Gobierno, alternativas y tensiones

Presentamos una nueva entrega del dossier “Alternativas populares en debate” donde luchadores sociales e intelectuales críticos comparten su mirada, el análisis y su pronóstico para el ciclo de luchas necesario para una transformación profunda de la sociedad. Compartimos aquí las opiniones de Franco Rossi*

falsas promesas, tu cariño mi dolor

La alianza Cambiemos ha ido perdiendo legitimidad y núcleos de apoyo. La fortaleza que obtuvo tras el triunfo de 2015 se ha ido deteriorando. La implementación de un modelo que desfavorece a amplias capas de la sociedad fue enhebrado con un relato que poco a poco está perdiendo credibilidad. La revolución de la alegría ha sido reemplazada por la idea de una tormenta difícil de atravesar. Se pretende sostener una promesa de futuro próspero que poco tiene que ver con el presente, cargando contra el gobierno anterior. Las modificaciones retóricas nos hablan de un nuevo tiempo de gobernanza. Pareciera que el relato estalló contra la realidad. La imagen del presidente ha ido cayendo. El chamuyo se está evidenciando.

Las corridas cambiarias de las últimas semanas, la devaluación superando al 55% interanual, la promesa de un crecimiento económico del 0,4% (PBI) para este año y el reciente anuncio de una contracción del 2,45% anual, la abultada deuda externa, una inflación anual que supera el 40% y el techo salarial impuesto en un 25%, nos hablan de un combo destructivo. El cambio en la distribución del ingreso es notable. Mientras los grupos concentrados se enriquecen con la bicicleta financiera (se estima que se fugaron cerca 300.000 millones de dólares),  las clases populares sufrimos el deterioro de nuestras vidas. El abaratamiento del valor de nuestra fuerza de trabajo es cada vez mayor. La suba en las tarifas de gas, luz, transporte, sumado al aumento del precio de los bienes domésticos nos empuja a la pobreza. La capacidad de compra este año se ha reducido un 12%. Nos vemos obligados a trabajar más horas por menos dinero. Salimos al mercado laboral, hallamos pocas oportunidades y todas precarizantes.

Merece un párrafo aparte visualizar las desigualdades de géneros en materia económica. En el primer trimestre del 2018 la desocupación entre las mujeres alcanzó un 10.6% mientras que entre los varones fue de un 8%. A su vez, las ocupadas asalariadas están expuestas a una tasa de empleo no registrado mayor: hay un 36,4% de las asalariadas a quienes sus empleadores no inscriben en la seguridad social, mientras que para los asalariados varones esta tasa de no registro es del 31,9%. Las desigualdades se advierten también en el terreno de los ingresos: contemplando todos los ingresos que se perciben, sean de origen laboral o no laboral (como jubilaciones y pensiones, cuotas alimentarias, subsidios, etc.), las mujeres perciben ingresos que, en promedio, son un 28,2% menor que los de los varones. Este panorama de gran inequidad se profundiza al observar que del total de personas que realizan las tareas domésticas, un 74% son mujeres y un 26% son varones. Por su parte, los estratos de menores ingresos están compuestos principalmente por mujeres, en tanto quienes perciben mayores ingresos son varones. Realidades que dan cuenta de la feminización de la pobreza.

En este transcurso, el gobierno asume como propias las pretensiones del FMI. Se alinea en pos de un respiro financiero. Busca apoyo para desplegar su programa de ajuste estructural. El viaje presidencial a Estados Unidos en un septiembre caliente como el reciente condice con estos objetivos. Allí ha conseguido un desembolso anticipado, que le permitirá tener más oxígeno los próximos meses. Sin embargo, nadie puede asegurarle que podrá concretar las transformaciones regresivas que pretende hacer. Más bien diría que allí reside una de las dificultades más grandes que los sectores dominantes tienen cuando intentan avanzar: el movimiento popular argentino.

