Junio arde rojo y verde

Herencia e invención: la figura de Darío Santillán a 16 años de la Masacre de Avellaneda. Dossier colectivo ilustrado por Florencia Vespignani.*

Por Florencia Vespignani**

Compartí con Darío tiempos de militancia intensos. Cortes de rutas, piquetes, asambleas, reuniones, debates, reflexiones, educación popular, mucha agitación y muchos compañeres participando en la planificación de actividades. Años intensos…

Pudimos vivenciar juntos la importancia de los procesos colectivos de un pueblo, en determinada coyuntura y cómo en esas coyunturas aceleran los procesos de organización, de lucha y de toma de conciencia.

El movimiento piquetero fue un momento de inflexión de las luchas populares, como hoy es el feminismo y el símbolo del aborto legal, que marcan un fuerte cambio en las luchas populares por los derechos de todes.

También impulsan nuevos métodos de lucha, rupturas con formas organizativas, que a veces como movimiento popular se van burocratizando. El movimiento piquetero hizo un gran aporte, asambleas, participación de todes, acción directa, masividad. Trabajamos mucho con talleres de formación política para que la participación popular sea real, con las herramientas metodológicas que nos brinda de educación popular. La asamblea no era un momento ni una formalidad, era la forma cotidiana de construir, consultar, decidir entre todes, escuchar a les compañeres, estar convencidos de las acciones que llevábamos adelante. No hubiéramos superado el golpe del 26 de junio sin esta forma de organizarnos, pensarnos y llegar al convencimiento colectivo de lo que estábamos haciendo era el camino correcto.

Vivimos esos años con Darío. Para él también fueron años muy intensos de militancia y me animo a decir también de su vida. Darío, era un militante decidido y con mucha convicción por lo que hacía. Dispuesto a cubrir la tarea que hacía falta, siempre se adaptaba a las decisiones colectivas y se ponía a disposición, sin importar si era sábado, domingo, cualquier día con las veinticuatro horas disponible. Era un militante revolucionario, y en esos momentos necesitábamos eso.

Darío estuvo a la altura de esas circunstancias que nos tocó vivir, algunes otres seguramente también.

Después tuvimos que aprender a tener paciencia en otros momentos donde el dinamismo de lucha no era tan intenso y la coyuntura se presentaba más confusa. Pasamos esos momentos: tener paciencia, construir, sembrar la semilla y esperar que germine y sus frutos.

Como pueblo vamos acumulando luchas, experiencia, conciencia, que pasamos de generación a generación como una antorcha, pero no es un pase como una herencia, es un intercambio, es dialéctico, es un ida y vuelta. Se acumula porque las nuevas generaciones van haciendo aportes, tomando nuevos caminos, desestructurando los métodos y certezas anteriores.

Tenemos que tener la lucidez para verlo. Ayer las madres, hoy las pibas las mujeres evidentemente estamos dando un ejemplo. Este movimiento también está marcando rupturas, como el movimiento piquetero en aquellos años, se están escuchando voces de mujeres y de les jóvenes que también estaban calladas, incluso en las organizaciones populares y de izquierda.

Hay cuestionamientos al machismo, al personalismo, a otras formas de burocratización en la que caemos también desde la izquierda y organizaciones.

Así como forjamos aquella lucha piquetera, hoy podemos decir que un nuevo modelo de organización estamos forjando las mujeres, y lo venimos ensayando hace más de 30 años en los Encuentros Nacionales de Mujeres y en cada experiencia de mujeres organizadas. Debatiendo, marchando, escuchando, fraternizando, creando sororidad, nuevas palabras, una nueva forma de nombrarnos, una cuerpa que parece indestructible. Y seguimos, acumulando experiencias rompiendo lo establecido.

Siento el mismo entusiasmo, movilización y rebeldía, que en aquellos momentos, en las luchas por el aborto legal, que no es la lucha por el aborto solamente, es la lucha por la libertad de las mujeres, por siglos de opresión y silencio que estalla en estos días. La complicidad entre generaciones, lo acumulado y lo nuevo, lo histórico y el porvenir, la lucha, la perseverancia, la reflexión, la paciencia dando frutos en calles, en las conciencias y también en el Congreso. ¡Dando pasos firmes que no van a volver atrás!

Me siento orgullosa de esta marea feminista, que condensa mucha mucha lucha acumulada. Darío estaría feliz, disfrutando este momento junto a tantas compañeras, con su pañuelo verde, repensado las masculinidades, interpelado por el feminismo, sobretodo emocionado en la calle, a disposición de lucha feminista.

El 26 de junio de 2002, en medio de una brutal y bestial represión desatada sobre miles de hombres y mujeres que reclamaban una vida digna, Darío nos sorprende y nos ilumina con un inmenso gesto, al quedarse con Maxi. En el medio del horror, la belleza (diría Vicente), Darío sabía el peligro, conocía a las bestias que nos perseguían, era consciente de la situación en que estaba, y a pesar de todo se queda con Maxi sabiendo que se quedaba para no dejar solo al compa a sus últimos momentos. Y se queda y le agarra la mano, y eso nos demuestra que puede más la solidaridad, grandeza, el coraje, que horror de los que quieren imponer el terror como forma de vida. ese gesto ese momento que condensó su vida, nos ilumina, nos emociona y nos guía en el camino de la lucha. Ojalá podamos siempre, en colectivo, estar a la altura de las circunstancias de ese legado… Junio arde rojo y verde.

*Dossier conjunto realizado por La luna con gatillo, Contrahegemonía web y la sección Comuner@s en la orilla de Resumen Latinaomericano.

**Artista plástica. Fue militante del MTD de Lanús y del Frente Popular Darío Santillán. En la actualidad es activista del gremio docente.

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