Ferguson: la verdadera cara del “sueño americano”

La exoneración del policía blanco que asesinó al joven negro de la localidad de Ferguson, Michael Brown, revela una vez más las brutales desigualdades y el racismo desembozado que constituyen la verdadera cara del “sueño americano” para millones de hombres y mujeres de los Estados Unidos. Presentamos aquí dos notas sobre el tema escritas desde la cárcel por Mumia Abu-Jamal, luchador, ex pantera negra, condenado a cadena perpetua al ser acusado falsamente del asesinato de un policía en 1981.

 

Racismo y represión

La muerte de Michael Brown en Ferguson por los disparos del policía blanco es similar a otras ocurridas en las últimas décadas, después de actuaciones policiales contra ciudadanos afroamericanos. El antecedente más cercano fue el de julio de 2013, cuando una decisión de un jurado de Florida provocó protestas en diversas ciudades de Estados Unidos, aunque la mayoría se desarrollaron de forma pacífica. El jurado había declarado inocente de los cargos de asesinato en segundo grado y homicidio involuntario a George Zimmerman, un vigilante voluntario de una urbanización de Sanford (Florida) que el 26 de febrero de 2012 había matado a un adolescente negro desarmado.

Pero tal vez los más recordados sean los sucesos de los años ’60, cuando el movimiento por los derechos civiles encabezado por el reverendo Martin Luther King luchaba por acabar con la discriminación racial. Precisamente, el asesinato el 4 de abril de 1968 de Luther King desencadenó una oleada de violentos disturbios raciales en 125 ciudades norteamericanas durante los que murieron 46 personas, 2800 resultaron heridas y más de 26.000 fueron arrestadas.

Tres años antes, en marzo de 1965, la actuación policial contra una marcha en Alabama a favor del voto de los negros causó 50 heridos y pasaría a la historia con el nombre de “Bloody Sunday” –domingo sangriento–. En agosto de ese mismo año, la detención de un automovilista negro por dos policías blancos en el barrio de mayoría afroamericana de Watts, en el sur de Los Ángeles, provocó seis días de violencia que causaron 34 muertos, casi un millar de heridos, más de 3500 detenciones y unos daños valorados en 40 millones de dólares.

En julio de 1967, disturbios raciales también desencadenados por actuaciones policiales contra la población negra causaron 43 muertos en Detroit (Michigan) y 26 en Newark (Nueva Jersey), además de cuantiosos daños materiales. Aunque los peores disturbios se produjeron en la década de los sesenta, en plena lucha de la población negra por acabar con la segregación, Estados Unidos vivió desde entonces incidentes raciales violentos asociados con la actuación de miembros de la policía contra afroamericanos.

Los más graves desde 1980 tuvieron lugar en Los Angeles en abril de 1992. La chispa que encendió la violencia fue la absolución de cuatro agentes de policía que habían sido grabados por un videoaficionado –un plomero argentino que había emigrado a Estados Unidos, George Holliday– propinando una brutal paliza al taxista negro Rodney King (foto). Las protestas se prolongaron varios días y dejaron 55 muertos, más de 2000 heridos y 1000 millones de dólares en pérdidas materiales.

En mayo de 1980, al menos quince personas murieron en Miami (Florida) en los incidentes que siguieron a la sentencia que absolvió a cuatro policías blancos acusados de matar a un afroamericano tras cometer una infracción de tráfico.

Nueve años después, en enero de 1989, la muerte de un joven negro en Overtown (Florida), por los disparos efectuados por un policía hispano, encendió durante dos noches la ira de los miembros de su comunidad.

Los disturbios se reprodujeron en Florida en octubre de 1996, esta vez en la localidad de Saint Petersburg, por la muerte del joven negro Tyron Lewis durante un control policial de tráfico. Se desencadenaron tiroteos y fueron incendiados varios edificios.

En abril de 2001, Cincinnati vivió varios días de violencia después de que un oficial de policía matara a un joven negro. Fueron detenidas más de 200 personas y declarado el toque de queda.

En septiembre de 2010, la ciudad californiana de Oakland fue escenario de violentos incidentes después de que un jurado declarara culpable de homicidio involuntario al policía Johannes Mehserle por la muerte del adolescente afroamericano Oscar Grant. Más de un centenar de personas fueron detenidas.

