos, subvenciones, todo esto en el país de las grandes oportunidades. La empresa asesora Gallup estima que una quinta parte de la población activa está desempleada y solo el 45% de los trabajadores tienen “un buen empleo”. A efectos de la recesión de 2007-2009, 40 millones de estadounidenses perdieron sus empleos. En los blancos de mediana edad se observa la tasa de mortalidad más elevada: suicidios, alcohol y otras drogas desencadenan depresiones psicológicas que desembocan en la muerte. Una constante ricos muy ricos y pobres más pobres, una encuesta de la propia Reserva Federal señala que el 47 % de los norteamericanos no serían capaces de hacer frente a un gasto inesperado de más de 400 dólares, deberían pedir prestado o vender algo, algo semejante a lo que ocurre en los países pobres.

El devenir estadounidense tiene rasgos interesantes, a menudo llegan noticias de Estados Unidos en las que se informa sobre un posible juicio político al presidente Trump. No es sensacionalismo periodístico, es un reflejo de la disputa interna entre globalizadores y los sectores perjudicados por la globalización. Trump llama a los capitales estadounidenses a retornar a sus fronteras, “pídele al viento firmeza, al río que vuelva atrás”, dice una zamba argentina. El capital monopolista ha creado un entramado transnacional descrito acertadamente por Robert Reich: “Cuando un norteamericano compra un Pontiac a General Motors, inconscientemente está realizando una transacción internacional. De los 10 mil dólares que paga a General Motors, cerca de 3 mil van a Corea del Sur, donde se efectuaron los trabajos de rutina y la operación de montaje, 1.750 dólares van a Japón por la fabricación de componentes de vanguardia; 750 dólares a Alemania por el diseño y el proyecto del prototipo; 400 dólares a Taiwán, Singapur y Japón por lo pequeños componentes; 250 dólares a Gran Bretaña por los servicios de marketing y publicidad; cerca de 4 mil dólares pasan a los intermediarios en Washington, a las aseguradoras del todo el país y a los accionistas de General Motors”. Un entramado que es la base globalización transnacional, la tendencia más dinámica de la economía, Trump acuciado por las propias necesidades del pueblo estadounidense procura poner alguna traba…aunque en el camino va cediendo pretensiones.

La metamorfosis es hija de la crisis y la crisis engendra como una de sus respuestas más contundentes una ofensiva contra el trabajo: modificando las relaciones sociales en el ámbito del trabajo, flexibilización salarial y laboral, precariedad, inseguridad social, irregularidad en las formas de contratación. El capital procuraba resolver la caída de la rentabilidad de las inversiones, para avanzar hacia esa meta era preciso derribar las restricciones impuestas tras la salida de la crisis de los años ’30. Estas medidas contra el trabajo eran acompañadas por la apropiación de los recursos naturales presionando a los gobiernos nacionales a modo de asegurarse un marco jurídico acorde con sus intereses, un marcado daño ecológico fue el saldo lamentable de esta operación.

La mutación aupó a un primer plano al capital financiero, a él se refiere István Meszáros: “La inmensa expansión especulativa del aventurerismo financiero es, por supuesto, inseparable de la crisis en profundización de las ramas productivas de la industria y los problemas consiguientes que surgen de la gran lentitud de la acumulación de capital y ciertamente del fracaso de la acumulación en ese campo productivo de la actividad económica.” De acuerdo con una publicación de Japan Press Weekly el volumen del capital financiero desborda cualquier imaginación: “¿Cuánto dinero especulativo se anda moviendo por el mundo? Según un análisis de Mitsubischi Securities, el tamaño de la economía real global, en la que se producen y comercian bienes y servicios, está estimado en 48,1 trillones de dólares. Por otra parte, el tamaño de la economía financiera global, el monto total de los títulos, los valores y los depósitos llega a 151,8 trillones de dólares. La economía financiera se ha devorado hasta más tres veces el tamaño de la economía real.”