La defensa de ciertos derechos laborales, sociales y previsionales tiene una larga historia en nuestro país. Y cualquier intento por derrotar dicho acumulado conlleva un deterioro político difícil de dimensionar. El gobierno lo sabe. Lo ha sufrido en carne propia. De igual manera, intentará avanzar. Si lo que quieren es “insertarse en el mercado mundial”, no tienen otra opción. Deben abaratar el precio de los salarios, disciplinar a los sectores populares, reprimarizar aún más la economía, profundizar la apropiación de los bienes comunes y confiscar el tesoro nacional a través de la deuda. El modelo económico no podrá completar su proceso de extranjerización si no se adecúa a las nuevas imposiciones del mercado. La división internacional del trabajo opera en todos los niveles. Para ser “un país competitivo” y atraer al capital trasnacional se debe abandonar la producción de bienes con cierto valor agregado y dedicarse por completo a la venta de bienes primarios y derivados. Perpetuando la restricción externa. Acotando los márgenes de autonomía y reduciendo la soberanía política y económica al mínimo.

El gobierno avanza así con el proyecto de restructuración económica y social iniciado por Martínez de Hoz en el ´76. Con un margen de maniobra acotado intenta concretar la tarea para la cual los grupos económicos concentrados lo designaron y financiaron. Hoy debe asegurar la gobernabilidad, llegar al 2019 en competencia, solventando una oposición de “peronismo racional” que lo pueda reemplazar en caso de ser derrotado. Para ello configura una estrategia basada en un doble mecanismo: construcción de acuerdos y/o represión. En primer término, intenta que la oposición respete las reglas de juego parlamentarias. En segundo término, pretende extender los compromisos que venía realizando con diversos sectores gremiales y sociales, con medidas de contención focalizadas. En tercer término, recrudece la persecución y represión a los sectores movilizados que no agachan la cabeza. Este juego de acuerdos y represión va variando según la correlación de fuerzas existentes entre dominantes – dominados y según la puesta a prueba de la gobernabilidad.

Podemos decir que diciembre dejó enseñanzas. La lucha callejera contra la reforma previsional marcó un antes y un después. El gobierno tomó nota. Lo cual se vio reflejado en el considerable aumento presupuestario a las fuerzas de seguridad, como así en el modo que empezó a abordar ciertas leyes regresivas. De allí, la presentación de la reforma laboral desglosada y la negociación previa con los diversos sectores. En simultáneo, dado el protagonismo de los movimientos populares, el gobierno intentó condicionar su dinamismo, cerrando programas, redireccionando partidas, poniendo obstáculos administrativos. Cuestiones que por un tiempo desviaron la atención de las organizaciones territoriales pero no lograron neutralizar su accionar. Entre calle y negociación, impusieron sus demandas.

El gobierno está golpeado pero aún tiene margen de acción. Un enfrentamiento de alta intensidad podría deteriorar aún más su legitimidad. Por eso, intenta distraer y canalizar la conflictividad haciendo uso de la alianza mediática – judicial que lo sostiene. En tanto, quienes formamos parte del movimiento popular debemos considerar en qué tiempo político estamos, en qué medida queremos o no condicionar y/o derrotar al gobierno. Entonces ¿qué estrategia nos damos?

y todavía ando buscando la salida de este laberinto

En la población crece el descontento hacia el gobierno. El recorte de políticas públicas que garantizaban cierto bienestar social y la grave situación económica, han hecho que desde diciembre hasta acá, más personas empiecen a indagar otras opciones políticas. El revuelo generado tras la corrida cambiaria, la injerencia del FMI, las dificultades para llegar a fin de mes, como así la lucha por el aborto legal, acrecentaron el debate político en la sociedad. Una gran porción de los trabajadores y trabajadoras detectan rápidamente que Macri está haciendo las cosas mal. Lo cual da mayor espacio para la construcción política. Son periódicas las movilizaciones masivas. Frecuentes las confluencias en las calles de la clase media con los sectores más humildes. La lucha contra el macrismo hoy es masiva y popular. Pero cierto es que pocas son las críticas que se hacen al modelo que encarna el actual gobierno neoliberal.  Panorama que refleja los logros del movimiento popular, y a la vez sus limitaciones.

