La fuerza de las/os docentes es el movimiento

¿Cuánto aguantarán las/os docentes? ¿Cuánto tiempo sostendrán el plan de lucha? ¿Qué fuerza es necesaria para torcerle el brazo al gobierno? ¿Hasta dónde las conducciones gremiales no negociarán a sus espaldas?

Desde la segunda semana de Febrero la docencia se puso en marcha en todo el país. En CABA el día 14 comenzaron las capacitaciones que dieron lugar a que miles de docentes colectivicen la indignación ante los planes del gobierno y empezaran a ilustrar posibles respuestas. Durante esa semana fueron decenas las asambleas por sede que exigían la apertura de la paritaria nacional, un salario que supere la inflación, mejores condiciones pedagógicas y de infraestructura, como también vacantes para los 11 mil chicos de la ciudad que año a año quedan relegados de la educación pública por falta de escuelas. Las propuestas incluían paros sucesivos pero no exclusivos. La búsqueda de nuevos modos de lucha que involucrasen a las familias y vecinos fue un verbo que sobrevoló. La idea de complementar la huelga con actividades de difusión y participación comunitaria se generalizaron rápidamente, como así la necesidad de que los sindicatos actúen en unidad.

Con el peso de la reciente y vital organización de una amplia porción de las/os trabajadoras/os, en la semana siguiente la conducción de la UTE convocó a plenario. Allí fue planteado un plan de lucha de tres semanas con paros sucesivos, movilizaciones y actividades descentralizadas. Ante sus intentos por convocar a un paro de 48hs para el 6 y 7, desde los diversos grupos de la oposición en consonancia con la mayoría de los mandatos se empujó a la dirección a “convocar y adherir al Paro Internacional de Mujeres del 8 de Marzo”. Lo cual será menester del activismo garantizar.

Mientras el gobierno seguía sosteniendo su oferta del 18% en dos cuotas, 10% hasta octubre y una suma del 8% desde noviembre, el día 1º de Marzo se realizó una asamblea abierta impulsada por Ademys de 700 trabajadores/as con mandatos que representaban a 2000 docentes, donde se votó un paro activo de 72hs para el 6, 7 y 8.

El rechazo a la oferta del gobierno fue y es masivo. Si se tiene en cuenta el 41% de inflación del pasado año, que llevó al sector a una pérdida de poder adquisitivo del 10% promedio, y a eso se le suma el 20% de inflación estimada para el 2017, la discusión paritaria no puede bajar del 35% para todas las escalas. Datos del INDEC indicaban en diciembre del 2016 que se necesitaban $13126 (CBT) para no ser pobre. Hoy 2017 los/as docentes exigen que su salario sea de $16000 en blanco y sin cuotas. Un salario para vivir dignamente. Un monto que será referencia para los demás sectores de trabajadores.

Es sencillo comprender la bronca de las maestras y los maestros cuando percibimos las malas condiciones en las que se ven obligados a trabajar, cuando se los culpa una y otra vez de la ineficiencia del sistema educativo, ocultando el cierre de los programas de capacitación gratuita, el creciente desfinanciamiento, negando la responsabilidad del gobierno en políticas públicas. A lo cual debe sumarse la continua deslegitimación del rol docente, la provocación y denigración propagada tanto por funcionarios como por las empresas serviles de comunicación. La digitación del plan rompe huelga de los “voluntarios” es el ejemplo más claro. Dividir a la clase trabajadora ante el conflicto, es su propósito.

Yendo de lo singular a lo común, notamos que su misión es reformar todo el sistema educativo. El objetivo del actual gobierno no es aniquilar la escuela pública, sino quitarle su potencial, reduciéndola al mínimo. Allí la dirección de todas sus medidas. Palabras del propio ministro de educación, Esteban Bullrich, indicaban que había “que educar a los niños y niñas del sistema educativo argentino para que hagan dos cosas: o sean los que… crean empleo, o crear argentinos que sean capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla”. Conjugando dicho testimonio con la sistemática transferencia de capitales a las escuelas privadas y ONGs, podemos afirmar que su propuesta es una escuela de calidad para ricos (quienes pueden pagar una privada) y la pública para los sectores populares. De modo que los adinerados estén capacitados para manejar las empresas, y el común de la gente tenga los conocimientos básicos para empelarse en un mercado laboral flexibilizado.

Percibimos cómo el actual proyecto de país basado en la extranjerización de la económica, la sobreexplotación de la fuerza de trabajo y de los bienes naturales que favorece a las grandes trasnacionales de poderío occidental, tiene su correlato con este plan educativo. De allí los más de 200 mil despidos, los 1.782.000 de argentinos desempleados, la consolidación de un ejército de reserva, el aumento de las tarifas, el techo al salario, el abultado presupuesto a los aparatos represivos, y así la necesidad de una escuela pública fragmentada, mínima en contenidos y fuerte en disciplinamiento.

Si bien los/as docentes años anteriores ya habíamos estado en la mira del gobierno, tildados de vagos por “tener tres meses de vacaciones” y no preocuparnos “de los pibes que no tienen clases”, alimentando los núcleos de sentido negativo, este año la amenaza supera cualquier precedente. Desde el ejecutivo nacional se planteó la guerra política y mediática al sector. Precisan acorralar al gremio que supo dinamizar las luchas contra el neo liberalismo en los `90, que ha sido un activo promotor de derechos durante la década siguiente y que sigue ocupando una rol central en los diversos planos de sociabilidad del pueblo.

La guerra está planteada. El movimiento de trabajadores/as de la educación debe ser atado de pies y manos. Debe civilizarse, curarse de cualquier síntoma de rebeldía. Debe ser ejemplo para los demás sectores de la población. Debe permitir que el ciclo de acumulación siga su ruedo.