Los disvalores y defectos que portan los/as miembros de la sociedad, los apologistas del capital gustan imputarlos a una ficticia “naturaleza humana”. El egoísmo, individualismo, avaricia, competitivo, etc. están inscriptos en el ADN de los seres humanos. Soslayan que las exigencias que el sistema impone para “triunfar” en él tiene una estrecha relación con la incorporación de estos disvalores en las conductas. En nuestros días se observa una simbiosis destructiva entre el marco legislativo estatal y la dimensión productiva material como financiera. La simbiosis da como fruto perverso prácticas corruptas de parte de personificaciones del capital, tanto en los negocios como en la política. Prácticas que están en total sintonía con los contravalores del orden institucionalizado.

La crisis agudizó el ingenio de los capitalistas para intensificar y abrir nuevos cauces a la explotación. Se redujo el tiempo de trabajo necesario (el tiempo que se paga al trabajador), en el territorio de los países desarrollados con la introducción de tecnología avanzada y como consecuencia de ello se perdieron empleos de calidad en otros lares, en los países subdesarrollados, se ocuparon a millones más con salarios magros e intensificación de la jornada de trabajo, produciendo una masa irracionalmente creciente de mercancías. En los países desarrollados también se dio el hecho de aumentar la plusvalía absoluta – mediante la extensión de la jornada laboral – empleando a trabajadores que antes estaban fuera del sistema laboral. A medida que el capital incorporaba nuevas tecnologías y agregaba tiempo de trabajo excedente –no pagado, plusvalía- , creaba nuevas tareas, empleos y necesidades superfluas. Al mismo tiempo en consuno con la pérdida de calidad de vida de los trabajadores se reducían las posibilidades de realización del capital, en consecuencia se optó por reducir el tiempo de duración de los bienes producidos. En la pantalla del capital aparecieron todos los sin sentidos del sistema: aumentaron el tiempo de trabajo humano, ingentes masas de obreros superexplotados y carenciados con sueldos que no les permiten cubrir sus necesidades mínimas.

La estrategia le acarreó un triunfo al capital, generó una clase de obreros baratos. David Harvey es claro al respecto: “La incorporación del campesinado chino, indio y de gran parte del sureste de Asia (junto con Turquía y Egipto y algunos países latinoamericanos) a la fuerza de trabajo asalariada global desde la década de 1980, junto con la integración de lo que era el bloque soviético, ha significado un enorme incremento de la fuerza de trabajo asalariada global muy por encima de lo que correspondería al aumento vegetativo de la población. La conclusión final del movimiento descansa en la creación de masas de desempleados y pobres a fin de recrear una fuerza de trabajo más voluminosa, desigual, precarizada, explotada y vulnerable en su conjunto. A ciencia cierta el verdadero problema del capital no era el exceso de trabajo, sino la escasez de mano de obra barata.”

El empresario italo-argentino Paolo Rocca -Chairman & CEO de Techint,  es un exponente diáfano de la envalentonada derecha sudamericana, aspirando los aires que provienen de las metrópolis capitalistas estiman que ha llegado la hora de cerrar el ciclo populista neokeynesiano, declaman fidelidad al libre mercado y se esfuerzan por crear el ambiente idóneo para realizar “buenos negocios.” Procurando avanzar en esa dirección Rocca dijo que “es necesario bajar salarios para que lleguen las inversiones que posibiliten la creación de nuevos puestos de empleo”. La propuesta es similar a aquella que propusieron desde el gobierno argentino para disminuir los Riesgos de Aseguradoras de Trabajo (ART) que resultan muy costosos para las empresas. 

“Hay que convencer a los sindicatos para que no peleen por el sueldo de algunos, sino por el empleo de muchos”, sostiene Rocca en clara alusión a que es necesario disminuir el poder adquisitivo de los trabajadores para que Argentina reciba inversiones, es decir es imperiosa la necesidad de trabajadores baratos.

Julio Gambina enfoca de manera integral la situación de crisis de la economía mundial: “la crisis del orden capitalista impacta regresivamente en la sociedad y se manifiesta bajo múltiples formas, además de su faceta económica y financiera, como crisis alimentaria, energética, medioambiental, política, cultural, civilizatoria. La respuesta a la crisis supuso una fortísima ofensiva en las últimas cuatro décadas del capital contra el trabajo, modificando las relaciones sociales en el ámbito cotidiano de la relación laboral.”

