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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Omar Cabezas y “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde”

25 Jul,2019

por Omar Cabezas

Sí la revolución nicaragüense conmovió profundamente a toda una generación en los 80’ sin duda la representación literaria de ese impacto es la novela de Omar Cabezas. Su relato autobiográfico es a su vez el relato de la gesta sandinista contra la dictadura de Somoza pero también una síntesis de los sueños, urgencias, búsquedas y entregas de cientos de miles que en Latinoamérica se lanzaron a acompañar la gesta del Che. El capítulo que seleccionamos es el retrato del sueño del hombre nuevo nacido de las contradicciones, angustias, sufrimientos. Aquel capaz de superar la tragedia de una sociedad brutal que nos deshumaniza y tener siempre presente aquello de “endurecerse sin perder la ternura jamás”. El que recoge los hilos de decenas de rebeliones que le preceden y las vuelve a encarnar en el presente.

La lectura de sus páginas alberga aún múltiples enseñanzas que son más decisivas que los periplos posteriores de algunes de sus protagonistas. Nos obliga a recordar que no se trata sólo de hombres sino también de mujeres nuevas.  Nos trae aquellas imágenes que en nuestro país simbolizaban un enorme abrazo en el medio de la pesadilla de la dictadura. Nos reacerca a aquella revolución de poetas, cristianos, mujeres, campesinos. Nos obliga a tener presentes aquel grito de “No Pasaran” de tantas movilizaciones solidarias con aquel pequeño país centroamericano que se tornaba faro de esperanza. Ante las tragedias actuales de traiciones, represiones, deserciones y olvidos ejercidas por quienes se apropian de aquellas batallas es más necesario que nunca tenerlas presentes y volver a caminar las geografías espaciales y humanas de esa montaña inmensamente verde. 

11.

A nosotros nos entrenó René Tejada que era Tello, David Blanco, que era Arcadio, y metió las manos también Carlos Aguero, que era Rodrigo. Claro, Tello fue el que rectoreó el entrenamiento. Fue un entrenamiento de lo más severo y riguroso. Tello no nos permitía ningún errorcito y siempre estaba gritando, siempre nos tenía en movimiento; claro, también tenía la gran virtud de que nos señalaba el error y nos explicaba por qué no debíamos cometer el error, todo a grandes gritos. Vos ibas a rastras y decía: "compañero, no levante las nalgas así porque le pueden pegar un balazo en un terreno así, así, como en el que usted está desplazándose, no puede hacer eso"; "hay que amarrar la champa de esta forma, porque así no se suelta y así usted la puede soltar rápido en el momento de una retirada rápida"; "ponga estas tiras en el nylon que pendan de su hamaca para que cuando la lluvia se pasé del árbol en que está amarrada la hamaca al cordel no le moje la hamaca sino que pegue, chorree hacia abajo"; porque era horrible cuando estabas dormido en la montaña, caían aquellos aguaceros y te levantabas empapado, toda la cobija mojada, era lo peor que te podía pasar, que se te mojaran la cobija y la hamaca en la montaña. Implicaba que tenias que levantarte y dormir sentado.

En el entrenamiento Tello nos enseñó uno por uno a hacer fuego, y por qué y cómo debían hacerse las cosas, hasta cómo hacer una cocina guerrillera de distintos tipos, cómo caminar, cómo poner el pie, todo con aquella paciencia y gritando.., vamos gualdrapas... tenderse, y nos agarraba a balazos. Cogía una arma y nos comenzaba a volar bala a la orilla, y nosotros arrastrándonos. Ponía el arma en un ganchito y tenias que pasar debajo del fuego que él estaba tirando, no podías levantar las nalgas porque te pegaba un balazo. Cuando nos formaba antes de empezar el entrenamiento, ligaba la cuestión militar con la cuestión política. Tello siempre que nos formaba no podía dejar de soñar un poco. Es ahí donde él con todo y su temperamento militar, con toda su violencia, con todo su don de mando, siempre empezaba a hablar de la lucha, del porqué de la lucha, había momentos en que empezaba gritando y terminaba como hablando solo, como que estaba hablando para él, como que él mismo se estaba diciendo las cosas para no perder su propia sensibilidad. Tello era una mezcla de ternura y de violencia.

