“La falta de vacantes -de Nivel Inicial- es una política específica contra la infancia, pero también contra las mujeres”

La lucha de la comunidad logra abrir un Jardín de Infantes en Balvanera: El “Azucena Villaflor”

“La falta de vacantes es una política específica contra la infancia, pero también contra las mujeres”

Mañana abrirá otra escuela pública impulsada por madres y docentes que vienen reclamando desde hace más de cinco años. Denuncian que más de 15 mil chicos quedaron sin vacante en 2018. Contra el vaciamiento de la educación de gestión estatal, los porteños están aprendiendo que pueden obligar al estado a cumplir con su responsabilidad.

“Abrimos otra escuela”, festejaron docentes y familias de Balvanera que desde hace años reclamaban al Gobierno de la Ciudad por la falta de vacantes en la escuela pública. En Venezuela 3269, donde había un galpón abandonado del Ministerio de Educación porteño, funcionará el Jardín de Infantes Integral 12 del Distrito 6, la Azucena Villaflor para 205 chicos de entre 3 y 5 años.

El proceso de la obra de Venezuela 3269 se viene soñando desde hace muchos años. Desde 2014 se fortaleció, porque la entonces flamante inscripción online profundizó la problemática de falta de vacantes. Entonces, madres y docentes empezaron a ir a la Legislatura a hacerse escuchar y difundieron en redes sociales que existía un galpón del Ministerio de Educación que estaba vacío y rodeado de chicos sin acceso a una educación pública.

“En 2016 nos juntamos con Alberto Gowland, que era el director de Recursos Financieros y nos informó que había una partida extraordinaria, por lo cual se empezaría un proceso de obra en el edificio. En ese momento ellos planteaban hacer un traslado de la escuela del Hospital Ramos Mejía. Le contamos que esta debía ser una escuela igual, nos dimos cuenta de que no tenían idea de cuál era la matrícula real. Logramos que se mantuviera la escuela del Hospital y que en noviembre se hiciera el llamado a la licitación para la obra de una nueva escuela, en Venezuela 3269”, contó Gabriela Di Felice, madre de dos nenas de 5 y 8 años y vecina.

Conocieron el galpón en desuso y vieron que era posible y que estaban ganando. Semanalmente fuimos a ver la obra, nos conocimos con los obreros, con el arquitecto. Seguimos cada etapa, como si fuera nuestra casa. Era el lugar de educación para nuestros hijos, para nuestros vecinos. El 15 de marzo, que se crea la POF, terminó siendo un Jardín de Infantes Integral por decisión de la ministra. Eso quiere decir que es para niños de 3 a 5 años, y no para los que más lo necesitan”.

Alicia consiguió una vacante para su hijo en la sala de 3 en la Azucena Villaflor. “Mi experiencia en el tema vacantes fue muy larga. El primer año quedó en lista de espera. Él tenía un año. El segundo año ya fue más difícil. El tercero me sentí muy mal. No entendía en qué se basaban para darte una vacante. Yo necesitaba trabajar. Cuando me llamaron para la Azucena, sentí una alegría inmensa porque no tenía los medios para mandarlo a una privada. Él estaba muy solo en casa, y era su derecho educarse. Estoy muy contenta por conseguir este tremendo objetivo de mandarlo al colegio”.

Evangelina pudo anotar a su hija Abril en la sala de 3 de la Azucena Villaflor después de dos años de quedarse sin vacante. Había hecho los reclamos ante el Ministerio y ante la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, pero la respuesta fue que no era prioritaria su vacante. “Estaba pasando por un momento difícil que tampoco fue contemplado”, agregó. “Conseguir la vacante en el jardín de Venezuela 3200 fue una gran alegría”.

