La Big Data contra la democracia venezolana

Hoy 10 de enero de 2019 Nicolás Maduro juramentó frente al Tribunal Supremo de Justicia, a delegaciones de decenas de países de América, Asia, África y Europa, y a una ya acostumbrada y contundente movilización popular, su segundo mandato presidencial y el quinto de la revolución bolivariana elegido por las urnas.
Huelga repasar seguramente para muchos de nosotros y nosotras los logros de este proceso. Huelga decir que la revolución tuvo como eje central la democratización de un sistema político-económico hijo del Pacto de Punto Fijo que por décadas funcionó como un bloque hegemónico al servicio de las apetencias petroleras norteamericanas, pacto de hecho forjado en Nueva York. Democratización que terminó con el turnero en el poder de los partidos tradicionales. Democratización que terminó con la invisibilización de los sectores populares, combatiendo la exclusión política, social e identitaria. Democratización que creó autoorganización y autogestión en las comunas socialistas. Democratización que comenzó a romper la exclusión citadina generando nuevas geometrías de poder con accesos a los cerros antes aislados, pero también con matrículas universitarias records, hospitales, misiones sociales, consejos comunales, mercados populares, incluso documentos. Democratización que produjo nuevos lenguajes, nuevas identidades amalgamas de lo propio enfrentando décadas de penetración cultural estadounidense. Democratización que logró vencer golpes de Estado, guarimbas feroces, asesinatos de sus militantes. Democratización que tuvo el primer referendum revocatorio del mundo. Democratización que llamó al pueblo a votar y decidir 25 veces en 19 años…¿Qué es sino la democracia?
Huelga decir que hoy 10 de enero de 2019 asumió un presidente electo por un porcentaje sobre el padrón mayor al de EEUU y al de muchos de los presidentes latinoamericanos que lo niegan. Huelga decir todo esto si, pero aquí, lejos de Venezuela, huelga para muy pocos.

Lo que la Big Data construyó

Las formas de socialización, de construcción de nuestras maneras de percibir el mundo, de nuestros rasgos culturales e identitarios, de nuestras opiniones, deseos y también orientaciones políticas han cambiado mucho en este siglo XXI. Y con ellas las mediaciones y formas de dominación del poder económico. La Big Data, la recolección y manipulación de datos masivos de la población, es hoy una herramienta poderosa al servicio de la reproducción del gran capital fundamentalmente financiero-trasnacional. Es decir el manejo -no absoluto claro está pero si de gran alcance- de nuestros gustos, emociones y votos a través de la vida virtual, no representa una especie de poder autónomo pos material. No diluye la lucha de clases, no desplaza nuestra existencia y sufrimiento material, no descarta la cotidianeidad social, de calle, en nuestra construcción identitaria. Pero sí otorga una herramienta de alcance quizás nunca vista a ese arriba para fortalecer y reinventar su dominio en la manipulación masiva de imaginarios colectivos. En el viejo debate entre estructura y superestructura acrecienta quizás el alcance de las operaciones discursivas por sobre nuestra vivencia material. Y la nueva herramienta es exclusivamente de ellos.
En ese mundo de Big Data, ese mundo que te impulsa a opinar imponiendo la opinión, que maneja algorítmos, trolls, pantallas, publicidades, localizaciones, redes virtuales y reales, en ese mundo hoy 10 de enero de 2019 ocurrió otra cosa muy distinta. En ese mundo hoy asumió un dictador feroz que hambrea a un pobre pueblo víctima de la tiranía. Huelga decirlo.
Ese mundo que ignora siglos de migraciones forzadas, de muertes estatales, de miserias planificadas, de indigencia impuesta, de hambre en cada esquina, de guerras e invasiones bien capitalistas y cristianas (“el socialismo fracasó”). Ese mundo que maneja y dirige la sensibilidad y solidaridad presente en cada uno de nosotros y nosotras. Ese mundo esconde el todo evidente que debe esconder y nos muestra a Venezuela, al que huye, al que caminó ocho mil kilómetros para conocer a su hijo, al caso puntual, conmovedor, al que activa nuestra solidaridad y nos hace odiar a “ese extraño dictador”. Ese mundo, esa Big Data de frases cortas, contundentes, consignistas, eficaces, torna irracional la argumentación; ya ganó antes. Es inmune a la contradicción. Puede odiar al inmigrante local y conmoverse con la migración venezolana, puede odiar al que corta una calle aquí y apoyar al que prende fuego a un contrario político allá, puede pedir prudencia, pruebas y tiempos judiciales a un violador y pedir bala inmediata al pibe que corre por la esquina (porque si, las cadenas equivalenciales de la Big Data lo abarcan temáticamente todo, virtualmete son los mismos). Puede ver en el -siempre ocultado- discurso social, inclusivo y solidario hacia las mayorías trabajadoras de Maduro a un dicatador, y en el “prefiero a mi hijo muerto que homosexual” de Bolsonaro a un demócrata. Si, la Big Data nos está ganando, huelga decirlo. Y es en ese mundo de Big Data donde presidentes Big Datas pueden desconocer países hermanos, hacer declaraciones golpistas que explicitan bloqueos y sanciones económicas para aumentar la crisis que dicen cuestionar, y ser con ello apoyados por su población. El mundo del Grupo de Lima.
Así, la discusión en el cotidiano sobre Venezuela con la mayoría lejana se torna imposible. El mundo presentado es muy difícil de deconstruir. Las razones parecen estériles. Y el Caribe solo ve espaldas.
Pero la Big Data es una herramienta. Y si algo nos demuestra este 10 de enero de 2019 es que no es invencible. Allí está Nicolás Maduro asumiendo la quinta presidencia chavista. Claro que los factores son muchos pero la disputa cultural profunda, la organización popular y la movilización social se cuentan entre los más importantes, y son justamente los grandes ausentes en otros proceso progresistas de la región. La lucha de calle, como dicen allá, tiene quizás la clave para que ese otro mundo de herramienta no engulla todos los mundos.