El entrenamiento duró como mes y medio en pleno corazón de la montaña. Duraba desde las cuatro de la mañana hasta que ya no había luz. Vos sabés lo que es estar acostado y que de repente oigás aquel grito horrible, llegabas a odiar ese grito... "¡Levantarse, compañeros...!" no era "a levantarse, compañeros", sino "levantarse, compañeros". Eso fue durante toda la guerrilla, el oficial del día da la voz de levantarse a las tres y media de la mañana. Y nosotros que estábamos acostumbrados a levantarnos tarde, porque nos acostábamos tarde... eso era horrible... empezar a acostumbrarse a acostarse a las 7 de la noche por fuerza y levantarse a las 4. Nos acostábamos molidos y con hambre. Con frecuencia soñás que estás comiendo helado, soñás con un banquete, la comida empieza a ser a veces el centro principal del pensamiento, uno mucho piensa en la comida en esas circunstancias... y a las 4 de la mañana el grito de levantada... bajo la lluvia.., estás sequito y están cayendo aquellos rielazos de agua en la montaña, pero helada, hacé favor, helada y a salirte... quitar la champa, porque se quita en el día, enrollar la hamaca e irte a formar bajo la lluvia, sin desayunar, sin nada...

A los diez minutos ya estabas arrastrándote en el lodo, después que has dormido sequito, tenés el lodo en todo el cuerpo, en la boca, en los oídos, en el pelo, a los 15 minutos.., y va bala aquel Tello con nosotros, arrastrándonos, haciéndonos pasar a paso de ganso por unos cachimberos, y haciéndonos pasar por entre el agua a rastras, y disparándonos en el agua helada de la madrugada, y vos no mirás nada y te arrastrás encima de cualquier cosa. Y ejercicios físicos. Eran horribles y cuando Rodrigo los dirigía era peor, porque era carrera estacionaria primero, velocidad, luego sentadillas, luego en cuclillas, ejercicio para la cintura y para las piernas, para los brazos, para la cabeza... Eran unos ejercicios agotadores, con mochila, nada más que sin el cinturón porque se podía fregar de tanto brincar. Entonces las piernas no te daban en el ejercicio, después de eso te ordenaba... tenderse... tenderse... arrastrarse... y va bala con nosotros, pero claro, ahí íbamos agarrando paulatinamente condiciones físicas buenas, reflejos, ya no nos daban temor las espinas, ni las zarzas, ni el lodo, éramos como animales moviéndonos en nuestro propio medio, como salvajes. Y así estuvimos ensayando a montar emboscadas, disparando, triangulando, ejercicio y táctica militar y siempre la cuestión política, y todo el tiempo Tello nos hablaba del hombre nuevo.

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No recuerdo si ya conté lo que nos dijo Tello la primera vez sobre el hombre nuevo: una vez, después de una práctica cuando ya terminó el curso, fuimos a buscar maíz a dos días del campamento, a una milpa abandonada. Lo que uno se comía le costaba. No sabíamos lo que era agenciarse, prepararse, buscarse la comida de todos los días. Nosotros estábamos acostumbrados a comer caliente en la casa, pero no a buscar la comida para sobrevivir. Esa es una cuestión de instinto. Además que nunca había sentido hambre, lo que uno siente en la ciudad es apetito, como dice René Vivas.., en la montaña se siente hambre. Así que después de terminado el entrenamiento, primero a buscar comida... y estábamos más fuertes físicamente pero Tello siempre era bayunco, siempre quería que estuviéramos dando más, dando más y más. A Tello llegó un momento en que no lo queríamos porque lo mirábamos como guardia. Lo queríamos, pero nos arrechaba su forma de ser, su carácter y yo se lo decía cuando platicábamos en confianza, porque ya dije que nos hicimos muy amigos, incluso, algunos compañeros como a los tres años que nos volvimos a encontrar, me decían que yo tenía algunos ademanes de Tello.

