La lucha por el azúcar: ¿“modernización” en beneficio de quién?

El noroeste argentino, testigo del desguace de la industria azucarera durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, vuelve a sufrir los embates de las políticas de ajuste y flexibilización. Esta vez, al “fantasma de la crisis” se suma la utilización de nueva tecnología en los procesos, para dejar como saldo un panorama de despidos y desolación en los pueblos, sólo visibilizado por la resistencia y movilización obreraPor Silvia Nassif*

Hace más de cincuenta años, durante la dictadura autodenominada “Revolución Argentina” (1966-1973), en julio de 1966, el flamante dictador Juan Carlos Onganía llegaba a Tucumán junto al ministro de Economía, Jorge Néstor Salimei, y monseñor Antonio Caggiano, máxima autoridad de la Iglesia Católica argentina. En el aeropuerto lo esperaba Antonio Domingo Bussi, posteriormente uno de los principales ejecutores de la política represiva en la provincia como jefe del “Operativo Independencia” en 1975 y luego como interventor de Tucumán, en los inicios de la última dictadura.

La visita de Onganía se realizaba con el propósito de conmemorar los 150 años de la Independencia argentina. En ese momento, la provincia se encontraba atravesando una crisis de sobreproducción azucarera que se manifestaba en altos niveles de conflictividad social. Allí, el dictador prometió a los tucumanos tenerlos siempre presentes en su memoria. Un mes más tarde, como parte de la política de “racionalización” económica y modernización de esa dictadura, Salimei anunció pomposamente por radio y televisión que era “…un objetivo básico de la Revolución Argentina asegurar el nivel de vida y las fuentes de trabajo de la comunidad” y que en Tucumán se lograría una real expansión industrial y una profunda diversificación agraria sin que se perdiera un solo puesto de trabajo.

Muchos de ellos, sufriendo un profundo desarraigo, terminaron engrosando las villas miseria del conurbano bonaerense. De ese modo, y a pesar de las promesas del gobierno, en Tucumán se registró una fenomenal eliminación de puestos de trabajo y, en lugar de diversificación industrial, se produjo la destrucción de una parte del aparato productivo de la provincia. Historias familiares y colectivas truncadas cuyo dramático desenlace fue retenido por Gerardo Vallejo en la película “Camino hacia la muerte del viejo Reales”.

El gobierno dictatorial en realidad incentivó y aceleró el proceso de concentración, que se desarrolló en beneficio de los dueños de los grandes ingenios de Salta y de Jujuy, y también del sector más poderoso del empresariado azucarero de Tucumán.

El proceso de concentración de la agro-industria fue el que finalmente se impuso en el desarrollo de la actividad azucarera. Sin embargo existió en pugna otro camino, como el propuesto por la FOTIA (Federación de Obreros y Trabajadores de la Industria Azucarera) y los sindicatos de base azucareros, que protagonizaron luchas significativas, como en enero de 1967, cuando llevaron a cabo un paro en el que fue asesinada Hilda Guerrero de Molina, militante de la rama femenina del peronismo y esposa de un obrero del ingenio Santa Lucía que había perdido su trabajo. También en los distintos Tucumanazos, cuando junto al movimiento estudiantil pusieron en vilo al gobierno dictatorial, en sintonía con los levantamientos populares a nivel nacional, en especial con el Cordobazo de Mayo de 1969.

Luego, bajo el tercer gobierno peronista, la FOTIA exigió la reapertura de las fuentes de trabajo y propuso la diversificación y nacionalización de la agro-industria, y la participación obrera. Lograron incluso algunos triunfos parciales. Pero este camino fue finalmente derrotado con el advenimiento de la siguiente dictadura, que descabezó al movimiento obrero azucarero a través del secuestro y desaparición de cientos de trabajadores de base junto a los dirigentes.

Cincuenta años después

El 9 de julio de 2016, el actual presidente Mauricio Macri también visitó la provincia de Tucumán para presidir los festejos por el Bicentenario de la Independencia. En el discurso que el primer mandatario ofreció desde la Casa Histórica de Tucumán, le señaló al rey emérito de España, Juan Carlos I de Borbón, que los patriotas en 1816 “…deberían tener angustia, querido rey, de separase de España”. Para muchos sectores, esta frase sintetizó la visión del gobierno nacional y menospreció la gesta de Independencia. Hoy esa política se materializa con el fuerte endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Macri había asumido poco tiempo antes del Bicentenario, en diciembre de 2015, con el 51% de los votos. En su campaña realizó distintas promesas que iban desde la creación de nuevos puestos de trabajo -cuidando los que existían hasta ese momento-, el objetivo de lograr una Argentina con pobreza cero, la triplicación del presupuesto en ciencia y tecnología, hasta la reducción a un dígito de la inflación, entre muchas otras.

Pero lo que se impuso es una política de profundización de la flexibilización y precarización laboral. En la actualidad, la tasa de desocupación ya alcanzó el 9,6% -según los propios datos del INDEC del segundo trimestre de 2018-, y los niveles de pobreza aumentaron de modo alarmante, con cierre de fábricas, y con altos niveles de endeudamiento. De un plumazo bajó a la categoría de Secretaría, entre otros, a los ministerios de Salud, Trabajo y Ciencia y Tecnología, dejando en la calle a centenares de científicxs de todas las áreas del conocimiento. Algunos de éstos ya comenzaron a emigrar del país, como había ocurrido cincuenta años atrás con Onganía, luego de la intervención de las universidades nacionales y la tristemente celebre “Noche de los bastones largos” y el aumento de la fuga de cerebros.