Argentina. La UCR de la revolución del parque y de la Reforma del 18, el peronismo del 17 de octubre de 1943, abrieron sus ojos bajo el sino del cambio, se trataba de construir un proyecto de desarrollo nacional, el espacio se cubrió con voces a favor y en contra de la conciliación de clases que ambas formaciones políticas impulsaban. Un tercero en discordia, las fuerzas conservadoras, permanecía en una sombra poco discreta con ruido de sables apareció en 1930 y en sucesivas alteraciones de la continuidad constitucional. El golpe de estado de 1976 puso a Argentina a tono con las mutaciones mundiales, hasta que llegó la emergencia del “macrismo” a la presidencia en 2015. Gambina caracteriza correctamente el cambio pretendido por el PRO. “Se consolida un cambio reaccionario y convergente con un momento de ofensiva capitalista de tipo reaccionaria, con el ascenso de nuevas derechas en varios territorios, especialmente Trump en Estados Unidos y aquellos que emergen como crítica a los efectos regresivos de la mundialización operada hace 40 años con la tendencia liberalizadora del movimiento de capitales.”

Macri, un crudo exponente de la derecha, es el primer político de esa tendencia que arriba a la Casa Rosada mediante el voto popular. “Con promesa vacías transformó los virulentos cacerolazos en una oleada de votos”, afirma Katz. El programa del PRO contiene varios aderezos: demagogia, despolitización, ilusiones de concordia, cerrar la mentada grieta que surca al país. Para instrumentar ese proyecto se designó un gabinete de gerentes de empresas cuya estrategia preferida fue/es la transferencia de ingresos de los sectores populares a los pudientes, inflación incentivada, devaluación, represión a la protesta social resulta el correlato del despojo a los trabajadores, jubilados, etc. La prédica a favor del macrismo, proveniente desde los medios de comunicación masivos, contribuyó de manera notable en el triunfo del PRO.

3 y 4) ¿Qué actores sociales y diferentes proyectos políticos aparecen como alternativas al macrismo?¿Con qué ejes políticos y con quienes debería articularse el movimiento popular para enfrentar a la derecha y poner en pie una alternativa anticapitalista? ¿Podría mencionar medidas y/o propuestas concretas?

La población en general no sabe lo que está ocurriendo y ni siquiera sabe que no lo sabe”, Noam Chomsky.

Cuando hablamos de alternativas al macrismo, la especulación puede tomar por varias sendas ¿Alternativa ante el macrismo o ante el capital y todas sus lacras, que el personifica? ¿Observamos el panorama sociopolítico desde una perspectiva subjetiva o nos ubicamos en el lado objetivo? Casi que se podría hablar y decir desde el ser o desde el deber ser.

Lo objetivo: en las últimas décadas hemos sido testigos de la crisis estructural del capital, y hablando en términos históricos del inicio de la necesaria ofensiva socialista. Este marco no es indicador de un tiempo de soluciones fáciles, más aún cuando todavía la clase trabajadora no siente la necesidad de modificar sus estructuras defensivas forjadas en épocas de un capital vigoroso, no basta con avances -que no se observan- en la “clarificación ideológica” si se mantienen las formas institucionales. La conciencia no registra de inmediato los cambios sociales, cuando se habla de actualidad histórica de cambios profundos se está diciendo que la ofensiva socialista nos hace frente como cuestión de actualidad histórica. Se van agotando formas de gobierno nacidas al calor del Estado de Bienestar, las personificaciones del sistema son las encargadas de desvirtuarlas optando directamente por la represión para mantener el dominio sobre la sociedad. Los logros relativos que se le arrancaban al capital se van tornando magros, los beneficios de las personificaciones del sistema deben prevalecer y con holgura.