Los sentidos y modos de conocer, promovidos por las clases dominantes desde hace décadas, se ven cristalizados en estos embates. Como así la falta de herramientas de irradiación, influencia y comunicación que tenemos las fuerzas sociales contrahegemónicas. El rechazo masivo al macrismo que hemos logrado construir lejos está de desarticular al modelo de acumulación prominente en Argentina. Lo cual brinda comodidad a las fuerzas de centro y centro derecha que tienen expectativas presidenciales para el 2019. En tanto, quienes peleamos por la redistribución total de las riquezas y la democratización de los saberes nos encontramos ante un nuevo desafío: derrotar al macrismo a la par que construimos un nuevo modelo de país, en las calles, en las casas y en las urnas. Para que la vida se ponga por delante de los negocios, construir otra opción de futuro es indispensable. Difícilmente se pueda hacer de la noche a la mañana. Habrá que conjugar el mediano y el largo plazo; el temperamento y la osadía. Es necesario construir una nueva hegemonía.

Haciendo un rápido recuento de la dinámica del campo popular en los últimos tres años, percibimos que se pudieron configurar escenarios de amplia unidad para golpear al macrismo. El hecho más reciente de este grado de unidad, fue la movilización del 24 de Septiembre, previo al paro general de la CGT, en la que participaron las tres CTAs, seccionales de la CGT, los movimientos sociales, centros de estudiantes y partidos políticos. En dicha jornada se resaltó la idea de soberanía nacional, el rechazo al FMI, como así la lucha contra el hambre y la pobreza, y en menor medida, el rechazo al presupuesto 2019. Lo cual manifiesta la composición defensiva de esta unidad (no por ello menos importante). En ese contexto, es evidente que las posturas emancipadoras son minoritarias, en tanto las fuerzas de mayor envergadura plantean, como alternativa al neoliberalismo, una vuelta al desarrollismo.

En vistas al 2019, diferentes sectores políticos se han ido posicionando. Entre los cuales podemos identificar cuatro grupos de relevancia: el Peronismo Federal referenciado con Massa, Urtubey, Schiaretti y Pichetto; un espacio progresista vinculado al peronismo y su variante kirchenerista, abanderado por Cristina, Yasky y Grabois; la candidatura de Felipe Sola respaldado por  el Movimiento Evita; y la izquierda, representada por el FIT. Por su lado. En simultáneo, hallamos un cúmulo de organizaciones que gravitan el campo político sin terminar de acomodarse en ninguno de estos grupos. En ese camino, se han construido experiencias políticas que intentan trascender las meras coordinaciones coyunturales. Entre éstas, se encuentra el Movimiento de los Pueblos. Una plataforma de organizaciones, que promueve el protagonismo de las mujeres, de las disidencias, de les trabajadores, estudiantes y pueblos originarios, en pos de un socialismo feminista.

En este tiempo, también se han configurado otros agrupamientos políticos de la nueva izquierda, decididos a luchar contra el macrismo, integrando armados que los superan. Entre esos hallamos a Vamos, espacio que agrupa a diversas organizaciones vinculadas a los movimientos sociales, que evalúa acompañar el armado tendido entre Cristina y Grabois. Otro agrupamiento es Poder Popular, fuerza que ha decidido integrar el FIT, en vistas a fortalecer lo ya acumulado por dicho frente electoral. En simultáneo, la dinámica de resistencia de nuestros pueblos ha dado lugar a múltiples coordinadoras, foros y encuentros donde diversos grupos ponen de manifiesto sus reclamos y la necesidad de un nuevo proyecto de país. La Primer Cumbre del Agua de los Pueblos desarrollada en Catamarca en rechazo al extractivismo, por los derechos de la tierra y las personas, es un claro ejemplo.