Es posible eso porque uno copia a los compañeros. Entonces salimos esa vez en caminata, vamos sin carga, con confianza en nosotros, estábamos entrenados, con armas de guerra, con carabinas M-1, con ganas de chocar con el enemigo, ya sabemos cómo poner las hamacas, cómo borrar las huellas. Tello nos había explicado un montón de cosas en el entrenamiento, cosas que habíamos vivido y aprendido. Entonces fuimos a buscar la comida y llegamos bien. Todo mundo pijudo... ¡Quiero ver a la vuelta! Llegamos donde estaba el maíz. Ya sabíamos cómo desgranar maíz... Comimos maíz tostado, comimos maíz cocido, asamos elotes.., hicimos café de maíz. En la montaña cuando se acaba el café, se hace café de maíz. El maíz se pone a tostar hasta que se quema, luego se muele y ése es el café. Pasamos meses, años, bebiendo café de maíz, sin azúcar... y eso es lo más amargo del mundo, pero con el tiempo lo empezás a sentir riquísimo y más si te lo comés con un guineo asado, pegás un mordisco de guineo asado con ceniza, medio tierroso y tu sorbo de café, es manjar, pues. Ahí se desarrolla el hambre... yo me comía, por ejemplo, tres docenas de guineos y era de los que comía menos, habían salvajes que se comían seis docenas de plátanos. Entonces, a la vuelta de ese viaje que te estoy contando, teníamos que llevar maíz para la comida de la gente del campamento y porque también iba a llegar Rodrigo, que había salido a ajusticiar a unos jueces de mesta.

Arrancamos más o menos con una carga cada uno de entre 75 y 85 libras. Yo recuerdo que cuando me quise echar la carga no me la aguanté. Tenía dos meses de estar en la montaña. Cómo seria de pesada que yo solito no me la pude echar, con todo el esfuerzo que le puse. Yo miraba que Tello para echarse la carga le hacía güevo, arrugaba la cara y hacia el impulso y tas, que se la ponía en la espalda, luego pasaba las manos por entre los bambadores y se la acomodaba. Cuando vimos el peso de la carga, nos pareció que no era correcto, que era una exageración. Es cierto que nos sentíamos más macizos pero era humanamente imposible; sin embargo, la cosa era en serio y había que llevar la carga y lelo nos dijo algo que nos dolió a todos... "¡Hijueputas, aprendan a cargar la comida que se hartan...!" Nos había herido y ofendido... tal vez lo hizo adrede, pero lo haya hecho o no, fue una cosa dura para nosotros. Me acuerdo que le dije a un compa: "compa, ayúdeme a echarme esta mierda..." Entonces con la ayuda del compa lo logré... Y así entre todos nos ayudamos con la carga. Los campesinos lo hicieron ellos solos, aunque no recuerdo muy bien, pero también a ellos les ayudaron y empezamos a caminar...

Claro, vos sentías cómo te hundías en la tierra, aunque no había lodo, pero la tierra es suavecíta de tanta agua, es tierra barrosa, cuando te deslizas, sentís que abrís una zanja en el piso. Cada 50 ó100 metros nos parábamos... Una cuestecita de 200 metros, a los 150 estábamos parados. No podíamos con la carga, se nos iba para atrás pero nosotros le hacíamos güevo, porque ya veníamos con rabia, ya nos sentíamos medio fuertecitos también. Llega un momento en que no podemos y nos sentamos. Tello se arrecha y se vuelve... "¿Qué quieren? ¿que botemos el maíz? El que no carga no come", dice Tello. "Aquí el que quiera comer, va a tener que cargar la comida..." "son unas mujercitas... son unos maricas, estudiantitos de mierda que para nada sirven..." Nosotros veníamos de mandar en la universidad... que te hablen así... hay que ser humilde, además que te sentís impotente frente a la carga... En alguna medida tiene razón en lo que te está diciendo, entonces te sentís un impotente, un gualdrapa, pero también sabemos que hemos avanzado un poco en nuestro desarrollo.., que nos hace falta, pero no sabemos si es que Tello quiere seguir chocando para que sigamos avanzando, o es que es un jodido que no entiende.

Hubo una situación violenta con Tello porque nos paramos en 30 y dijimos, no. No teníamos el tiempo que tiene él de estar en la montaña, más de un año. Los ocho compañeros que tenían más de estar en la montaña eran Filemón Rivera, Modesto, Víctor Tirado, Valdivia, Tello, René Vivas, Rodrigo y Manuel, eran ocho y Juan José Quezada y Johnatán González que estaban muertos. Ocho compañeros que tenían un año o año y medio de estar antes que nosotros en la montaña. Nos encachimbamos... Eso no es un método de formación, no es un método para hacernos más hombres... Hemos venido demostrando que nos venimos superando, en todo caso la culpa la tuvieron ellos porque nos mandaron de romplón a la montaña, pero nosotros hemos demostrado convicciones ahí, firmeza política, aunque físicamente éramos una mierda... después fuimos pateros, cargueros, pero la adaptación fue un período duro para nosotros.