Lo subjetivo: hasta tanto no aparezca ante el pueblo y los trabajadores una propuesta superadora y factible, ambos van a optar por la línea de menor resistencia, incluso si al andar por este camino sufren decepciones y derrotas, el salto a lo desconocido intimida cuando se trata de abandonar, en el grado que sea, el sistema en el que se está reproduciendo la vida. La falta de una fuerza política adecuada que pueda convertir las potencialidades que abre la crisis en una realidad en cambio. Las organizaciones obreras fueron concebidas en momentos históricos de luchas por objetivos limitados, específicos, aunque su objetivo final fuese otro. Lo inmediato favorecía el carácter defensivo del instrumento. Es preciso crear instituciones abiertas idóneas para producir “conciencia comunista a escala de masas”, al decir de Marx. Teniendo en cuenta el rol de la represión en la historia de Latinoamérica se deberá resolver dialécticamente la contradicción que pueda surgir entre la estrategia de construir de manera abierta y la seguridad de los militantes constructores.

Lo social. Desde este ángulo el Trabajo tiene que brindar el escenario englobador junto a las cuestiones únicas: género, ecología, jóvenes, etc. Ello a pesar de que determinados sectores del trabajo, el proletariado fabril, están ausentes de la confrontación social; al decir de Joao Pedro Stedile se hallan “durmiendo una larga siesta”. Pero no se debe subestimar, a pesar de la advertencia hecha, el potencial emancipador del trabajo al diseñar el plan de liberación. Se trata de superar un sistema orgánico, injusto, destructivo, antagónico (el capital) por otro sistema orgánico liberador por personas conscientes de los fines perseguidos de acuerdo a los intereses y deseos sociales, de derechos plenos (el socialismo).

Procurando limpiar la óptica para mirar tierra argentina, esforzándonos para ser objetivos, llega el momento de conversar sobre partidos políticos, movimientos sociales, sindicales. La mayor fuerza política opositora al macrismo es el kirchnerismo. Es un movimiento con potencialidades emancipadora, por su composición social y etárea, por una tradición de rebeldías, de luchas y persecuciones. Sin embargo la dirigencia de la fuerza continúa dentro de los cánones del capital, sumidos en una disputa ruda contra el neoliberalismo, con pretensiones de liderar el sistema. El discurso de Cristina Kirchner acentuó la defensa del “capital productivo” desplazado en la dinámica del desarrollo económico por el “capital financiero”. La crisis del capitalismo es un factor objetivo de notable incidencia para que la subjetividad social asuma conciencia de la necesidad de la emancipación.

El radicalismo alfonsinista puede ocupar un lugar en este espacio, el aporte de este sector radical no revista importancia desde lo cuantitativo. Ahora bien, Leandro Santoro pronuncia a menudo un discurso con matices antisistema y antimonopólico, a cargo de él estaría la incorporación cualitativa. Las actitudes y verbalizaciones de los/as dirigentes trostskistas hacen recordar con frecuencia cuando Lenin decía que quienes se atrincheran en posiciones principistas quedan fuera de la lucha de clases. El trotskismo argentino es conducido por líderes, hombres y mujeres, de buena formación política, inteligentes, consecuentes y una base combativa, fervorosa. Este rico caudal político pierde eficacia para ir más allá del capital cuando los/as dirigentes sustituyen a la realidad por sus deseos, el resultado es un marcado sectarismo.

Las organizaciones sociales y de género constituyen el costado más avanzado del bloque popular. La mujer tiene una importancia raigal en la reproducción social, en el feminismo argentino es dable registrar un auspicioso avance ideológico, ligando la anhelada liberación femenina a la superación del sistema, es posible que no sea el pensamiento predominante, aún sí, cada vez se escucha más. El Movimiento Piquetero fue un factor central en la derrota del neoliberalismo en los años ’90, de él emergieron luchadores como Darío Santillán, quien tras su muerte se volvió plural a través de los que siguieron su ejemplo. En el movimiento social la definición ideológica es tarea de un grupo reducido y de allí nace – en la generalidad- un abundante espectro teórico, que es de esperar dirija sus miras a metas de liberación nacional y social. El preocupante nivel de vida de las familias enroladas en los movimientos sociales es un lamentable elemento objetivo que constriñe la cotidianeidad del grupo y alimenta desde la rebeldía una toma de conciencia ideológica.

