La inseguridad. Bauman, Trump y los muros de Jericó

Cuando no basta la contención incorpórea de la incorporación a la explotación inmovilizadora, la barbarie absolutista del capital se asegura con fortificaciones corpóreas, de muros y alambres de púas.

_¿De qué te reís?

_¡Del maletín hombre! Solamente a un ladrón se le ocurre regalar un maletín tan seguro.

ANTONIO SKÁRMETA. El baile de la victoria.

 

 

I.

 

Jericó. Ciudad-estado que,según el relato bíblico, el pueblo hebreo debió destruir, en búsqueda de la tierra prometida, derrumbando sus murallas gritando y haciendo sonar las trompetas.

 

Irónico. El mismo día en que murió el filósofo polaco Zigmunt Bauman, Donald Trump firmó el decreto de construcción del Muro de contención para inmigrantes en la frontera con México. Hace pocas semanas.

 

Simbólico. Hace ya casi dos décadas Bauman escribía sus reflexiones sobre cárceles, muros y “seguridad” en la globalización. Alegato por la libertad humana. Por entonces Trump se dedicaba a humillar la dignidad de las mujeres en la televisión como diversión. Barbarie global de una civilización entretenida.

 

Remisión. “En el mundo de las finanzas globales, la tarea que se asigna a los gobiernos estatales es poco más que la de las grandes comisarías. […] y la solidez de los muros carcelarios son factores de primera importancia para ganar la `confianza de los inversores´, quienes toman muy en cuenta a la hora de decidir cuando invierten o retiran sus fondos”. Bauman, La globalización. Consecuencias humanas. Pág 156.

 

 

II.

 

Los muros de reclusión y de contención condenan a los indeseables a la invisibilidad y la inmovilidad, y facilitan la movilidad de los capitales. También de sus titulares, gestores y beneficiados, que suelen gozar de su visibilidad mediática.

El muro es así confinamiento, exclusión espacial, territorial.

Con este nuevo muro México se convierte en una cárcel para los mexicanos pobres. Una celda de aislamiento respecto al territorio norte en el continente Norte de América. Soterrados a su vista.

Con ello todas las reflexiones de Bauman y Thomas Matiessen sobre las cárceles se hacen extensivas a enteros territorios geográficos.

Pero el aislamiento lo será también para los del norte, los norteamericanos pobres que quedarán a merced de los inversores que buscan refugio en las infraestructuras, de las cuales el Muro es la primera. Ilusionados los pobres del norte quizá en la exclusión de un falso competidor, o un competidor para la esclavitud del bajo salario, presentado como un enemigo.

Lo único seguro para ambos lados será la pobreza, material y cultural. Y esto no es una figura literaria: acompañado por las medidas fiscales “proteccionistas” del protector, el presunto Josué del pueblo norteamericano, el desguace de las cadenas productivas integradas, perderán empleos unos y otros.

De modo que,además de reclusiones delimitadas geográficamente, tendremos territorios sociales carcelarios. Archipiélagos sociales y territoriales de enclaustramiento,

 

 

III.

 

La seguridad de los pobres. Algunos condenados a la inmovilidad del trabajo forzado para ser alimentados, vestidos, cobijados y “protegidos” por los comisarios. Y, otros, a deambular hasta toparse con los muros materiales de ladrillos y cemento, o los inmateriales de la inadecuación al sistema, su disfuncionalidad involuntaria. El desecho, reciclable para cualquier locura.

Cuando no basta la contención incorpórea de la incorporación a la explotación inmovilizadora, la barbarie absolutista del capital se asegura con fortificaciones corpóreas, de muros y alambres de púas.

“Seguridad nacional” ha dicho el Comisario Trump. Y su voz tiene ecos y coros.

 

 

IV.

 

Sociedad de riesgo. El riesgo de los capitales de riesgo que genera el de quiénes de ellos dependen: todos.

Búsqueda de alguna seguridad: la protección. Protección de los comisarios, los gobiernos estatales. Ejecutores y cómplices de secuestro de personas, de privación de la libertad. En nombre de la seguridad, la ley y el orden.

Silencios hipócritas de los que sólo reparan en los acuerdos comerciales, a cuyos interesados sirven. Los millones de China, de Europa, de Australia, de Canadá. Del muro y la pobreza, sólo algún cuchicheo. Porque muchos de ellos hacen lo mismo.

Indiferencia y miedo de los que no se sienten directamente afectados, lejos del muro. Sobre los que operan los medios y la mala conciencia de electrónicos baratos y la seguridad para su propiedad.

Y alguna carne de cañón precarizada buscando quien la conduzca a la tierra de las mieles.

 

 

 

V.

Simbolismo ambiguo y contradictorio el de la leyenda mosaica de Jericó. Al menos desde entonces las murallas tienen una memoria lejana y trágica.

Esclavos que huían de su condición en pos de la felicidad dulce de la tierra prometida. Guiados por Josué que seguía las órdenes de Jehová, un dios guerrero, cruel, vengativo y dueño del poder absoluto. Y, a su orden, al son de las trompetas y la voz en coro de un Pueblo, derrumban las murallas, sólo para matar e incendiar abriéndose camino. Sólo salvó su vida una ramera que, desde dentro, entregó su ciudad. Y no dejó de ser lo que era.

 

 

VI.

 

Frente a los muros de hoy se arriman desarmados, en silencio y sin trompetas otros que huyen.

Del despotismo del hambre, las epidemias, las guerras, el crimen ambiental. Vagabundos encerrados. De los que se ocupó Zigmunt Bauman hasta el final.

¿Harán falta más que voces para derribar los muros que el capital desparrama por el globo?

Porque parece que no se agrietan sólos y sus propios sismos no lo derrumban. Y urge parar la barbarie. En todo el globo, todas las voces, todas.

 

 

Edgardo Logiudice

Claromecó, enero 2017.

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