Entonces llega un momento en que Tello se da cuenta que por ahí no vamos nosotros, que estamos encachimbados, que estamos armados y no está tratando con niños; además, se da una cuestión bastante tirante porque estábamos hablando con argumentos de fondo, estamos cuestionándolo a él... y él está furioso pero no aceptamos ese tipo de cosas. Se aparta un momento.., creo que ahí lloró Tello, no recuerdo bien. Se apartó solo, andaba René Vivas con él, que igual que nosotros se venia cayendo con el peso del maíz. Allá al rato vuelve con nosotros y nos dice, con un tono suave, persuasivo que adoptaba a veces, cuando él quería: "Compañeros", dice, "ustedes han oído hablar del hombre nuevo", nosotros nos quedamos viendo... "¿Y ustedes saben dónde está el hombre nuevo...? El hombre nuevo está en el futuro, pues es el que queremos formar con la nueva sociedad, cuando triunfe la revolución..." Y nos quedó viendo... "no hermanos", dice: "¿Saben adónde está...? Está allá en el borde, en la punta del cerro que estarnos subiendo... está allá, agárrenlo, encuéntrenlo, búsquenlo, consíganlo. El hombre nuevo está más allá de donde está el hombre normal. El hombre nuevo está más allá del cansancio de las piernas... El hombre nuevo está mas allá del cansancio de los pulmones.

El hombre nuevo está más allá del hambre, más allá de la lluvia, más allá de los zancudos, más allá de la soledad. El hombre nuevo está ahí, en el plusesfuerzo. Está ahí donde el hombre normal empieza a dar más que el hombre normal. Donde el hombre empieza a dar más que el común de los hombres. Cuando el hombre empieza a olvidarse de su cansancio, a olvidarse de él, cuando se empieza a negar a él mismo... Ahí está el hombre nuevo. Entonces, si están cansados, si están rendidos, olvídense de eso, suban el cerro y cuando lleguen allí ustedes van a tener un pedacito del hombre nuevo. El hombre nuevo lo vamos a comenzar a formar aquí. Aquí se empieza a formar el hombre nuevo, porque el Frente tiene que ser una organización de hombres nuevos que cuando triunfen puedan generar una sociedad de hombres nuevos... Así que si no son teorías y en realidad quieren ser hombres nuevos, alcáncenlo..."

¡Hijueputa! y nos quedamos viendo toditos... Nos quedamos viendo ¡a la gran puta!, ése es el hombre nuevo. Estamos de acuerdo con esa identificación y todos nos identificamos con ese concepto nada más que se nos pasó por la mente que para ser el hombre nuevo nosotros tenemos que pasar un montón de penalidades, para matar al hombre viejo y que vaya naciendo el hombre nuevo. Entonces yo sólo me acordé del Che, del hombre nuevo del Che, y hasta entonces comprendí la magnitud de lo que el Che quería decir cuando hablaba del hombre nuevo: el hombre que da más a los hombres que lo que el hombre normal puede dar a los hombres, pero a costa de sacrificios, a costa de la destrucción de sus taras, de sus vicios; nos quedamos viendo, convencidos de que Tello tenía razón. Nos entró por el lado flaco el jodido. Porque todos nosotros queríamos ser como el Che, o como Julio Buitrago, como Rigoberto. Entonces nos ponemos las mochilas, nos arrecostamos a las mochilas, nos pasamos los bambadores por los hombros, nos quedamos viendo y nos dijimos: ese hijueputa hombre nuevo nosotros lo agarramos a yerga hoy. Y empezamos a subir.

Ya mediodía yo llevaba en la mente la película del hombre nuevo, ser como el Che, ser como el Che, y te juro que no descansamos en un trecho igual al que habíamos recorrido y durante el cual habíamos descansado como cinco veces. Mirá cómo a veces el no estar claro de las cosas te lleva a rendirte ante las primeras manifestaciones de cansancio, o claudicar ante las primeras dificultades. Es mentira, el hombre siempre puede dar un poco más, sólo cuando el hombre se desmaya o se muere, pero mientras esté consciente todavía y está de pie y no se cae, el hombre siempre puede dar más, y eso es aplicable a todas las actividades y a toda la conducta en todas las esferas de la actividad social. Llegamos al bordo, pero Tello se dio cuenta que nosotros veníamos asumiendo un reto a partir de ahí. Luego dijo: "vamos a descansar, pedacitos de hombres". Entonces nos abrazó y desde entonces ya empezó una mayor amistad con Tello, parece que el jodido nos había querido hacer llegar hasta allí, nos quería primero hacer de piedra físicamente y luego también a nivel psíquico, a nivel de la voluntad, de la conciencia, hacemos indestructibles la voluntad y la conciencia; incluso hubo una vez que nos dijo: "a mí esta Guardia hijueputa, ya me puede matar", casi visionariamente lo dijo, ya me puede matar, porque aquí hay gente con el suficiente acero para mantener y desarrollar esta guerrilla.

