Ilustraciones: La Semana Trágica de 1919

Los obreros de los Talleres Vasena reclamaban cosas sencillas, como una jornada de ocho horas, aumentos del 20% al 40% según la sección, supresión del trabajo a destajo y reincorporación de los despedidos. El presidente Hipólito Yrigoyen puso las Fuerzas Armadas al servicio del Capital y les contestó con una brutal represión: hubo miles de detenidos, heridos, deportados, desaparecidos y más de setecientos asesinados en sólo una semana de conflicto. Ningún oficial ni funcionario fue juzgado. Por si fuera poco, Yrigoyen ordenará más tarde los fusilamientos de mil quinientos peones rurales en la Patagonia y la represión a los hacheros de La Forestal, dejando otros doscientos muertos. No caben dudas de que, más allá de su impronta “nacional y popular”, el caudillo fue un precursor del Terrorismo de Estado en la Argentina.

Pero la represión ejercida por el gobierno nacional contó también con la ayuda de grupos civiles. Algunos de ellos estaban integrados por militantes de la UCR (las “guardias cívicas radicales”) y otros por jóvenes de familias adineradas; quienes además aportaron armas, vehículos y apoyo logístico. Estos grupos paraestatales, como la Liga Patriótica y las Guardias Blancas, salían a cazar “elementos disolventes de la nacionalidad”. Además de perseguir a los obreros anarquistas, se ensañaban especialmente con la colectividad rusa y con quien tuviera “aspecto judío”. Irrumpían en las casas y comercios, y torturaban a jóvenes y ancianos. Cabe destacar que estas bandas actuaban en coordinación con las fuerzas estatales, e incluso operaban dentro de comisarías y edificios públicos.

Uno de los datos más impactantes y premonitorios es el número de desaparecidos: en sólo una semana se contabilizan 55, de los cuales 33 eran menores de edad. En el libro Días rojos, verano negro, de Horacio Ricardo Silva, se cita a un cronista de la época: «Esa gente no se ha perdido ni extraviado… ¿Qué pasa? ¿Sabe la policía el nombre de todas las personas que enterró?; ¿se ha procedido a identificar todos los cadáveres? ¿Por qué no se publica esa lista? Es necesario resolver esta situación que al mismo tiempo alarma a mucha gente con la versión de que esas “desapariciones” sean definitivas». Qué cercanas nos resultan esas palabras a los que vivimos de cerca la lucha por Memoria Verdad y Justicia. Qué vigencia tienen esas preguntas, que se repiten año tras año, en dictadura o en democracia porque, con mayor o menor intensidad, el Estado sigue matando y desapareciendo.

Pienso que la Semana Trágica (recordada por el anarquismo como la Semana de Enero) debería llamarse de otro modo que dejara claras las responsabilidades: Masacre obrera o Semana de lucha y represión serían nombres más justos. Pero trascendió el título que le dio la clase dominante. Como sea, en ese episodio oculto de nuestra historia encontramos elementos de actualidad: reivindicaciones gremiales, brotes de nacionalismo y xenofobia, persecución al activismo de izquierda y un gobierno de conciliación de clases que, ante la presión de las patronales, deja en claro la función del Estado: garantizar el orden desigual por cualquier medio. Si la negociación y la cooptación no dan resultados, recurrirá al Terrorismo de Estado, con el fin de disciplinar a las clases populares y lograr la mentada Paz Social.

Pero esta fecha nos trae también otros ingredientes escasos que cada tanto rebrotan: la solidaridad, el apoyo mutuo, el sindicalismo de base, la organización horizontal y democrática. Y sobre todo, la necesidad de pelear con dignidad contra el opresor. A casi cien años de aquellas jornadas, espero que estos dibujos sirvan de homenaje a quienes pusieron el cuerpo en esa lucha y sean un aporte a la memoria colectiva.

Rodolfo Fucile. Ilustrador y dibujante nacido en Buenos Aires en 1978. Estudió Bellas Artes y continuó su formación de manera autodidacta. Autor de varios libros y docente de dibujo e ilustración.

www.rodolfofucile.com.ar

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