La mejor noticia del año: caen los descubrimientos de hidrocarburos

Fueron los más bajos desde principios de la década del 40 y alcanzan para reponer sólo el 11 % de lo extraído este año. Las perspectivas del fin del crecimiento del capital, una depresión constante.

Para leer esta información como “buena noticia” hay que ser un poco más que humanos, o dicho de otro modo, más animal en abstracto. Porque la mejor noticia del año es probablemente buena para la permanencia de la vida en el planeta, pero no para la economía tal como en general se percibe.

Si hacemos balanza entre ambas cosas usted estaría de acuerdo conmigo que la vida en el planeta es mucho más importante que la economía. Pero como no somos ingenuos y sabemos que la sociedad occidentalizada no puede ponerlo en estos términos, hay que hilvanar los argumentos para llegar a buen puerto.

La noticia

La noticia es que este año los descubrimientos de petróleo y gas fueron los más bajos desde principios de la década del 40. Alcanzan para reponer sólo el 11 % de lo que se extrajo este año. Ya el año anterior había sido patético para las empresas y los países productores, pero este fue aún peor… perdón, mejor (para la Pachamama).

En el mundo se producen unos 61 mil millones de barriles equivalentes de petróleo (mbep) de hidrocarburos convencionales y este año sólo se descubrieron 6,7 mil mbep. Así lo señaló recientemente Rystad Energy, una consultora especializada en petróleo y gas.

Es esperanzador que haya menos hidrocarburos disponibles porque habrá en el futuro menos plásticos y pesticidas que contaminen nuestros suelos y el agua, menos posibilidad de perforar el suelo en busca de minerales o de pescar de forma destructiva y, sobre todo, porque hay menos posibilidad de emitir gases de efecto invernadero que nos lleven al colapso climático.

Si bien aún queda un montón de gas y petróleo descubierto años atrás, para ser extraído y procesado, ya llevamos 22 años en que la producción supera los descubrimientos que supuestamente deberían reponer lo que se produce.

Este gráfico sólo toma el petróleo convencional en Giga Barriles (mil millones de barriles).

Por otro lado, la buena noticia tiene sus peros, porque si se acabara ya el petróleo y el gas, la acumulación de CO2 y metano actual se mantendría durante décadas aumentando el calentamiento global y el cambio climático y quizás ya sea tarde. Pero si hay que elegir por dónde empezar a cambiar las cosas es dejando de invertir en exploración de hidrocarburos, que por ahora no sucede por ética ambiental sino por los límites geológicos, lo cual es más seguro de mantenerse en el tiempo.

Economía y petróleo

Quizás el aumento del precio del barril de crudo pronosticado casi unánimemente para el 2018 pueda recuperar la inversión en exploración pero se tendrá que enfrentar con el monstruo de dos cabezas: los vencimientos de deudas tomadas durante la etapa de precios poco propicios y con la posibilidad de un crash económico que vuelva a tirar la demanda hacia abajo. Además de que, como se puede ver, el periodo de precios altos (2011-2013) tampoco alcanzó para reponer los barriles producidos.

La economía industrial funciona desde sus inicios a base de energías fósiles en constante crecimiento. Esto es de gran utilidad para los individuos (salvo los que pertenecen al eslabón inferior de la cadena) ya que, entre otras cosas, tenemos asegurado calor y alimento para una larga vida. Por tanto, cuando se debate si es mejor dejar las energías fósiles en el suelo o quemarlas, la gran mayoría opta por la segunda opción. De la otra manera es imposible mantener la seguridad que otorgan la mayoría de los Estados a sus pueblos (desde agua potable hasta la jubilación).

Siguiendo ese modo de ver las cosas, cuando hablamos de “la vida” en la práctica hacemos referencia a nuestra vida, en el presente, y no a la suma de todas las vidas, de todas las especies de acá al futuro. Por tanto, lo que presentamos acá será una muy mala noticia. Pero tampoco podemos caer en esta simplicidad moral.

Antropocentrismo y proceso histórico

Los seres humanos estamos atravesados por corrientes materialistas, espirituales o de empatía que se interrelacionan y a veces se enfrentan con el individualismo y, por tanto, aspiran a un deseo de vida mejor tanto de nuestros hijos particulares como de la biósfera en general, e incluso de los espíritus que en ella habitan o, yendo más allá, de la armonía del cosmos.