Y llegamos al campamento y comimos, entonces ya nos sentimos como viejos guerrilleros y nos recibieron como viejos guerrilleros, y eso fue poco: sentíamos como que nos hubiéramos parido nosotros mismos, como que todo empezaba ahí, como que ahí terminaba el primer período de adaptación que consistía en desarrollar esa invencibilidad física del medio y esa invencibilidad moral. Recuerdo una anécdota de ese período desastroso nuestro del gran choque, ese periodo duro que vivimos los primeros que entramos a la guerrilla, unos mas que otros, claro, porque a los obreros o a los trabajadores agrícolas les costaba menos que a nosotros. No sé qué desastre habíamos hecho nosotros, qué problema estábamos dando que una vez le dice David Blanco a Rodrigo: "juelagranputa, yo no sé por qué nos mandan estudiantes mierdas aquí, estudiantes gualdrapas que son una bola de mierda, jueputa, habiendo gente buena allá en la universidad, en la ciudad, mandan chochadas aquí. ¿Por qué no mandan estudiantes como Omar Cabezas, jueputa? ¡que aquí vendrían a hacer mucho, no que mandan estas babosadas que están aquí!" "Callate", le contestó Rodrigo "que ése es Omar Cabezas, ese flaco que está ahí"; yo no me di cuenta, a mi me lo contaron después.

Te decía que luego fuimos pasando por el período de adaptación, luego seguimos entrenando ya no con la misma intensidad sino para seguir manteniendo frescos los conocimientos, pero ya era otra relación de los viejos compañeros con el compañero nuevecito, el status se había mejorado, y permanecimos allí en Cerro Gacho como se llamaba ese lugar que está como a dos días a pie antes de llegar a Siuna, te imaginás vos, que son centros de montañas, allí pasamos aproximadamente unos dos o tres meses que ya era un tiempo más o menos prudencial de adaptación para nosotros que andábamos participando en la cocina, en las postas, de todo eso. Incluso poco a poco se me fue dando responsabilidades a lo interno ahí; recuerdo que a mí se me encargó la instrucción política de los compañeros, entonces formé varios círculos de estudios y a veces estábamos cada uno de oficial del día, pues ya se nos daba responsabilidades, digamos, militares, porque oficial del día era una responsabilidad militar, hasta que los compañeros decidieron regresar a la periferia.

Entiendo que había una cuestión de coordinación entre Modesto, que está con otras escuadras, y escuadritas pequeñas de compañeros que operaban también en la Isabelia; Modesto vendría de la zona donde estaba otra columna pequeña que tenía a la cabeza a Victor Tirado López, con unos campesinos, Filemón Rivera, el Zorro, mi hermano Emir y una serie de compañeros que estaban por ese lado; entonces, a medida que nosotros venimos avanzando parece que Modesto ya había girado instrucciones de que se fueran quedando algunos compañeros entre Cerro Gacho y la posición que tenía Modesto, para efectos de desarrollar trabajo político en esa zona e ir estructurando una red más sólida, porque había una pequeña red pero muy débil, y a veces quedaban muchos trechos grandes de hasta tres días de camino sin que hubiera colaboradores entre los campesinos; entonces se trataba de afirmar a los colaboradores donde los hubiera y de crecer, y de pegar nuevas zonas con zonas donde hubieran colaboradores. Recuerdo que cuando pasamos por Zinica, Tello se quedó en Zinica, que fue donde murió después, y yo me quedé en Waslala; esto para mí fue una experiencia nueva porque a mi me designan en Waslala solo, esto entiendo que fue la primera muestra de confianza para mí, de parte de los compañeros.

