Homenaje a Kosteki y Santillán a 16 años de la Masacre de Avellaneda. Entrevista a Alberto Santillán

¿Cómo andás Alberto? Me imagino que con una intensa actividad todos estos días, sobre todo referidas al 26 de junio, que se cumple el aniversario. Quería preguntarte un poco respecto de las responsabilidades políticas y de todo el trabajo que vienen haciendo con la comisión investigadora y cómo vivís vos la forma como está planteada la discusión de esas responsabilidades, en la Masacre de Avellaneda.

Acá con actividades y, como resulta durante todo el año, con el acompañamiento de distintos sectores, (sobre todo de la juventud) en esto de no dejarlos caer y de la búsqueda de justicia con respecto a la responsabilidad política, porque todos los que sabemos cómo se maneja el poder político y cómo se maneja el poder judicial (por lo menos puntualmente en la Masacre de Avellaneda), sabemos que hemos logrado la condena de Fanchiotti y Acosta en base a lo que nosotros pudimos trabajar como querella y hemos conseguido la perpetua para ambos, con la salvedad de que ahora están con un régimen semi abierto (que sabemos lo que eso significa). Después de ahí, ellos consideraban que nos íbamos a conformar con eso, pero nosotros la seguimos batallando enfrentando al poder político y judicial, los cuales a esta altura (dieciséis años), después de haber quebrado esto de que la justicia había archivado la causa de Darío y Maxi contra Duhalde, Solá y todos los demás, después de haber quebrado todo eso y desarchivado la causa, nos encontramos con lo mismo. Nosotros como querellantes seguimos aportando las pruebas, mientras que a la justicia del lado de la fiscal Paloma Ochoa como del juez Ariel Lijo parece que los tenemos que seguir presionado, porque cuando yo hablo de la falta de voluntad de la justicia es esto, la inacción y la poca (o nada) predisposición que tienen para investigar las responsabilidades políticas. O sea que es como un cerco, una campana que ponen protegiendo a Duhalde y a todos los demás. Sabemos cómo trabaja todo, sabemos que la Masacre de Avellaneda se llevó a cabo a base de una acción, una complicidad entre la policía, la justicia y la política. Por eso no se entiende como gobiernos democráticos, como el de Néstor y como el de Cristina, hayan tenido en sus gobiernos a un personaje como Aníbal Fernández, uno de los cuales nosotros acusamos como ideólogo del asesinato de Darío y Maxi.

Como contraparte has estado hace varios días en Córdoba y Tucumán y siempre recorriendo el país llevando tu testimonio, en contacto con esta actitud de justicia que has encontrado en las organizaciones populares…