Pero eso si, la Big Data no reemplaza ni desplaza tampoco la fuerza. La reciente gira de Mike Pompeo por Latinoamérica, en concordancia con la llegada de Bolsonaro a la presidencia de medio continente, buscan cercar a Venezuela para una salida armada. El diputado Eduardo Bolsonaro publicó un Twitt en plena asunción de Maduro diciendo “Venezuela sola no tiene fuerza para liberararse de Maduro. Esto es claro como 2+2=4. Venezolanos que se dicen de oposición y rechazan ayuda de gobiernos extranjeros, no hacen otra cosa que colocar su ideología por encima del sufrimiento de su pueblo”. El llamado a una intervención armada llega ya a las altas esferas de la mayoría de gobiernos del continente, incluyendo al dueño del botón rojo. La Big Data deviene entonces en el nuevo barniz de los viejos misiles.

La Venezuela que esperamos en las palabras de Maduro

Finalmente -entre nosotros- sabemos que las carencias y retrocesos que la revolución, y con ella el pueblo todo viven, no pueden explicarse solo por el bloqueo internacional. Claro que las sanciones y el ahogamiento comercial y financiero impiden la importación de productos básicos empeorando la calidad de vida de la población, pilar central de la ofensiva occidental contra Venezuela, base material sobre la que opera la Big Data. Pero esa ofensiva es posible en un país monoproductor, exportador, rentista en lo económico y en lo cultural. Es posible en un país que sostiene un poderoso entramado burocrático y una burguesía oficialista parasitaria de la renta petrolera. Un país que no nació con la revolución pero continuó en ella.
Así, este 10 de enero de 2019 Nicolás Maduro propuso una autocrítica al proceso que dirige. Tras desarrollar los dos primeros lineamientos para el segundo mandato, el diálogo político en paz y la recuperación económica, dedicó el tercer punto a cuestionar el aparato burocrático:
… yo a veces digo esto y arranco aplausos, empiezan a aplaudir, yo no lo hago para arrancar aplauso, lo hago porque estoy hostigado de la indolencia y del burocratismo que daña la vida del pueblo (…) es contigo compatriota, pero sobre todo es con nosotros, tú presidente Maduro, tú gobernador gobernadora, tú alcalde y alcaldesa…
Tú revolución. Y es que en ella habitan sus propios clivajes más allá del enemigo, sus propias disputas y concepciones internas. Viven en ella estructuras jerárquicas tradicionales, morales castrenses, burguesías rentistas de boina roja, privilegiados. Pero viven también en ella nuevas formas de concebir el mundo, nuevas subjetividades e identidades, nuevas redes sociales y nuevas geometrías de poder. Vive en ella la comuna, quizás el proceso existente más ambicioso de superación de las lógicas del capital, de una construcción social de nuevo tipo centrada en el poder de la gente sin poder, en la democratización de ese poder, en mayorías gobernando sus territorios, decidiendo sobre si mismos. Nuevamente ¿qué es si no la democracia?
Hoy 10 de enero de 2019 Nicolás Maduro debía asumir su segundo mandato. En la disputa regional y en la construcción interna de esa posibilidad socialista, era indispensable que así sea.
Hoy el pueblo venezolano, en toda su complejidad y contradicción, demostró que se puede ganar y sobre todo seguir ganando aun en estos tiempos si se apuesta a la movilización, a la calle, a la lucha social, a la transformación cultural, a la red cotidiana, al de al lado. A la organización. Venezuela nos mostró que la disputa estatal para vencer era importante, hoy nos demuestra que lo es con construcción social, o se va a la derrota.

 

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