Waslala era una de las zonas principales donde estaba el cuartel central de contrainsurgencia de la Guardia, y allí debía desarrollar yo el trabajo político. Existía Waslala abajo, Waslala arriba y Waslala central, creo que el cuartel estaba en Waslala abajo, yo estaba en Waslala central; me dejaron en la casa del único colaborador que había en Waslala central, el papá de Quincho Barrilete, el mismo al que le dedicó Carlos Mejía aquella canción, un colaborador que era juez de mesta de la Guardia pero estaba reclutado por nosotros. Se llamaba Apolonio Martínez y tenía una mujer extraordinaria, que incluso era mejor que él. Se llamaba Martha. Una mujer con unos deseos de superación, con una cabeza tan abierta, una mente tan despierta, tan inteligente, una mujer con un gran sentido místico y con un gran sentido de la lucha misma, de la emancipación de la mujer, una mujer con un gran cariño a la guerrilla, a la liberación, que hablaba con un cariño y un gran respeto de la guerrilla, de los compañeros, tenía mucha claridad del porqué se luchaba, una mujer como para que le sirviera de ejemplo a AMNLAE.

Entonces a mi me dejan un mes allí, pero todavía no en la casa de él, sino en el monte, como a unos seiscientos metros de la casa de él; al principio yo me perdía cada vez que iba a su casa, nunca me orienté en el campo, en el monte, me costaba ir a la casa, siempre me perdía; recuerdo que una vez viniendo de la casa de Apolonio, porque yo me cruzaba a la casa en la tardecita, no pude llegar adonde tenía mi campamentito en la raíz de un árbol y me quedé durmiendo allí en el suelo debajo de un cachimbazo de agua. Me dejan solo para que yo me encargue de abrir redes de colaboración allí en esa zona y formar un enlace desde allí hasta donde Tello en Zinica, o sea de Las Bayas para Waslala, de la propiedad de los Amador, aquel compañero Amador que asesinó en Matagalpa la contrarrevolución. Entonces yo llego, me presentan a Martha, la compañera de Apolonio, conozco a los niños pequeños, y yo, bueno, no sabía cómo empezar el trabajo, porque nunca había tenido experiencia en ese tipo de trabajo, tenía experiencia con los obreros de la construcción en León, con los hospitalarios en León, trabajo de barrio, pero no con campesinos, adonde yo no domino el terreno, en cuanto a orientación, en cuanto a ir por mi propia cuenta de un lado hacia otro.

Tenía cierto temor, pero sabia que iba a sacar adelante el trabajo, porque ya sabía que todo se podía hacer, de alguna forma yo me las iba a arreglar y sabía que lo iba a hacer. Pero allí también experimenté bastante la soledad, porque ¿te imaginás vos quedarte en un punto del monte adonde estás solito, sin radio, sin reloj, sin libros, sin comida? No te podés distraer haciendo comida, no se puede hacer fuego porque pueden mirar el humo desde las casas que había por ahí; sin nada, nada mas que papel y lápiz. Recuerdo incluso que hice un poema, un poemita, o no era poema, era un estado de ánimo, qué sé yo, lo que sea, que está como epitafio ahora en la tumba de mis hermanos, a quienes yo recluté:

Un día les planteé

luchar juntos por un mundo nuevo ustedes aceptaron

y desde entonces fuimos hermanos.

Yo nada más miraba a Apolonio de noche, cuando estudiaba con él y lo instruía sobre cómo conseguir más colaboradores, hacia qué lado podíamos abrir picadas, hacia qué zonas podíamos realizar el trabajo, le daba instrucciones de cómo recoger información, porque yo tenía como misión estudiar la situación operativa del cuartel de Waslala; fue a través de ese colaborador que recogimos la información necesaria para que Rodrigo atacara el cuartel de Waslala el 6 de enero de 1975, después de la acción del comando "Juan José Quezada" en la residencia de Chema Castillo en Managua. Entonces, para poder yo hablar con Apolonio de esas cuestiones, de la situación operativa, a quién íbamos a reclutar, cómo lo íbamos a reclutar, para hacerle conciencia y mantenerlo sólido, para que no se me rajara, no se me corriera, es que llegaba todas las noches. El me iba a traer al caer la noche, como a las seis y media, me iba a cenar a su rancho, oíamos Pancho Madrigal, platicábamos ahí y ya como a las nueve y media de la noche yo me venia bajando; recordá que el campesino se acuesta temprano pero es que yo me pasaba todo el día sin hacer nada, pensando nada más, pensando.