La muerte de Darío me saca de mi estructura y me sigue enseñando porque, hace dieciséis años he conocido personas que, por mi forma estructurada de vivir antes del asesinato de Darío, no las hubiese conocido, pero Dari me permitió insertarme en ese mundo, entonces ahí conozco personas con unos valores tremendos y es la clara demostración de que no estamos solos como familia. He estado en Córdoba, he estado en Tucumán y años anteriores he estado por el sur y en cada rincón de las provincias que me han invitado, como acá en el Conurbano y en Capital Federal, he estado y siempre me he sentido acompañado. Esto no quiere decir que todo sea perfecto, porque a veces entre nosotros también hay diferencias de pensamiento, pero lo que sí, lo más claro y contundente, es el acompañamiento que tengo desde lugares más humildes, ahí es cuando recibo tanto amor, ahí es cuando lo identifico a Darío y a los militantes. Yo siempre agradezco y prefiero no tener ninguna entrevista con los grandes medios populares y sí hablar con los medios alternativos, los que realmente están al lado de uno, no se venden, sacan lo que uno dice y acompañan, no únicamente desde el espacio de los medios alternativos sino, que muchas veces acompañan con el cuerpo en todo esto de marchas y escarches. Esto es tan fuerte que, al cumplirse otro aniversario donde ya son dieciséis años del asesinato de Darío y Maxi, seguimos batallando y batallando cuando sabemos todos que lo que pasó en Avellaneda no fue una situación donde al comisario Fanchiotti (este pedazo de asesino) como a Acosta las cosas se les fueron de las manos, sino que evidentemente esto fue un claro plan entre la política y la justicia. Tal es el grado de impunidad, que yo todavía tengo que bancarme (como mis hijos y mis compañeros) que Duhalde años atrás haya sido un posible candidato a la presidencia y se mostrara como garantía de la democracia, o que diga que al asesinato de Darío y Maxi lo sintió como si fuese el de sus propios hijos. Y hoy por hoy (salvando otras cosas para no hacerlo tan largo) tener que escucharlo a Felipe Solá candidato a la presidencia, y lo que más jode, es que este personaje (este asesino) esté acompañado y avalado por algunos compañeros de ruta, algunos que han caminado con Darío, algunos que han caminado conmigo, que me han abrazado y, sin embargo, uno ve la foto y lo ve al lado de Felipe Solá. Hay cosas que a uno lo llenan de bronca, pero es una bronca en la que uno canaliza y no lo tira para atrás, sino que, por lo menos a mí, me pone más fuerte. Evidentemente cada uno sabe dónde está parado, cada uno sabe lo que dice y la foto que se saca al lado de quien, pero lamentablemente (como a veces uno dice y piensa) “cada hombre tiene su precio” y a lo largo de estos dieciséis años compruebo que es así. Como también están los otros compañeros, con los cuales estamos en la misma vereda, en la vereda del sol, de la lucha, honrando a nuestros caídos y peleando, con una gran desventaja, en esta búsqueda incesante de justicia porque, la Masacre de Avellaneda, el asesinato de Darío y Maxi, no puede quedar impune.

Queríamos aprovechar esta comunicación para recordar también a Mabel, la mamá de Maxi, que fue junto a vos, en los primeros momentos, una gran luchadora y decirte que, para muchos de nosotros, como en su momento fue Hebe de Bonafini y hasta el día de hoy Norita Cortiñas, madres de plaza de mayo, de algún modo vos también te fuiste transformando en un símbolo. Quizá podríamos hablar de el “padre de puente Pueyrredón”, Alberto Santillán, aquel que se puso al hombro la causa por justicia por Darío y Maxi. Pero también, estuviste en otros eventos que tienen que ver con luchas de familiares de víctimas de gatillo fácil y otras peleas que se han dado en defensa de los derechos humanos y contra la represión policial. ¿Cómo te sentís vos a partir de este camino que has hecho en estos dieciséis años? Hablabas un poco también de que el asesinato de Darío y Maxi te transformó, no sólo por lo que significa la pérdida de un hijo, sino por lo que vos haces de tu vida de allí en más.

