La nueva agricultura y la desaparición del campesino/chacarero: historia materialista de la revolución conservadora de Macri

Los votos que convirtieron a Macri en el “dueño” de la alianza Cambiemos y al Pro en un gran partido en todo el país, relegando a los radicales a segundas líneas, ganando los distritos agrícolas y casi empatando con CFK -que robó en los distritos obreros- la provincia de Buenos Aires, igual que Santa Fe, no se han producido por las virtudes intelectuales ni morales de Macri ni de su gabinete de gerentes de las trasnacionales. Ha logrado poner al frente a los candidatos del Pro en Córdoba y en todos lados mientras lleva una política económica y social en lo interno, reaccionaria, antiobrera, antisocial, anticientífica y proimperialista y en lo internacional, destruyendo los organismos regionales, el Mercosur, devaluando la Unasur, la Celac y proyectando la amenaza de EE.UU. de invadir Venezuela.

Las razones económicas estructurales que están en la base de esta revolución conservadora y que por razones casi religiosas de defensa del sistema capitalista no aparecen en el debate en los medios de comunicación ni entre académicos, como José Natanson/Horacio Quiroga, tienen jerarquía histórica. No desaparecerán por un resultado electoral mayor o menor. Forman parte ya de la estructura de una nueva sociedad.

Argentina se europeizó desde el último cuarto del siglo XIX con la inmigración de trabajadores rurales europeos que colonizaron la pampa húmeda conquistada definitivamente por la Campaña del Desierto y los gobiernos de Roca. Apoyados en las ventajas comparativas del suelo pampeano los campesinos europeos avanzaron desde arrendatarios a propietarios de sus chacras. Los chacareros se convirtieron con sus proles y descendencias en un sector determinante de la clase media argentina. La revolución democrática del yrigoyenismo señaló históricamente el ascenso social de la pequeña burguesía teniendo al campesinado chacarero como uno de sus sectores fundamentales, en la economía y en la sociedad.

Pero la revolución científico técnica de la nueva agricultura que proyectó la productividad del trabajo agrario desde los 500 quintales cereal-equivalente a diez mil, como analiza correctamente Samir Amín en su trabajo del 2002: Capitalismo Senil, produjo dos cosas fundamentales. Convirtió el sector agropecuario de mano de obra intensiva, de los chacareros y sus familias, con la que el capital históricamente nunca había podido competir, en una actividad capital intensiva. El capital de las nuevas maquinarias e insumos tecnológicos de la nueva agricultura exigía unidades agrarias mayores a las chacras de 100, 200, ó 400 hectáreas porque el peso del capital en el cálculo de la tasa de ganancia la hacía descender. Los más grandes campesinos compraron máquinas y se convirtieron en los nuevos capitalistas del campo alquilando otras tierras ó se asociaron en pool de siembra. Pero el 70 por ciento de la producción granaría de la Pampa Húmeda se hace en campos alquilados. El sector mayoritario de pequeños y medianos chacareros se fueron al pueblo a vivir y se convirtieron en rentistas. Los otros se convirtieron en empresarios agrarios dejando todos de ser ahora verdaderos “campesinos”.

La transformación social de los chacareros en rentistas ó empresarios unificó el sistema bajo dirección política de los grandes terratenientes, de la Sociedad Rural y de las nuevas corporaciones del gran capital que aumentaron la tenencia de la tierra y la producción agraria, siendo además dueños de los molinos, de los puertos sobre el Río Paraná, de la vía fluvial, de los fletes y el comercio exterior. Los tradicionales chacareros de la provincia de Córdoba no votan más a la UCR ó a De la Sota: votan masivamente a Macri. También sus descendientes, sus parientes y amigos de los distritos rurales. La sociedad argentina ha perdido un sector importante de la pequeña burguesía a manos de la gran burguesía. Y este no es un fenómeno coyuntural sino estructural. Solamente una revolución social lo podrá cambiar.

Los últimos campesinos/chacareros que alcancé a ver en los años 80, también en los 90 pero disminuyendo, hoy son otras personas. El voto del campo y sus alrededores ha sido profundamente reaccionario. Votan y piensan defendiendo el derecho a la riqueza por sobre toda razón humana.