Ahí en esa soledad cumplí veintitrés años, subí de veintidós años a la montaña, y cumplí veintitrés en Waslala; entonces, ese día de mi cumpleaños fue un día igual que todos los demás; yo tenía una hamaca para dormir, si había cigarro me fumaba un cigarro antes de dormir, empezaba a pensar en mi mujer, en los compañeros, en la universidad, en Subtiava, en cómo estaría el Frente en algunas partes del país, cuáles serían los planes de la guerrilla, porque yo no conocía los planes, y en la noche que subo al rancho los compas me habían hecho una gallina para mi cumpleaños, yo llegué a quererlos mucho a ellos, y ellos también a mí. Cuando el campesino te llega a querer, cuando te llega a amar, es algo extraordinario, aman no solamente con la razón, sino con la fuerza del instinto. Porque también son medio salvajes por el medio, entonces aman con la razón, aman con el instinto también. Martha me llegó a amar a mí, a querer mucho, yo también mucho a ellos.

Una vez estábamos fuera del rancho y hacía una luna bellísima, vemos el cielo, hay muchas estrellas, entonces comenzamos a hablar sobre las estrellas, y qué harán las estrellas y yo iba a empezar a contarles de las cosas que se decían, de otras galaxias, que no sólo era el sol, que habían otros astros más grandes que el sol, y así, y quién sabe cómo le digo yo: "hombre, compa, pareciera mentira, verdad, que la tierra sea redonda y que dé vueltas"; así, inocentemente, se lo dije, y entonces ella me queda viendo incrédula y se me pone a reír, "cómo no, es cierto" le repito: "la tierra es redonda y da vueltas". Y me queda viendo, ella no sabía que la tierra es redonda y que da vueltas. Entonces se pone seria. "En serio, compa" le digo, "la tierra es redonda y da vueltas", "compa, no se esté burlando de mi, compa". Como yo había hablado bastante de las estrellas, de los astros, de la Osa Mayor, de la Osa Menor, de las constelaciones, de esto, de lo otro, y sobre las teorías del espacio, cuestiones así, por las que ella miraba que yo era un hombre super máster, super más culto que ella, entonces cuando yo le digo que la tierra es redonda, ella sentía como que yo me estaba aprovechando que sabía más para burlarme de ella, y me doy cuenta que efectivamente ella ignoraba que la tierra fuera redonda, que diera vueltas, ¡diosmiíto mi lindo! ¿y ahora cómo le explico a esta compañera?

Va a creer que me estoy burlando de ella, y está resentida; y entonces le digo: "mire, compa, sí es cierto que la tierra es redonda y da vueltas", "y entonces, si la tierra da vueltas, el agua se saldría para arriba, los palos se pondrían patas para arriba, a los ríos se les saldría el agua, nosotros saldríamos volando", "no compa, la tierra da vuelta con tanta rapidez que uno no se mueve"; y agarro una porra con agua para demostrarle, mire que el agua no se me cae, mire que le doy vuelta; y bueno, logré que la compañera se convenciera de que yo no estaba jugando, de que no me estaba burlando de ella. Pero no quedó muy contenta que se diga porque yo todavía no pude profundizar en mi explicación científica de la tierra.

Y luego, bueno, bajaba a mí lugar donde estaba y ahí pasaba todo el día, miraba amanecer y miraba anochecer, sin reloj, y nunca me sentí más animal que ahí, como un animal contemplativo, que ve la naturaleza y todo su círculo y ya; entonces ahí pensaba mucho, hasta me cansaba de estar pensando, llegaba la noche y no me dormía de estar pensando. Un mes y pico pasé ahí así. Recuerdo que una noche empecé a pensar cuestiones eróticas, me puse a pensar en mi mujer, pensando cuando hacia el amor con ella, me fui poniendo erecto, y pensaba en películas de mujeres bonitas, y la mente comenzó a galopar porque tenía rato mi mente de no tener cabida para eso; me estaba excitando y empecé a tocarme el pene, a tocarme el pene y a pensar, al rato estaba super erecto y me seguí tocando, cuando me di cuenta, o no me di cuenta, es que había terminado de masturbarme, tenía entonces ya como seis meses de estar en la montaña y ésa fue la primera vez que me masturbé.