Nuevamente el fantasma de la crisis azota a los trabajadores

En los más de cincuenta años transcurridos desde la crisis en la provincia de Tucumán por el cierre de ingenios, la actividad agroindustrial azucarera ha cambiado significativamente. Hoy, en la Argentina se contabilizan 23 ingenios (15 en la provincia de Tucumán, 3 en Jujuy, 2 en Salta, 2 en Santa Fe, y 1 en Chaco). En la zafra 2016 se produjeron 2.015.824 toneladas de azúcar -blanca y cruda-, moliéndose 18.436.082 toneladas de caña, según datos del Centro Azucarero Argentino.

La implantación de nuevas tecnologías, en especial en el campo con la máquina “integral”, redujo la cantidad de trabajadores del surco, mientras que se fueron desarmando las colonias y los lotes. Cabe recordar que la utilización de esta máquina había sido uno de los puntos más álgidos en la huelga obrera de septiembre de 1974 pues los trabajadores exigieron que hasta que no se generasen nuevas fuentes de trabajo no debían ser utilizadas. Solo para tener una referencia de lo que sucedió: en la zafra tucumana trabajan entre 8.000 y 9.000 personas que en 2016 elaboraron 1.362.892 toneladas de azúcar. Si a estos datos los contrastamos con los de la campaña 1973 nos daremos una idea de hacia dónde van los beneficios: aquel año, alrededor de 50.000 trabajadores produjeron 933.819 toneladas de azúcar.

El fantasma de la crisis vuelve a rondar sobre el azúcar en 2018. Los azucareros de Salta y Jujuy arrancaron el año con una gran caravana que recorrió unos 300 kilómetros entre ambas provincias, a modo de protesta, exigiendo la reincorporación de más de 1.000 obreros que habían sido despedidos. La medida de fuerza, votada en asamblea de la Federación Azucarera Regional (FAR), generó un alto impacto y sirvió como modo de visibilización del conflicto a nivel nacional, según  explicó Rafael Vargas, actual secretario del Sindicato de Obreros y Empleados del Azúcar del Ingenio Ledesma (SOEIAL). A modo de ejemplo, cuando asumió el actual gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, el ingenio La Esperanza empleaba a 1.024 trabajadores, y hoy sólo quedan 600, es decir que bajo su gestión en un solo ingenio se perdió más del 40% de los puestos de trabajo de esa empresa.

“La característica hoy es que juegan con el término ‘crisis’ para ajustar, para meter miedo, para reducir el personal, para achicar costos. A nosotros nos están amenazando con 80 despidos hacia noviembre/diciembre por la implementación de nuevos equipos en el fraccionamiento del azúcar y dicen que están tratando en teoría de ‘reubicar’ mientras que nosotros estamos intentando trabajar en alternativas que no dejen a la gente en la calle”, advirtió Vargas.

Cabe recordar que los empresarios dueños del ingenio Ledesma fueron señalados como responsables de cometer delitos de lesa humanidad contra trabajadores de la empresa durante el terrorismo de Estado. Un informe presentado ante la Procuraduría de la Nación en noviembre de 2015 indicó, entre otras cuestiones, que “en los hechos represivos se puede afirmar que la compañía no sólo colaboró activamente, sino que participó en la planificación de los mismos.” (Responsabilidad Empresarial, 2015: 114). El sindicato de Ledesma se presentó como querellante en las causas de lesa humanidad en las que está implicado el empresario Carlos Pedro Blaquier -causas Burgos, Bernard y Aredes-. Y aunque la Cámara de Casación le dictó falta de mérito, queda pendiente el pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia tras la apelación de las querellas.

Otros dos ingenios, el Ñuñorco y el Santa Bárbara, pertenecientes al grupo Colombres, terminaron en agosto de forma abrupta y anticipada la zafra. También es especialmente crítica la situación de los trabajadores del ingenio San Juan, quienes mantienen una ocupación pacífica desde hace meses. El ingenio sólo molió en esta zafra tres días, y dejó en vilo a más de 400 familias azucareras. Como señaló Pedro Campos, obrero y miembro de la comisión interventora del ingenio, al advertir sobre las escasas posibilidades de los trabajadores de encontrar otro trabajo: “la situación en el ingenio es muy crítica, y se hacen ollas populares, se sale a pedir a los almacenes, a todo aquel que quiera colaborar.

En el ingenio El Tabacal, de la provincia de Salta, fueron despedidos 180 trabajadores y todavía no han podido cerrar la negociación paritaria. Además de los despidos, los obreros azucareros a nivel nacional sufren el aumento del trabajo en negro, la profundización de la tercerización y la pérdida adquisitiva de los salarios. Esta situación de crisis afecta de manera directa no sólo a los trabajadores sino a la población en la que están localizados los ingenios, ya que constituyen su principal fuente de trabajo.

Hoy a nivel nacional, como había sucedido hace más de cincuenta años en Tucumán, la miseria y la desocupación están siendo los verdaderos resultados de la política implementada por el gobierno nacional. Sin embargo, en el movimiento obrero azucarero comienzan a surgir distintas voces en defensa de los trabajadores, recuperándose del mazazo que sufrieron los obreros cuando se descabezaron a los sindicatos durante la última dictadura, y que plantean que la lucha es el camino principal para cambiar la historia y derrotar esta política.

 

*Doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es Profesora y Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT).

Fuente: lanaciontrabajadora.com.ar

Please follow and like us:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.