Sí, por eso sigo sosteniendo que hasta en su muerte Dari me sigue enseñando y esto que vos remarcás bien, esto de participar en la coordinadora contra el gatillo fácil. Sabemos que la policía, en los barrios más humildes, hace y deshace y se consideran los dioses que pueden tomar la vida de cualquiera y hay montones de casos, Chocobar es uno de los más paradigmáticos (que además fue recibido por el presidente). Todos los que tuvieron que ver con el asesinato de Santiago Maldonado, hoy por hoy, han sido ascendidos, nunca han sido juzgados. Lo mismo pasa con los que tuvieron que ver con el asesinato de Rafael Nahuel, ni hablemos de lo que está pasando con el Lonko Facundo Jones Huala, en todo esto tengo un espacio, una actividad y acompaño en la lucha contra el gatillo fácil porque, también en todo esto hay que escuchar a las madres, porque las madres del gatillo fácil reconocen que sus hijos estaban en un camino equivocado (en las reuniones que hemos tenido y seguimos teniendo, ellas reconocen que sus hijos estaban robando) pero en la situación en que los mataron no tendrían que haberlo hecho, tranquilamente los podrían haber agarrado, llevado presos y que paguen su culpa. Pero está esto de la doctrina de Cohobar que se hace tan presente y ante las declaraciones de Patricia Burlich, donde vos escuchas y no podés creer semejante esperpento, diciendo que ante la duda la policía es la que tiene la garantía de la verdad. El camino es estar con las madres, con los padres también, pero me asombran las madres con la garra que tienen, la voluntad y el hecho de que nadie, por más policía que sea, tiene derecho a quitarles la vida, por más que uno esté en un camino equivocado. Con respecto a Eve de Bonafini, una vez la fui a ver para que acompañe un petitorio con respecto a la inacción del gobierno de Néstor Kirchner y su compromiso y promesa de investigar hasta las últimas consecuencias (incluso dijo que si había políticos en el medio él iba a colaborar hasta que se haga justicia), pero Eve no aceptó criticar, ni acompañar tampoco el escrito que le íbamos a presentar. Yo de Bonafini respeto su historia anterior pero la historia de después es dolorosa, por el hecho de aparecer con Milani, el hecho de entregar el pañuelo de las madres a un personaje como Aníbal Fernández, uno empieza a pensar qué quedó de esa madre que tanto admirábamos. Yo no me olvido que, al segundo año del asesinato de Darío, ha venido a hablar al puente y ha dicho cosas totalmente verdaderas y con un coraje que siempre le admiré, pero hoy por hoy, de aquella persona que yo conocí medianamente, considero que no hay nada. A Norita Cortiña la amo, como amo a Elia Espen y como amo a la línea fundadora, son dos cosas totalmente distintas y lo que digo es a nivel personal. Norita nos acompaña desde el principio y está al lado de nosotros y cada vez que hacemos alguna presentación, algún testimonial, en esto de que uno tiene que trabajar más que la fiscal y el juez, uno de los testimoniales más fuerte fue el de Norita Cortiñas en Comodoro Py, diciendo que ese 16 de junio ella estaba viendo en casa de madres lo que estaba pasando en Avellaneda y llamó a Solá, preocupada, y Solá le dijo que no se preocupe que era una guerra de pobres y se estaban matando entre ellos. Esa fue la responsabilidad del gobernador en ese momento y hoy por hoy, parece que él no hubiese sido el gobernador, que hubiese estado en otro lado y la justicia jamás lo investigó y es eso lo que venimos señalando. Si bien es muy difícil que la justicia los condene, con nosotros como familiares, como padres, como mis hijos, como la militancia, como una parte importante de la sociedad, ya tiene la condena social, por eso hoy, Solá no pianta votos por más que pretenda presentarse para distintas candidaturas. Y en esto yo pienso que, el asesinato de Darío y Maxi no se cae porque hay tantas compañeras y compañeros que no lo van a permitir. Hay una cosa que Darío decía de convencernos, de entender que nosotros podemos llegar, la cuestión pasa por convencernos nosotros mismos que a las cosas las podemos llegar a hacer y entonces desde ese lado, desde ese punto de vista, el remarcaba de poner a cada uno en su lugar. Hoy, con esas palabras, mantenemos esta lucha de poner a los asesinos de Darío y Maxi en su lugar, que es estar con la población carcelaria común y si la justicia no hace nada nosotros vamos a hacer hasta lo imposible. A mí la vida se me va a ir en esta lucha, pero también tengo hijos que van a seguir la lucha en honrar a su hermano y lograr justicia de una vez, porque si logramos justicia y aunque sea a uno de estos asesinos, de estos políticos, podamos meter preso, de ahí en adelante se tendrían que empezar a cuidar porque sentaría un precedente más que importante, porque es algo que nunca ha pasado. Estamos en esa lucha, que es tan despareja.

 

Por Mariano Pacheco

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