En este contexto, volver a pensar qué modelo de país necesitamos para superar el tormento actual pareciera ser central. Se vuelve preciso construir con amplitud y direccionalidad. Acotando el pragmatismo, disponiendo una estrategia compleja.  Hoy pelear contra el macrismo sin luchar contra el modelo de acumulación pareciera ser una salida trunca. Si de lo que hablamos es de justicia social, derrotar a Macri es tan necesario como derrotar al neoliberalismo. La regresión industrial, la primarización y el extractivismo son los indicadores más alarmantes de la matriz productiva Argentina. El desarrollo asociado al capital trasnacional que imponen los sectores dominantes, aprovechando las ventajas comparativas, reduciendo los costos laborales, promoviendo tratados de libre comercio que dan rienda suelta a los países centrales, son realidades que cualquier gobierno que venga deberá afrontar.

Tomando nota de la experiencia reciente observamos que el llamado consenso de los commodities, propiciado por los progresismos latinoamericanos, ha dado lugar a que las nuevas derechas avancen con su plan depredador. En ese sentido, durante el kirchnerismo, Argentina no modificó sus desequilibrios estructurales. El gobierno, descansando en la renta agraria, no elaboró un proyecto de desarrollo productivo viable. Mientras, los grandes grupos económicos locales aumentaron su rentabilidad y fugaron las divisas. Claro que si uno compara ese período, donde se reactivó el mercado interno, hubo mayor distribución, derechos básicos garantizados y una narrativa progresista, con la situación actual… todo pasado fue mejor.

El modelo desarrollista latinoamericano que muchos actores añoran, suponía una burguesía nacional que proveía al mercado interno, y a medida que crecía exportaba desde las unidades productivas nacionales. Hoy esa burguesía no tiene lugar. La nueva composición del capital trasnacional ha cambiado las reglas de juego. Las burguesías locales están trasnacionalizadas. Son independientes de cualquier interés nacional. Sus intereses particulares inciden a nivel global y cualquier barrera les entorpece. De modo que debemos preguntarnos, qué tipo de alianza sería necesaria hacer para fomentar el “crecimiento con distribución” en la actualidad, cuánto habría que ceder (y no solo hablamos de la lucha por el aborto legal). En ese sentido, es preciso madurar si esa propuesta de futuro no tiene un límite muy cercano.  Por ejemplo, ¿qué sectores cederían sus niveles de rentabilidad para sortear los vencimientos de la deuda externa, que entre 2020 y 2021 aumentarían considerablemente?

Por último, debemos tener en cuenta que el contexto en el cual los países de América Latina pudieron crecer, gestionar y distribuir la renta nacional ha cambiado. La incorporación de China y la India al mercado mundial se ha estabilizado y los espectaculares precios de los bienes primarios han menguado. A eso se le suma una posible guerra económica y la crisis, que congela los mercados y provoca que nadie perdone un default (como sí ocurrió en diciembre del 2001).

 

Foto: Mauro Leguizamón
Foto: Mauro Leguizamón

dicen que nos gusta darle al bajo y al bombo…

Entendiendo que el pueblo viene acumulando experiencias de lucha de forma creciente. Dando cuenta de las múltiples movilizaciones que estamos viviendo semana a semana. De la fuerza del movimiento feminista, del protagonismo de les trabajadores de la economía popular, del activismo gremial, de la masiva lucha por la educación pública.  ¿No es tiempo de ir por más? Acaso ¿Se puede volver al país del nunca jamás? Sabemos que hay que frenar a Macri. Esa es la prioridad. Ahora bien ¿Se puede desligar ese objetivo de la construcción de un proyecto realmente superador? Sin caer en la izquierda para convencidos, en la marginación auto complaciente, pareciera indispensable demarcarse de los diversos mecanismos de domesticación y construir una propuesta disruptiva, masiva y democrática. Ante su proyecto de muerte y resignación, resulta imprescindible construir un proyecto de vida para nuestros pueblos.

