La caída de Rajoy, una oportunidad

La caída de Mariano Rajoy ha despertado una oleada de ilusión en millones de personas. Eso ha puesto en evidencia que la derecha vivía un espejismo. La corrupción es sólo la punta de un iceberg de paro, salarios de miseria, precariedad, desigualdad, represión y falta de democracia. La mayoría de la población no es reaccionaria, como se nos dice muchas veces, sino que quiere un cambio social que haga realidad el lema de “pan, trabajo, techo y dignidad”.

Ha bastado que el PSOE —mejor dicho, sus dirigentes— pasara a la ofensiva para provocar un cataclismo político, derribando el Gobierno del PP y poniendo a Cs fuera de juego. La razón es sencilla y la habíamos explicado hace tiempo: el único palo que sostenía el sombrajo de este Gobierno corrupto y reaccionario (heredero directo del franquismo), era la actitud de Pedro Sánchez y el resto de la cúpula de su partido que, no sólo han consentido que gobernase Rajoy, sino que le han apoyado en temas claves, especialmente, en la brutal represión desatada frente a la rebelión democrática del pueblo catalán. Pero no sólo en eso, también consintiendo una política social regresiva y viendo cómo se ahogaba desde el Gobierno a los ayuntamientos del cambio.

Ahora no les ha quedado más remedio que presentar la moción de censura, y no sólo por la sentencia del caso Gürtel. Eso sólo ha sido la gota que ha colmado el vaso. El descontento en la sociedad es clamoroso, el PP se está desmoronando y una parte decisiva de la clase dominante apuesta ya por su desmantelamiento a favor de su nueva marca, encabezada por ese reaccionario con maneras falangistas que está agitando el patrioterismo más rancio para revivir la tradición de la dictadura, y que es fiel servidor del Ibex35.

Vuelve la alternancia

Se podría decir que, de alguna manera hay “sentido de Estado” —como les gusta decir a los burgueses—, en esta apuesta de Sánchez, ya que, igual que se puso a los pies del PP para defender “la sagrada unidad de la patria”, ha comprendido (él o quienes le aconsejan) que estábamos ante una crisis de régimen de enormes proporciones y era necesario tomar el relevo. En el fondo estamos presenciando la resurrección de la alternancia entre dos partidos que defienden lo esencial del sistema capitalista y del régimen del 78, con una diferencia: ahora el PP posiblemente será sustituido por Cs, pero el PSOE tiene la oportunidad de volver a ocupar su lugar del pasado, de momento ya lo ha hecho.

Por supuesto, había también un elemento de “oportunismo”. El jefe del PSOE comprendió que era “ahora o nunca”, que era su oportunidad de ser presidente, de frenar en seco a Cs y de apartar a un lado a UP, y lo ha hecho, ¡vaya si lo ha hecho! De paso, una vez más, ha usado su recurso a la calle para anular la oposición interna en su partido, tanto de los viejos carcamales como de barones y baronesa.

Y tiene la oportunidad de tomar medidas que le den apoyo, antes de convocar nuevas elecciones, pero midiendo los tiempos y jugando con ventaja.

No va a haber milagros

Si alguien espera un milagro, podemos afirmar que no se va a producir; Pedro Sánchez velará por los intereses de la clase dominante, dentro de los márgenes del régimen, pero dará unos cuantos pases con la mano izquierda para desorientar a los incautos. Ya ha asegurado que va a gobernar con los presupuestos del PP, y eso no es sólo por comprar al PNV, es porque no se siente incómodo con ellos.

No sólo se ha atado a los presupuestos de Rajoy. Tanto él como los demás dirigentes del PSOE han recalcado su sentido de Estado, su responsabilidad con él, y ha manifestado su compromiso con la Unión Europea. Sánchez ata su destino a las normas, instituciones y al sistema político y social que son responsables del paro, la precariedad, los desahucios, la degradación de la sanidad y la educación públicas.

La izquierda parlamentaria corre ahora un serio peligro. Qué duda cabe, la caída de Rajoy es una gran noticia, pero sobre todo lo es porque demuestra las grandes posibilidades de transformación social que existen, lo débil que es la derecha en este momento, pero un Gobierno del PSOE no es la alternativa.

Si alguien cruza un desierto y se encuentra un charco de agua sucia no tiene muchas dudas de su comportamiento, entre una casi segura muerte y ese líquido, opta por beber asumiendo los riesgos. Si algo ha plasmado ese ambiente de necesidad vital de acabar con el PP ha sido el voto de los partidos catalanes a favor de la censura.

Tengamos claro que Pedro Sánchez, que los dirigentes del PSOE, son esa agua sucia, y si UP bebe de ella está abocada a los trastornos gastrointestinales. Sánchez ya ha lanzado un jarro de agua fría a Pablo Iglesias y Alberto Garzón en su respuesta.

Transformar la ilusión en movilización

La diferencia es que una buena parte de la población está tan harta de la situación que acogerá con esperanza este cambio y es natural, lo raro sería que no fuese así. Pero una organización de izquierdas, cuya meta es la transformación socialista de la sociedad, no puede caer en esta trampa del corto plazo y debemos establecer una táctica acorde con esa estrategia.

La disposición a formar parte del Gobierno desde UP sería un grave error, pues por un lado estimula la confianza en el PSOE y por otro desarma a la militancia generando esperanzas vanas, en lugar de estimular la desconfianza, de ponerse en guardia y prepararse para la lucha.

Claro que hay que sacar todas las reformas posibles de este Gobierno. Es evidente que debemos exigir la derogación de la regla de gasto de Montoro, de la Ley Mordaza y de la Reforma Laboral. Dotar de medios a la lucha contra la violencia machista y al plan de dependencia y luchar por recuperar la sanidad y la educación públicas… y tantas otras cosas que quizá podamos arrancar al Gobierno.

Pero debemos establecer un programa de reivindicaciones y movilizaciones desde el primer día. Hay que exigir que se ponga fin a la represión de las libertades democráticas en Catalunya y la libertad de todos los presos políticos. Es necesario explicar que, si no levantamos una fuerte movilización unitaria en todo el Estado por nuestros derechos sociales y democráticos, la falta de alternativa y la presión de la burguesía harán naufragar cualquier intento de cambio. No es nada nuevo: recordemos los gobiernos de Felipe González o Rodríguez Zapatero.

Si algo nos está enseñando la experiencia de los Ayuntamientos del cambio es que las instituciones están creadas no para dar cauce a las aspiraciones del pueblo, sino para frenarlas. Por eso la movilización cuando gobierna la izquierda no debe ser menor, sino crecer, unirse, hacerse más fuerte. Nuestro voto, y el de millones de personas, es más un no a Rajoy que un sí a Pedro Sánchez. Hay que transformar la ilusión desatada por la caída de Rajoy en fuerza organizada, en movilización y organización, en un programa de cambio real.

Catalunya y todas las reformas legales y derogación de las leyes reaccionarias del PP son la primera apuesta, la primera exigencia, y en ellas debe encontrar la izquierda su acomodo para emular el lema olímpico “citius, altius, fortius”.

Alberto Arregui es miembro de la Coordinadora Federal de IU, Jordi Escuer de la Coordinadora de IU Madrid.

 

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