Recuerdo que me dormí tranquilo. Después de varios días de estar un poco nervioso, pensando en la muerte, en el trabajo, en que yo sentía que iba muy lento el trabajo, eso me desesperaba un poco, y yo solito ahí que no me podía mover para donde yo quería, tenía deseos de poder salir y platicar con los campesinos que vivían alrededor, solito, medio presionado, medio tensionado y quién sabe cómo, porque la tensión es punto y guión, de repente un principio así de ideas eróticas, sexuales, me empezó la idea y la cabeza se me sexualizó también, cuando me di cuenta es que ya había terminado de masturbarme y me sentí tranquilo, suave, reposado, y efectivamente así fue en la guerrilla, cuando pasábamos un tiempo sin hacerlo, te masturbabas y quedabas más calmo, aunque la mayor parte del tiempo se te olvida la cuestión de la mujer, se te olvida y ya no pensás en mujer ni en nada de eso.

Y a veces si se te ocurre, procurás dejar de pensar inmediatamente para no martirizarte, porque no hay respuesta posible; y sin embargo aunque no pensés en mujer, se te va almacenando la represión sexual y aunque no deseés mujeres todos los días, cuando tenés acumulada cierta represión hay un momento en que pensás un momentito y ahí está, te masturbás, y ya quedás tranquilo de nuevo. Eso no quiere decir que si vos mirás una mujer, que si te ponen una mujer ahí desnuda no le ibas a hacer nada, no fregnés. Pero es así la cuestión, así se manifestaba en mí al menos la cuestión sexual. Y bueno amanecía, y empezaba otro día, ese mes a mí me sirvió para armarme de mucha paciencia, y me ayudó mucho a afinar más los órganos sensoriales, porque como yo no oía ningún ruido, más que los ruidos de la montaña, aprendí a distinguir con nitidez, a fuerza, cómo suena cuando cae una fruta en la montaña, cuando cae al suelo de un árbol, cómo era el ruido del viento cuando viene lejos y se iba acercando y luego cuando pasa por donde vos la corriente de viento y se va alejando.

Es distinto el nacimiento del sonido que cuando se va acercando, o cuando pasa por donde vos; o el sonido del pájaro carpintero, el paso de la ardilla, cuando camina una res, o cuando un pájaro es espantado por otro animal, o el ruido del agua cuando llueve en la lejanía o los truenos lejanos, todos los días vos empezás a detectar con nitidez y precisión los ruidos de la naturaleza, de cualquier tipo, en cuanto vos sentís un ruido, cualquiera que sea, entonces vos te das cuenta inmediatamente si viene o no gente, aunque no sea de manera tan diáfana. Vos nada más conocés tu ruido, el que vos hacés, y nada más conocés el ruido de la naturaleza. Entonces cuando oís un ruido distinto, yo te digo ese sonido no es, hay gente, e inmediatamente te ponés en guardia. Se te meten todos los sonidos, se te registran todos los sonidos en el cerebro, desde el más leve, desde el más chiquito, desde el más inverosímil sonido que te podás imaginar.

Lo mismo ocurre con la vista, de tanto ver lo mismo ya me sabia de memoria los árboles, sus formas, las sombras, los efectos de luz que a distintas horas se proyectan dentro de la montaña, los matices de sombra de tarde, de día, de noche, ya sabés cómo se ve de noche lo que has estado viendo por la tarde, y sabés cómo se ve de tarde lo que has estado viendo por la mañana, o al amanecer, son diferentes siluetas, diferentes formas. Igual con el olfato, aprendés a oler todo, el olor de la naturaleza y tu olor también como otro elemento más de la naturaleza, el olor de mi cobija, de mi porra, el olor de mi hamaca, el olor de la mochila, y de las botas, el olor de mi pelo, el olor de mi escupida, porque el gargajo huele, si, el gargajo de catarro huele. Aprendés a sentir todos los olores, los olores de comida, de desperdicios de comida, de distintos tipos de desperdicios de comida, el olor del sudor, del semen, conocés el olor del monte, de la tierra, de las distintas hierbas, el olor de los animales que se acercan, porque cuando vos introducís un olor más ahí, el olor de un cigarrillo, se siente con precisión porque no está mezclado con ningún otro olor como en la ciudad. En la ciudad hay un montón de olores en el ambiente, y si a vos te saco de aquí todos los olores y te dejo nada más el olor del cigarrillo, vos aprendés a oler a cabalidad el cigarrillo, entonces así pasaba en la montaña, si vos me metías un olor extraño, cuando ya se había quitado ese olor, sólo quedaban los olores de la montaña.

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