El capitalismo en la fase actual tiene un solo proyecto para América Latina que es la explotación expansiva de nuestros cuerpos y territorios. Quizás pueda darse con ciertos márgenes de distribución, quizás no. La tendencia a mayores niveles de concentración del capital viene acotando dicha posibilidad a nivel global. Lo cual repercute con mayor crudeza en los países periféricos. Restringiendo el marco de acción de cualquier sociedad que pretenda sostenerse bajo la lógica del capital. La transferencia de riquezas de les trabajadores a los grupos del capital concentrado se ha ido imponiendo a través de múltiples mecanismos.  Y solo a través de la lucha social y política se podrá frenar. Solo en unidad podremos construir un proceso constituyente que paute nuevas reglas de juego, a favor de las mayorías. En ese camino, hará falta una fuerza social masiva e insurrecta que le ponga freno al avance del capital en nuestro país. Hace falta una fuerza social y política que amplíe la democracia. Por eso entendemos que hay que evadir la funcionalidad de los conflictos. Hay que pensar cómo revertimos el orden que nos está oprimiendo.

Errado está quien piense que el conflicto es deseado por las clases populares. Es una regularidad del sistema de explotación en el que nos toca vivir. La forma en que se expresa la conflictividad depende del grado de agresión que las clases dominantes carguen sobre las clases subalternas, y de la tolerancia que éstas tengan. La concentración de las riquezas a costa de la miseria de millones, la vulnerabilidad de los sectores populares ante el ajuste expansivo, que más del 30% de la población argentina esté bajo la línea de pobreza, la negación del derecho a la salud, la falta de empleo, el trabajo precarizado, la persecución a quienes llevan gorrita o son migrantes, el acoso permanente hacia las mujeres y a las disidencias, el usufructo de sus cuerpos, las reiteradas inundaciones en los barrios populares, contrastan demasiado con el confort de las clases dominantes. Cuando el poder judicial está monitoreado por los monopolios empresariales, los medios amordazados por el ejecutivo ¿Qué otra opción nos queda si no es salir a la calle?

El conflicto social, en tanto empoderamiento de las clases subalternas, es una instancia democrática. No absoluta, ni definitiva. Pero sí definitoria. Así lo demuestra la historia de América Latina. Las clases se constituyen en la lucha. Es en la dinámica de antagonismos donde las reivindicaciones corporativas pueden tender una propuesta política. El modo en que se desplieguen los actores en lucha influirá en el futuro que tendremos. Por ende, los intentos por regular el antagonismo, limitan el futuro de las clases populares. Hemos visto cómo se configuran conflictos funcionales. Se generan escenarios de lucha en pos de flexibilizar al sistema e institucionalizar las demandas. Mientras son los dueños de la pelota quienes siguen poniendo las reglas de juego. Es así que algunas dirigencias gremiales, estudiantiles y sociales, acotan el potencial creador de nuestro pueblo. Conducen las luchas hacia callejones sin salida.

Para quienes anhelamos un cambio de rumbo general, estas situaciones nos llevan a repensar el modo de actuar en la masividad. Sin marginarnos, nos toca proponer. De mínima para que otras voces sean escuchadas, para que la fuerza que despleguemos como pueblo condicione al gobierno que venga. De máxima, para que desde el protagonismo popular se encare un proceso constituyente contra el dominio del capital.

Las nuevas referencias públicas nos hablan del momento en que estamos viviendo. Y del 2001 cual fuente de identidad. Como ya se ha dicho, la interpretación del 2001 que hizo la derecha fue exitosa. A partir de un rechazo multidimensional, del hartazgo a la clase política, que siguió latente en la sociedad doce años después, la derecha supo cohesionar. De allí la construcción de liderazgos “apolíticos”, con apariencia relajada, en reemplazo de las estructuras partidarias y toda su densidad discursiva. En el vértice opuesto, hallamos otras figuras construidas en espejo al 2001, tales como los referentes del triunvirato piquetero. Entre los que se encuentran sectores políticos que proporcionaron garantías de gobernabilidad para la recomposición del capital en aquel proceso popular.

