Entrevista a Pedro Páez Pérez: “Nos ha faltado un análisis crítico más profundo sobre las limitaciones estructurales”

Ministro Coordinador de la Política Económica de Ecuador entre 2007 y 2008, representante Plenipotenciario en la Misión Especial del Gobierno del Ecuador para la Nueva Arquitectura Financiera Internacional entre 2009 y 2011, el Dr. Pedro Páez Pérez es el actual Superintendente de Control de Poder de Mercado del Ecuador. En entrevista exclusiva para ContraHegemonía, analiza la situación política de la región, cuestiona la producción intelectual del progresismo y advierte sobre la urgente necesidad de avanzar hacia un plan de autonomía financiera para América Latina.

¿Cuáles son los desafíos que plantea hoy la coyuntura internacional para América Latina?

La coyuntura internacional actual se expresa en el surgimiento de un nuevo dogma para nuestro continente, basado en la elaboración de mecanismos de crisis. Si bien no podría afirmar categóricamente que estas sean “crisis programadas”, el nuevo dogma tiene que ver con el trabajo de ciertos expertos en demoliciones que han desarrollado las élites, expertos que conocen muy bien el tema y lo manejan más allá de los textos de la economía convencional. Hay una visión de la izquierda y de los heterodoxos que pecan de arrogantes y que trata a los economistas y expertos voceros del sistema como si fueran tontos, sin percibir que estos “tontos” tienen el saber del poder y que responden muy bien a los intereses de sus amos. Si vemos el desempeño que ha tenido la Reserva Federal de los EEUU, por ejemplo, debemos aceptar que fue verdaderamente exitoso: están totalmente podridos y no sólo se mantienen vivos sino que además ganan plata y obtienen la legitimación de toda la sociedad norteamericana y mundial. Tuvieron la notable capacidad de hacer que los trabajadores norteamericanos se sientan culpables de la crisis por haberse endeudado demasiado, generando incluso un efecto de cascada sobre los pueblos de América Latina para que también nos sintamos culpables de la crisis, a pesar de que ni siquiera nos hemos beneficiado en nada de esa especulación financiera que la generó.

¿Cómo se expresa esa arrogancia intelectual en la política ecuatoriana y latinoamericana?

Si bien creo que la propuesta original de la Revolución Ciudadana aún se mantiene en el Ecuador, aunque muy golpeada y limitada por la coyuntura internacional, advierto que la izquierda ecuatoriana -y quizás la izquierda de toda América Latina- tiene un grave déficit en los análisis económicos. Un enorme déficit académico e ideológico, dado por la cantidad de estereotipos y de colonialismo cultural que aún persiste en América Latina, sobre todo en el plano de la economía. Particularmente en el Ecuador, nos ha faltado un análisis crítico más profundo de las limitaciones estructurales que plantea la dolarización. Si comparamos con el sistema de convertibilidad argentina de los años 1990, por ejemplo, tenemos que al final del día se iban los dólares cada vez que pagaban la importación y otros pagos al exterior, pero al menos se quedaban los pesos para la circulación interna. En el Ecuador, si desaparecen los dólares desaparece el circulante interno, es decir, se traduce inmediatamente en un estrangulamiento adicional al que tenían ustedes en Argentina, que es el de la liquidez. Esto plantea una serie de complicaciones y de desafíos operativos, teóricos y metodológicos enormes, que no hemos analizado con la profundidad necesaria, nos hemos quedado cortos.

¿Cuál sería entonces la principal dificultad para salir de la dolarización?

