Fernández Fernández

El reciente anuncio electoral de Cristina Fernandez de Kirchner de ir como candidata a vicepresidenta y ubicar como candidato presidencial a Alberto Fernandez, generó una importante catarata de repercusiones mediáticas, reacomodó el tablero político electoral y ubicó al peronismo y al conjunto de las fuerzas opositoras ante un nuevo escenario de debate sobre los opciones y alternativas para vencer al gobierno de Mauricio Macri. En los trabajos que presentamos a continuación queremos desde Contrahegemonia compartir un debate critico, bajo la lógica de no repita los análisis superficiales que se vienen repitiendo en diversos medios de comunicación, sino aún en el marco de visiones diferentes de los autores, buscar problematizar y pensar con mayor profundidad lo que implica esta decisión política. Abrimos el juego.

Las decisiones importantes y premeditadas no dejan cabos sin atar, evitando lo accidental y anticipándose a reacciones. Aprovechando el momentum, – la crisis que atraviesa el macrismo en los más diversos frentes y la repuntada en su imagen pública – Cristina hace el tan esperado anuncio que el público ansiaba. Con más suspenso que The winter is coming finalmente se pusieron las precandidaturas sobre la mesa. El hecho, como todo plot point, o nudo en la trama, no puede pasar desapercibido y hasta les más escéptiques, renegades, contraries a esta narrativa no pudieron evitar pronunciarse, porque continuando con la analogía fílmica, es una serie que todes consumimos.

Sin duda, los anuncios a los que hacemos referencia serán uno de los hechos más importantes de nuestra etapa política, configurando y condicionando el futuro de nuestro pueblo, pensando en clave nacional pero también latinoamericana. La atención a este hecho, expresada en la vasta literatura virtual y física, 180 a miles de caracteres, verifica, por si quedaban dudas la importancia social de la política institucional, de las elecciones, de la democracia representativa. Arriesgando hipótesis, la masiva reacción a este hecho expresa, parcialmente, como sensibilidad social o sentido común y práctico – la posibilidad de resolución, mala, buena, contradictoria, a los conflictos y desgarros iniciados con la llegada de la derecha neoliberal al poder.

Disculpen al millenial por el abuso de analogías. El canon ajedrecístico dice que la reina se guarda hasta haber terminado la apertura, la disposición general de las piezas. Ahí es cuando la reina se despliega como la más poderosa, mientras el rey, perezoso, busca resguardo fuera del conflicto. De esta forma Cristina se ha guardado hasta el momento que vio oportuno y dispuso de su representatividad, de su capacidad discursiva y emanación social. La movida asombra, nos sabe inesperada. Ahora en frío cabe preguntarse, cuánto de novedoso, de sorprendente hay en esta jugada. Muches lo caracterizaron como una claudicación, como una política de consenso defensiva, como una reacción a una derrota general impuesta sobre una supuesta línea pura kirchnerista. Y aledañamente como una búsqueda casi obsesiva de la victoria electoral.  Cabe profundizar en este aspecto. Sin duda la propuesta que «nos hace» Cristina Fernández expresa algo distinto a configuraciones electorales previas.  Ahora bien pensar al kirchnerismo como algo estático no se ajusta en fino a su recorrido gubernamental y no incorpora la dimensión de la política regional y mundial, nuestra inserción en el mundo y el contexto latinoamericano. La decisión de extender por 20 años licencias al grupo Clarín, permitiendo la fusión de Cablevisión y multicanal y dando el primero paso a la apertura del triple play que hoy dispone el multimedio y luego del 2008 enfrentándose férreamente al monopolio y elaborando una de las leyes de comunicación audiovisual más progresivas del mundo. El enfrentamiento con el campo por captar la renta agraria y luego la apuesta incesante y con poca devolución al gran empresariado nacional como Techint. La asignación universal, la estatización de las AFJP y el fútbol para todos como derechos fundamentales frente al saqueo de los recursos naturales como el oro y el litio. El glosario de medidas populares y antipopulares, como si puestas en una balanza nos dieran una obra acabada, no abona a una caracterización integral de un proyecto contradictorio.