A quienes crecimos alentados por la fuerza creativa y moral de aquella juventud militante, la adaptación sistémica que se realiza de esa gesta popular nos hace ruido. Las distorsiones elaboradas no son ingenuas ni sanas. Lo que supo ser disruptivo tiende a ser encausado y adaptado. Hoy que el capitalismo promueve modos de vida ordenados mediante prácticas que individualizan, desprendiendo a las personas de las experiencias colectivas, no sería saludable dejarlo pasar. Por tanto, debemos revisar qué subjetividades hay que retomar de aquellos años, qué elementos hay que actualizar y qué referencias hace falta poner a rodar. Ante la alternancia de liderazgos que se constituyen en dialogo con el 2001, la rebeldía-fuerza de Dario Santillan, su referencia colectiva, insurrecta, plebeya, gestante y profana, nos ordena y desafía. Sin idealizar, hay que volver a crear.

nunca, que no digas nunca porque un día de estos

Las burguesías locales y el capital financiero operan para que nunca se pierda la estabilidad. Es su garantía de rentabilidad. Que la única opción contra el macrismo sea un recambio cocinado alrededor del PJ, es un problema. Hay que volver a pensar en grandes hazañas colectivas. El ´45, el Cordobazo, el 2001. Hay que buscar la forma de que la resistencia generalizada no abone a un cambio de disfraces. Debemos rever cómo jugar en la etapa que se está abriendo. Hay que golpear al poder político y al poder económico en simultáneo.

Para superar los límites del capitalismo sub desarrollado en nuestro país, no nos queda otra que luchar contra los garantes del capital. Por eso resulta imprescindible construir las instancias de poder necesarias mediante el protagonismo de los y las explotadas. Es falso que el único horizonte posible es “el capitalismo con inclusión”. De nada sirve fagocitarse en las herramientas sectoriales o políticas que dichas fuerzas proponen. Sabemos que esa opción de futuro, nos llevará una y otra vez al pasado. No debemos caer en la tentación. La propuesta emancipadora que asumimos, probablemente requiera más esfuerzos, pero sin duda será más efectiva.

Lo ocurrido en las últimas décadas nos lleva a pensar que uno de los factores que perpetúa la dependencia de nuestro país está dado por los grandes grupos económicos locales y su dinámica especulativa. Son ellos quienes modelan las políticas de Estado de acuerdo a sus beneficios. De allí la inflación, las devaluaciones sistemáticas, los acuerdos con los organismos internacionales, los pactos geopolíticos con el imperialismo yanqui, la toma de deuda, el enriquecimiento ilícito, las fugas de divisas, los tarifazos, los recortes en salud y educación. De allí la planificación de los colapsos como el que estamos viviendo.

Estamos ante un enemigo compuesto por varios actores con intereses disímiles, pero que se unen cuando se trata de disciplinar a los sectores populares, de domesticar al movimiento popular. Por lo tanto, habrá que estudiar cómo influyen en el metabolismo social, de qué modos lo configuran, a través de qué medios. Y así, cómo actuamos en los diversos planos de sociabilidad. Para derribar su poder de muerte. Para construir un poder de nuevo tipo: participativo, solidario, feminista y disruptivo.

Al proyectar un modelo alternativo consideramos que la nacionalización y creación de empresas públicas vinculadas a los bienes primarios, debe ser una medida central. El Estado debe regular – promover la producción y comercialización de granos, del gas, petróleo, litio. Debe garantizar que los recursos obtenidos garanticen el buen vivir de la población.  Financiando programas, misiones y políticas públicas, que sustenten un piso de protección social, como así, generando una matriz productiva de largo aliento. En nuestro país hay experiencias positivas de empresas impulsadas por el Estado que han logrado un desarrollo más allá de los incentivos subsidiarios (Atocha, Arsat, Astilleros Río Santiago). Tenemos la capacidad técnica y productiva para producir bienes de mayor valor agregado. A la par, será preciso restringir el libre juego de las entidades financieras. Sin ello no hay soberanía posible.