Si usted hoy, teniendo noción de la abundancia nunca vista de recursos per cápita que el ser humano maneja, puede pensar que hay gente en la indigencia, hay víctimas de abusos (étnicos, sexuales, laborales, de género, etc.) o sufren por estar atrapados en una fábrica que los enferma o en una guerra que los mutila, y eso le da bronca, es porque estamos influenciados por el humanismo. Lo mismo si pensamos en la extinción masiva de especies, en la deforestación escandalosa, en la contaminación de los ríos o en el caos climático es porque algo del ambientalismo nos pegó o lo sentimos en carne propia.

Si los desequilibrios que estos siglos pasados generaron en nuestras tierras, pueblos y personas al perder contacto con el ambiente que cobijaba a nuestras raíces, el perder tradiciones profundas, donde hasta una roca tenía una entidad más allá de lo material, es que hay algo de lo espiritual que nos queda latente.

Un debate de estos últimos tiempos muy presente en la izquierda ambientalista es la posibilidad de equidad no sólo entre personas, sino entre personas y otros animales, de la mano del conservacionismo, el vegetarianismo y otros movimientos antiespecistas que ponen en tela de juicio la relación del humano con otros animales.

Poner de manifiesto que no sólo podemos sentir más empatía por nuestra mascota que por el vecino sino que esa empatía se puede transformar en un principio moral y tener cauces políticos es un cambio de carácter espiritual pero también material. La latencia de los sistemas totémicos que pasó de la simbolización de la comunidad a través de algún elemento de la naturaleza, a la cruz o la bandera, vuelve o persiste en esos animales que hoy están en vías de extinción o que son recurso turístico y pasaron a ser parte del espíritu de la comunidad.

Si en Puerto Madryn alguien mata intencionalmente una ballena franca austral probablemente generaría una indignación popular con manifestación total nunca vista, algo que quizás no ocurre si atacan a alguna comunidad originaria de nuestra región.

Y así, corrientes marxistas, feministas y ecologistas tejen relaciones con movimientos religiosos, con los pueblos originarios o con consumidores conscientes en las ciudades. Encontrados en el principio común de búsqueda de solución a problemas que son estructurales del modo de vida en la sociedad industrial globalizada, e interpelan la propaganda dominante pro-individualismo.

Depresión energética y el ocaso del capitalismo fósil

La posibilidad de ver como “buena noticia” un pie en el freno del capitalismo implica bancarse un elemento no menor, que la sociedad industrial capitalista globalizada tiende al colapso por ser una sociedad extremadamente compleja, que no puede permitirse dejar de mantener en funcionamiento (energía) y en forma (recursos minerales y seres vivos) cada una de las partes que componen el sistema.

No pueden detenerse ni las industrias, ni los barcos que exportan, ni las redes eléctricas ni el sistema financiero. Sólo permite ajustes pero el alimento energético no puede descender más allá de pequeñeces conseguidas por medio de la eficiencia.

A su vez, la concentración del poder sobre los flujos de energía y materiales (riquezas) están concentradas principalmente en manos de las grandes multinacionales o a las elites gubernamentales de todos los países del mundo hacen que hablar de “recursos per cápita” sea un sin sentido.

Hay muy pocos que resuelven de manera rentable (y no económica, en sentido global) cómo se extraerán, qué se producirá, dónde se consumirá y qué se hará con los deshechos de todos los materiales y las energías. Esa inequidad en la toma de decisiones se refleja en la vida que llevan unos pocos en comparación con la gran mayoría.

Para los que lo leen como mala noticia quizás compense saber que los descubrimientos más importantes se hicieron en nuestro continente: alrededor de mil millones de BEP en México y otro tanto en Guyana.

Para los demás ¡a brindar! Sabemos que la necesidad de parar esta locura autodestructiva no puede empezar por otro lado que no sea por frenar el uso del petróleo. Y la mejor forma de frenarlo (también al gas y al carbón) es dejar de encontrarlo.

Ahora sólo nos queda sumarnos activamente por los múltiples caminos en debate para proyectar qué sociedad queremos en el mundo postpetrolero. Me imagino que nadie quiere una más caótica o más verticalista, sino una que busque la armonía social, recupere la biodiversidad perdida y conecte ambos deseos. Recordemos que cuanto más grande es cae más fuerte, así que dejemos de engrosar el capitalismo. Salud.

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