La lucha por Luciano

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Hace 10 años, en el partido de La Matanza, entonces bastión del kirchnerista Fernando Espinoza, se produjo  uno de los peores casos de torturas de la reciente historia democrática de nuestro país. Luciano Arruga, con 16 años fue primero invitado a robar para la “base de operaciones” de la comisaría 8va de la Policía Bonaerense. Después, perseguido, torturado y, finalmente, desaparecido forzadamente durante más de 5 años tras ser obligado a cruzar la General Paz .

La cara de Luciano llenó banderas, paredes, parches, revistas populares, volantes. El caso fue emblemático porque hubo lucha. Su madre y su hermana, Mónica Alegre y Vanesa Orieta, se pusieron al hombro la búsqueda y la lucha. Lucha, porque tuvieron que soportar amenazas, incendios intencionados, exposición, humillaciones policiales, administrativas, judiciales y de las empresas mediáticas.

Acompañadas por familiares y amigos, tuvieron claro desde el principio que detrás de la desaparición estaba la bonaerense.  Organizaciones de Derechos Humanos como Hijos y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza y organizaciones políticas populares ayudaron a leer la historia a contrapelo y ubicar a Luciano como la continuidad de la dictadura del Plan Cóndor. Luciano evidenció que les 30.000 eran más de 30.000. Porque, claro, había otros casi 300 jóvenes desaparecidos en tiempos de democracia. Porque Julio López ya figuraba como otro desaparecido.

La historia mostró, además, otra continuidad: mujeres buscando a un familiar. La fórmula se repetía en buena parte de las víctimas de represión también una vez que terminó la dictadura.

La muerte

Durante los cinco meses siguientes a ser secuestrado y torturado en el destacamento de la comisaría, por negarse a robar para la policía, Luciano tuvo miedo por las permanentes amenazas y porque la persecución no cesaba. El 31 de enero de 2009 entre las 2 y las 4 desapareció y lo último que se supo fue que amigos de Luciano declaraban haberlo visto molido a golpes en el destacamento,, hubo sangre en el patrullero rastreada demasiado tiempo despúes como para comprobar que fuera de él, 11 de los 17 patrulleros de la comisaría no emitieron señal de dónde estaban en ese horario. Uno de ellos estaba apostado a un costado de la General Paz, con las luces apagadas. Justo donde cinco años y ocho meses después nos enteramos que Luciano había sido atropellado mientras cruzaba la enorme avenida “como escapando”, según las palabras del conductor que no lo pudo esquivar.

Torturas a un niño

Vanesa y Mónica habían sido testigas de cómo lo torturaban a Luciano en el destacamento policial de Indart 106, en septiembre de 2008, cuatro meses antes de su desaparición. La lucha organizada de estas dos mujeres consiguió que el Teniente 1º Julio Diego Torales fuera condenado a 10 años de prisión por torturas a un niño. Hubo entonces dos grandes hitos en esa condena: torturas niño. Pareciera obvio, pero el eufemismo de apremios ilegales fagocitaba a la de torturas, dando menores penas a los eventuales condenados. Parece más obvio, pero significó toda una pelea en el terreno judicial dejar en claro que Luciano, con 17 años, era un niño y, por tanto, sujeto de los derechos del niño. A los 16 años, entiende la Convención, la estructuración del funcionamiento perceptivo, la capacidad de transmitir, sentir y traducir las emociones indudablemente no estaban todavía del todo constituidas. La jueza Diana Nora Volpicina citó la Convención contra la Tortura sancionada por la ONU en 1984 y rubricada un año después por el Estado argentino (“se entenderá por el término tortura todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en ejercicio de funciones públicas, a instigación suya o con su consentimiento o aquiescencia”) y a la Convención sobre los Derechos del Niño (“establece que por niño se entiende a todo ser humano menor a 18 años de edad, salvo que en virtud de la ley que le sea aplicable haya alcanzado antes la mayoría de edad”).

Pero así como se condenó a Torales por estas torturas a un niño, es imprescindible recordar que los gritos de Luciano no fueron los únicos que escucharon Vanesa y Mónica ese 22 de septiembre. Había más  niños no identificados siendo torturados en ese momento. Y había más policías torturándolos.