Un modelo alternativo basado en la democratización de la economía, debe garantizar a su vez que la producción y distribución de los bienes de consumo básico no queden bajo mando de los grupos concentrados. Deben volver a manos de la gente, por medio del Estado. Un Estado constituido por el poder popular y comunitario. Esta alternativa, debe ir acompañada de una integración regional en la que prime el intercambio colaborativo por sobre la competencia depredadora. Es la única forma de que un modelo que desobedece la división internacional del trabajo, se sostenga en el tiempo.

aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo

Hay ejes que pueden orientar la construcción de dicha alternativa, acotando la distancia entre la idea y la gente. Más bien diríamos, ejes para que la propuesta sea asumida por la gente; para que la gente sea la idea. Uno de ellos es el cuestionamiento a la democracia actual. Plantear las limitaciones de la actual democracia representativa, y la necesidad de refundarla. En camino a una democracia participativa, comunitaria y protagónica, donde sean múltiples los mecanismos de deliberación y decisión. Donde se resalte la idea de que “tu palabra vale”, como dicen los y las vecinas de la villa 21/24 en la campaña electoral que actualmente le disputa al macrismo la junta vecinal. Una refundación de la democracia en nuestro país permitirá construir una legalidad que condicione al capital y promueva el bienestar general.

Otro elemento a tener en cuenta es la forma en que desde las izquierdas construimos y trasmitimos nuestras ideas al masivo. Mientras la derecha construye consensos trabajando los deseos y emociones de la gente, nosotres seguimos elaborando y transmitiendo mensajes desde una racionalidad occidentalizada, que poco tiene que ver con el hacer y sentir de nuestro pueblo. La derecha nos gana la disputa discursiva y cultural. La derecha nos gana elecciones. Es preciso detenerse en el texto y en sus contextos. Hay que construir desde la retaguardia. No hace falta hablar dos horas para decirlo todo. ¿Acaso podemos decirlo todo? Hay que aprender de las derrotas. Del rechazo a los grandes discursos presidenciales. De lo que a nuestro pueblo no le interesa. La estética hace a la palabra. Quizás sea tiempo de empezar a construir desde la realidad que tenemos, el futuro que soñamos; construir desde la sociedad que tenemos, el pueblo necesario. Y no al revés.

Pensar en los motivos dinamizadores que existen en nuestro pueblo ¿Qué buenos sentidos se recrean en el cotidiano? Tenerlos en cuenta para conformar una trama de significados que den sustento y coherencia a la propuesta de cambio, es fundamental.  En esa dirección, será útil identificar qué elementos de socialismo práctico hay en nuestra sociedad, qué hábitos comunitarios, modos de ser y hacer contra hegemónicos prevalecen ante la lógica del capital. Fomentarlos para fortalecer un andamiaje social transformador. En ese camino, el feminismo es fuente y potencia.  Hay nudos prácticos-discursivos que abren cancha, que desnaturalizan el sentido común propagado por la derecha, los enfrentan y proponen la superación. Interpelan al sujeto en su condición diaria y trascendental.

Como un simple ejercicio podemos pensar cuáles son los conceptos que en la actualidad pueden ser medios de transformación. Significados en disputa. Nociones desde los cuales se pueden ampliar progresivamente los niveles de politización popular. Por ejemplo:

|democracia| feminismo | sororidad | futuro | bien común | decidir | honestidad | revolución |

 

hoy acá en el baile

El triunfo de la derecha a nivel regional nos interpela. Sería erróneo culpar de todo lo ocurrido a los gobiernos anteriores sin asumir responsabilidad. Quizás sea tiempo de reflexionar sobre nuestra praxis. Desde las izquierdas estamos acostumbrades a la auto construcción, a la auto proclamación, al mantra de verdades, lo cual nos impide ver más allá de nuestra voluntad. Sin desearlo nos limitamos. Quizás sea tiempo de conjugar humildad y osadía. De construir movimiento desde la escucha. Haciendo política desde lo cotidiano. Volar por los aires los esquemas de la rutina izquierdista. Cuestiones en las que el movimiento feminista viene avanzando. Superando la fragmentación. Construyendo nuevos desafíos a cada paso, asumiendo la pluralidad. Haciendo político lo personal. Interviniendo de nuevos modos en la realidad, donde lo festivo se entrelaza con la radicalidad. Poniendo en diálogo diferentes tradiciones, uniendo en la lucha a diversas generaciones.