Entre el objetivo del gobierno y su concreción, en ese trecho, está el pueblo organizado. Allí es donde la lucha se da. En eso, la defensa de la escuela pública sigue siendo un eje aglutinador para un amplio espectro social que concibe al Estado cual garante de derechos sociales. Es dicha porción la que salió a apoyar a los docentes ante el ejército de trolls que hizo trepar en las redes la convocatoria gubernamental de voluntarios para reemplazar a los/as docentes en los días de paro.

Como bien explicitó el ministro Bullrich el ataque es por varios y simultáneos frentes. De modo que la defensa debe ser en unidad y en los múltiples terrenos. No alcanzará con medidas aisladas llevadas a cabo por un movimiento desarticulado. La construcción de un consenso social favorable es una de las principales tareas, como así la pelea en los espacios públicos.

Contamos con las puertas de las escuelas, con las plazas y las esquinas, tenemos espacios gremiales, articulaciones políticas, la sala de maestros y medios alternativos de comunicación. Las volanteadas en los barrios, radios abiertas, festivales, asambleas con las familias, las movilizaciones empiezan a ser parte de una estrategia compleja y expansiva que está motorizando la lucha desde diversos planos. Aún de forma descentralizada.

En estas últimas semanas en CABA fueron decenas las iniciativas de auto organización de las bases. Comienzan a aparecer como en el ´88 (Marcha Blanca), en otra magnitud como en el 2011 (pelea por Juntas de Clasificación), instancias organizativas básicas en los distritos. A través de la democracia directa se agrupan docentes agremiados y no agremiados para realizar actividades en los barrios, articulando escuelas, o bien para confluir en las movilizaciones. A diferencia de los últimos años sucede que la vinculación con los sindicatos es más cercana, aunque todavía inorgánica.

Entre los distritos que empiezan a organizarse están el 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 17, 18, 19, como así docentes de la villa 21/24, docentes de institutos artísticos, de programas socio educativos, estudiantes terciarios. Con un espíritu común, “hoy las clases se dan en la calle”, la docencia muestra una vez más que tiene un acervo organizativo que desplegar. El movimiento se renueva ante el avance liberal.

Este proceso pone de relieve una vez más la importancia del territorio como espacio de encuentro y referencia. Es allí donde se funda la creatividad militante de las bases. Es en los barrios donde se está dando la disputa por el sentido de la educación, es allí donde familias y docentes, o sea trabajadores de diversos sectores, están entramando solidaridad. La resistencia nace una vez más del llano. Tal como Enriqueta Lucero, Arancibia y Fuentealba enseñaron.

A la par la pelea informática, una feroz y silenciosa disputa. Ante el plan de difamación y confusión generado por la prensa y los ejércitos de trolls, son decenas los archivos que se viralizan en apoyo a los docentes, contra los ataques macristas. Lo cual quedó demostrado con el masivo #YoApoyoALosDocentes. Las redes pasaron a ser vasos catalizadores que merecen la máxima atención.

Por lo visto, las agresiones no cesarán y serán en diferentes planos. La confección de listas negras, el accionar de los servicios de inteligencia, las campañas digitales, el amedrentamiento público, la dilatación del conflicto, la represión solapada y abierta, los intentos de negociación con las cúpulas, los descuentos en cada paro, la imposición de castigos como el “recuperar” los días de paro durante el receso escolar, las amenazas a dirigentes, los intentos de dictar la conciliación obligatoria, se multiplicarán.

En este proceso será fundamental crear un poder que resista los ataques y construya cohesión sin perder la radicalidad ni el carácter masivo. Donde las mezquindades no fragmenten el plan de lucha, ni las burocracias arreglen por una comisión. A la par será central la coordinación nacional y la articulación multisectorial, dado que es el modo en que se ha podido empatar o bien ganarle al gobierno en los últimos meses (CONICET; Programa Nuestra Escuela).

En ese sentido, creemos que el juego mejor debe darse entre el barrio y el sindicato, entendiéndolos como un binomio de lucha. Donde docentes, vecinos, familias puedan tejer lazos solidarios para pelear codo a codo por la educación pública desde cada territorio, por la soberanía intelectual y pedagógica de nuestro país. Y los sindicatos, encausando mecanismos democráticos, fortalezcan la integralidad de la lucha, asumiendo el sentido histórico de esta batalla, sin subordinarse a intereses electorales. Los conducidos por la lista celeste deberán elegir entre armar un plan de lucha flácido que no comprometa sus limitantes o bien fomentar la participación y trazar una estrategia de victoria, con todos los “riesgos” que ello implica.

Lo que hasta aquí está claro es que este conflicto es el más grande de la última década. La responsabilidad es mucha y cualquier traición puede costar demasiado. Sin suprimir la tensión espontaneismo – organización, el movimiento de trabajadores/as de la educación, para llegar a buen puerto, deberá empoderarse de las herramientas gremiales. Allí la fuerza arrolladora.

En el centro mismo del conflicto, de lo común a lo singular, hallamos al docente cual dinamizador, cual posible promotor de ese ancho camino. Allí el rol de los/as maestros/as del pueblo. Allí que es hoy, Marzo del 2017, en cada barrio, en la escuela, gremios y en las calles la potencia del Maestro/a Popular. Siendo sindicato en el barrio y barrio en el sindicato. A 10 años del asesinato de Fuentealba, la potencia de un pueblo que no quiere perder la dignidad.

Franco Rossi

Delegado y Congresal en la UTE

Militante de la CP Juana Azurduy / Simón Rodriguez

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