El Estado prepara

Vanesa no se cansó de repetir: la vulnerabilidad de Luciano no era solo por niño, sino por pobre. En todas las barriadas del país se repiten estos casos. Arruga vivía en el asentamiento 12 de Octubre, de Lomas del Mirador, La Matanza: una manzana rodeada de un barrio de clase media. El contraste entre el ladrillo a la vista y las construcciones de alrededor es mayúsculo. “Todos los nuevos formatos que se sumaron a cada pedido desmesurado de más seguridad mantienen metodologías propias de la última dictadura, las detenciones arbitrarias e ilegales son constantes, los detenidos sufren torturas, se mata y desaparece fácilmente, mientras el resto de los poderes, mediante el silencio e inacción, permiten la violación de los derechos humanos, de los humildes pero especialmente de los jóvenes humildes. La justicia no condena, el poder político suma más policías violentos y hace oído sordos a las denuncias de familiares y cuando nos reciben no hacen más que lavarse las manos y prometer  cosas que jamás  van a cumplir”, explicó Vanesa a cada medio, aunque no todos replicaron estas declaraciones.

La impunidad hizo lo suyo: mientras los funcionarios policiales siguen libres, sin ser siquiera procesados en la causa judicial por Desaparición Forzada, la investigación a cargo de Asuntos Internos sigue obviamente parada. El faltante de páginas -arrancadas- en el libro de guardia del destacamento policial de Lomas del Mirador jamás fueron investigadas. La salida de jurisdicción por parte de los patrulleros, tampoco.

“Son muchas las irregularidades cometidas por personal policial, y el poder político y policial en mi opinión ocultaron, no investigaron, aumentando así la impunidad que reina en la causa. Para tres de los jueces que entendieron y entienden en la causa, pedimos enjuiciamiento por mal desempeño de funciones y también para el ministro de Justicia, Seguridad y hasta el mismo gobernador (Daniel Scioli). Ellos, más que nadie, tienen que responder por qué no se avanzó en el proceso judicial y por qué todavía no hay condena. En estos 5 años más que investigar a la Policía se investigó a las víctimas: el primero fue Luciano, luego siguieron con sus amigos y luego con la familia, que luchaba por su aparición; en eso se invirtieron los recursos del Estado, en investigar a las víctimas. Los policías bien tranquilos, tienen apoyo del poder”, detalló la Vanesa.

Los medios apuntan

La desaparición aparece por primera vez en la Televisión gracias a la censura. Allegados a Luciano interrumpieron la emisión de CQC con una bandera y gritando que había un desaparecido en democracia. Se los llevaron los de seguridad sin llegar a aparecer en pantalla. Recién después de esa acción se empezó a hablar en las empresas mediáticas acerca de Luciano.

En un principio, Virginia Messi y Ricardo Canaletti, desde uno de los diarios y una de las pantalla del Grupo Clarín, supieron inocular datos falsos al servicio del “Algo habrá hecho”.

La combinación de silencio interrumpido por mentiras y desinformación perduró hasta otro momento cumbre: el día después de la aparición del cuerpo, que había estado en el Santojanni -pese a que Mónica y Vanesa lo buscaron ahí- y  -durante cinco años y ocho meses- enterrado en Chacarita, el gran diario argentino decía: “Lo buscaron casi 6 años y estaba enterrado como NN. La familia de Luciano Arruga creía que lo había matado la policía. Pero ahora se supo que lo había atropellado un auto”.

A partir de estas y muchas otras mentiras, cinismos y desinformaciones se habían conformado algunos discursos circulantes entre quienes apoyaron a Gabriel Lombardo, presidente de Vecinos en Alerta de Lomas del Mirador (Valomi), sujeto que declaraba en medios que Luciano tenía 30.000 detenciones. Justo 30.000.

La práctica de Vanesa enseña otra cosa: “Hay que leer lo que dicen los medios alternativos, independientes, comunitarios, ellos manejan y difunden temas que no son tratados ni en medios oficialistas, ni en medios opositores”.

Los medios comunitarios, alternativos, populares y cooperativos tuvieron alrededor de Luciano Arruga un eje de encuentro que los mantuvo trabajando mancomunadamente durante 10 años.

La lucha

La lucha ya dio sus frutos. Así como consiguieron esa condena ejemplar a Torales por torturas a un niño y encontraron el cuerpo para poder llorarlo, durante estos diez años, familiares, amigos y amigas de Luciano mantuvieron también un programa de radio para difundir todos los casos de Lucianos, para difundir noticias sobre el sistema que construye desaparecides, asesinades, torturades, secuestrades y perejiles. Desde afuera se llamaba ese programa, porque lo hacían en la puerta del destacamento, para reclamar su cierre y posterior recuperación y conversión en un espacio que ya funciona como espacio de memoria y construcción de los derechos de les niñes.

Y cada año, las marchas por justicia para Luciano Arruga son más grandes.

 

 

Crédito fotos: Anto Castiglione

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