Desde allí, deberíamos pensar cómo recuperar las herramientas gremiales, deliberativas y culturales que nos pertenecen, y crear las que hagan falta. Tejer una estrategia de poder en Argentina exige dejar los purismos de lado. Hay lucha social, son múltiples los sujetos organizados, proliferan sentidos dinamizadores. Habrá que romperse la cabeza. Tomar aire en la lucha. Inventar. Conspirar en unidad contra todas las formas del capital. Promover un sujeto múltiple. Hacer pueblo. Construir una correlación de fuerzas (simbólico material) favorable, para todos los embates que se vienen.

Ahora bien, la agenda nos pone por delante dos tareas inmediatas. La primera es impedir que se apruebe el presupuesto 2019, elaborado bajo los lineamientos del FMI. Debemos trabajar para masificar el rechazo. A diferencia de la reforma previsional tratada en diciembre del año pasado donde se visibilizaba el recorte a los abuelos y abuelas, aún no se ha logrado construir una sensibilidad sobre el tema. Como movimiento popular tendremos que poner a jugar múltiples mecanismos. En segundo término, resulta imprescindible rechazar el pago de la deuda externa. Hoy el pago de los vencimientos compromete al 15% del PBI, mientras se prevé que aumente para 2019. En tanto, el PBI seguiría estancado (se estima un 0,5% de contracción para el año que viene). No hay Vaca Muerta que nos salve. El margen económico para el desarrollo nacional en pos del bienestar está fuertemente limitado. La deuda y las burguesías locales representan la más fuerte dependencia. Si agachamos la cabeza, no hay ningún futuro de producción, trabajo y redistribución posible.

La etapa abierta parece que será más larga que lo que pueda durar este gobierno. Para vencer al proyecto neo fascista que intentan instalar en la región, hará falta la unidad de todas las fuerzas progresistas y de las izquierdas. Y en dicho proceso habrá que superar las posturas que se esperanzan con un “capitalismo humano”. Por eso debemos fortalecernos. Luchando por la soberanía y la autodeterminación de los pueblos como nos vienen enseñando los trabajadores del Astillero Rio Santiago. Como organizaciones populares será saludable que dejemos de lado el poroteo y dediquemos más tiempo a favorecer la auto organización de los sectores populares. Hoy la lucha exige audacia y también cuidados.

Tenemos que frenar al neo liberalismo, construir soberanía y superar los limitantes estructurantes. Reapropiarnos del conocimiento, de los bienes comunes y la producción. Es nuestra garantía de futuro. Esta democracia ha fracasado. Por eso resulta preciso refundarla, promoviendo la participación directa en los asuntos públicos. Desde los barrios, escuelas, asambleas e instituciones estatales debemos dar la pelea. Abandonando la endogamia de izquierda, sin perder el rumbo. Esa pareciera ser nuestra responsabilidad.

El capitalismo viene por nosotros y nosotras. Y luchar es el único modo que tenemos para dignificar nuestras vidas, para darle el valor opuesto al que el mercado quiere asignarle a nuestros cuerpos. El socialismo y el feminismo son posibilidades que hay que activar. Por eso decimos, que no podemos darles más chances a los vaivenes del mercado, ni a las imposiciones del patriarcado. Un modelo social y productivo que garantice el derecho a la vida de las personas y de la naturaleza, es posible. Más aún, necesario.  Por eso, entre calle, pañuelos y batucada, nos gusta decir que el futuro está en nuestras manos.

Franco Rossi *

Maestro popular. Militante de la Corriente Popular Juana Azurduy

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