Estefanía Barone, docente encabezó muchas de las caravanas arengando e informando a los vecinos. También estuvo al frente del reclamo para que se expropiara, se construyera y se inaugurara la Escuela Recuperada Carlos Fuentealba, en Manuel García 370, Parque Patricios, Desde ahí, enlazó los conflictos. “La desidia en la creación de escuelas es una política específica contra la niñez, pero también contra las mujeres. El Estado se desresponsabiliza de la obligación social de cuidado, que es la única manera de visibilizar que estas tareas las realizan las mujeres. Es un obstáculo para las más vulneradas, que difícilmente puedan comprar estas tareas en el mercado, y terminan postergando su independencia económica, sus estudios”.

Por qué Azucena Villaflor

Carlos Trapani es docente en el Mariano Acosta, estuvo en todos los festivales por la Azucena Villaflor y fue quien propuso el nombre de la escuela. “Fue valiente, creativa, solidaria y de una ética política irreductible. Corrió el mismo destino que las 30 mil personas más, por quienes peleaba desde los alrededores de la Iglesia Santa Cruz, a metros de la escuela que llevará su nombre”, resumió a Contrahegemonía. El nombre fue elegido durante uno de los más de 10 festivales que se realizaron en los últimos cuatro años. Las madres y docentes también realizaron otras actividades como caravanas para que el barrio conociera no solo la pelea, sino también sus propios derechos, ya que el propio estado promueve la confusión con su política de proliferación de Centros de Primera Infancia.

Falta de vacantes y CPI

En la Ciudad de Buenos Aires, 11.958 niños y niñas no consiguieron vacante en la escuela pública durante 2017, pese a haberla solicitado en tiempo y forma, y aunque la Constitución de la Ciudad les garantiza en su artículo 24  el derecho a la educación desde los 45 días. 526 más que en 2016. 872 eran de nivel primario. 606, del medio. Este año, las organizaciones y sindicatos calculan que faltan 15 mil.

El gobierno porteño, desde 2009, tiene por política pública cubrir la falta de escuelas en la Ciudad, y particularmente desde la Avenida Rivadavia hacia el sur, con Centros de Primera Infancia, que son espacios asistenciales y no escuelas. Las denuncias contra esta decisión incluyen la tercerización de obligaciones estatales en manos de organizaciones sociales, fundaciones, ONGs o la iglesia, que convenian con el gobierno de la Ciudad y gestionan los espacios a su voluntad; la precaricación del trabajo; las irregularidades en las condiciones edilicias; las miradas homogeneizantes y estigmatizadoras sobre la niñez y las familias “beneficiarias”; la desidia del Ministerio de Educación que delega su responsabilidad en el de Desarrollo, que por supuesto no hace foco en las condiciones pedagógicas inexistentes.

De los 72 CPI, 63 están en la zona sur, por lo que queda binarizado el nivel inicial entre las escuelas infantiles para la niñez privilegiada, por un lado, y la pelea por vacantes o la elección de un espacio no educativo la niñez pauperizada.

Manzana 66

A 5 cuadras habrá, desde marzo del 2019, otro jardín de infantes impulsado por iniciativa popular. En Moreno y Catamarca, el Gobierno prevé la construcción de una escuela, rodeada por una plaza que ocupa toda la manzana que también circundan las avenidas Jujuy y Belgrano. “Donde había un negocio inmobiliario, habrá 500 pibes estudiando”, festejó Marta Maruco, docente del barrio. El grupo Manzana 66 se organizó desde 2014 para decir no al microestadio que el gobierno porteño, todavía comandado por Mauricio Macri, pretendía construir en zona de corredores de ambulancias. Desde 2016 pasaron a tener la iniciativa de construir una plaza para aumentar la cantidad de espacio verde por habitante. Mientras la Organización Mundial de la Salud recomienda más de 10 metros cuadrados por persona, en la Comuna 3 había 0,4. Sumaron la propuesta del jardín porque muchas madres llevaban a sus hijos a Barracas y La Boca a estudiar, pidieron un centro de jubilados y un polideportivo que finalmente se construirán en los alrededores. 

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