Es posible salir de la dolarización y esto no supone necesariamente un proceso tan largo. Hay que entender que el riesgo de salir de la dolarización es el riesgo del caos social que podría generarse, pero programado por los mismos que ganaron con la crisis financiera en el Ecuador, que luego ganaron con la dolarización y que ahora pretenden ganar reventando la dolarización. Entonces tenemos un problema de economía política muy serio. Es por eso que la principal dificultad para salir del dólar es esencialmente política y consiste en la idea falsa que la derecha logró implantar en todas las mentes ecuatorianas, según la cual la creación de una moneda nacional necesariamente supone un salvataje bancario y una hiperinflación. Lo paradójico es que en el Ecuador, la única hiperinflación que hemos sufrido no fue en moneda Sucre sino en Dólares. Allá por el año 2001 tuvimos una inflación que llego hasta el 108%, desbaratando toda las opiniones de los neoliberales que decían que con la dolarización nunca más íbamos a tener inflación en nuestro país. Es por ello que, desde varios círculos de izquierda hemos venido planteando la posibilidad de salir de la dolarización sin la necesidad de que haya caos social. Por ejemplo, buena parte de los efectos negativos de la dolarización podrían mitigarse pagando con créditos tributarios que puedan ser endosados y que el Banco Central con el Servicio de Rentas Internas trabajen como market makers, generando círculos de aceptabilidad similares a los mecanismos de fidelización que tienen las empresas aerolíneas o algunas cadenas de tiendas para conservar a sus clientes por medio de circuitos de pagos. Con ese tipo de créditos no sólo podríamos evitar el ajuste sino que además el Estado podría lanzar una política expansiva menos dependiente de los dólares.

¿Cuáles son los sectores sociales que se muestran más reticentes a una salida del dólar?

Las capas medias, pero también los sectores populares. Por eso otro de los temas que debemos estudiar en profundidad son los mecanismos ideológicos automáticos del sistema. Si tuviera que hacer un paralelo con lo que está ocurriendo hoy en la Argentina, podríamos ver que la gente está aceptando resignadamente los despidos masivos, las subas masivas de las tarifas de los servicios públicos, y eso tiene que ver con la capacidad del sistema de exudar ideología. En los Manuscritos Económicos Filosóficos, Marx hablaba sobre el extrañamiento y la enajenación, postulando que la alucinación no era el resultado de un pensar particular sino de una manera de vivir y de operar en el mundo. Fíjate que el primero que se da cuenta de la sintonía metodológica entre Marx y el psicoanálisis es Mariátegui, en la Defensa del Marxismo, donde dice que lo que hacía Freud lo había hecho ya Marx al analizar el capitalismo (en palabras de Lacan, Marx había entendido el síntoma). Es decir, el vivir alucinado como resultado de la propia vida y no como una ilusión que podría desaparecer en el momento en el que uno “toma conciencia”.

En términos de los debates actuales, esa ilusión no sería un mero producto de los medios de comunicación…

Claro, y eso es clave. Sin duda el poder de los medios es enorme, pero creo que nos falta un esfuerzo teórico mucho más profundo para comprender dónde radica ese poder, porque estamos poniendo en riesgo todos los procesos políticos de América Latina. Con la misma resignación con que una sociedad tribal creía necesarios los sacrificios humanos para mantener el orden del cosmos, los pueblos de América Latina hoy se sienten culpables y pecaminosos por haber transgredido las “leyes sagradas de los mercados”. Es decir, los culpables de todo serían estos dirigentes políticos populistas o progresistas que nos hicieron transgredir esas leyes del mercado y por lo tanto ahora debemos asumir estos sacrificios humanos para recuperar la normalidad, el orden del cosmos, a través del desempleo, la inflación, el ajuste, con la secreta esperanza individual de que ojalá le toque al otro.

Usted fue uno de los principales impulsores del proyecto de una Nueva Arquitectura Financiera diseñada para los países de la UNASUR. ¿Cuál es el origen y la actualidad de ese proyecto?

