¿Golpe de Estado en Venezuela?

La reacción de la derecha venezolana e internacional era predecible: gritar Golpe de Estado. Como un reflejo, una jugada aprendida de memoria luego de tantos años de asegurar que en Venezuela existe una dictadura que no permite la libertad de expresión, y no respeta los derechos humanos. Lo iban a hacer y lo hicieron. A coro: la Organización de Estados Americanos (OEA), presidentes de América Latina, los Estados Unidos, los medios de comunicación articulados en el mundo, y una lista que se irá ampliando con los días.

Golpe de Estado entonces. Fin de la democracia en Venezuela. El “régimen” de Nicolás Maduro se habría realizado un auto-Golpe. Así dijeron luego de saber que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) anunció que suplirá las funciones de la Asamblea Nacional, el órgano legislativo que se encontraba en desacato desde los principios de su mandato en manos de la derecha.

El anunció del TSJ decretó que el Poder Ejecutivo también podrá suplir funciones del legislativo, uno de los cinco poderes del Estado. De esta manera no tendrá que tener la aprobación de la Asamblea Nacional para modificar leyes que eran bloqueadas sistemáticamente.

La reacción de la derecha se expresó centralmente en los medios de comunicación. Su intento de trasladarla a las calles fracasó: algunos cortes pequeños en las zonas ricas de la ciudad al finalizar la tarde, veinte minutos de cacerolas en zonas residenciales al caer la noche. Lo más fuerte fueron los mensajes de twitter con el posicionamiento de una tendencia. Poco ante un supuesto Golpe de Estado. Las calles de Caracas estuvieron en calma, cotidianas.

Los voceros anunciaron que convocarán a acciones callejeras, movilizaciones, expresión masiva de la revuelta de “un pueblo” que se cansó de la dictadura. No es la primera vez que lo dicen. No significa menospreciar las amenazas, sino ponerlas en su justo lugar: se trata de una derecha desunida, enfrentada, con poco respaldo popular, sin liderazgos reales -por fuera de los mediáticos-. Su fuerza actual reside en realidad en el apoyo internacional. Estos días fueron de ataque frontal por parte de la OEA, quien ya anunció una reunión extraordinaria ante la situación.

La decisión tuvo lugar ante el desacato mantenido por la Asamblea, el choque de poderes de Estado planteado desde ese espacio -esa misma Asamblea quiso destituir al presidente, el TSJ y el Consejo Nacional Electoral- y la dificultad para gobernar en ese cuadro institucional. La decisión debe ser comprendida en ese marco y en el de un país sometido a una sucesión de ataques económicos, geopolíticos, mediáticos, violentos.

La decisión del TSJ es legal. La pregunta es cómo será percibida por la opinión pública, si logrará ser legítima o será vista como una muestra de ataque del Gobierno contra la democracia, y un recorte de las libertades. Allí estará la batalla comunicacional, central, para darle sentido al hecho. Ganará en parte quien logre convencer de tener la razón. La verdad, el sentido común, se construyen y la derecha sabe mucho al respecto, tiene expertos y millones de dólares.

Por eso pusieron en marcha todos los frentes comunicacionales. Les es imprescindible instalar la matriz del Golpe de Estado para acelerar una intervención extranjera. ¿De qué tipo? Con sanciones de la OEA por ejemplo. Resulta difícil saber luego qué pasos seguirán, qué planes están en marcha. Es seguro que lo están: la derecha venezolana improvisa, la internacional no.

Los sucesos se dan en un escenario complejo. Además de los múltiples ataques que recibe el proceso bolivariano, el mismo está atravesado de debates en su interior. La decisión de retomar las funciones que estaban en manos del Poder Legislativo trae una pregunta: ¿para qué? Para aprobar leyes, desandar el choques de poderes, sí, pero ¿qué más? No todo es democracia representativa en el proyecto planteado por Hugo Chávez. Al contrario, el plan siempre fue claro en la estrategia: jugar en las reglas formales pero sobre todo impulsar una poderosa democracia participativa y protagónica.

¿Sin trabas por parte de la Asamblea, se buscará profundizar la trama de empoderamiento popular? De lo contrario se reforzará una institucionalidad que no se propone ahondar en el proyecto de transformación nodal. Existe por ejemplo el Parlamento Nacional Comunal, creado ante la pérdida del legislativo en diciembre del 2016, que pide más espacio político, comunicacional, económico, asumir poder real.

Son parte de los debates que circulan en Venezuela. Porque se trata de defender, de rechazar con información las denuncias de Golpe de Estado por parte de una derecha fundamentalmente golpista -es la misma que hizo el Golpe de Estado en abril del 2002- y también de avanzar. Es un pedido que se escucha en los sectores más organizados de la sociedad. Otra parte de la población -¿la mayoría ya?- está en cambio marcada por el cansancio y hastío por la política. Cuatro años de resistencia cotidiana, y errores propios, pesan en la sociedad.

Los próximos días serán claves para ver si la derecha logra su plan de trasladar su fuerza a las calles, convencer a la opinión pública nacional de que tuvo lugar un Golpe de Estado. Los pronósticos no le son favorables. La gente espera elecciones antes que escenarios de violencia -a las cuales llama la derecha de manera irresponsable- que no se sabe cómo pueden terminar. En cuanto al Gobierno tiene la obligación de dar pasos que hasta el momento no ha dado: debe apostar a la gente, esa misma que no ha caído en provocaciones de la derecha, que es una de las explicaciones principales para comprender cómo luego de cuatros años de ataques ininterrumpidos estamos de pie. Eso, en estas condiciones, es inmenso.

Fuente http://notasperiodismopopular.com.ar

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