El pueblo argentino, salvo los activistas de los partidos, concurre a las urnas, la mayoría de las veces a apoyar el mal menor. El reformismo caló fuerte en los hombres y mujeres de a pie, siendo una de los factores que obstaculizaron la aparición de una real alternativa popular. En la actualidad la necesidad de un cambio radical no va por el andarivel más rápido de la carrera. Sin embargo, las fuerzas progresistas pueden esforzarse para establecer un programa de transición en la agenda del país y la región. La crisis del sistema anuncia la necesidad del cambio, no lo produce, cambio que constituye el más complejo de los procesos sociales. Una guía insoslayable para transitar con andar correcto es una teoría de la transición que al menos debe articular las inquietudes principales de la sociedad. Una formulación que saque a relucir todas las contradicciones de la producción burguesa, las determinaciones del sistema en desenvolvimiento. Se debe destacar la validez histórica de cada uno de los elementos señalados, en el marco amplio de los principios englobadores que guían la evaluación de los detalles; si no se hace esto cualquier alteración que invalide algunos principios limitados puede presentarla el capital como la refutación de la teoría. La importancia sustantiva de la teoría de la transición amerita un tratamiento más rico y profundo que va más allá de las posibilidades de este trabajo. Determinadas medidas suenan con fuerza en el espacio de las necesidades a cubrir y a que resorte recurrir: nacionalización de la banca, del comercio exterior, reforma agraria, reforma tributaria. La implementación de estas medidas estará fuertemente condicionada por la correlación de fuerzas y la claridad de los pueblos sobre los objetivos emancipadores.

En la carta fundacional de la Universidad de los Trabajadores, firmada por Vicente Zito Lima y Vasco Murúa se lee: “…con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa”. Un loable deseo.

A nivel regional el Banco del Sur un excelente proyecto que permanece nonato debido a la desidia de burócratas y la presión de la banca privada. Unas pocas y versadas opiniones nos dan una idea de la importancia de la institución. El economista peruano Oscar Ugarteche, escribió en la Revista Acción: “El Banco del Sur no es el FMI. Es un banco de desarrollo productivo. Podría emitir bonos sudamericanos que aglutinen el riesgo de todos los países, para que los bancos centrales compren esos papeles para financiar proyectos de inversión que tengan que ver con la seguridad alimenticia, energética, salud y vivienda. Este es el mecanismo a través del cual el Banco del Sur podría circular ahorros regionales. El bono debería estar en un peso sudamericano que funcione para el promedio de las economías de UNASUR.” Theotonio dos Santos también supo decir lo suyo en la Revista América Latina en Movimiento: “…Así también (Brasil) debería priorizar el Banco del Sur, pero este viene sufriendo la oposición del capital financiero nacional e incluso de los bancos públicos de inversión del país, que aspiran a financiar directamente las inversiones, sobre todo para la infraestructura de la región.” Carlos Heller en Miradas del Sur fue lacónico y contundente: “…Permite que Sudamérica se distancie del Consenso de Washington”. En fin, otro frío tardío.

5) ¿Qué rol juega la institucionalidad democrática actual y la disputa político-electoral en la construcción de alternativas populares?

Personificaciones inteligentes del capital se esmerarían en colocar la institucionalidad del sistema bajo una gran campana procurando que permanezca allí intocada. El macrismo, acorde con las disposiciones del capital transnacional, va haciendo de las instituciones y la legislación un resabio de otros tiempos, no querido en la actualidad. En Argentina se ha optado por la ilegalidad jurídicamente tolerada: detenciones arbitrarias, represión de la protesta social, incumplimiento de resoluciones judiciales por parte de las autoridades, desconocimiento de leyes, irrespeto de la división de poderes, presiones sobre miembros del poder judicial que pretenden ejercer una magistratura ajustada a derecho y toda una cadena mediática que tiende un manto de invisibilidad sobre esta preeminencia de lo fáctico en desmedro de los derechos ciudadanos.