Días pasados analizamos el sentido de la polarización social que demostraba el voto concentrado de los distritos obreros, mayor ahora por CFK que en otras épocas por el peronismo. Hoy en cambio, necesitamos explicar la polarización social que le dio el triunfo electoral a Macri, a la derecha aliada al imperialismo. Este cambio en la sociedad y en la lucha de clases nos plantea tareas nuevas y distintas. Cuando la justicia publique el escrutinio definitivo con los resultados por distrito haremos un análisis más preciso y demostrativo de la doble polarización social que nos anuncia enfrentamientos mayores. No solamente en el voto y la lucha parlamentaria sino fundamentalmente por medio de la reorganización democrática de la clase obrera y de las masas en los sindicatos y en la organización política de los trabajadores.

El acertado argumento que trata de explicar la revolución conservadora por la dominación cultural burguesa e imperialista, por el papel de los medios de comunicación, actualizado por decreto por Macri que derogó la Ley de Medios, solamente explican parcialmente, secundariamente, el triunfo electoral en las Paso de la alianza Cambiemos. No habrá una reentré de un gobierno popular industrialista sin restablecer la transferencia de una parte de la renta agraria para subsidiar la industria de la semicolonia argentina. Tarea ineludible en todos los países desarrollados. A Estados Unidos le costó una guerra civil 1861/1865 con un millón de muertos. Pero ahora, con la división internacional del trabajo establecida y custodiada por la falange de los gobiernos y las tropas imperialistas, el restablecimiento de las retenciones agropecuarias en Argentina solo es pensable con una revolución social que nacionalice la tierra, la banca, el comercio exterior, los servicios públicos y los sectores claves de la economía.

La nueva agricultura ha convertido al campo de la Pampa Húmeda, antes poblada por los campesinos/chacareros, en una colección de taperas. Samir Amín calculaba, en el trabajo citado de 2002, que si se permitía que la nueva agricultura ocupara las tierras cultivables en todo el planeta quedarían 3000 millones de seres humanos fuera de la economía. Las compras de tierras o los alquileres a 99 años de las praderas africanas por EE.UU., China, La India, Japón, Corea del Sur, países petroleros de Medio Oriente, están desplazando a los pobladores comunitarios de países africanos del Cuerno de África o del Congo de la misma manera que grandes capitales extranjeros y nacionales lo hacen en el norte argentino. La población negra de África que arriesga y pierde su vida en el Mediterráneo ó frente a las Antillas en el Atlántico son parte de aquellos 3000 millones fuera de la economía que previera Samir Amín. La nueva agricultura rompe los límites del funcionamiento del sistema capitalista. Ha sido el factor estructural que promovió esta revolución conservadora.

La polarización social, que la votación en estas elecciones primarias obligatoria se verificó ha elevado la violencia en la lucha de clases en el país, con la iniciativa en manos del gobierno y el imperialismo que vienen gobernando por decreto, con presos políticos y con el desaparecido en manos de la Gendarmería Santiago Maldonado. En tanto que la clase obrera y las masas pobres de Argentina habían dado un salto 2003/2015 sobre la marea del reflujo que produjo la derrota mundial desde 1975 hasta los gobiernos populares, su reacción en manifestaciones de protesta multitudinarias le pone condiciones a la revolución conservadora de este gobierno. Las poderosas manifestaciones dicen más, están por encima, del voto a la vieja dirección peronista cuya foto de época es la dirección sindical de la CGT que voto Macri y Massa y sostiene con dilaciones al gobierno de Macri.

Se ha hecho imprescindible la nueva dirección política de la clase obrera a partir de la polarización social de los distritos obreros encarando la construcción de un nuevo comunismo, de un nuevo partido de clase antes que la crisis de la dirección burguesa y burocrática del peronismo destruya la cohesión de clase que el proletariado argentino encontró en el peronismo, hoy convertido en una rémora. Para enfrentar la ofensiva conservadora e imperialista se necesita una dirección obrera revolucionaria.

Héctor Menéndez

Córdoba, 5 de setiembre de 2017

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