Algunos compañeros veníamos planteando la necesidad de avanzar hacia una nueva arquitectura financiera en Ecuador, justamente como respuesta a las crisis que habíamos sufrido entre 1998 y el 2000 en torno al derrumbe de los bancos por culpa de las reformas neoliberales impuestas por el Banco Mundial y el FMI. La idea inicial del Banco del Sur que lanza el presidente Chávez y los compañeros venezolanos, se basaba originalmente en un fondo, es decir que iba a actuar solamente como un grifo abierto con los excedentes en dólares provenientes del petróleo venezolano. Era una idea muy poderosa y potente, sobre todo por la orientación y el destino de esos recursos, que eran básicamente para promover la integración latinoamericana. El problema de eso justamente era que ese fondo iba a durar mientras duraran los excedentes petroleros en dólares, que es lo que se está acabando ahora. En ese sentido, el diseño de una Nueva Arquitectura Financiera regional, basada en los principios de un nuevo concepto de moneda, un nuevo concepto de banca y un nuevo concepto de red de seguridad financiera, es en realidad una réplica fractal de lo que nosotros habíamos planteado para el capítulo ecuatoriano. En el Acta Fundacional del Banco del Sur, el 9 de diciembre de 2007, estuvieron presentes Néstor y Cristina, Lula, Chávez, Evo, Duarte del partido colorado del Paraguay, Tavaré y  Correa; es decir que contábamos con total voluntad política para avanzar con el proyecto.

Nuestra propuesta consiste fundamentalmente en tres herramientas: necesitamos un Banco del Sur, un Fondo del Sur y el SUCRE que significa Sistema Unitario de Compensación Regional. En cuanto al sistema llamado SUCRE (acrónimo que inventaron Chavez y Correa mientras conversaban en un desayuno, haciendo honor al prócer que selló con la batalla de Ayacucho la independencia de toda América del Sur), estaba diseñado para romper el monopolio que tiene el dólar sobre la liquidez de nuestros países. Técnicamente, es una plataforma nueva posible gracias a la generalización de los sistemas electrónicos de pago a partir del año 2000, que permiten la liquidación bruta en tiempo real. Es un híbrido entre ese sistema de liquidación bruta en tiempo real y la liquidación neta en dólares de los saldos comerciales cada seis meses. Nunca fue pensado como una nueva moneda, ni siquiera como una moneda de circulación física, sino simplemente como un sistema de compensación de pagos para las transacciones dadas entre nuestros países. Esta aclaración es importante porque, lastimosamente, muchos medios progresistas y de izquierda de la región circularon con cierta malicia o picardía criolla la idea de que esa era el truco que teníamos los ecuatorianos para salir de la dolarización. No solamente es una muestra de la deslealtad de estos compañeros (si ese disparate hubiera sido cierto tendrían que haber callado por solidaridad), sino sobre todo de su mediocridad profesional. No sólo era una idea falsa sino además absurda, porque no había manera de utilizar este sistema de compensación de pagos para salir de la dolarización, sencillamente porque no se trataba de una nueva moneda. Esas lecturas tan superficiales sobre nuestra propuesta, han hecho un daño tremendo, entorpeciendo el proceso del diseño de la nueva arquitectura financiera que contemplaba los tres pilares mencionados.

¿Qué rol se le asignaba en ese proyecto a las reservas públicas de bienes naturales comunes?

En la bolsa de Toronto, las compañías especializadas como las petroleras y mineras, muchas de ellas no especializadas en la actividad sino en la especulación, transan con la certificación de nuestras reservas públicas. Entonces nos preguntamos, ¿por qué no podemos utilizar mecanismos similares pero para el bien común? Es decir que las reservas naturales probadas pueden quedar como reservas internacionales de valor y los estados soberanos pueden negociarlas, pero manteniendo los recursos bajo tierra, conservando nuestros bosques y nuestra biodiversidad. Si el mercado ya lo está haciendo, simplemente podríamos hacerlo a nivel nacional desde los estados para defendernos de los ataques especulativos. En lugar de extraer nuestro petróleo o tumbar nuestros árboles, sólo para intercambiarlos por unos papeles verdes llamados dólares, para después comprar unos papeles rozados que se llaman bonos del Tesoro de los EEUU, ¿por qué no tener directamente certificadas cuáles son nuestras reservas internacionales y sobre esa base hacer la ingeniería financiera? Esa podría ser por otra parte la base del Fondo del Sur. Hay ahí una sinergia entre los créditos de desarrollo en moneda regional, en monedas nacionales y también en dólares con los pagos de sistema de compensación de pagos y el respaldo de un fondo. Sólo en las épocas de crisis económicas los estados entrarían a vender o bien los títulos-valores sobre las reservas o incluso utilizar eventualmente las reservas para explotarlas.