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Detenido desde hace décadas, la voz de Mumia se ha transformado en un grito presente en todas las luchas populares del país. Hoy, una ley de censura decretada por el gobernador de Pensilvania pretende impedir sus denuncias públicas sobre las atrocidades del sistema global y penitenciario vigente en EEUU. La impunidad de Ferguson y la arbitrariedad del encarcelamiento de Mumia están íntimamente conectadas. Como lo muestra la recopilación de asesinatos raciales que aquí publicamos, no se trata de actos aislados sino de una estrategia integral de dominación sobre la población negra y del conjunto de los explotados de la nación del norte. En la tierra del presidente negro Obama la colonialidad del poder se encuentra más vigente que nunca.

Visibilizar estas resistencias sigue siendo, a su vez, tremendamente necesario.

 

Lo que significa Ferguson

Hace poco, Ferguson era el nombre de un lugar desconocido para la mayoría de nosotros.

Debido a lo que pasó ahí ––la breve pero intensa experiencia de la represión del Estado––, su nombre será transmitido por millones de bocas negras a millones de oídos negros, y se volverá una consigna de resistencia, como Watts, Newark, Harlem y L.A.

Pero Ferguson no ocurrió hace 50 años, sino hoy. Y para las y los jóvenes negros de ahí y otros lugares, ha servido como una cruda lección de historia vivida y también una lección sobre la realidad.

Cuando se atrevieron a protestar el asesinato de uno de los suyos, el gobierno respondió con las herramientas y armas de guerra.

Los atacó con gases lacrimógenos. Los atacó como si Ferguson fuera la ciudad de Faluya en Iraq. La policía actuó como si fuera un ejército de ocupación desde otro país porque de hecho, es lo que era.

Estos jóvenes aprendieron visceralmente, cara a cara, lo que la nación blanca pensaba de ellos, de sus llamados derechos constitucionales, su libertad y sus vidas.
Aprendieron el costo de la protesta de la comunidad negra ––represión, represión y más represión.

También aprendieron los límites de sus llamados líderes, quienes llamaron a la paz mientras policías armados apuntaron sus ametralladoras y rifles de francotiradores a hombres, mujeres, niños y niñas sin armas.

El líder de la Revolución Rusa, V.I. Lenin, dijo una vez: “Hay décadas cuando nada ocurre; hay semanas cuando décadas ocurren.”

A las y los jóvenes excluidos de la economía estadounidense por una educación inferior y deficiente, elegidos para el encarcelamiento masivo por la malevolencia de la falsa guerra contra la droga, detenidos y revisados por caminar siendo negros, les dieron asientos de primera fila a la obra del Estado de seguridad nacional en Ferguson cuando su amigo fue asesinado por la policía en sus calles.

Es posible que Ferguson sea un despertar ––un llamado a la juventud para construir movimiento sociales radicales y, sí, revolucionarios, para variar.

Desde la nación encarcelada, soy Mumia Abu-Jamal.

 

 

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El jurado no tan grandioso: Ferguson

Ferguson vive días de máxima tensión en anticipación morbosa de la decisión del gran jurado sobre el asesinato policiaco de Mike Brown, un joven desarmado de la comunidad negra.

Nos hemos referido a la “decisión del gran jurado”, pero a decir verdad, no es el gran jurado que toma la decisión, sino el procurador.

Según el viejo refrán, “un procurador puede usar un gran jurado para enjuiciar una torta de jamón, si es que quiere hacerlo.”

Si no me equivoco, él no quiere hacerlo.

Esto va demasiado contra la corriente.

La mayoría de la gente nunca ve un gran jurado. Por lo regular sus investigaciones se llevan a cabo en secreto, aunque el gran jurado de Ferguson ha sido muy cuestionado.

Se han filtrado montañas de información, al parecer, en un esfuerzo por preparar el escenario para votar por no presentar acusaciones penales contra al policía Darren Wilson: de no encontrar indicios para enjuiciarlo.

Hace varias décadas, se conformó un gran jurado en Filadelfia para decidir si iban a iniciar acciones penales contra los policías que echaron una bomba contra la casa colectiva de la organización MOVE, así asesinando a once hombres, mujeres, niñas y niños y quemando las casas que se encontraban en varias cuadras alrededor.

Pasaron muchos meses y luego un día vino el anuncio: no encontraron indicios para hacerlo.

No presentarían ninguna acusación contra ellos.

Varios años después, el fiscal al mando del show fue nombrado Presidente de la Suprema Corte de Pensilvania. Ronald Castille.

Porque un gran jurado puede enjuiciar una torta de jamón — si es que quiere hacerlo.

Desde la nación encarcelada soy Mumia Abu-Jamal.

 

 

 

 

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