Es así que pareciera ser bastante coherente y transparente esa decisión (las precandidaturas), si no creemos en sus discursos como mera retórica partidista. Pues vamos, aunque no la esperábamos, un poco se nos venía anunciando en sus discursos. El pacto ciudadano, la reunificación del peronismo, la importancia del empresariado en el nuevo modelo, la jerarquización de la derrota del macrismo, y la más fuerte y quizás menos creíble, que ella iba a jugar el rol que hiciera falta en este panorama. Quizás sea una salida realista dentro del modelo neodesarrollista que ha propugnado el kirchnerismo. Cabe preguntarse si sería muy distinta la política llevada adelante por Cristina, con los condicionantes que deja el macrismo, a la que pueda llevar adelante Alberto Fernández. Le creemos un poco al decir que él es mejor para llevar adelante la etapa que se viene – como se ha mencionado, por su relación con el empresariado, sectores del peronismo, sectores mediáticos, etc.- En definitiva, lo raro era esperar algo muy distinto: una radicalización del proyecto kirchnerista, un golpe de timón que fortaleciera el ala más de izquierda y un alejamiento del peronismo. Pues sería pedirle al kirchnerismo algo que no es.

También es cierto que Fernández no es Fernández. El aspecto discursivo, la retórica política, los sentidos construidos a partir de la legitimidad social que brinda las riendas del Estado, todos aspectos importantes que para quienes pensamos en una transformación social profunda, no nos puede dar lo mismo. En ese sentido Alberto Fernández seguramente expresará y construirá un nuevo relato, posiblemente más adverso al que había generado Cristina Fernández, aún con todas las críticas. Hasta acá se puede decir, lo demás serán profecías incalculables. Quienes ven en el precandidato un posible Lenin Moreno arriesgan más que quienes dan los pronósticos extendidos. Queda mucho por ver, como el armado de las listas, el rol que cumpla Cristina Fernández y el kirchnerismo en general imaginando una posible victoria, etc. Cabe resaltar que posterior al anuncio, mientras les periodísticas morían por la exclusiva, Máximo Kirchner daba un discurso hacia la militancia kirchnerista donde insistía en esa elocuencia crispadora, embatiendo contra el grupo Clarín, el FMI, el campo y toda la banda. De vuelta, no puede ser retórica solo para la militancia, seguramente sea algo constitutivo y contradictorio del nuevo gobierno donde se albergarán tensiones por el devenir de la política social y económica.

Precipitarse a hacer vaticinios no sería lo más productivo, aunque sí elaborar posibles hipótesis del futuro que nos espera. La marca que deja la deuda eterna será una línea guía sobre la que se diseñarán posibles políticas económicas. Y estas seguramente estén atadas a la correlación de fuerza parlamentaria, pero también en calles, en la organización popular. Integrar teóricamente ambos aspectos para analizar la realidad será fundamental. Incluso sería impensado este escenario electoral sin lo sucedido en las masivas marchas en defensa de los derechos humanos, sin el pueblo rebelde que le puso un freno a la reforma previsional. Quizás sin esos hitos hoy el macrismo podría estar más asentado para enfrentar un nuevo período. O el consenso social sobre el que podría asumir el peronismo sería distinto. Así como fundamental y definitoria,  la política parlamentaria está parcialmente integrada a lo sucedido a nivel social, en la lucha callejera. Y viceversa. La derrota del macrismo, en las urnas y más allá, sigue siendo tarea imprescindible para la reconstrucción de un proyecto transformador. Sin derrota de la derecha no hay futuro posible. Y paralelamente, hay que construir nuestra salida, sin retrasos, desde la organización popular, la lucha en las calles, forjando las condiciones necesarias desde lo social, lo político, lo institucional para que nuestra izquierda sea una alternativa de poder.

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