Si los gobiernos involucrados en esta Nueva Arquitectura Financiera regional hubieran avanzado en la implementación del Fondo del Sur, el Banco del Sur y el SUCRE ¿cree que estos instrumentos de política económica hubieran podido sostenerse con el actual giro político hacia la derecha neoliberal que se vive en algunos de nuestros países?

En primer lugar hay que insistir en que no fue la falta de voluntad política la que impidió que se alcanzaran los objetivos propuestos, sino las graves limitaciones epistemológicas y sobre todo el rol totalmente pernicioso que han jugado las burocracias y las tecnocracias intermedias, absolutamente capturadas por el pensamiento único desde hace mucho tiempo. La prueba de que nuestro proyecto era viable y no una utopía irrealizable nos la dieron principalmente los asiáticos. En sólo dos meses crearon el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, con la participación de 58 países, incluyendo enemigos geopolíticos como Inglaterra y Alemania. Por otra parte, mientras se seguía postergando la creación del Banco del Sur, la idea se difundió y llegó hasta los BRIC’s, que finalmente asumieron casi todo los contenidos de nuestra propuesta. Es decir, diseñaron un Banco de Desarrollo con prioridades distintas a los de los bancos comerciales, pero sumado a un fondo de estabilización y con una moneda propia para fomentar el intercambio. Más aún, en un comienzo hablábamos de un capital total de 250.000 millones de dólares, formado por los 50.000 millones de dólares que debía poner cada uno de los cinco países, pero no en moneda dólar sino en moneda nacional. Y esta era en realidad la clave de nuestro sistema, es decir: ¿cuál es el problema para Brasil de poner el equivalente de todo ese dinero en reales? Esto pasó en Deli, en Marzo de 2012. Sin embargo, en la siguiente reunión de los BRICs que fue en Durban, en Sudáfrica, los técnicos se encargaron de modificar las cosas volviendo al redil neoliberal, diciendo que cada país tenía que poner 50.000 millones de dólares en dólares, y entonces los presidentes de Brasil y Sudáfrica dijeron que eso era imposible. En cuanto al SUCRE, China y Rusia han firmado medio centenar de sistemas similares con países de sus respectivas zonas comerciales, utilizando la misma plataforma tecnológica pero para relaciones bilaterales y no multilaterales. Esto es como utilizar un cañón para matar una mosca, porque justamente la ventaja de este sistema es esa multilateralidad: mientras más países involucrados hay más útil se vuelve.

Con esto quiero decir que, frente a todos los tabúes, frente a todas las limitaciones epistemológicas y recelos, frente a todas las críticas de que estábamos haciendo aventurerismo y demagogia pura, aquí está la evidencia. En realidad no estamos hablando más que de mecanismos de compensación de pagos que los utilizaban ya los bancos del norte de Italia hace 800 años, con pluma y pergamino. Por eso creemos que el sistema hubiera tolerado los cambios de signo político que viven algunos países, como antes toleró el giro político el tema del Aladi o el Pacto Andino. El punto fundamental es que esta arquitectura financiera permitiría ampliar los grados de libertad de cada país individualmente y de la región en su conjunto.  En relación al tema del Fondo del Sur, creo que es absolutamente viable en el cortísimo plazo. Creo que aún estos gobiernos de derecha se hubieran dado cuenta de que esto era absolutamente necesario. No sólo porque no impide las políticas monetarias de cada país, sino porque además las refuerza, refuerza todos los grados de libertad para cada una de las políticas macroeconómicas y crea un ámbito de decisiones y de capacidades nuevo, supranacional, regional, que no es más que la capacidad de decidir hacia dónde van a ir los créditos, independientemente del modelo económico que se elija.

 

 

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