Erdogan también perdió. Fracasó el proyecto turco en Siria

El asesinato del embajador de Rusia en Ankara a manos de un policía antidisturbios de 22 años subraya el grado en que Turquía está siendo desestabilizada por el odio y la violencia producidas por las guerras en Siria. Espectaculares asesinatos y bombardeos ocurren a cada momento y la identidad, las afiliaciones o los motivos de los que las llevan a cabo están a menudo en duda porque los ataques son un reflejo de las múltiples crisis que amenazan con dividir a Turquía.

Las circunstancias que rodean el asesinato del embajador Andrey Kárlov a manos de Mevlut Mert Altintas son un ejemplo de este exceso de posibles sospechosos. Muchos observadores turcos lamentan que el atacante haya sido muerto a tiros por las fuerzas de seguridad poco después del asesinato, porque sus conexiones apuntan en diferentes direcciones.

Los medios internacionales generalmente se centraron en su grito “¡No se olviden de Alepo! No se olviden de Siria”. Esto encaja con una  narración de que muchos turcos están enfurecidos por el apoyo de Rusia al presidente Bashar al Assad en Siria y por su reconquista del este de Alepo. Tal vez uno de ellos decidió hacer algo al respecto.

Pero estos gritos no fueron las primeras palabras del asesino después de haber hecho los disparos fatales y quizá no fueron los más significativos. Estos fueron en árabe y habló de aquellos “que dan a Mahoma nuestra lealtad a la jihad”, lo que sugiere que el orador se había movido en círculos jihadistas en Turquía. Esto argumenta en contra de que el asesinato sea una respuesta espontánea a los acontecimientos en Alepo, pero no dice mucho sobre las afiliaciones del terrorista.

Los comentaristas turcos mejor informados sugieren que estaba con Jabhat al-Nusra (antes la filial de Al Qaida en Siria) o con el movimiento de Fethullah Gülen, que el gobierno turco culpa por el intento de golpe el 15 de julio. Por otra parte, admiten que podría haber sido un asesino solitario que, desde su punto de vista, estaba en el lugar correcto en el momento preciso.

El presidente Vladimir Putin y el presidente Recep Tayyip Erdogan hicieron declaraciones asegurando que el asesinato de un alto diplomático ruso no romperá sus nuevos vínculos de amistad.

Después de no proteger a Kárlov, Turquía probablemente tendrá que pagar un precio por ser más complaciente con Rusia en Siria.

Turquía se enfrenta ahora a la pesadilla del control kurdo a lo largo de la mayor parte de su frontera con Siria e Irak. En Siria, hay un estado kurdo de facto, en alianza militar con los Estados Unidos, gobernado por la rama siria del PKK. De lo que no hay duda es de que Turquía se está convirtiendo en un lugar más violento y con un poder más débil. En los últimos diez días, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) o una de sus ramas han matado a 58 personas, en su mayoría soldados y policías, en ataques cuidadosamente planeados. Los líderes políticos de la minoría kurda, un estimado del 14 por ciento de los 80 millones de la población turca, están siendo acusados de delitos terroristas por expresar incluso la forma más leve de disidencia. El fallido golpe militar del 15 de julio provocó una purga de soldados, funcionarios, universidades y medios sospechosos de conexiones gulenistas con más de 100.000 despedidos o suspendidos y 37.000 detenidos. Hay un estado de emergencia continuo y la purga se ha extendido mucho más allá de los gulenistas sospechosos para incluir a cualquiera crítico de Erdogan y su gobernante Partido de Justicia y Desarrollo (AKP).

No tenía que resultar así. Así como la Primavera Árabe, que se extendió por toda la región hace seis años, Turquía podría haber servido como mediadora para prevenir la violencia y contener las crisis. En cambio, respaldó a los Hermanos Musulmanes en Siria y en otros lugares y toleró a los jihadistas cada vez más extremos. Erdogan no fue el único que pensó que habría cambio de régimen en Damasco, pero fue el que más sufrió cuando el proyecto fracasó.

El asesinato de Kárlov es un síntoma más que muestra que la crisis general en Medio Oriente y Africa del Norte está afectando a Turquía. Las fuerzas desatadas en Siria e Irak están exacerbando las divisiones existentes en Turquía. Erdogan está extendiendo su vara autoritaria pero gobierna un estado de debilitamiento incapaz de hacer frente a las crecientes crisis en el país y en el extranjero.

 

(*) De The Independent de Gran Bretaña. Especial para PáginaI12. Traducción: Celita Doyhambéhère.

 

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