Es oportuno hablar de igualdad formal y desigualdad sustantiva en la base del capital. La igualdad formal está en íntima relación con las restricciones que requiere la desigualdad sustantiva, el peligro se cierne sobre el derecho de las personas cuando soplan vientos desfavorables para la acumulación del capital, cuando la expansión amerita intensificar la explotación o acotar espacios políticos o cercenar los canales de expresión de los sectores obreros y populares. “La institución y perfeccionamiento de la igualdad formal y la desigualdad sustantiva pertenece al modo de operación normal del sistema del capital”, afirma István Meszáros.

La vicepresidenta Gabriela Michetti ha hecho referencia a algunos cambios que estima necesario introducir, “en algunos países de América Latina, que necesitan generar cambios estructurales y se dan cuenta de que la competencia destructiva que tenemos en los años electorales les terminaba rompiendo lo poco que iban avanzando, decidieron por un tiempo hacer cuatro años sin elección intermedia, gestionar sin tener que estar compitiendo”. Uno de los pocos momentos, el acto electoral, en los cuales los ciudadanos pueden tener alguna incidencia en el devenir de su país, Gabriela Michetti desea recortarlo. Meszáros es elocuente sobre el particular: “en consecuencia, tan pronto como los antagonismos resultan demasiados agudos como para poder ser manejados por vías consensuales, las pretensiones democráticas normales deben ser puestas de lado en el interés de preservar la relación de fuerza establecida en el sistema del capital global, para así asegurar el continuado sometimiento y dominación de los pueblos “revoltosos” por los medios menos democráticos.”

El fin de la ascensión histórica del capital en el Siglo XX coincidió con la crisis del Estado moderno en todas sus formas, desde las formaciones del Estado democrático liberal hasta los estados capitalistas más autoritarios. Comprensiblemente, la crisis estructural del capital hoy en desarrollo afecta profundamente a todas las instituciones del Estado y sus correspondientes prácticas organizacionales. “Ciertamente, esta crisis trae consigo la crisis de la política en general, bajo todos sus aspectos, y no sólo aquellos que conciernen directamente a la legitimación ideológica del cualquier sistema de estado en particular”, Meszáros.

En los países latinoamericanos esa debacle está fogoneada por la contradicción entre el Estado democrático liberal, y sus consagradas libertades concebidas en los años de ascenso del sistema, enfrentadas a las exigencias y necesidades del capital transnacional. En la región estos derechos y libertades son una manifiesta herencia de los gobiernos populistas. “La contradicción entre la tendencia fundamental del desarrollo económico transnacional expansionista y las restricciones impuestas en él por los Estados nacionales creados históricamente representó un problema muy difícil para los pensadores que trataron de avenirse con ella desde el punto de vista del capital”, afirma Meszáros.

Las políticas de los gobiernos de países subdesarrollados varían: libre comercio, puertas aduaneras abiertas, mediante gobiernos liberales; proteccionismo, mercado interno, fomento a las industrias, constituyen la base de las estrategias populistas. Von Hayek versus Keynes en el fondo de la contienda. Los monopolios procuran eliminar derechos laborales que les den un pellizco a las ganancias y restringir derechos políticos que sirvan de plataforma para aspiraciones mayores, el ideal monopólico se asemeja a un tránsito del estado liberal al reinado del estado de las corporaciones.

Hay quienes se esfuerzan en darle un rodeo a la contradicción mediante la instalación de gobiernos amigos, una élite eficaz en la mediación para la pérdida de soberanía nacional, la entrega del patrimonio económico y los recursos naturales; la figura de la seguridad jurídica es un resorte importante con el que cuentan los monopolios cuando gobiernos de otro sino estimen conveniente revertir la situación creada.

El gobierno que suceda al macrismo deberá enfrentar como tarea acuciante la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Bibliografía consultada

Carlos Marx; Los Grundrisse.

Istvan Meszáros; Más allá del Capital.

István Meszáros; La Crisis Estructural del Capital.

Claudio Katz; Neoliberalismo, Neodesarrollismo, Socialismo.

Revista Solidaridad Global, Con la Humanidad, Con el Planeta, Con la Paz.

*Andrés Cañas

Sociólogo, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Villa María

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